Romero y albahaca comparten estantería en el vivero y prácticamente nada más. Uno vive del secano, agradece el suelo pobre y se pudre si le riegas de más; la otra se seca en dos días si le falta agua y se hiela con la primera noche fresca de octubre. Plantarlos en el mismo bancal, con el mismo riego y el mismo abono, es la vía rápida para que la mitad del rincón de aromáticas acabe a medio gas.
Así que antes de la lista conviene la idea que la ordena: las aromáticas del huerto se dividen en dos grupos de riego, y esa división pesa más que cualquier otra cosa. Por un lado, las mediterráneas leñosas, de suelo pedregoso y agua escasa. Por otro, las herbáceas de suelo fresco y rico, que consumen agua a diario en verano. Agrupa cada bloque en su zona y el mantenimiento se vuelve trivial.
Las mediterráneas leñosas: sol, grava y poco más
Comparten origen climático y por tanto exigencias: pleno sol, drenaje excelente, suelo pobre y riego espaciado. Abonarlas con compost abundante o regarlas a diario produce brotes blandos, aroma flojo y hongos de cuello. El aceite esencial, que es lo que buscamos, se concentra cuando la planta pasa algo de sed.
Romero (Salvia rosmarinus). Su nombre científico cambió hace unos años: el género Rosmarinus se integró en Salvia, así que verás las dos denominaciones en etiquetas y libros, y ambas se refieren a la misma planta. Arbusto perenne, resistente al frío hasta unos -10 °C en suelo seco, mucho menos si el suelo está encharcado. Se multiplica con facilidad por esqueje semileñoso en verano. Al podarlo, respeta la regla de la familia: no cortes por madera vieja sin hoja, porque de ahí no rebrota. Recorta cada año un tercio del crecimiento del año, después de la floración de primavera, y tendrás mata compacta durante décadas.
Tomillo (Thymus vulgaris; en buena parte de España también se recolecta Thymus zygis). Mata pequeña, muy rústica, ideal para bordes de bancal y macetas poco profundas. Envejece mal: a los tres o cuatro años se ahueca por el centro y se aleña. En vez de intentar rescatarlo, haz esquejes o acodos rastreros cada primavera y renueva las plantas por turnos. Poda ligera tras la floración.
Orégano (Origanum vulgare). Perenne, rizomatoso, muy resistente al frío, y con un detalle que sorprende: el aroma sube mucho al secarlo, más que en fresco. Si te llega una planta que huele a poco, prueba a darle más sol y menos agua antes de descartarla; en sombra parcial el contenido en aceite esencial baja de forma notable.
Mejorana (Origanum majorana). Prima hermana del orégano, con hoja más pequeña, gris-verdosa y aroma más dulce y menos picante. La diferencia que importa en el huerto no es de sabor sino de rusticidad: la mejorana no aguanta las heladas, y en el interior peninsular se comporta como anual. En el litoral mediterráneo pasa el invierno sin problema. Si compras una maceta etiquetada como "orégano" y la planta huele suave y dulzón, tienes mejorana, y conviene saberlo antes de dejarla a la intemperie en diciembre en Burgos.
Ajedrea (Satureja). Aquí hay dos especies distintas con el mismo nombre común. La ajedrea de jardín (Satureja hortensis) es anual, de hoja tierna, se siembra en abril y se acaba con el otoño. La ajedrea de monte (Satureja montana) es un subarbusto perenne, leñoso, resistente al frío y de sabor más intenso y resinoso. Para tener ajedrea todo el año sin resembrar, la de monte. Ambas son excelentes acompañando legumbres.
A este bloque puedes añadir sin cambiar nada del manejo la salvia (Salvia officinalis), la lavanda (Lavandula angustifolia) y el laurel (Laurus nobilis), este último con una advertencia: si lo dejas a su aire hace un árbol de seis metros, así que plántalo en un límite o mantenlo en maceta grande podado en bola.
Las de suelo fresco: agua, materia orgánica y recorte frecuente
Este segundo grupo funciona como una hortaliza de hoja: quiere suelo mullido con compost, riego regular y cosecha continua. Si las tratas con la austeridad del romero, espigan y se paran.
