Entre la caída de la hoja y el desborre hay unos tres meses para decidir cuánta uva va a dar la cepa el año siguiente. Esa decisión se toma con la tijera, contando yemas, y en una viña conducida en espaldera se toma además con una limitación clara: la planta tiene que caber en un plano vertical, sostenida por alambres, y todo lo que se deje fuera de ese plano estorba.

La espaldera no es un método de poda, sino un sistema de conducción. La Vitis vinifera es una liana: si nadie la sujeta trepa por donde puede y reparte la cosecha en tres alturas distintas. Al fijarla a una estructura de postes y alambres se consigue que los sarmientos crezcan erguidos, que la hoja reciba luz por las dos caras de la fila y que los racimos queden a una altura cómoda y ventilada. La poda es la herramienta con la que se mantiene ese orden año tras año.

Viña conducida en espaldera con alambres y sarmientos podados

La estructura manda sobre la tijera

Antes de podar conviene entender qué sujeta a la planta, porque la altura de los alambres determina dónde se corta.

Una espaldera estándar lleva postes cada 5 o 6 metros, con postes de cabecera reforzados y arriostrados a un muerto o a un ancla, porque toda la tensión de la línea se descarga ahí. El primer alambre, el alambre portador, va a 60-80 cm del suelo y es el que aguanta el peso: debe ser el más grueso, del orden de 2,7 a 3 mm galvanizado. Por encima se colocan uno o dos pares de alambres vegetadores, más finos, separados unos 30 cm entre pares. Esos pares se abren para meter la vegetación dentro y se cierran después: no sujetan sarmientos individuales, encajonan el follaje.

El marco habitual en España va de 2,5 a 3 metros entre filas —lo que pida el tractor o el motocultor— y de 1 a 1,4 metros entre cepas. En un huerto familiar puede estrecharse hasta 0,8 o 1 metro entre plantas si la variedad no es muy vigorosa y el suelo no es profundo.

La orientación de las filas importa más de lo que parece en clima peninsular. Norte-sur reparte la insolación entre las dos caras y evita que una banda de racimos se lleve todo el sol de la tarde de agosto, que es cuando se producen los golpes de sol. Este-oeste solo compensa en zonas frescas del norte, donde interesa calentar.

Los tres años de formación

Una cepa no se poda en formación como se poda en producción. Durante los primeros años el objetivo no es cosechar, es construir un tronco recto y unos brazos bien colocados.

Primer invierno tras la plantación. Se corta el plantón dejando dos yemas. Parece drástico, pero el sistema radicular todavía no puede sostener vegetación y lo que interesa es que el año siguiente salga un brote potente, no cuatro raquíticos.

Segundo invierno. De los brotes del año se elige el más grueso y mejor colocado, y se eliminan los demás. Ese sarmiento se ata a un tutor —caña, varilla o el propio hilo de formación— y se despunta a la altura del alambre portador, siempre por debajo del punto donde el sarmiento pierde grosor y se vuelve herbáceo. Si el brote no ha llegado a la altura del alambre y no tiene al menos el grosor de un lápiz, se vuelve a cortar a dos yemas y se pierde un año. Es preferible a formar un tronco endeble que habrá que rehacer.

Tercer invierno. Con el tronco hecho, se forman los brazos sobre el alambre portador y ya se decide el tipo de poda. A partir de aquí la cepa entra en producción, primero corta y creciente hasta el cuarto o quinto año.

Guyot o cordón: dos maneras de repartir las yemas

En espaldera se usan básicamente dos esquemas, y la elección no es estética: depende de la fertilidad de las yemas basales de cada variedad.

