Una esparraguera bien plantada sigue dando turiones quince o veinte años después, en el mismo metro cuadrado y sin moverse de sitio. Eso cambia por completo la manera de plantearse su reproducción: no se trata de sacar unas plantitas para la temporada, sino de fundar una plantación que va a sobrevivir a varios cambios de idea sobre el resto del huerto. Merece la pena hacerlo con cuidado desde el principio, porque rectificar significa arrancar y volver a empezar el contador de tres años.
Conviene aclarar antes de nada de qué planta hablamos. El espárrago de huerta es Asparagus officinalis, una liliácea perenne, dioica y de raíz carnosa. Nada que ver con la esparraguera ornamental de interior y jardinera —Asparagus densiflorus 'Sprengeri' o Asparagus setaceus—, que comparte género pero se cultiva por el follaje y se multiplica de otra forma. Al final del artículo dedico un apartado a esa segunda, porque la confusión de nombres es constante.
Dos caminos: semilla o garra
La esparraguera se propaga por semilla o a partir de garras, que es como se llaman las coronas de raíces de uno o dos años que se venden en enero y febrero en cualquier vivero o cooperativa agrícola. La garra no es más que una plántula obtenida de semilla el año anterior y arrancada en reposo invernal.
La diferencia práctica es de calendario. Con semilla, el primer corte serio llega al tercer o cuarto año desde la siembra. Con garra de un año, al segundo o tercero desde la plantación. Es decir, comprar garras adelanta más o menos una temporada; no adelanta cuatro, como a veces se sugiere. Y la promesa de tener espárragos en dos o tres semanas no existe: en dos semanas, si todo va bien, lo que se tiene es una semilla germinada.
Hay una tercera vía que se cita mucho y funciona mal: dividir una esparraguera adulta. Técnicamente es posible partir la corona en fragmentos con yemas y raíz, y arraigan. El problema es que las garras viejas tienen la parte central agotada, se recuperan con lentitud y arrastran cualquier hongo de suelo que llevara la madre. Solo tiene sentido si se está desmontando una esparraguera vieja de una variedad local que interese conservar y no hay otra manera de multiplicarla.
De la baya a la semilla
El espárrago es dioico: hay pies macho y pies hembra, y solo los segundos producen las bayas rojas que aparecen en otoño sobre el plumero. Esas bayas son tóxicas por vía oral —no son un fruto comestible— pero contienen entre una y seis semillas negras, duras y brillantes.
Se recogen cuando están rojo intenso y ligeramente blandas, entre septiembre y noviembre según la zona. Se dejan macerar dos o tres días en un vaso de agua, se aplastan con los dedos y se lava la pulpa: las semillas viables se van al fondo, la pulpa y las vanas flotan. Después hay que secarlas a la sombra sobre papel durante una semana larga antes de guardarlas en sobre de papel en sitio fresco. Conservan poder germinativo tres años, con pérdida notable a partir del segundo.
Aquí está la primera advertencia importante. Casi todas las variedades comerciales actuales son híbridos todo-macho: 'Gijnlim', 'Grande', 'UC-157', 'Darbonne'. Se seleccionaron así porque el pie macho no gasta reservas en fructificar y da más turiones y más gruesos. Si se recogen semillas de una plantación híbrida —cuando aparece alguna hembra despistada—, la descendencia sale desigual, con plantas mediocres mezcladas con alguna buena. Para sembrar de semilla propia y esperar uniformidad hay que partir de variedades de polinización abierta, del tipo 'Mary Washington', 'Argenteuil' o poblaciones locales.
Siembra: cuándo y cómo
En la península la siembra se hace de febrero a abril. En semillero protegido o invernadero desde mediados de febrero; al aire libre, cuando el suelo pasa de 15 °C, que en el interior no ocurre antes de abril.
La germinación del espárrago es lenta y desanima a quien espera lo de un calabacín. Con el sustrato a 20-25 °C tarda de dos a cuatro semanas; por debajo de 15 °C puede irse a cuarenta días o no germinar. Poner las semillas en remojo en agua templada 24 o 48 horas, cambiándola una vez, adelanta unos días y homogeneiza la nascencia.
Puntos concretos que marcan la diferencia:
Profundidad y recipiente. Se entierran a 1,5-2 cm. El envase tiene que ser hondo, de 10 cm como mínimo: la raíz del espárrago baja recta y muy rápido, y en alveolo estándar se enrolla en el fondo en un mes. Macetas de 9 o 10 cm, una semilla cada una, o directamente semillero en tabla.
Sustrato. Suelto y drenante, mezcla de compost maduro con arena gruesa o perlita. El espárrago tolera muy mal el encharcamiento en cualquier fase de su vida.
El primer año. La plantita no pasa de un plumero fino de 30 o 40 cm. Es normal y no hay que forzarla con abonos nitrogenados: lo que interesa es que engorde raíz, no follaje. Riego regular y sin excesos, y ninguna cosecha, evidentemente.
De plántula a garra, y de garra a plantación
Al llegar el otoño, la parte aérea amarillea y se seca. Ese es el ciclo normal: la planta pasa el invierno en reposo, con toda la reserva en las raíces. Se corta el plumero seco a ras y se deja tranquila.
