En los viveros españoles se repiten siempre las mismas cinco o seis palmeras: Phoenix canariensis, Washingtonia, Chamaerops humilis, Trachycarpus fortunei, Dypsis lutescens de interior. Son buenas plantas y hay razones para su éxito, pero la familia de las arecáceas tiene unas 2.600 especies y muchas de ellas se cultivan perfectamente en la mitad sur peninsular, en la costa mediterránea, en Canarias y, algunas, incluso en el norte atlántico.
Esta selección reúne diez palmeras de coleccionista: especies que un aficionado puede conseguir por semilla o en viveros especializados, que aportan algo visualmente distinto y que tienen exigencias concretas y explicables. Junto a cada una indico su resistencia al frío aproximada, que es el dato que decide si una palmera vive o muere en un jardín español.
Una advertencia previa sobre esas cifras: la resistencia al frío de una palmera no es un número fijo. Depende de la duración de la helada, de si es seca o con humedad, de la edad del ejemplar, de si el frío llega de golpe tras un otoño templado, y sobre todo del estado del meristemo apical. Una palmera puede perder todas las hojas y rebrotar si su yema central sobrevive; si esa yema se pudre, la planta está muerta aunque siga verde varias semanas.
Archontophoenix alexandrae
La palmera de Alejandra, originaria de la costa de Queensland, en Australia. Tronco esbelto y anillado, capitel verde brillante (el crownshaft, esa vaina lisa que forma la base de las hojas) y frondas plumosas de hasta tres metros con el envés claramente plateado, que es su rasgo más reconocible cuando el viento le da la vuelta a los foliolos.
Por qué merece la pena. Es una de las palmeras de crecimiento rápido más elegantes que existen, con un porte de palmera tropical de manual. Puede superar los 20 metros en origen y crecer más de medio metro al año en buenas condiciones.
Cultivo. Quiere suelo profundo, fértil y con humedad constante, sol pleno de adulta y semisombra los primeros años. Es exigente en agua: no es una palmera de secano y sufre visiblemente en veranos secos del interior. Tolera hasta unos -2 ºC de forma puntual, con daño foliar por debajo de 0 ºC.
Dónde. Costa mediterránea sur, Costa del Sol, Canarias, zonas litorales sin heladas. En la meseta, solo en maceta y con invernada protegida. Se confunde a menudo con Archontophoenix cunninghamiana, algo más resistente al frío pero sin el envés plateado.
Allagoptera caudescens
Conocida durante décadas como Polyandrococos caudescens, procede de la Mata Atlántica brasileña. Tronco solitario, esbelto, cubierto en su parte alta por los restos fibrosos de las vainas viejas, y una copa de hojas plumosas rígidas con el envés blanco plateado que da un contraste notable a contraluz.
Por qué merece la pena. Es rara en cultivo europeo y tiene un porte muy limpio, adecuado para jardines pequeños porque no se desmadra: rara vez pasa de 8 o 10 metros y su copa es compacta. Sus inflorescencias, largas y colgantes, son llamativas.
Cultivo. Suelo drenado, riego regular, sol o media sombra. Crecimiento moderado, más lento que Archontophoenix. Resistencia en torno a -3 ºC en ejemplares establecidos.
Dónde. Litoral mediterráneo, suroeste peninsular, Canarias. Es una buena candidata para quien busca algo distinto sin complicarse demasiado.
Caryota maxima 'Himalaya'
Las Caryota son las únicas palmeras del mundo con hoja bipinnada: cada foliolo está a su vez dividido, y su forma triangular irregular ha dado lugar al nombre de "palmera cola de pescado". No se parecen a nada más.
La procedencia himalaya de Caryota maxima es la selección más interesante para el clima español, porque procede de altitudes con inviernos frescos y tolera en torno a -5 o -6 ºC, muy por encima del resto del género. Es una palmera grande, capaz de superar los 15 metros.