Guyot (poda de vara y pulgar). Se deja una vara o cargador de 6 a 10 yemas, doblada y atada horizontalmente sobre el alambre portador, y un pulgar de dos yemas junto al tronco. La vara da la cosecha del año; el pulgar produce los dos sarmientos con los que se rehará la estructura el invierno siguiente: uno pasará a vara y el otro a pulgar. En Guyot doble se hace lo mismo hacia los dos lados. Es la poda obligada en variedades cuyas yemas de la base salen poco fértiles: Airén, Moscatel de Alejandría, buena parte de las uvas de mesa apirenas y variedades de mesa como Aledo o Dominga.

Cordón Royat. El tronco se dobla sobre el alambre y forma un brazo permanente, leñoso y horizontal, del que salen pulgares de dos yemas cada 15-20 cm. Se poda más rápido, se mecaniza mejor y la estructura es estable en el tiempo. Funciona con variedades fértiles desde la base: Tempranillo, Garnacha, Monastrell, Cabernet Sauvignon, Verdejo. El cordón tiende a envejecer y a alargarse hacia la punta, así que hay que vigilar que los pulgares del extremo no acaparen el vigor y los de la base se queden ciegos.

El número total de yemas por cepa es la cifra que de verdad decide la cosecha. Como orden de magnitud, entre 8 y 14 yemas por planta en secano peninsular; más en suelos fértiles y regadío, menos en cepas viejas o en terrenos pobres. Cargar de yemas una cepa débil no da más uva: da racimos ralos, con bayas pequeñas, que maduran tarde y mal, y una cepa todavía más agotada al año siguiente. La referencia más honesta es la madera del año anterior: si los sarmientos eran finos como un bolígrafo, hay que quitar yemas; si eran gruesos como un dedo y muy largos, se puede dejar alguna más.

Cuándo cortar

La ventana va desde la caída de la hoja hasta el desborre, es decir, de noviembre a marzo según la zona. Dentro de esa ventana no todos los momentos son iguales.

En zonas con heladas tardías —Ribera del Duero, buena parte de La Mancha, el interior de Castilla y León— interesa retrasar la poda a finales de febrero o incluso marzo. Podar tarde retrasa el desborre entre una y dos semanas, y esa semana puede ser exactamente la que separa una brotación quemada por una helada de abril de una cosecha normal. Un truco complementario es hacer una prepoda mecánica en diciembre y dejar el repaso a mano para el final del invierno.

En zonas de invierno suave y sin riesgo de helada tardía —litoral mediterráneo, valle del Guadalquivir— se puede podar desde diciembre sin penalización.

Sobre el lloro, la exudación de savia por los cortes cuando la poda es tardía: no perjudica a la cepa. Es una señal de que el sistema radicular está activo y la planta no se desangra por ahí. Lo que sí conviene es no podar con la madera helada o empapada, porque la madera congelada se desgarra y la humedad favorece la infección de las heridas.

Cortar bien: la herida es la puerta de entrada

Las enfermedades de madera —yesca, eutipiosis por Eutypa lata, botriosferia— entran casi siempre por los cortes de poda. No hay curación una vez instaladas, así que todo se juega en la prevención.

Puntos concretos que marcan la diferencia:

Corta por encima del nudo, no a ras de la yema. Al dejar un pulgar de dos yemas, el corte va uno o dos centímetros por encima de la segunda yema, atravesando la zona del nudo. Ese diafragma del nudo hace de barrera y la yema no se deseca.

Evita las heridas grandes y las heridas enfrentadas. Los cortes de más de 3-4 cm de diámetro secan mucha madera hacia el interior. Cuando haya que hacerlos, deja un tocón de sacrificio de varios centímetros para que la desecación no alcance el flujo de savia, y procura que los cortes queden todos en la misma cara del brazo.

Poda en tiempo seco y, si es posible, con previsión de varios días sin lluvia. Las esporas de eutipiosis y botriosferia se liberan y se dispersan con la lluvia, y las heridas siguen siendo receptivas durante semanas.

Desinfecta la tijera al pasar de una cepa con síntomas a otra sana, con alcohol o con una solución de lejía. Y afila: un corte limpio cicatriza; un corte machacado por una hoja mellada se pudre.

