Riega el surco, siembra sobre el barro y cubre con tierra seca. Esa secuencia, que en abril sería una manía innecesaria, en junio es la diferencia entre una línea nacida al completo y una línea con calvas. Porque a partir del solsticio el problema del huerto deja de ser el calor que falta y pasa a ser el agua que se va: los dos centímetros superiores del suelo se secan en una tarde de sol y viento, y una semilla que ya ha empezado a hidratarse y se seca a medias no vuelve a germinar.

Con esa corrección de método, junio es un mes de siembra intenso. Se cierra la tanda de cultivos de verano y, sobre todo, se abre algo menos evidente: el huerto de otoño e invierno arranca ahora, en semillero, mientras los tomates todavía están verdes.

Bancales de un huerto en pleno crecimiento

Cómo se siembra en junio

Cinco ajustes cambian por completo el resultado de una siembra estival, y sirven para todo lo que viene después:

Riego de presiembra. Se moja el fondo del surco hasta empapar, se deja escurrir un rato y se siembra sobre esa humedad. Regar por encima después de sembrar es peor: forma costra, y sobre suelos limosos la costra impide salir a plántulas como la zanahoria o la remolacha.

Un poco más hondo. Donde en marzo se sembraba a 1 cm, en junio conviene 2-3 cm, buscando la franja de suelo que aún conserva humedad. Con la judía o el maíz se puede ir a 4-5 cm sin problema.

Cubrir con tierra seca o con acolchado fino. La tierra seca por encima actúa de aislante y frena la evaporación de la capa húmeda que hay debajo.

Sombrear hasta la nascencia. Una tabla, un saco de arpillera o una malla apoyada sobre la línea sembrada mantiene el suelo varios grados por debajo y evita que se seque. Se retira en cuanto asoma la primera plántula, sin margen: un día más y se etiola.

Sembrar al atardecer. La semilla pasa la primera noche absorbiendo agua en lugar de perderla.

Judías: la cuenta se hace desde la floración

La judía (Phaseolus vulgaris) es el cultivo de siembra directa más agradecido de junio. Con el suelo a 20-25 °C nace en seis u ocho días y una variedad de mata baja está recolectándose en 55-65 días.

Ahora la parte que conviene calcular. La flor de la judía aborta cuando la temperatura supera los 32-35 °C con ambiente seco: la planta florece, se caen las flores y no cuaja vaina. Una siembra de primeros de junio florece a finales de julio, en plena ola de calor. Retrasarla a la última semana de junio o a la primera de julio traslada la floración a finales de agosto y septiembre, cuando las noches ya refrescan, y la cosecha es incomparablemente mejor. Es un cultivo hecho para siembra escalonada: una línea cada doce o quince días hasta mediados de julio.

Las de enrame necesitan la estructura montada antes de sembrar. Y en junio hay que vigilar la araña roja (Tetranychus urticae), que prolifera con calor seco: mojar el envés de las hojas al atardecer un par de veces por semana la frena mejor que cualquier tratamiento posterior.

Cucurbitáceas: una segunda tanda que llega más limpia

El calabacín (Cucurbita pepo) sembrado directamente en junio germina en cuatro o cinco días y empieza a producir a los 45-50. Merece la pena aunque ya haya plantas de abril en el bancal, porque esas estarán agotadas y con oídio en agosto, justo cuando la nueva tanda entra en producción. Además, una planta nacida en junio crece rápido y suele escapar del pulgón de primavera y de los virus que transmite.

El pepino (Cucumis sativus) admite siembra directa durante todo junio con el mismo argumento. Melón (Cucumis melo) y sandía (Citrullus lanatus) van más justos: necesitan entre 100 y 120 días desde siembra hasta fruto maduro, así que solo tienen sentido en la primera quincena y en zonas de otoño largo y cálido, como el valle del Guadalquivir, Murcia o Levante. En el interior norte, un melón sembrado en junio llega a septiembre con fruta que ya no engorda.

Las calabazas de invierno (Cucurbita maxima y Cucurbita moschata) tienen su límite en los primeros días de junio, y conviene respetarlo: una calabaza recolectada verde no cura la piel y se pudre en la despensa en un mes.

El maíz dulce, si es ahora, es en bloque

El maíz (Zea mays) se puede sembrar hasta mediados de junio en casi toda la Península, con ciclo de 90-100 días. La condición no es de fechas sino de disposición: poliniza por viento, y una línea única de plantas suelta el polen al aire sin que llegue a las barbas. Un bloque compacto de al menos cuatro filas por cuatro plantas da mazorcas completas; en línea salen mazorcas con granos salteados. Marco de 20-25 cm entre plantas y 60-70 entre líneas, riego generoso desde que asoma el penacho.

Las coles de invierno se siembran en junio

Este es el trabajo de junio que menos se ve y más se agradece en noviembre. Brócoli, coliflor, repollo, lombarda y berza (Brassica oleracea) tienen ciclos largos: sembrados en semillero en junio y trasplantados en julio o principios de agosto con cuatro o cinco hojas verdaderas, cosechan de octubre a febrero. Sembrados en agosto, llegan al invierno demasiado pequeños y se quedan parados hasta la primavera. Las coles de Bruselas, con ciclo aún más largo, deberían estar ya sembradas: junio es su fecha límite.

