Elegir el sistema de riego es una de las pocas decisiones de jardinería que condiciona todo lo demás. Una vez enterrado un anillo de tuberías o montada una red de goteo, cambiarla cuesta dinero y obras. Además, en un país donde el agua es un recurso caro y limitado buena parte del año, el sistema determina cuánto gastas para el mismo resultado. Merece la pena dedicarle una tarde de planificación antes de comprar nada.

Lo que hay que saber antes de comprar

Hay tres datos que condicionan cualquier instalación, y conviene tenerlos medidos, no supuestos.

El primero es el caudal disponible. Se mide con un cubo de capacidad conocida: abre el grifo al máximo, cronometra cuánto tarda en llenar 10 litros y multiplica. Si tarda 30 segundos, tienes 20 litros por minuto, es decir 1.200 litros por hora. Ese número marca el techo de emisores que puedes alimentar a la vez y determina en cuántos sectores hay que dividir el jardín.

El segundo es la presión. Un manómetro de rosca cuesta poco. Los aspersores emergentes suelen necesitar entre 2 y 3,5 bar para funcionar bien; el goteo, en cambio, trabaja con 1 a 2 bar y por encima de 2,5 empieza a reventar juntas, por lo que casi siempre necesita un reductor de presión. Presiones bajas producen aspersores que no cubren su radio teórico y riegan mal el perímetro.

El tercero es la calidad del agua. Con agua dura o de pozo, el goteo se obstruye si no se instala un filtro de anillas o de malla de 120 mesh. Es la pieza que más gente se salta y la que provoca el mayor número de averías al segundo año.

A esto hay que sumar el conocimiento del jardín: tipo de suelo (los arenosos piden riegos cortos y frecuentes, los arcillosos largos y espaciados), exposición y, sobre todo, agrupación de plantas por necesidades hídricas. Mezclar en el mismo sector un césped y un macizo de lavandas garantiza que uno de los dos vaya mal.

La manguera: sencilla, flexible y engañosa

Para un jardín pequeño, un patio o una terraza con macetas, la manguera con pistola sigue siendo perfectamente razonable. No requiere instalación, permite dar a cada planta lo que necesita y obliga a mirarlas de cerca, que es como se detectan las plagas a tiempo.

Manguera de jardín enrollada junto a la toma de agua

Sus inconvenientes son dos. El primero es que gasta mucha más agua de la que la gente calcula: una manguera abierta suelta con facilidad 15 o 20 litros por minuto, de modo que un cuarto de hora de riego son 300 litros. El segundo es la irregularidad: se riega más donde se está más cómodo y menos donde molesta la maniobra, y en vacaciones no riega nadie.

Si eliges manguera, compra una de al menos tres capas con refuerzo textil, guárdala a la sombra (el PVC barato se cuartea con el sol de julio) y añade una pistola con corte, no un simple chorro abierto.

Riego por goteo: el más eficiente para casi todo

El goteo aplica el agua gota a gota directamente sobre la zona radicular. Su eficiencia ronda el 90-95 %, frente al 60-75 % de la aspersión, porque prácticamente no hay pérdidas por evaporación ni por deriva del viento. Es la opción correcta para huertos, setos, arbustos, árboles, macizos y jardineras.

Gotero de riego localizado aplicando agua en la base de la planta

Tiene ventajas que van más allá del ahorro. Al no mojar el follaje reduce mucho la incidencia de oídio, mildiu y botritis. Al mojar solo una franja del suelo, deja seco el resto y las malas hierbas germinan mucho menos. Y permite fertirrigar, es decir, incorporar abono líquido diluido al riego.

Para acertar con el material, elige tubería de 16 mm con goteros autocompensantes si el terreno tiene desnivel: mantienen el mismo caudal en toda la línea, mientras que los goteros simples entregan más arriba y menos abajo. Los caudales habituales son de 2 y 4 litros por hora. En cuanto a colocación, un arbusto mediano necesita dos goteros enfrentados, y un árbol un anillo de cuatro a seis situado en la proyección de la copa, no pegado al tronco: ahí es donde están las raíces absorbentes.

Los errores más frecuentes son tres: poner un solo gotero por planta, lo que genera un sistema radicular unilateral y una planta inestable; regar poco tiempo y a diario, lo que humedece solo los primeros centímetros y provoca raíces superficiales; y no revisar nunca los emisores. Es preferible regar más tiempo y menos días para que el bulbo húmedo baje en profundidad.

La cinta exudante o manguera porosa es una variante barata para líneas de huerto y setos, aunque reparte peor y se colmata antes.

Aspersión y difusores: el terreno del césped

La aspersión moja toda la superficie, que es exactamente lo que necesita una pradera y lo que no necesita casi nada más. Para céspedes es el único sistema práctico.

Aspersor emergente regando una zona de césped

Conviene distinguir dos familias. Los difusores emergentes proyectan un abanico fijo, cubren radios de 2 a 5 metros y descargan mucho caudal en poco tiempo; sirven para zonas pequeñas y de forma irregular. Los aspersores de turbina giran, alcanzan de 5 a 12 metros y aplican el agua más despacio, lo que evita la escorrentía; son los adecuados para superficies grandes.

La regla de oro del diseño es el solape total: cada aspersor debe alcanzar la base del siguiente. Suena a exceso, pero la lámina de agua de un aspersor es máxima junto a él y mínima en el borde del radio, así que sin ese solape aparecen las manchas amarillas clásicas entre aspersores. Y nunca mezcles difusores y turbinas en el mismo sector, porque su pluviometría es muy distinta y uno de los dos grupos regará mal siempre.

Riega de madrugada, entre las cinco y las ocho. A mediodía se pierde una parte importante por evaporación; al anochecer, la hierba pasa la noche mojada y aparecen hongos.

Programador, sensores y sentido común

Un programador de grifo con pilas cuesta poco y es lo que convierte cualquiera de estos sistemas en algo fiable. Lo que de verdad ahorra agua, sin embargo, es añadir un sensor de lluvia o de humedad de suelo que anule el riego programado cuando no hace falta. Un jardín automatizado sin sensor riega igual el 15 de agosto que el día siguiente a una tormenta.

Ajusta la programación al menos cuatro veces al año. Las necesidades de julio en Sevilla y las de abril en Santander no se parecen en nada, y un programa fijo todo el año es la causa más común de excesos de riego y de asfixia radicular.

En resumen

Mide caudal, presión y calidad del agua antes de comprar, y agrupa las plantas por necesidades hídricas en sectores independientes. Manguera para patios y macetas; goteo con filtro y reductor de presión para huerto, arbustos, árboles y macizos; aspersión solo para césped, con solape total y riego de madrugada. Añade programador y sensor de lluvia, y revisa la programación cada estación. Bien planteado, un sistema de riego cuesta menos que las plantas que salva.


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