Quitar un chupón de tomate cuesta dos segundos con los dedos. Quitarlo tres semanas tarde exige tijeras, deja una herida de un centímetro en el tallo principal y abre la puerta a la botritis. Toda la poda del tomate se resume en esa diferencia: es una tarea de mantenimiento semanal, no una intervención puntual que se hace un domingo de junio cuando la planta ya es una maraña.

Conviene además empezar por lo que la poda no hace. No aumenta la cosecha. Una planta de tomate podada a un solo tallo produce, en peso total, lo mismo o algo menos que esa misma planta sin podar. Lo que cambia es el reparto: menos frutos, más grandes, más precoces, más limpios y mucho más fáciles de recoger. Si lo que se busca es kilo bruto para conserva, la poda severa no es el camino; si se busca tomate de mesa en un huerto pequeño, sí.

Plantación de tomates entutorados

Antes de coger las tijeras: qué tomate tienes

Este es el punto que decide todo lo demás y el que más se salta. Las variedades de Solanum lycopersicum se dividen en dos grandes hábitos de crecimiento y solo uno de ellos se poda.

Las de crecimiento indeterminado (mata alta) tienen una yema apical que sigue creciendo indefinidamente mientras la temperatura acompañe. Van alternando hojas y ramilletes florales y pueden pasar de los dos metros. Aquí entran las variedades tradicionales de mesa: Corazón de buey, Raf, Montserrat, Rosa de Barbastro, Cherokee purple, y los cherry de rama. Estas se entutoran y se podan.

Las de crecimiento determinado (mata baja) terminan el tallo en un ramillete floral y se paran solas a los 60-100 cm. Toda la cosecha se concentra en dos o tres semanas. Son las variedades de industria y algunas de conserva doméstica: Roma, San Marzano en sus selecciones determinadas, Rio Grande, muchos cherry de porte compacto. A estas no se les quitan los chupones. Si se lo haces, le estás arrancando literalmente los brazos que iban a dar la cosecha, y te quedas con una planta con cuatro tomates.

En la etiqueta del semillero rara vez lo pone claro. La regla práctica: si la planta pide caña de dos metros, se poda; si se sostiene con una caña corta o una jaula, no se toca. Y ante la duda, deja los chupones bajos y observa un par de semanas.

Qué es exactamente un chupón

El chupón, brote axilar o nieto es el brote que nace en la axila, es decir, en el ángulo de 45 grados que forman el tallo principal y una hoja. Ese es su sitio, siempre, y por eso es imposible confundirlo una vez sabes dónde mirar.

El error clásico de quien empieza es cortar un ramillete floral creyendo que era un chupón. La distinción es fácil: el ramillete sale del tallo, entre dos hojas, nunca de la axila, y no lleva hojas verdaderas, solo un raquis con botones florales. El chupón, en cambio, nace pegado al pecíolo de una hoja y desde el principio saca hojitas compuestas idénticas a las del resto de la planta. Si tiene hojas de tomate en miniatura, es un chupón. Si tiene bolitas amarillas, no lo toques.

Cuándo se poda

La primera pasada se da cuando la planta ronda los 30-40 cm y ya se distingue bien el tallo principal, lo que en la península suele caer entre finales de mayo y mediados de junio para una plantación normal de abril-mayo. A partir de ahí, una revisión cada siete o diez días hasta que la planta se para en septiembre. En pleno julio, con calor y riego, un chupón pasa de invisible a treinta centímetros en una semana.

Dentro del día, poda por la mañana temprano, con la planta turgente y con horas de sol seco por delante. Las heridas se suberizan en unas horas y llegan cerradas a la noche. Podar al atardecer o con el huerto recién regado por aspersión es la forma más rápida de invitar a Botrytis cinerea, que entra por tejido herido y produce el chancro gris del tallo: una lesión parda con anillos concéntricos que puede estrangular la planta entera por encima del punto de corte.

Nunca podes con la planta mojada ni con humedad ambiental alta persistente. Y no podes en la hora de calor extremo del mediodía de julio, cuando la planta está en estrés hídrico y cierra estomas: los cortes se deshidratan mal.