En enero o febrero del año siguiente, con la planta dormida, se levantan las garras y se plantan en su sitio definitivo. Este es el momento del año en que se manejan también las garras compradas.
La plantación se hace en zanja. Se abre un surco de 25-30 cm de profundidad y unos 40 de ancho, se aporta al fondo estiércol bien hecho o compost mezclado con la tierra, y se forma un caballete continuo o pequeños montículos donde apoyar cada garra. Las raíces se extienden abiertas alrededor, como una araña, con las yemas hacia arriba. Se cubre con 5-8 cm de tierra al principio —no se llena la zanja de golpe— y se va rellenando conforme la planta emite brotes durante la primavera, hasta dejar el terreno a nivel al final del verano.
Marcos habituales en huerto familiar: 35-40 cm entre garras y 1,2-1,5 m entre líneas. Parece exagerado en febrero, cuando cada garra es un puñado de raíces secas, y se queda corto en julio, cuando el plumero mide metro y medio y tapa lo que tenga al lado.
El suelo importa más que en casi cualquier otro cultivo de huerta, porque no hay marcha atrás. Debe ser suelto, profundo y muy drenado, arenoso o franco-arenoso, con pH entre 6,5 y 7,5. En terreno arcilloso y compacto la esparraguera acaba con podredumbre de raíz por Fusarium o Phytophthora antes de amortizar los años de espera. Si el suelo es pesado, la solución realista es plantar en caballón elevado de 30-40 cm, no confiar en que el drenaje mejore solo.
Los tres primeros años
Aquí se pierden muchas esparragueras jóvenes, no por técnica de propagación sino por impaciencia.
Año de plantación: ningún corte. Todo lo que brote se deja crecer.
Segundo año: como mucho, dos o tres semanas de recolección ligera, cogiendo únicamente los turiones más gruesos.
Tercer año en adelante: campaña completa, de marzo o abril hasta finales de junio. La regla tradicional de parar por San Juan tiene fundamento fisiológico: a partir de ahí la planta necesita formar su plumero y acumular reservas para la campaña siguiente. Seguir cortando en julio da espárragos ese año y menos espárragos durante los diez siguientes.
Un detalle que sorprende a quien empieza: el espárrago blanco y el verde son la misma planta. La diferencia está en el aporcado. Si se cubre la línea con un caballón de tierra y se corta el turión bajo tierra antes de que asome, sale blanco; si se deja emerger a la luz, la clorofila lo pone verde. No hay que buscar semilla de espárrago blanco.
La esparraguera ornamental, que es otra cosa
La planta que se llama esparraguera cuando está en una jardinera de terraza suele ser Asparagus densiflorus 'Sprengeri', de tallos arqueados y colgantes, o Asparagus setaceus, la de fronde plumoso que se usaba en los ramos de flores. Son ornamentales, no comestibles, y en su caso la reproducción es mucho más rápida y agradecida.
El método normal es la división de mata en primavera. Se saca el cepellón de la maceta —vendrá compacto, lleno de tubérculos blancos parecidos a pequeñas patatas, que son órganos de reserva—, se corta en dos o tres porciones con cuchillo limpio, procurando que cada una lleve raíz y tallos, y se replanta cada trozo en sustrato universal con drenaje. Se ve una fase de decaimiento de dos o tres semanas y luego rebrota desde la base. También se multiplica por semilla a partir de sus bayas rojas, con el mismo lavado de pulpa descrito antes y germinación a 20-22 °C, pero la división es más rápida y conserva el porte de la planta madre.
Errores frecuentes
Sembrar en alveolo pequeño. La raíz pivotante se estrangula y la garra sale raquítica. Contenedor hondo o siembra en tabla.
Dar la semilla por muerta a las tres semanas. Con frío, el espárrago tarda más de un mes en asomar. Antes de tirar el semillero conviene esperar seis semanas y comprobar la temperatura del sustrato.
Recoger semilla de híbrido y esperar uniformidad. Sale una descendencia irregular y, además, mitad de plantas hembra, menos productivas.
Plantar la garra del revés o demasiado honda. Las yemas van hacia arriba, y la zanja se rellena por etapas, no de una vez.
Rellenar la zanja hasta arriba el primer día. El brote tierno tiene que atravesar 25 cm de tierra fresca y se agota en el intento.
Cortar el primer año. Se hipoteca la producción de toda la década.
Elegir mal el sitio. Zona de paso, sombra de un árbol que crecerá o rincón donde se encharca en invierno. Con veinte años por delante, el error se paga durante mucho tiempo.
En resumen
La esparraguera de huerta se reproduce sobre todo por semilla, recogida de las bayas rojas de los pies hembra en otoño y sembrada entre febrero y abril en recipiente hondo, con 20-25 °C y paciencia para una germinación que se toma de dos a cuatro semanas. Esas plántulas se convierten en garras que se trasplantan al invierno siguiente, en zanja de 25-30 cm, con suelo arenoso y drenaje impecable, a 40 cm entre plantas. La división de coronas viejas es un recurso de emergencia, no un método. Y el calendario no se negocia: sin cortes el primer año, cosecha simbólica el segundo y campaña completa a partir del tercero, siempre parando a finales de junio. La esparraguera ornamental, que comparte nombre pero no uso, se resuelve dividiendo la mata en primavera.