Retira los sarmientos de cepas enfermas. Triturar el sarmiento sano y devolverlo al suelo es buena práctica agronómica, pero la madera de cepas con yesca o brazos muertos hay que sacarla de la parcela.

La poda en verde, que es la otra mitad del trabajo

En espaldera, la poda de invierno sin operaciones en verde deja una pared vegetal desordenada y racimos mal aireados. De abril a agosto hay varias intervenciones:

Espergura o desniete (abril-mayo). Se eliminan los brotes del tronco y los que salen de madera vieja, y se deja un solo brote por yema cuando salen dobles. Se hace pronto, cuando el brote mide 10-15 cm y se desprende con la mano, sin herramienta y sin dejar herida.

Empalizado (mayo-junio). Meter la vegetación entre los alambres vegetadores conforme crece. Si se deja para cuando los pallones ya se han caído hacia los lados, se rompen brotes al levantarlos.

Despunte (junio en adelante). Cortar la punta de los brotes cuando sobresalen del último alambre. Conviene dejar entre 12 y 15 hojas por encima del racimo antes de despuntar: son las que fabrican el azúcar. Despuntar demasiado pronto o demasiado bajo retrasa la maduración y dispara la brotación de nietos.

Deshojado (envero, julio-agosto). Quitar las hojas de la zona de racimos mejora la aireación y reduce botritis, pero solo en la cara de la fila que recibe el sol de la mañana. Deshojar la cara oeste en un agosto peninsular es condenar los racimos a golpe de sol y a bayas pasificadas.

Aclareo de racimos (en envero, cuando la uva empieza a cambiar de color). Si la carga es excesiva se eliminan racimos enteros, empezando por los más retrasados y los segundos racimos de cada brote. Hecho antes del envero, la cepa compensa engordando el resto y no se gana nada.

Errores que se pagan en la cosecha siguiente

Podar en cordón una variedad de yemas basales infértiles. Si dejas pulgares de dos yemas en Airén o en una uva de mesa apirena, brota bien y no saca racimos. La cepa parece sana y la cosecha no aparece. Esa variedad necesita vara larga.

Confundir vigor con producción. Una cepa que echa sarmientos de tres metros y entrenudos larguísimos no está pidiendo más yemas: suele estar desequilibrada por exceso de nitrógeno o de agua, y esa madera blanda madura mal y resiste peor el invierno.

Dejar la vara del Guyot sin renovar. El sentido del pulgar es tener madera nueva cerca del tronco. Si un año se olvida y se toma la vara del extremo del sarmiento anterior, la zona productiva se aleja del tronco unos 30 cm; repetido cinco años, la cepa se ha convertido en un pulpo imposible de encajar en la espaldera.

Atar con material que no cede. El alambre desnudo o la brida rígida sobre el tronco estrangulan la cepa en dos o tres campañas. Cinta de rafia, tubo flexible o atadora con hilo biodegradable, y siempre atando el tutor a la cepa en forma de ocho, no ciñendo.

En resumen

La poda de la vid en espaldera consiste en mantener cada invierno una estructura estable —tronco, brazos y una cantidad medida de yemas— dentro del plano que definen los alambres. Se poda entre la caída de la hoja y el desborre, retrasando el corte hasta febrero o marzo donde hay heladas tardías. El esquema se elige según la variedad: cordón con pulgares de dos yemas en las fértiles desde la base, Guyot con vara larga en las que no lo son. La carga de yemas se ajusta mirando el grosor de la madera del año anterior, no la ambición del año en curso. Y las heridas se tratan con respeto: cortes limpios, pequeños, en tiempo seco y con la tijera desinfectada, porque por ahí entran las enfermedades de madera que no tienen remedio. El trabajo se completa en verano con desniete, empalizado, despunte y un deshojado prudente, solo por la cara de sol de mañana.


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