Podar un melón no consiste en quitarle hojas. Consiste en cambiar el sitio donde la planta pone las flores que dan fruto. Entendido eso, todo lo demás —cuándo pinzar, dónde cortar, cuántos melones dejar— se deduce solo.

El melón (Cucumis melo) tiene un reparto de flores muy particular. El tallo principal produce sobre todo flores masculinas, que no cuajan nada. Las flores femeninas o hermafroditas, las que llevan detrás el ovario engrosado con forma de melón en miniatura, aparecen mayoritariamente en los brotes secundarios y, sobre todo, en los terciarios. Una planta a la que se deja crecer un tallo principal larguísimo tarda semanas en llegar a esa tercera generación de brotes. Pinzar es adelantar el proceso: cortando la punta se rompe la dominancia apical y la planta ramifica de inmediato.

Melón en la mata, entre hojas, listo para la maduración

Antes de coger la tijera: ¿hace falta podar?

No siempre. Conviene decirlo antes de explicar el método, porque hay huertos donde el pinzado sobra.

En cultivo rastrero al aire libre, con las matas tumbadas en el suelo y sitio de sobra, muchas variedades modernas de piel de sapo ramifican bien por sí solas y cuajan sin ayuda. Buena parte de la producción comercial de melón en Castilla-La Mancha se lleva sin despuntes. Ahí la poda aporta poco y añade heridas.

El pinzado sí compensa claramente en tres situaciones:

En cultivo entutorado o en vertical, invernadero o malla, donde la planta sube por un hilo y hay que decidir qué brotes se quedan. Sin poda es inmanejable.

En huerto pequeño, donde una mata sin control ocupa cuatro metros cuadrados y se mete entre los tomates. Aquí se poda tanto por espacio como por adelanto de cosecha.

Con planta injertada sobre patrón de Cucurbita o de Cucumis, que trae un vigor considerablemente mayor y tiende a hacer mucha hoja y poco fruto si no se le pone freno.

En zonas de ciclo corto, con veranos que se acortan por el norte peninsular, el pinzado también sirve para concentrar la maduración antes de que las noches frescas de septiembre paren la planta.

Cuándo se pinza

El calendario no va por fechas de almanaque sino por hojas verdaderas. Con trasplante de mayo en la mitad sur y de finales de mayo o primeros de junio en el interior y el norte, la secuencia queda así:

Primer pinzado: unas dos o tres semanas después del trasplante, cuando la planta tiene 5 o 6 hojas verdaderas —las cotiledonares no cuentan—. En la práctica, finales de mayo o principios de junio.

Segundo pinzado: dos o tres semanas más tarde, en junio, cuando los brotes secundarios han sacado 5 o 6 hojas.

A partir de ahí, solo despuntes puntuales y aclareo de frutos, en julio.

La hora del día importa. Se pinza a media mañana, con la planta turgente pero seca de rocío, y nunca en las horas centrales de un día de 35 grados ni justo después de regar. El tejido del melón es blando y las heridas frescas con humedad ambiental son la vía de entrada de Didymella bryoniae —el chancro gomoso del tallo— y de bacteriosis. La herida debe cicatrizar en unas horas, no quedarse mojada toda la tarde.

Cómo se pinza paso a paso

1. Despunte del tallo principal. Con 5 o 6 hojas verdaderas, se corta la punta por encima de la cuarta o quinta hoja. Se puede hacer con los dedos, pellizcando el ápice tierno, que deja una herida más pequeña y limpia que la tijera.

2. Selección de secundarios. De las yemas axilares brotarán varios tallos. Se conservan los dos o tres más vigorosos y se eliminan el resto, incluidos los que salgan de las axilas de las hojas más bajas, que suelen quedar arrastrados y enfermizos. Los secundarios se orientan a mano, separándolos en abanico para que cada uno tenga su espacio de suelo.

3. Despunte de los secundarios. Cuando cada uno alcance 5 o 6 hojas, se corta la punta. De sus axilas saldrán los terciarios, que son los que llevan la mayoría de flores femeninas.

4. Los terciarios se dejan crecer. Aquí se para de pinzar sistemáticamente. Los brotes de tercer orden florecen, cuajan y engordan el fruto. Solo se despuntan los que se desmadran, y siempre dejando dos hojas por encima del fruto cuajado: son las que alimentan directamente ese melón.

