La primera quincena de septiembre todavía es verano a efectos de riego, y la segunda ya no lo es a efectos de siembra. Esa contradicción define el mes entero: hace calor de sobra para que germine casi cualquier cosa, pero el día se acorta unos dos minutos y medio cada jornada y lo que se siembre a partir del día 20 crecerá cada semana más despacio que la anterior. Quien entiende eso siembra en septiembre con criterio; quien solo mira el termómetro, siembra tarde.

Cesta con hortalizas recién recogidas del huerto

Lo que manda en septiembre no es la temperatura

Una hortaliza de hoja necesita acumular una cantidad determinada de horas de luz y de grados para completar su ciclo. En marzo, cada semana que pasa hay más luz y más calor, así que un retraso de diez días en la siembra se traduce en un retraso de cinco en la cosecha: la planta recupera. En septiembre pasa exactamente lo contrario. Cada semana hay menos luz y menos calor, así que un retraso de diez días en la siembra puede convertirse en un retraso de un mes en la recolección, o directamente en un cultivo que se queda parado todo el invierno.

Cuando el fotoperiodo baja de unas diez horas de luz efectiva —en la península, grosso modo, desde primeros de noviembre hasta mediados de febrero— el crecimiento de las hortalizas se ralentiza hasta casi detenerse aunque haga buen tiempo. No se mueren: se conservan. Por eso el objetivo de las siembras de septiembre es que la planta llegue a esa fecha ya crecida o casi, para cosecharla durante el invierno o para que arranque de golpe en febrero.

Traducido a decisiones prácticas: todo lo que necesite bastante tiempo —cebolla, coles, apio— se siembra en la primera quincena. Lo de ciclo corto —rábano, rúcula, canónigos— aguanta hasta finales de mes en zonas templadas. Y hay cosas que en septiembre ya no llegan y que conviene dejar para su momento en lugar de forzarlas.

Antes de sembrar: liberar y reponer el bancal

Septiembre es también el mes en que el huerto de verano empieza a irse. Los tomates de la primera plantación están agotados, los calabacines llenos de oídio, los pepinos amargos. Retirar a tiempo esas plantas no es solo cuestión de orden: los restos de solanáceas y cucurbitáceas enfermas son el inóculo de los problemas del año siguiente, así que lo enfermo va fuera del compost.

El suelo de agosto llega exhausto y con poca vida biológica por el calor y el riego constante. Antes de sembrar conviene incorporar tres o cuatro kilos de compost maduro por metro cuadrado en los primeros centímetros, sin voltear el perfil, y regar unos días antes para que el bancal esté húmedo y asentado en el momento de la siembra. Sembrar sobre tierra recién removida y seca da nascencias irregulares.

Un truco que resuelve muchos problemas de germinación en septiembre: preriego y siembra a última hora de la tarde. El sustrato conserva la humedad toda la noche, la semilla se hidrata sin sufrir el bochorno del mediodía y la nascencia es mucho más pareja.

Hortalizas de hoja: el grueso de la siembra

Es el grupo estrella del mes y el que mejor responde.

Espinaca (Spinacia oleracea). Siembra directa, a 1-2 cm de profundidad, en líneas a 25-30 cm y aclarando a 10 cm entre plantas. Ojo con un detalle poco conocido: la semilla de espinaca sufre termoinhibición por encima de 25-27 °C y sencillamente no germina. Si la primera semana de septiembre aún aprieta el calor, o se espera, o se siembra en semillero a la sombra, o se hace el viejo truco de tener la semilla dos días en la nevera dentro de papel húmedo antes de sembrar. Es la razón por la que tantas siembras tempranas de espinaca "no nacen".

Acelga (Beta vulgaris var. cicla). Mucho más tolerante que la espinaca y de las siembras más rentables del año: sembrada ahora produce desde noviembre hasta la primavera siguiente, cortando hoja a hoja por fuera. Semilla directa a 2 cm, marco de 30 x 40 cm.

Lechuga y escarola (Lactuca sativa, Cichorium endivia). En septiembre hay que elegir variedad de invierno —tipo Maravilla de Invierno, Trocadero de invierno, romanas rústicas—, no las de verano, que con frío se quedan minúsculas. Semillero a la sombra en los primeros días y trasplante a las tres o cuatro semanas, a 25-30 cm.