El dato que hay que conocer antes de plantarla. Las Caryota son monocárpicas y de floración basípeta: cuando alcanzan la madurez empiezan a florecer desde el ápice hacia abajo, inflorescencia tras inflorescencia, y cuando la floración llega a la base del tronco la planta muere. No es una enfermedad ni un fallo de cultivo; es su ciclo. Puede tardar quince o veinte años en llegar, pero llega.
Cultivo. Suelo rico y húmedo, sol pleno de adulta, buena disponibilidad de agua. Crecimiento rápido si no le falta riego.
Precaución. Los frutos de Caryota contienen cristales de oxalato cálcico muy irritantes para piel y mucosas. Manipúlalos con guantes y no los dejes al alcance de niños.
Ceroxylon amazonicum
Los Ceroxylon son las palmeras de cera andinas, el género que alcanza mayor altura de toda la familia y que crece a mayor altitud del planeta. Su tronco está recubierto de una capa cérea blanquecina característica.
Ceroxylon amazonicum es una especie de las estribaciones amazónicas de Ecuador y Perú, de zonas de niebla constante y temperaturas suaves todo el año. Hojas largas, arqueadas, con el envés claro.
Por qué merece la pena. Es de las palmeras más buscadas por coleccionistas y de las más difíciles de encontrar. Su semilla es de germinación lenta e irregular, y el crecimiento juvenil desespera: varios años para formar el primer tronco visible.
Cultivo. Aquí está la clave de todo el género: los Ceroxylon no toleran el calor seco. Quieren humedad ambiental alta, temperaturas moderadas y ausencia de estrés térmico. Un verano de 38 ºC con 20% de humedad los mata más rápido que una helada. Resisten en torno a -3 ºC con humedad.
Dónde. Cornisa cantábrica, Galicia, zonas de montaña húmeda de Canarias. Es la palmera que fracasa sistemáticamente en Levante y en la meseta, y conviene saberlo antes de comprarla.
Ceroxylon peruvianum
Su hermana andina, procedente de bosques nublados del norte de Perú a mayor altitud, y por tanto algo más tolerante al frío: soporta entre -4 y -5 ºC en ejemplares establecidos. Tronco blanco céreo espectacular y corona de hojas erguidas más rígidas que las de amazonicum.
Por qué merece la pena. El contraste del tronco blanco contra follaje oscuro es de los efectos más bonitos que puede dar una palmera en un jardín. Es también la puerta de entrada más razonable al género para quien vive en el norte peninsular.
Cultivo. Exactamente el mismo requisito: veranos frescos y húmedos. Suelo ácido, profundo, con materia orgánica y drenaje. Semisombra durante los primeros años. Crecimiento lento pero constante una vez establecida.
Si tu jardín está en Asturias, Cantabria, País Vasco o el norte de Galicia, este género es una de las pocas oportunidades reales de cultivar palmeras espectaculares que en el sur no prosperan. Es la excepción interesante al reparto habitual.
Chamaedorea linearis
Casi todo el mundo conoce alguna Chamaedorea como planta de interior pequeña, pero el género tiene más de cien especies y algunas alcanzan porte de árbol. Chamaedorea linearis, de los bosques nubosos andinos de Colombia, Ecuador y Perú, puede pasar de los 10 metros con un tronco delgado, verde y muy anillado, rematado en pocas hojas largas y arqueadas.
Por qué merece la pena. Es una palmera de sotobosque, y eso la hace utilísima: crece en sombra, donde casi ninguna otra palmera de aspecto tropical prospera. En un patio interior o bajo la copa de árboles grandes es una solución excelente.
Cultivo. Sombra o semisombra obligatoria, suelo rico en materia orgánica y húmedo, protección del viento, que le rompe las hojas. Resiste alrededor de -2 ºC. Es dioica, con pies macho y hembra separados, de modo que hacen falta dos ejemplares para obtener semilla.
Chambeyronia macrocarpa
Endémica de Nueva Caledonia, y probablemente la palmera con el efecto visual más llamativo de esta lista. Su rasgo distintivo: cada hoja nueva emerge de un color rojo intenso, casi granate, y mantiene ese color entre unos días y un par de semanas antes de virar a verde oscuro. De ahí su nombre popular, palmera de hoja roja o flame thrower.