Cómo se poda, paso a paso

El chupón, con los dedos y pequeño. Mientras mide menos de 5 cm es tierno y se desprende con un movimiento lateral limpio, sujetándolo entre el pulgar y el índice y doblándolo hacia un lado hasta que rompe. Esa rotura es una herida vegetal irregular pero muy pequeña, que cicatriza sola en un día. Es mejor que un corte de tijera. Pasados los 8-10 cm ya hay tejido leñoso y hay que usar tijera; entonces corta dejando un tocón de 3-5 mm en lugar de rasar el tallo, porque el tocón se seca y hace de tapón.

Desinfecta entre plantas. Los virus del tomate se transmiten por contacto mecánico con una eficacia notable, sobre todo el virus del mosaico del tabaco y el del mosaico del tomate. Una tijera que ha tocado savia de una planta infectada contagia a la siguiente. Un bote con alcohol de 96° o con lejía al 10% y un trapo, y se pasa la hoja de la tijera al cambiar de planta. Si podas con los dedos, lávatelos, y no manipules tomateras con las manos manchadas de tabaco.

Elige uno o dos brazos. Lo estándar es conducir a un solo tallo: se elimina absolutamente todo brote axilar y la planta sube limpia por su caña o su hilo. Da los frutos más grandes y precoces y es lo que conviene con marcos estrechos, de 35-45 cm entre plantas.

La alternativa es dos brazos: se deja crecer el chupón que nace justo debajo del primer ramillete floral, que es siempre el más vigoroso, y se conduce como un segundo tallo con su propio tutor. A partir de ahí se despunta todo lo demás en ambos brazos. Da más frutos, algo más pequeños, y una planta más frondosa que protege mejor los tomates del sol. Requiere marcos de 50-60 cm y buen suelo, porque una planta a dos brazos consume casi el doble de agua y nutrientes.

Deshojado, con mesura. Según avanza el verano se van retirando las hojas basales, empezando por las que ya estén amarillas o con manchas de alternaria. Se quitan las hojas por debajo del ramillete que está madurando, nunca las de arriba, y como mucho dos o tres hojas por planta y semana. Esto airea la base, reduce el foco de esporas que salpica desde el suelo con el riego y facilita ver los frutos.

Aquí está la creencia más dañina de todas: la de que hay que quitar las hojas para que el sol le dé al tomate y madure. El tomate no madura por luz sobre el fruto, sino por temperatura y por su propia producción de etileno, y madura igual de bien dentro de un cajón. Lo único que consigue el desnudo total es golpe de sol: una mancha blanquecina, apergaminada y hundida en la cara expuesta del fruto, que ya no se recupera y termina invadida por hongos. Y de paso te quedas sin la fábrica de azúcares que da el sabor. La hoja del tomate es el órgano que llena el fruto; una planta desnuda da tomates grandes y sosos.

Despunte final. Hacia finales de agosto en la meseta y el norte, o mediados de septiembre en el litoral mediterráneo y el sur, corta la guía del tallo dejando dos hojas por encima del último ramillete que quieras cosechar. Esas dos hojas son las que alimentarán ese ramillete. A partir de esa fecha, cualquier flor nueva no llega a fruto maduro antes del frío, y solo sirve para robar recursos a los tomates que sí van a cuajar. El despunte adelanta y engorda la última cosecha de forma muy visible.

Aclareo de frutos, opcional. En variedades de fruto muy grande, dejar tres o cuatro tomates por ramillete en lugar de seis da piezas de calibre y madurez mucho más homogéneos, y reduce el agrietado.

Tomates madurando en la planta

Por qué se hace

Las razones reales, ordenadas por peso:

Sanidad. Es el argumento principal y el que justificaría la poda aunque no cambiase ni un gramo la cosecha. Una tomatera sin podar en julio es una masa compacta y húmeda a ras de suelo, sin circulación de aire, con las hojas bajas en contacto permanente con la tierra mojada. Ese microclima es el hábitat ideal del mildiu (Phytophthora infestans), la alternariosis (Alternaria solani) y el oídio. Abrir la planta y despejar los primeros 30-40 cm de tallo baja drásticamente la presión de todos ellos, y hace que los tratamientos preventivos lleguen a donde tienen que llegar.

Calibre y precocidad. Cada chupón que se deja es una planta nueva que compite por la misma agua, el mismo nitrógeno y el mismo carbono fotosintetizado. Concentrando en un tallo, los ramilletes inferiores cuajan y engordan antes.