Albahaca (Ocimum basilicum). Anual estricta y muy friolera: por debajo de 10-12 °C se queda parada y se ennegrece. En la península se siembra a partir de abril con protección, o se planta en mayo. Dos claves para que dure todo el verano: pinza el brote apical por encima de un par de hojas en cuanto la planta tenga cuatro o cinco pisos, y quita las espigas florales en cuanto asomen; en cuanto florece, la hoja se vuelve pequeña y amarga. Riega al pie y por la mañana, nunca mojando la hoja al atardecer, porque el mildiu de la albahaca (Peronospora belbahrii) aparece con hoja húmeda y noches templadas y arrasa la planta en pocos días. Sobre la maceta del supermercado: dentro van veinte o treinta plántulas apretadas en un cepellón mínimo, criadas en invernadero para durar semanas, no meses. Sácala, divide el cepellón en tres o cuatro grupos y plántalos separados; sobrevivirán unas cuantas y harán planta de verdad.
Hierbabuena (Mentha spicata) y demás mentas. Perennes, invasoras y agradecidas. Sus rizomas colonizan un bancal entero en dos temporadas, así que plántala siempre confinada: en maceta, o en una maceta sin fondo enterrada con el borde sobresaliendo cinco centímetros. Quiere media sombra y suelo húmedo. Degenera a los dos o tres años: divide la mata en primavera y replanta los rizomas jóvenes del exterior tirando el centro viejo. Vigila la roya de la menta (Puccinia menthae), que aparece como pústulas anaranjadas en el envés; corta a ras y retira lo afectado. La menta piperita (Mentha × piperita) es un híbrido estéril, más mentolada, y solo se propaga por división.
Hierba luisa (Aloysia citrodora, antes Lippia citriodora). Arbusto caducifolio de origen sudamericano, con el aroma a limón más limpio del huerto. Cada otoño pierde toda la hoja y parece muerta: no la arranques, brota tarde, a veces bien entrado abril. Aguanta heladas suaves, pero por debajo de unos -5 °C sufre seriamente; en el interior conviene protegerle la base con un acolchado grueso o cultivarla en maceta y resguardarla. Poda fuerte a finales de invierno para que no se desguarnezca.
Perejil (Petroselinum crispum). Bienal, no anual, y eso explica su comportamiento: el primer año hace la mata de hojas, el segundo florece, se vuelve fibroso y muere. Se siembra directamente porque el trasplante le disgusta, y su germinación es lenta, de dos a cuatro semanas; poner la semilla a remojo 24 horas la acelera. Cosecha siempre los tallos exteriores desde la base, dejando el cogollo central intacto. Un aviso pertinente: no recolectes "perejil" silvestre. Varias umbelíferas se le parecen mucho, entre ellas la cicuta menor (Aethusa cynapium), que es tóxica. El perejil de la cocina se cultiva, no se busca por el campo.
Cebollino (Allium schoenoprasum). Vivaz de bulbillos, resistente al frío, que rebrota cada primavera con puntualidad. Se corta a tijera dejando 3-5 cm sobre el suelo, y rebrota varias veces por temporada. Sus flores malvas son comestibles y muy decoradas por abejas, pero mientras florece la hoja pierde calidad, así que si lo quieres para cocina, corta las varas florales. Divide la mata cada tres años, en otoño o a la salida del invierno.
Encajan también aquí el cilantro (Coriandrum sativum), que espiga en cuanto aprieta el calor y por eso rinde mucho mejor sembrado en septiembre-octubre o muy temprano en primavera, y el eneldo (Anethum graveolens), de manejo casi idéntico.
El estragón, un caso que conviene aclarar en el vivero
Si compras semillas de estragón, lo que germinará será Artemisia dracunculus en su forma rusa: una planta vigorosa, alta y de sabor casi neutro, poco más que herbáceo. El estragón francés (Artemisia dracunculus var. sativa), el que da el sabor anisado de la cocina, no produce semilla viable y solo se multiplica por división de mata o esqueje. Compra planta, huele una hoja antes de pagar y desconfía de cualquier sobre de semillas que prometa estragón de cocina.