Es una palmera de tamaño medio, con tronco anillado, capitel bien marcado y hojas anchas de foliolos amplios y coriáceos que le dan un aspecto rotundo, muy distinto de las palmeras de foliolo fino.
Cultivo. Crecimiento lento, sobre todo los primeros años. Sombra o semisombra en juventud, tolerando más sol de adulta en climas costeros. Suelo drenado, ácido y con materia orgánica, riego regular. Resiste unos -2 o -3 ºC, algo notable para una palmera de su aspecto tropical.
Dónde. Costa mediterránea, sur peninsular, Canarias. Es una de las mejores candidatas para maceta grande en patio protegido, porque su lentitud juega a favor.
Dypsis decaryi
La palmera triangular, de Madagascar. Sus hojas nacen en tres filas verticales separadas 120 grados, una disposición llamada tristiquia, que hace que la base de la copa tenga una sección triangular perfecta vista desde arriba. Es un rasgo que no se olvida cuando se ve.
Por qué merece la pena. Combina un aspecto singular con una facilidad de cultivo poco habitual entre las palmeras de colección. Es de las pocas de esta lista que se pueden recomendar sin reservas a alguien que empieza.
Cultivo. Procede de zonas secas del sur de Madagascar, así que tolera bien la sequía una vez establecida, quiere sol pleno y necesita drenaje. En suelo pesado y encharcado se pudre. Resiste entre -3 y -4 ºC con daño foliar. Crecimiento moderado, alcanza unos 6 u 8 metros.
Dónde. Todo el litoral mediterráneo, Andalucía, Canarias, Baleares. Encaja especialmente bien en jardines de bajo consumo de agua, donde la mayoría de palmeras tropicales no tienen sitio.
Está clasificada como especie amenazada en su hábitat natural, con poblaciones silvestres muy reducidas, de modo que conviene adquirirla siempre de semilla o vivero con procedencia trazable.
Veitchia joannis
De las islas Fiyi. Tronco esbelto y claro, capitel verde muy limpio y una copa de hojas plumosas colgantes, con frutos rojos llamativos. Es la palmera de estampa tropical por antonomasia y crece deprisa: puede superar los 20 metros.
Hay que ser honesto con esta. Es la menos adaptable de las diez. Es estrictamente tropical: sufre por debajo de 10 ºC y no tolera heladas de ningún tipo. En la península solo tiene sentido en invernadero o en maceta con invernada interior; al aire libre, únicamente en las zonas más cálidas y costeras de Canarias.
Cultivo. Sol pleno, suelo rico y drenado, humedad ambiental alta y riego abundante. Muy sensible a la deficiencia de potasio y magnesio en suelos pobres, que se manifiesta como necrosis en las hojas viejas.
La incluyo porque forma parte de cualquier colección seria y porque, en un invernadero cálido o en Canarias, es de las que producen un efecto más rotundo. Fuera de ahí, es dinero perdido.
Pritchardia remota
Un caso aparte: es la única palmera de esta lista con hoja palmeada, en forma de abanico costapalmado, y también la única con una historia de conservación tan extrema. Pritchardia remota es endémica de Nihoa, un islote diminuto del noroeste del archipiélago hawaiano, donde la población silvestre se cuenta por centenares de ejemplares.
Por qué merece la pena. Es una palmera compacta, de unos 5 metros, con hojas enteras de aspecto muy limpio, y gran tolerancia al viento y a la salinidad, cualidad rara y valiosa en jardines de primera línea de costa, donde el aerosol marino quema el follaje de casi todo.
Cultivo. Sol pleno, suelo drenado, riego moderado. Crecimiento lento. Resiste alrededor de -2 ºC. Tolera bien la maceta durante años, lo que la hace adecuada para terraza.
Al ser una especie amenazada, todo el material en circulación procede de cultivo. Su presencia en colecciones es, de hecho, parte de su seguro de supervivencia como especie.
