El invierno no es una parada, es la sala de máquinas de la temporada siguiente. Entre enero y marzo se decide buena parte de lo que se recogerá en verano, porque es cuando se preparan los planteles de solanáceas y cuando se siembran los cultivos de ciclo largo que necesitan arrancar con frío. Ahora bien, hay que hacerlo entendiendo qué limita realmente la germinación en esta época, que no siempre es lo que se cree.

La temperatura del suelo manda sobre el calendario

Una semilla no consulta el mes: responde a la temperatura del suelo y a la humedad. Este es el dato práctico que ordena todo lo demás:

Por debajo de 5 ºC prácticamente ninguna hortaliza germina.

Entre 5 y 10 ºC germinan, muy despacio, las especies de clima fresco: guisante, haba, espinaca, lechuga, rábano, algunas coles.

Entre 10 y 15 ºC ya entran zanahoria, remolacha, acelga, cebolla, puerro, nabo y perejil.

Por encima de 18-20 ºC es donde empiezan tomate, pimiento, berenjena, calabacín, melón y judía. Ninguna de ellas nacerá en tierra fría de febrero; si se siembra fuera, la semilla se pudre.

Un termómetro de sonda clavado a diez centímetros por la mañana temprano vale más que cualquier calendario impreso. Y ojo con la lectura del aire: en febrero el suelo va varios grados por detrás de las máximas diurnas, y tarda semanas en recuperar calor tras una ola de frío.

Lo que se siembra directamente en tierra

En el litoral mediterráneo, Andalucía, Canarias y buena parte de Levante se puede sembrar fuera desde enero. En la meseta y el norte conviene esperar a finales de febrero o a marzo, o proteger.

Ajo. Si no lo plantaste en otoño, todavía estás a tiempo hasta finales de febrero. Se plantan dientes sueltos, con la punta hacia arriba, enterrados a 3-4 cm y separados 12-15 cm. El ajo necesita pasar frío para formar cabeza: los plantados tarde, en marzo, suelen dar un bulbo pequeño o directamente ninguno.

Guisante. Enero y febrero son su momento. Siembra directa a 3-4 cm, en líneas dobles con soporte para las variedades de enrame. Le sienta mal el calor, así que sembrarlo tarde condena la cosecha a llegar cuando ya sube la temperatura y aparece el oídio.

Haba. Si el otoño se pasó, se puede sembrar en enero en zonas templadas. Aguanta heladas moderadas sin problema.

Cebolla y puerro. Es el momento de las siembras que darán bulbos grandes en verano. Se siembran en semillero de asiento al aire libre o en bandeja protegida, y se trasplantan a raíz desnuda cuando el plantel tiene el grosor de un lápiz, en marzo o abril.

Espinaca, acelga y lechuga de invierno. Toleran bien el frío. La espinaca es especialmente cómoda porque germina mejor en frío que en calor.

Rábano y zanahoria. A partir de febrero, mejor con acolchado o túnel para acelerar. La zanahoria de febrero tarda hasta tres semanas en nacer y exige mantener la superficie húmeda todo ese tiempo.

Perejil. Se puede sembrar de febrero en adelante, con paciencia: tarda entre tres y cuatro semanas en germinar y mucha gente lo da por perdido antes de tiempo. Remojar la semilla 24 horas antes de sembrar acorta bastante la espera.

Planta de perejil

Lo que se siembra bajo techo

Aquí está el trabajo importante del invierno. Los cultivos de verano necesitan entre 8 y 10 semanas de plantel antes de ir al terreno definitivo, y como en el interior peninsular no se puede plantar fuera hasta bien entrado abril o incluso mayo, el semillero debe empezar entre febrero y marzo.

Tomate. Semillero desde mediados de febrero en zonas templadas, marzo en el interior. Germina a 20-25 ºC en cuatro o cinco días. Se trasplanta a maceta individual al aparecer las primeras hojas verdaderas.

Pimiento y berenjena. Más lentos y más frioleros. Necesitan 22-28 ºC y pueden tardar dos semanas en nacer. Conviene adelantarlos dos o tres semanas respecto al tomate.