5. Aclareo de frutos. Cuando los melones cuajados tienen el tamaño de un huevo se decide cuántos se quedan. En piel de sapo o tendral, de 1,5 a 2,5 kg por pieza, deja 3 o 4 frutos por planta. En cantalupo, galia o charentais, más pequeños, de 4 a 6. Se eliminan los deformes, los que estén demasiado juntos en el mismo brote y los que hayan cuajado muy tarde y no vayan a llegar a maduración. Dejar diez melones en una mata no da diez melones: da diez piezas pequeñas, pobres de azúcar y con la planta agotada a mitad de agosto.

Melón en vertical: otra lógica

Cuando la planta sube entutorada por un hilo, el esquema cambia por completo. Aquí el tallo principal no se despunta al principio: se guía hacia arriba y se van eliminando todos los brotes laterales hasta la octava o décima hoja, para tener un tramo limpio y aireado en la base.

A partir de ahí se dejan los laterales, y cada uno se despunta dejando dos hojas por detrás del fruto. Cuando la guía principal alcanza el alambre superior, se despunta ahí.

En vertical hay un detalle que no se puede saltar: los frutos pesan y el pedúnculo no aguanta. Cada melón necesita una malla o red de sujeción colgada del alambre desde que alcanza el tamaño de un puño. Si no, se desprende cuando está a punto de madurar.

Lo que no hay que cortar

Aquí es donde se pierden cosechas por exceso de celo.

Las hojas. El azúcar del melón no lo pone el sol dándole a la corteza: lo fabrican las hojas y viaja al fruto por el floema. Cada melón necesita del orden de 10 a 12 hojas sanas trabajando para él. Deshojar «para que le dé el sol» reduce el grado Brix, retrasa la maduración y expone la piel al golpe de sol, que produce una mancha blanquecina y acorchada por donde luego entra la podredumbre. Si un melón queda muy expuesto en un día de agosto, lo sensato es taparlo con una hoja o con paja, no descubrirlo más.

Las flores masculinas. Son las que aportan el polen. El melón depende por completo de las abejas para el cuajado: la flor femenina solo es receptiva unas horas y necesita varias visitas para que el fruto salga bien formado. Quitar flores macho es quedarse sin melones y sin motivo.

Las hojas amarillas de la base, mientras sigan verdes por dentro. Las que estén realmente secas o con manchas de oídio sí conviene retirarlas, y sacarlas del huerto en vez de dejarlas en el suelo.

Dónde se tuerce el cultivo

Pinzar tarde. Esperar a que la mata tenga un metro y medio de guías enredadas convierte el pinzado en una operación de amputación, con cortes gruesos y muchas heridas de golpe. El pinzado tiene sentido cuando el ápice se quita con dos dedos.

Podar con humedad. Cortar tras un riego por aspersión, con rocío o el día antes de una tormenta multiplica las infecciones de tallo. Un chancro en la base del tallo principal se lleva la planta entera con los frutos ya cuajados.

No desinfectar la herramienta. Si se usa tijera, alcohol de 70 grados entre planta y planta. Los virus del melón —mosaico, entre otros— y las bacteriosis se transmiten con el jugo de la planta en la hoja de corte.

Seguir pinzando después del cuaje. Una vez que hay melones engordando, cada corte quita hoja a los frutos que ya están en marcha. A partir de mediados de julio, salvo despuntes muy concretos, la tijera se guarda.

Confundir riego y poda. El melón se raja y pierde azúcar por golpes de riego irregulares, no por falta de poda. Un riego constante, reducido en la última semana antes de la recolección, hace más por el sabor que cualquier despunte.

En resumen

La poda del melón busca una sola cosa: adelantar la aparición de los brotes de segundo y tercer orden, que son los que llevan flores femeninas. Se despunta el tallo principal sobre la cuarta o quinta hoja, se dejan dos o tres secundarios y se despuntan cuando tengan cinco o seis hojas; los terciarios ya se dejan producir, dejando dos hojas por encima de cada fruto. Después se aclara a tres o cuatro melones por planta en variedades grandes, cuatro a seis en las pequeñas. Se pinza a media mañana, con la planta seca y con herramienta desinfectada, y se deja de podar cuando el fruto ya está engordando. Las hojas no se quitan: son la fábrica de azúcar del melón, y las flores masculinas tampoco, porque sin ellas no hay polinización. En cultivo rastrero al aire libre y con espacio suficiente, muchas variedades actuales se apañan sin poda; en vertical, entutorado o con planta injertada, el pinzado es lo que hace el cultivo manejable.


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