Canónigos, rúcula, mizuna, berros de tierra, mostaza japonesa. Ciclo corto, frío bien tolerado y una gran ventaja en septiembre: con el calor de agosto la rúcula pica demasiado y se espiga en tres semanas, mientras que sembrada ahora se queda tierna. Siembra a voleo o en líneas apretadas, casi en superficie.

Perejil, cilantro, eneldo. El perejil (Petroselinum crispum) tarda entre dos y cuatro semanas en germinar y exige que la superficie no se seque ni un día; septiembre es buen momento porque el sol ya no achicharra la cama de siembra.

Raíces: sí, pero con matices

Rábano (Raphanus sativus). El cultivo más rápido del huerto: de 25 a 35 días desde la siembra. Se puede sembrar todo septiembre y encadenar tandas cada dos semanas. La clave es aclarar sin pena a 4-5 cm entre plantas; un rábano apretado hace hoja y no engorda.

Zanahoria (Daucus carota). Siembra viable en el litoral mediterráneo, Andalucía y Levante, donde el otoño es largo. En la meseta y el norte, sembrada en septiembre se queda pequeña y pasa el invierno parada, aunque se puede aprovechar como zanahoria de primavera temprana. Siembra directa siempre —no admite trasplante—, muy superficial, y humedad constante durante los 12-20 días que tarda en nacer. Cubrir la línea con una tabla o un saco los primeros días evita que se seque.

Nabo (Brassica rapa) y remolacha (Beta vulgaris). Ambos van bien en siembra directa de septiembre. El nabo está listo en unos dos meses y mejora de sabor con los primeros fríos.

El ajo merece una advertencia, porque es una de las creencias más extendidas y más equivocadas del calendario. En buena parte de España se repite que el ajo se planta en septiembre, y es demasiado pronto: con la tierra aún caliente el diente brota deprisa, produce mucha hoja antes del invierno y termina dando cabezas peores o con tendencia a abrir. El momento razonable en la península va de finales de octubre a diciembre, con la excepción de zonas de montaña donde se adelanta a octubre. Septiembre, no.

Coles: se trasplantan, no se siembran

Aquí está el segundo malentendido habitual del mes. Brócoli, coliflor, repollo, lombarda, col rizada y coles de Bruselas (todas Brassica oleracea) se siembran en semillero en junio y julio. Lo que toca en septiembre es trasplantar esas plantas al bancal definitivo, con 4 o 5 hojas verdaderas, a marcos amplios: 50 x 50 cm para brócoli y repollo, 60-70 cm para coliflor y coles de Bruselas, que necesitan mucho espacio y mucho tiempo.

Sembrar coliflor o coles de Bruselas en semillero en septiembre no funciona en clima peninsular: no les da tiempo a formar la pella o los repollitos antes de que el frío detenga el crecimiento. Sí es viable, en cambio, sembrar en septiembre variedades de col rizada (kale) y de repollo de ciclo corto para cosechar a finales de invierno, y también brócoli de tallo tipo bimi en zonas de invierno suave.

Al trasplantar coles, dos cosas importan: enterrar el tallo hasta las primeras hojas para que la planta quede bien anclada —las coles se vencen con el viento cuando crecen— y proteger de la oruga de la col (Pieris rapae, Pieris brassicae), que en septiembre todavía está activa. Una malla antiinsectos sobre arcos, o revisiones del envés de las hojas cada pocos días para aplastar puestas, evita tener que llegar al Bacillus thuringiensis.

Bulbos, puerros y siembras que miran a la primavera

Cebolla temprana. Septiembre es el mes de semillero de las variedades de cosecha temprana —tipo Babosa, valencianas tempranas y similares—, que se trasplantan entre noviembre y enero, cuando la plantita tiene el grosor de un lápiz, para recolectar en abril y mayo. Es una siembra que hay que hacer ahora o no hacerla: sembrada en octubre no da el tamaño de planta necesario para el trasplante invernal.

Puerro (Allium porrum). Admite tanto semillero de septiembre para trasplante invernal como trasplante directo, si se sembró en primavera, de las plantas que se tengan en bandeja. Es de los cultivos que mejor aguantan parados en el bancal, esperando a que se los coma uno.