Apio. Es un cultivo de ciclo largo que se siembra en febrero-marzo. Su semilla tiene dos particularidades: es diminuta y necesita luz para germinar, así que no debe enterrarse; se deja en superficie sobre sustrato húmedo, apenas presionada. Tarda dos o tres semanas.

Coles, brócoli y coliflor de ciclo de verano. Semillero protegido en febrero, trasplante en abril.

Brotes de apio en semillero

El error clásico: adelantar demasiado el semillero

Cada enero mucha gente siembra tomates «para ganar tiempo». El resultado casi siempre es el mismo: unas plantas altas, de tallo fino y pálido, con los entrenudos larguísimos, que se doblan solas. Es lo que se llama ahilamiento o etiolación.

La causa no es el frío, es la falta de luz. En enero hay unas nueve horas de sol de escasa intensidad, y detrás de un cristal se pierde una parte considerable. Con calor suficiente para germinar pero sin luz para sostener el crecimiento, la plántula estira buscando el sol y se debilita. Ese plantel nunca alcanza a uno sembrado un mes más tarde: enraíza peor, sufre más el trasplante y suele adelantar la primera flor con la planta todavía sin estructura.

Tres medidas evitan el problema:

Retrasar la siembra a finales de febrero o marzo salvo que tengas iluminación artificial. La única prisa real la tiene el pimiento.

Separar calor de luz. Germina las semillas en un sitio cálido —encima de la nevera, con cable calefactor o manta térmica— pero en cuanto asomen los cotiledones, pásalas al lugar más luminoso que tengas y baja la temperatura unos grados. Es el punto donde más gente falla: dejar la bandeja en el sitio caliente y oscuro tras la germinación arruina el plantel en tres días.

Airear y endurecer. Antes de plantar fuera, saca las bandejas unas horas al día durante una o dos semanas para que la planta se aclimate. Un plantel mimado que sale directamente al viento y al sol se quema.

Herramientas para ganar semanas

Túnel bajo. Arcos y plástico o malla sobre la línea de siembra. Sube la temperatura del suelo varios grados y adelanta las siembras de febrero. Hay que ventilarlo en días soleados: dentro de un túnel cerrado se superan los 40 ºC con facilidad en marzo.

Velo de forzado. Un agrotextil ligero (17-30 g/m²) puesto directamente sobre el cultivo. Da dos o tres grados de protección, deja pasar la lluvia y la luz, y de paso impide la entrada de mosca de la zanahoria y de la col.

Acolchado plástico. Extender plástico negro sobre el bancal dos o tres semanas antes de sembrar calienta la tierra y adelanta la germinación.

Bandejas de alveolo profundo. Mejor que los alveolos pequeños para las solanáceas, porque permiten que la raíz se desarrolle sin espiralizarse mientras esperas a que llegue el buen tiempo.

Y ahora qué

El invierno también sirve para lo que no es sembrar, y muchas veces eso rinde más:

Planifica la rotación. Dibuja los bancales y coloca cada familia donde no estuvo el año anterior. Solanáceas, crucíferas y cucurbitáceas no deberían repetir parcela antes de tres años.

Aporta materia orgánica ahora. El compost o el estiércol echados en enero tienen tiempo de integrarse antes de la plantación de primavera. Recuerda que las raíces no quieren estercolado reciente.

Revisa el riego. Es el mejor momento para reparar goteros, limpiar filtros y comprobar presiones, con calma y sin plantas encima.

Poda los frutales de hoja caduca en pleno reposo, y aplica el tratamiento de invierno con cobre o aceite de parafina antes de que hinchen las yemas.

Ordena las semillas. Comprueba fechas: la de chirivía y cebolla apenas dura un año; la de tomate o calabaza aguanta cinco o seis bien guardada. Una prueba de germinación sobre papel húmedo con diez semillas te ahorra un bancal vacío en primavera.

En resumen

En invierno se siembra directamente ajo, guisante, haba, cebolla, puerro, espinaca, acelga, lechuga y, desde febrero, rábano, zanahoria y perejil. Bajo techo se preparan los planteles de tomate, pimiento, berenjena, apio y coles. La regla que evita casi todos los fracasos es mirar la temperatura del suelo en vez del calendario, y no adelantar el semillero de solanáceas más allá de finales de febrero salvo que puedas dar luz suficiente: en esta época el factor que limita no es el calor, sino las horas de luz.


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