Manejabilidad. Una planta conducida se ata a un hilo o una caña, se recorre en dos minutos, deja ver los frutos y permite pasar entre líneas. Una sin podar se echa al suelo, pierde frutos por contacto con la tierra y hace la recolección un suplicio.

Lo que la poda no arregla: el cuaje. Si en julio pasas de 35 °C, el polen se esteriliza y las flores caen aunque la planta esté impecable; lo mismo ocurre por debajo de 12 °C de mínima nocturna en mayo. Y tampoco arregla la podredumbre apical, el fondo negro del culo del tomate, que es un problema de calcio inmovilizado por riego irregular, no de exceso de hojas.

Los chupones enraízan, y muy bien

Sí, y con una facilidad que sorprende. El tallo del tomate lleva primordios radiculares preformados bajo la epidermis, esos bultitos blancos que se ven en la base de las plantas viejas. Basta con darles humedad y oscuridad para que salgan.

El procedimiento: coge un chupón sano de 10-15 cm con cuatro o cinco hojas, arráncalo o córtalo limpio, quítale las hojas de la mitad inferior y ponlo en un vaso de agua a media sombra, o directamente enterrado dos tercios de su longitud en sustrato húmedo. En agua verás las primeras raíces blancas en 7-12 días con temperaturas de verano; en sustrato tarda algo más pero las raíces salen más robustas y no sufren en el trasplante. No hace falta hormona de enraizamiento. Los dos primeros días la hojita se pondrá mustia; es normal, se recupera.

La utilidad práctica es escalonar la cosecha sin comprar planta ni sembrar. El esqueje es un clon exacto de la madre, así que sabes lo que vas a comer, y además arranca ya en fase adulta: florece antes que una planta de semilla, en unas seis o siete semanas desde el enraizado.

La condición es el calendario, y ese es el límite que se suele pasar por alto. Un esqueje tomado en junio da cosecha en septiembre sin problema en casi toda la península. Uno tomado a finales de julio solo llega a tiempo en el litoral mediterráneo, en Canarias o bajo invernadero. Uno de septiembre no cuaja: le pillará el frío en flor. Como referencia, cuenta unos 100 días desde el esqueje hasta el primer tomate maduro y compáralo con la fecha de las primeras noches por debajo de 12 °C en tu zona.

Un aviso: no esquejes de plantas que tengan virosis, hojas abigarradas, deformadas o con mosaicos amarillos. El esqueje se lleva el virus dentro y multiplicas el problema por toda la parcela.

Errores frecuentes

Podar variedades determinadas. Ya está dicho, pero es el fallo que más cosecha cuesta.

Dejar los chupones para "cuando tenga tiempo". Un chupón de 40 cm ya ha consumido recursos, y quitarlo deja un boquete. Si se te ha ido de las manos, no lo arranques todo de golpe: reparte la operación en dos o tres semanas para no descompensar la planta.

Arrancar hacia abajo. Tirar del chupón hacia abajo desgarra una tira de corteza del tallo principal. El movimiento es lateral, o directamente hacia arriba doblando la punta.

Deshojar hasta dejar el palo. Ya explicado: golpe de sol y tomates sin sabor.

Podar y regar el mismo día por aspersión. Heridas abiertas más agua sobre el follaje es la combinación que más chancros produce.

Confundir el chupón con el brote de reposición. Si una planta pierde la guía por rotura o pedrisco, hay que dejar el chupón más alto para que la sustituya. Ahí sí interesa.

En resumen

Identifica primero si tu variedad es indeterminada; si es de mata baja, no la podes. En las de mata alta, elimina cada semana los brotes que nacen en la axila de las hojas, con los dedos y antes de que pasen de 5 cm, en mañana seca y desinfectando entre planta y planta. Conduce a uno o dos tallos, retira poco a poco las hojas bajas viejas sin desnudar nunca la planta, y despunta a dos hojas por encima del último ramillete a finales de agosto o mediados de septiembre según la zona. No lo hagas esperando más kilos, sino tomates más grandes, más tempranos y una planta sana en el peor mes del verano. Y si te sobra un chupón de junio, mételo en un vaso de agua: en diez días tienes una planta nueva.


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