Habas (Vicia faba). En el norte peninsular y en zonas de invierno frío pero no extremo, la última semana de septiembre es un momento correcto para sembrarlas: nacen con el suelo aún templado y llegan al invierno con porte suficiente. En el sur y el litoral mediterráneo es mejor esperar a octubre o noviembre, porque sembradas demasiado pronto crecen en exceso, se vuelven propensas al pulgón negro y a la roya y se tumban con las primeras lluvias fuertes. Siembra directa, 4-5 cm de profundidad, golpes de dos o tres semillas cada 25 cm.

Guisantes (Pisum sativum). Mismo razonamiento que las habas: finales de septiembre solo en zonas donde el invierno sea suave o donde interese la variedad rústica de enrame. En general rinden más sembrados de octubre a enero.

Bancales de un huerto en plena producción

Lo que no conviene sembrar ahora

Tan útil como saber qué sembrar es saber qué no. En septiembre ya no tiene sentido sembrar tomate, pimiento, berenjena, calabacín, pepino, melón, sandía, judía de mata o maíz: son cultivos de ciclo largo y exigencia térmica alta, y por muy bien que nazcan ahora, la primera bajada seria de temperaturas los detendrá antes de que hayan producido nada. La única excepción razonable son los invernaderos del sureste y algún punto muy cálido del litoral, donde una judía de mata baja sembrada a principios de mes puede llegar a dar.

La albahaca tampoco: aunque germine, con las noches por debajo de 12 °C se para y se ennegrece.

La opción de no sembrar hortaliza: abonos verdes

Si sobra bancal —y en septiembre suele sobrar, después de retirar el huerto de verano—, dejarlo desnudo todo el invierno es desperdiciarlo. Las lluvias compactan la superficie, lavan los nitratos y la vida del suelo se queda sin alimento.

Un abono verde sembrado en la segunda quincena de septiembre aprovecha el calor residual para establecerse antes del frío. La mezcla clásica y difícil de mejorar es una leguminosa más un cereal: veza (Vicia sativa o Vicia villosa) con avena (Avena sativa) o centeno (Secale cereale), a razón de unos 15-20 gramos por metro cuadrado a voleo, rastrillando ligeramente. La leguminosa fija nitrógeno atmosférico y el cereal aporta raíz densa que descompacta y biomasa que estructura. También funcionan la mostaza blanca (Sinapis alba), muy rápida —aunque no se debe usar donde vayan a ir coles, porque es de la misma familia y comparte plagas—, y la facelia (Phacelia tanacetifolia), excelente para polinizadores.

El abono verde se siega o se tumba en floración, antes de que grane, y se deja en superficie como acolchado o se incorpora superficialmente dos o tres semanas antes de la siembra siguiente.

Diferencias según la zona

Un calendario nacional siempre miente un poco. Las mismas siembras se comportan de forma muy distinta según dónde esté el huerto:

Litoral mediterráneo, Andalucía y Canarias. Septiembre es prácticamente un segundo mes de siembra: la primera helada puede no llegar nunca y el margen se estira hasta octubre sin problema. Aquí lo que hay que vigilar en septiembre no es el frío, sino el calor residual y las gotas frías con lluvias torrenciales.

Meseta e interior. Primeras heladas entre finales de octubre y noviembre. Todo lo que necesite ciclo se siembra en la primera semana o se pierde. Merece la pena tener a mano manta térmica o un túnel bajo para alargar el otoño tres o cuatro semanas.

Norte peninsular y montaña. El problema no es el frío, que llega suave y tarde en la cornisa, sino la falta de luz y la humedad constante, que favorece hongos. Aquí conviene sembrar más espaciado, apostar por hoja rústica —acelga, kale, canónigos— y olvidarse de cultivos que necesiten insolación.

En resumen

Septiembre es un mes de siembra generoso, pero con fecha de caducidad dentro del propio mes. La primera quincena es para lo que necesita tiempo —cebolla temprana en semillero, espinaca, acelga, lechuga y escarola de invierno, zanahoria en zonas cálidas, trasplante de las coles sembradas en verano—; la segunda, para ciclos cortos como rábano, rúcula, canónigos y mostazas, y para los abonos verdes que cubrirán el bancal en invierno.

Dos correcciones que ahorran disgustos: el ajo no se planta en septiembre, sino a partir de finales de octubre; y las coliflores y coles de Bruselas no se siembran ahora, se trasplantan ahora, porque su semillero era en junio o julio. Y una regla de fondo: en septiembre cada día de retraso pesa más que en primavera, así que la siembra hecha el día 5 y la hecha el día 25 no son la misma siembra.


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