El kiwi amarillo y el kiwi verde no son la misma fruta recogida en distinto punto de madurez, ni el mismo árbol dando dos colores. Son dos especies botánicas distintas: el verde de toda la vida es Actinidia deliciosa, y el dorado es Actinidia chinensis. De esa diferencia de partida salen el sabor, la piel lampiña, el contenido en vitamina C y también los problemas de cultivo.

Antes de seguir, un aviso que conviene tener presente: el kiwi es uno de los alérgenos alimentarios reconocidos en Europa y puede provocar reacciones serias. Más abajo está el detalle.

Kiwi amarillo abierto mostrando la pulpa dorada

De dónde ha salido la pulpa dorada

El género Actinidia es originario del sur de China. Nueva Zelanda recibió semillas a principios del siglo XX, seleccionó lo que hoy conocemos como kiwi verde —la variedad 'Hayward' domina el comercio mundial desde los años cincuenta— y a partir de los ochenta trabajó con germoplasma de Actinidia chinensis buscando frutos menos ácidos y sin pelo.

El primer resultado comercial fue la variedad 'Hort16A', vendida como Zespri Gold. Duró poco: a partir de 2008 el cancro bacteriano Pseudomonas syringae pv. actinidiae, conocido como Psa, se extendió por Italia y en 2010 llegó a Nueva Zelanda, y 'Hort16A' resultó ser extremadamente sensible. Se arrancaron plantaciones enteras. La sustituta fue 'Zesy002', comercializada como Zespri SunGold, más tolerante al Psa, con más azúcar y menos acidez. Zespri es una cooperativa de productores neozelandeses que gestiona esa variedad en un sistema de licencias cerrado, con producción propia en el hemisferio norte —Italia, Grecia, Francia, Corea, Japón— para vender fruta los doce meses del año.

Y una aclaración necesaria: ninguna de estas variedades es transgénica. Todas proceden de cruzamientos y selección convencional dentro del género. Que el nombre comercial suene a marca registrada no cambia la biología de la planta.

Por qué sabe distinto

Tres cosas separan el amarillo del verde en la boca.

La acidez. El dorado tiene menos ácido cítrico y quínico y más azúcar en el momento de consumo, lo que da esa sensación tropical, entre mango y melón, en lugar del punto ácido característico del 'Hayward'. Que sepa más dulce no significa que tenga menos azúcar: normalmente tiene más.

La actinidina. El kiwi verde es rico en esta enzima proteolítica, la misma que impide que cuaje una gelatina con kiwi fresco, la que corta la leche en un batido si se deja reposar y la responsable en parte de ese raspado en la lengua tras comer varios. Actinidia chinensis contiene bastante menos actinidina, así que el amarillo resulta más suave y se lleva mejor con lácteos. Si alguna vez quieres hacer gelatina con kiwi, escáldalo antes: el calor desnaturaliza la enzima. En el kiwi enlatado no da problema por la misma razón.

La piel. Es fina, bronceada y sin pelo, y es perfectamente comestible: concentra fibra y buena parte de los polifenoles. Lavada, se come sin más, algo impensable con la lija del kiwi verde.

Lo que aporta en la mesa

Valores orientativos por cada 100 gramos de pulpa de kiwi amarillo:

Vitamina C: 150-160 mg. Es el dato fuerte. Casi triplica a la naranja y supera con holgura al kiwi verde, que se queda en torno a 90 mg. Una pieza mediana cubre de sobra la ingesta diaria recomendada para un adulto, que ronda los 80 mg.

Energía: unas 60-63 kcal, con 14-15 g de hidratos de carbono, casi todos azúcares.

Fibra: 1,4 g. Aquí el verde gana claramente, con cerca de 3 g. Si lo que buscas es el conocido efecto regulador del tránsito intestinal, el kiwi verde es la opción sensata; el amarillo tiene la mitad de fibra y su piel, si te la comes, compensa solo en parte.

Potasio: alrededor de 315 mg, cifra comparable a la de un plátano por ración razonable.

Folatos, vitamina E y vitamina K en cantidades apreciables. La vitamina E es poco habitual en una fruta con tan poca grasa.

Un apunte práctico sobre la vitamina C: es termolábil y se oxida con el tiempo y la luz. El kiwi tiene la ventaja de comerse siempre crudo, así que llega intacta. Trocearlo y dejarlo horas en la nevera, en cambio, sí resta.

Hay un uso concreto con respaldo razonable: la vitamina C aumenta la absorción del hierro no hemo, el de origen vegetal. Un kiwi de postre después de un plato de lentejas o de espinacas rinde más que el mismo kiwi a media mañana.

Alergia: quién debe tener cuidado

El kiwi figura entre los alérgenos de declaración obligatoria en la Unión Europea porque provoca reacciones con cierta frecuencia y, en una minoría de casos, graves. El alérgeno principal, Act d 1, es precisamente la actinidina. Los síntomas más habituales son de síndrome de alergia oral —picor y hinchazón de labios, lengua y garganta—, pero se han descrito cuadros de anafilaxia, sobre todo en niños pequeños.

Existe reactividad cruzada con el látex (el llamado síndrome látex-fruta, que comparte con plátano, aguacate y castaña), con el polen de abedul y con el de gramíneas. Quien tenga alergia al látex o reacciones previas a estas frutas debería probar el kiwi con precaución, y ante síntomas más allá de un picor leve, consultar antes de repetir.

Un matiz: tener menos actinidina no equivale a ser hipoalergénico. El kiwi amarillo puede resultar menos irritante en boca para una persona sana, pero un alérgico a Act d 1 no está a salvo por cambiar de color de pulpa.