El semillero estival tiene un enemigo concreto. Las mariposas Pieris rapae y Pieris brassicae y la polilla Plutella xylostella están en máxima actividad en junio y julio, y una plántula de col con dos hojas no sobrevive a una oruga. Malla antiinsectos de 1 mm sobre el semillero desde el día de la siembra, y mantenerla tras el trasplante. Es más eficaz y más barato que revisar hojas cada tarde.

Junio es también el mes de trasplantar el puerro (Allium porrum) sembrado en invierno, y de sembrar el cardo (Cynara cardunculus), que necesita todo el verano para desarrollar las pencas que se blanquean en otoño.

Hojas de verano: lo que funciona y lo que no

La lechuga (Lactuca sativa) en junio pide un manejo distinto. Su semilla entra en termoinhibición por encima de 25-28 °C: no es que germine mal, es que se bloquea activamente. La solución es sembrar en bandeja a la sombra, regar al atardecer y, si hace mucho calor, dejar la bandeja recién sembrada dos días en un lugar fresco antes de sacarla. Además hay que elegir variedad: los tipos Batavia y las romanas de verano aguantan; una Reina de Mayo sembrada en junio se espiga antes de cerrar cogollo, amarga y se tira.

La escarola y la achicoria (Cichorium endivia, Cichorium intybus) responden justo al revés: las siembras de finales de junio en adelante, ya con los días acortando, forman mata sin salirse a flor, y son la base de la ensalada de octubre a enero.

La espinaca no tiene sitio en junio: sube a flor casi antes de formar hoja. Para cubrir ese hueco están la acelga (Beta vulgaris var. cicla), que se siembra sin problema todo el mes y produce hasta las heladas, la espinaca de Nueva Zelanda (Tetragonia tetragonioides), que agradece el calor y se cosecha por brotes, y el amaranto de hoja (Amaranthus spp.), que crece con temperaturas a las que cualquier hoja europea se rinde.

Entre las aromáticas, la albahaca (Ocimum basilicum) sembrada directamente en junio nace en cuatro días y crece a toda velocidad. El cilantro, en cambio, florece en cinco o seis semanas con este fotoperiodo; si se quiere hoja, mejor dejarlo para septiembre.

Mata de acelgas de pencas anchas

Raíces para el otoño

La zanahoria (Daucus carota) sembrada en junio se recolecta en octubre y noviembre, con más azúcar que la de primavera porque el frío final concentra los carbohidratos. Es también la siembra más delicada del mes: tarda de 12 a 20 días en nacer y no admite ni un solo día de sequedad en superficie durante ese periodo. Aquí el truco de la tabla o la arpillera sobre el surco es prácticamente obligatorio, con un riego ligero diario hasta que asoma.

La remolacha (Beta vulgaris) se siembra bien todo junio y es menos exigente. Como en la acelga, cada "semilla" es un glomérulo con varios embriones, así que hay que aclarar a 8-10 cm salvo que la variedad sea monogermen.

El nabo (Brassica rapa) admite junio, pero rinde más sembrado en julio o agosto: en pleno calor tiende a hacer raíz fibrosa y picante. La chirivía (Pastinaca sativa), en cambio, tiene aquí su fecha, porque necesita el otoño entero y una helada final para estar en su punto.

Lo que ya no da tiempo, y qué hacer en su lugar

Sembrar tomate, pimiento o berenjena en junio con la idea de una cosecha de verano no funciona: entre siembra y primer fruto hay de 110 a 140 días. En el litoral mediterráneo y en Andalucía, una siembra de principios de junio de un tomate cherry de ciclo corto, trasplantado en julio, puede dar fruta en octubre y noviembre si el otoño acompaña; tierra adentro, la primera helada llega antes que el tomate. Si se quiere planta de tomate para plantar ahora, se compra hecha, no se siembra.

Con los bancales que quedan libres al arrancar habas, guisantes o ajos, hay dos alternativas mejores que dejarlos desnudos al sol. Un abono verde de verano —trigo sarraceno (Fagopyrum esculentum), que florece en seis semanas y atrae sírfidos y otros auxiliares, o sorgo forrajero, que produce mucha materia orgánica— cubre el suelo, evita que se compacte con los riegos y se siega antes de granar. La otra opción, si el bancal arrastra problemas de suelo, es la solarización: bancal regado a fondo, plástico transparente bien sellado en los bordes y seis semanas de julio y agosto. Bajo el plástico se superan los 45-50 °C en los primeros centímetros y se reducen mucho hongos, nematodos y semillas de adventicias.

En resumen

En junio se siembra bastante más que en abril, aunque se hable menos de ello. Directamente al suelo van judías, calabacín, pepino, maíz hasta mediados de mes, remolacha, zanahoria de otoño, acelga y albahaca. En semillero se prepara el huerto de invierno: brócoli, coliflor, repollo, lombarda y berza, protegidos con malla desde el primer día por las orugas.

Conviene resistirse a las siembras que la fecha ya no permite —calabaza de invierno pasada la primera semana, melón fuera del sur, tomate de siembra— y ajustar las que sí, contando desde la floración: una judía sembrada a finales de junio cuaja mejor que una de principios. Y en todas ellas, el gesto que decide la nascencia es el mismo: humedad en el fondo del surco, siembra algo más profunda, tierra seca encima y sombra hasta que la plántula asoma.


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