Cuidados comunes: riego, poda y suelo
Riego. En suelo, las mediterráneas establecidas pasan el verano con un riego generoso cada 10-15 días, y muchas ni eso. Las de hoja fresca piden cada dos o tres días, a diario en julio y agosto si están en maceta. Y una advertencia sobre macetas: un romero en maceta no es una planta de secano, porque el volumen de tierra es ridículo comparado con el suelo. Se seca de verdad y se muere. Riega cuando los primeros centímetros estén secos, pero riega.
Sustrato. Para las leñosas, mezcla con al menos un tercio de arena gruesa, pómez o grava fina, y maceta de barro si es posible, que transpira. Para las herbáceas, sustrato universal con compost y algo de fibra de coco para retener agua.
Abonado. Poco y de liberación lenta en las mediterráneas: un puñado de compost en primavera basta. En las de hoja, aporte quincenal en temporada de crecimiento si están en maceta, porque el corte continuo de hoja las agota.
Poda. Las leñosas, recorte anual del crecimiento tierno tras la floración, sin entrar en madera desnuda. Las herbáceas, corte frecuente: es la propia cosecha la que las mantiene productivas. Una albahaca de la que no se corta se espiga y se acaba.
Cosecha y secado
La concentración de aceites esenciales es máxima justo antes de la floración y a primera hora de la mañana, una vez evaporado el rocío pero antes del calor fuerte. Ese es el momento de cortar si vas a secar.
Para secar, ramilletes pequeños colgados boca abajo en un lugar oscuro, ventilado y por debajo de 35 °C, o bandeja en capa fina. Ni sol directo ni horno alto: la luz y el calor volatilizan justo lo que da el aroma. Se guardan las hojas enteras, sin desmenuzar, en tarro de cristal opaco o en armario oscuro; molidas pierden aroma en semanas. La albahaca, el cebollino y el perejil secan mal y saben mucho mejor congelados, picados con un poco de agua o de aceite en cubitera.
Lo que hacen y lo que no hacen frente a las plagas
Se repite mucho que las aromáticas ahuyentan las plagas del huerto por el mero hecho de estar plantadas cerca. La evidencia sobre ese efecto repelente en campo abierto es floja y muy dependiente de la especie, la densidad y la distancia; una mata de albahaca junto al tomate no crea un escudo alrededor.
Lo que sí hacen, y de forma comprobada, es alimentar a la fauna auxiliar cuando florecen. Las umbelíferas y labiadas en flor —eneldo, cilantro, orégano, tomillo, ajedrea, cebollino— atraen sírfidos, crisopas y microhimenópteros parásitos, cuyas larvas depredan pulgón y otros fitófagos. Ese es el beneficio real, y tiene una consecuencia práctica que se pasa por alto: si cortas todas las flores para conservar la hoja, te quedas sin ese servicio. La solución es dejar dos o tres matas de cada especie floreciendo libremente en un rincón, y cosechar hoja de las demás.
El invierno de cada una
Conviene tenerlo claro en octubre, no en enero:
- Mueren y hay que resembrar cada año: albahaca, ajedrea de jardín, eneldo, cilantro (en verano, por espigado).
- Se hielan en el interior peninsular, aguantan en el litoral: mejorana, hierba luisa (esta rebrota si la raíz no se congela).
- Pierden la parte aérea y rebrotan solas: hierbabuena y demás mentas, cebollino, orégano, estragón.
- Aguantan de pie todo el invierno: romero, tomillo, salvia, ajedrea de monte, laurel, lavanda.
En resumen
Reparte las aromáticas en dos zonas según su sed y habrás resuelto el 90 % del cuidado. En la zona seca y soleada, con suelo pobre y drenante: romero, tomillo, orégano, ajedrea de monte, salvia, lavanda y laurel, con poda ligera anual sin entrar en madera vieja y riego escaso. En la zona fresca, con compost y riego regular: albahaca, hierbabuena confinada, perejil, cebollino, hierba luisa, cilantro y eneldo, cosechadas a menudo para que no se espiguen. Cosecha por la mañana y antes de que florezcan, seca en oscuridad y guarda la hoja entera. Y deja unas cuantas matas en flor a propósito: es ahí, y no en un supuesto poder repelente, donde las aromáticas ayudan de verdad al huerto.