Una más, para climas fríos: Parajubaea sunkha
Merece mención aparte porque resuelve el problema que ninguna de las anteriores resuelve. Las Parajubaea son palmeras andinas bolivianas de altitud, y Parajubaea sunkha aguanta en torno a -8 o -9 ºC en ejemplares establecidos, con hojas plumosas arqueadas de envés plateado y un porte muy noble.
Necesita, eso sí, veranos no extremadamente calurosos y suelo bien drenado, y detesta el calor húmedo. Para jardines del interior peninsular con inviernos de helada moderada, es de las pocas palmeras plumosas de colección que tienen una posibilidad real.
Cómo cultivar palmeras de colección en España
Germinación. La mayoría de estas especies se consiguen por semilla. Los puntos que marcan la diferencia son tres: frescura de la semilla (la viabilidad de las palmeras cae en picado con los meses, y una semilla de un año suele ser inútil), calor constante de 28 a 32 ºC de fondo, y humedad sin encharcamiento. El método de la bolsa con vermiculita o perlita húmeda dentro de un propagador con manta térmica funciona bien. Los plazos van de tres semanas a más de un año según la especie: los Ceroxylon son famosos por su lentitud.
Sustrato y maceta. Las palmeras juveniles quieren macetas profundas, porque desarrollan raíz pivotante antes que copa. Un sustrato del tipo 50% turba o fibra de coco, 30% pómice o arlita y 20% arena silícea gruesa sirve para casi todas.
Abonado. Es donde más se falla. Las palmeras tienen requerimientos altos de potasio y magnesio, y las carencias de estos elementos son la causa habitual del amarilleo y necrosis de las hojas viejas que muchos aficionados confunden con enfermedad. Un abono específico de palmeras, con relación aproximada 3-1-3 más magnesio y microelementos, aplicado de marzo a septiembre, resuelve el 90% de los problemas de aspecto.
La regla de oro de la poda: no cortes hojas verdes. La palmera moviliza nutrientes desde las hojas viejas hacia las nuevas, y podar en verde para "dar limpieza" agrava exactamente las carencias que se pretendían disimular. Corta solo lo completamente seco.
Protección invernal. Lo que hay que proteger es la yema apical, el punto de crecimiento en el centro de la corona. Las técnicas útiles son atar las hojas hacia arriba formando un cono, envolver la corona con malla antiheladas o velo térmico (nunca con plástico en contacto directo, que condensa y pudre), acolchar la base con paja o corteza, y mantener el sustrato relativamente seco en invierno, porque frío más humedad es lo que provoca la podredumbre del cogollo. Un tratamiento preventivo con cobre en la corona al final del otoño reduce el riesgo.
Plagas. En España hay dos que condicionan cualquier colección: el picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus), que ataca sobre todo Phoenix pero también otros géneros, y la paysandisia (Paysandisia archon), un lepidóptero que afecta a un rango más amplio de palmeras. Ambas son plagas de declaración obligatoria en varias comunidades autónomas. Revisa la corona periódicamente en busca de perforaciones, serrín o hojas nuevas mordidas de forma simétrica, y consulta el plan de tratamientos vigente en tu comunidad, que cambia con la normativa fitosanitaria.
En resumen
Estas diez palmeras cubren un abanico amplio de situaciones. Para litoral mediterráneo y sur cálido, Archontophoenix alexandrae, Allagoptera caudescens, Chambeyronia macrocarpa y Pritchardia remota, esta última especialmente si hay viento marino. Para jardín seco y soleado, Dypsis decaryi, que es además la más fácil de todas. Para sombra y patios, Chamaedorea linearis. Para el norte húmedo y fresco, los Ceroxylon, que son la gran oportunidad de esa zona y el gran fracaso de Levante. Para inviernos con helada moderada, Caryota maxima 'Himalaya' y, sobre todo, Parajubaea sunkha. Y Veitchia joannis solo si dispones de invernadero cálido o vives en Canarias.
El criterio que decide es siempre el mismo: empareja la especie con tu clima real, no con el que te gustaría tener. Después, lo demás se reduce a drenaje, riego coherente, abonado rico en potasio y magnesio, no podar hojas verdes, proteger la yema apical en invierno y vigilar picudo y paysandisia.