Aparte de la alergia, la pulpa contiene rafidios de oxalato cálcico, cristales aciculares que contribuyen a la irritación bucal cuando se come mucha cantidad. Nada preocupante en consumo normal, aunque quien tiene litiasis renal por oxalato hará bien en no abusar.

Elegirlo y madurarlo en casa

El kiwi se recolecta duro y madura después. En el árbol acumula almidón, y ese almidón se convierte en azúcares durante la posrecolección, lo cual explica que uno comprado en su punto justo de firmeza esté insípido y a los cinco días esté excelente.

Para acelerarlo, mételo en una bolsa de papel con una manzana o un plátano: el etileno que desprenden dispara la maduración y en dos o tres días a temperatura ambiente lo tienes listo. Para frenarlo, justo lo contrario, nevera y lejos de esas frutas.

El punto correcto se comprueba presionando suavemente con el pulgar cerca del pedúnculo: debe ceder un poco, sin llegar a blando. El amarillo se pasa antes que el verde y, cuando lo hace, fermenta y coge un regusto avinagrado.

Cultivarlo en España

La cornisa cantábrica —Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco— concentra prácticamente toda la producción española de kiwi, y no por casualidad. Estas son las exigencias del cultivo, con las particularidades del amarillo:

Es una planta dioica. Hay pies macho y pies hembra, y sin macho no hay fruta. La proporción habitual es un macho por cada seis u ocho hembras. Y aquí es donde una plantación entera se queda sin cosecha: las variedades amarillas florecen entre una y dos semanas antes que 'Hayward', así que el polinizador clásico de la verde, 'Tomuri', que es de floración tardía, no coincide con ellas. Hace falta un macho de floración temprana, compatible con A. chinensis. Si compras las plantas, pregunta expresamente por esto y no te fíes de un "macho de kiwi" genérico.

Suelo ácido y sin caliza. El pH ideal está entre 5,5 y 6,5. En suelos calizos aparece clorosis férrica y la planta no arranca. Suelos profundos, sueltos y drenados: el kiwi necesita mucha agua pero muere ahogado si se encharca, porque sus raíces son carnosas y se asfixian con facilidad.

Frío invernal y miedo a las heladas tardías. Necesita horas de frío para desborrar bien —las variedades de A. chinensis exigen algo menos que 'Hayward'—, pero brota antes, y ahí está el peligro. Un brote tierno se pierde a -1 o -2 ºC, así que en zonas con heladas de abril la floración amarilla queda expuesta. La madera de A. chinensis tolera peor el frío intenso que la del kiwi verde.

Protección del viento. Las hojas son grandes y los brotes quebradizos; un seto cortavientos no es un adorno, es parte de la instalación.

Estructura de conducción. Es una liana vigorosa que puede pasar de los ocho metros. Necesita espaldera o pérgola sólida y poda de invierno más poda en verde, o se convierte en una maraña que no fructifica.

Psa. El cancro bacteriano está presente en España desde principios de la década de 2010 y las variedades amarillas son más sensibles que la verde. Las medidas que funcionan son de higiene: podar en tiempo seco y nunca con lluvia o humedad alta, desinfectar las tijeras entre plantas, sellar los cortes gruesos, evitar el exceso de nitrógeno y comprar material vegetal certificado. Si aparecen exudados rojizos en el tronco y necrosis en las yemas, el foco hay que eliminarlo pronto.

Recolección. Las variedades amarillas se recogen antes que la verde, típicamente entre finales de septiembre y octubre en el norte peninsular, frente a noviembre para 'Hayward'. La referencia profesional no es el color ni el tamaño, sino el porcentaje de materia seca, que indica cuánto almidón hay disponible para convertirse en azúcar. Un kiwi recolectado demasiado pronto no madurará bien nunca.

Si piensas plantar uno: la variedad tiene dueño

Esto se pasa por alto y tiene consecuencias legales. 'Zesy002', la variedad que se vende como SunGold, está protegida por derechos de obtentor y su cultivo está reservado a productores con licencia dentro del sistema de Zespri. No se pueden multiplicar plantas a partir de una fruta comprada para venderlas ni para producir fruta comercial, y las etiquetas del supermercado no son una autorización.

Para quien quiera plantar kiwi de pulpa amarilla existen otras variedades de Actinidia chinensis disponibles en viveros, salidas sobre todo de la mejora italiana: 'Jintao', 'Soreli' o 'Dorì', entre otras. También están protegidas, pero se comercializan con licencias abiertas a productores, y en cualquier caso comprar la planta en un vivero legal te deja en regla y con material sano.

Sembrar las semillas de un kiwi del supermercado germina sin dificultad y es un experimento entretenido, pero no da la misma fruta: la descendencia segrega, tarda años en entrar en producción y la mitad de las plantas serán machos que jamás darán fruto. Para tener kiwis se planta variedad injertada o de estaquilla, no semilla.

En resumen

El kiwi amarillo es Actinidia chinensis, especie distinta del kiwi verde. Aporta alrededor de 150 mg de vitamina C por 100 g —muy por encima del verde y de los cítricos—, potasio, folatos y vitamina E, con menos acidez, piel comestible y menos actinidina, lo que lo hace más suave en boca. A cambio tiene la mitad de fibra que el verde, así que para el tránsito intestinal sigue ganando el clásico.

No es transgénico, ni es hipoalergénico: el kiwi es un alérgeno reconocido y quien reaccione al látex, al plátano o al aguacate debe probarlo con cautela. Cómpralo firme y madúralo en casa con una manzana en bolsa de papel.

Y si quieres cultivarlo, cuenta con suelo ácido y drenado, clima húmedo sin heladas de primavera, un macho de floración temprana que coincida con la hembra, estructura de conducción firme y disciplina de higiene contra el Psa. La variedad SunGold no se puede plantar libremente; hay alternativas doradas legales en vivero.


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