El cacahuete florece por encima del suelo y fructifica por debajo. Esa rareza, que en botánica se llama geocarpia, condiciona absolutamente todo lo que hay que hacer en el huerto: el tipo de tierra, la forma de aporcar, el momento de dejar de regar y hasta cómo se recolecta. Entender ese detalle antes de sembrar evita casi todos los disgustos que da este cultivo.
Arachis hypogaea es una leguminosa anual de la familia Fabaceae, originaria de la vertiente oriental de los Andes, entre el sur de Bolivia y el noroeste de Argentina. No es un fruto seco en sentido botánico, por mucho que se venda en la misma estantería que las almendras: lo que comemos son las semillas de una legumbre, parientes de las judías y los garbanzos. El apellido específico, hypogaea, significa literalmente "bajo tierra".
Cómo es la planta y por qué entierra sus vainas
Forma una mata de 30 a 50 cm de altura, con hojas compuestas de cuatro foliolos que se pliegan al anochecer. Hay dos arquitecturas básicas: las variedades de porte erecto (tipos Spanish y Valencia, los que se cultivan tradicionalmente en el litoral mediterráneo español) y las de porte rastrero (tipos runner y Virginia), más tardías y más productivas pero con un ciclo que en muchas comarcas no llega a completarse.
Las flores son amarillas, papilionáceas, pequeñas, y aparecen en la axila de las hojas bajas a partir de los 30-40 días desde la nascencia. Se autopolinizan casi siempre. Una vez fecundada la flor, la base del ovario se alarga formando una estructura rígida con punta endurecida —el ginóforo, que los agricultores llaman "clavo"— que crece geotrópicamente hacia abajo, se clava en la tierra a 3-7 cm y solo entonces empieza a engordar la vaina. Si el clavo encuentra costra, piedra o suelo seco, no penetra y esa flor no dará nada.
De ahí la primera conclusión práctica: la producción no depende solo de cuánto florezca la planta, sino de cuántos clavos consigan enterrarse. Un suelo compactado con una mata espléndida encima da un puñado de vainas ridículo.
Clima y calendario peninsular
El cacahuete necesita calor sostenido y ausencia total de heladas durante todo su ciclo. Las cifras que conviene tener en la cabeza:
- La semilla germina con el suelo por encima de 15-18 °C. Por debajo, se pudre antes de nacer.
- El óptimo de crecimiento está entre 25 y 30 °C.
- El ciclo va de 120-130 días en variedades tipo Valencia y Spanish a 150-160 días en tipos runner.
- Una helada, aunque sea ligera, lo mata en cualquier fase.
En la Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía y el valle del Ebro se siembra entre finales de abril y mediados de mayo, con recolección entre finales de septiembre y octubre. En el interior de la meseta hay que ajustarse a mayo y elegir variedad precoz. En la cornisa cantábrica y en zonas de montaña el cultivo es marginal: el verano no acumula suficiente calor y las vainas llegan a octubre sin llenar.
Un apunte sobre semilla: hay que sembrar cacahuete crudo, sin tostar y a poder ser con cáscara, comprado como semilla o guardado de una cosecha propia. El de aperitivo, tostado o frito, está muerto. Y la viabilidad de la semilla cae deprisa: la del año pasado germina bien, la de hace tres años apenas.
El suelo, que es donde se juega la cosecha
Pide tierra suelta, arenosa o franco-arenosa, profunda y sin costra superficial, con pH entre 5,5 y 7. En suelos arcillosos ocurren dos cosas malas a la vez: el clavo no penetra, y las vainas que sí se forman salen recubiertas de barro imposible de limpiar, se manchan y se pudren con más facilidad.
Si tu huerto es pesado, no lo des por perdido, pero prepara la línea de siembra con generosidad: cava a 25-30 cm, incorpora arena de río gruesa o compost muy maduro y cultiva en caballones o mesas elevadas de unos 20 cm. Es la única manera de que el clavo trabaje a gusto.
El drenaje es innegociable. El cacahuete tolera bastante bien la sequía y muy mal el encharcamiento; una zona que se embalsa dos días después de una tormenta de agosto le arruina las vainas cuando están llenándose.
Siembra: marco, profundidad y nodulación
Se siembra directamente en el sitio definitivo. El trasplante le sienta mal porque tiene raíz pivotante y cualquier interrupción retrasa la floración; si aun así quieres adelantar, hazlo en macetas de turba biodegradables que se plantan enteras.
- Profundidad: 3-5 cm.
- Distancia entre plantas: 25-30 cm en variedades erectas, 40 cm en rastreras.
- Entre líneas: 50-60 cm, más si son de porte rastrero.
- Semillas por golpe: dos, y se aclara a una cuando nacen.
Se puede sembrar el grano desnudo o la vaina entera; desnudo nace más rápido y más parejo. La piel rojiza que envuelve la semilla es frágil: si al descascarillar se desprende, esa semilla germina peor. Manipúlalas poco y sin apretar.
Como toda leguminosa, el cacahuete fija nitrógeno atmosférico gracias a bacterias del suelo, en su caso Bradyrhizobium del grupo caupí. Si en tu parcela nunca se ha cultivado, las bacterias adecuadas pueden ser escasas y verás plantas amarillentas y raquíticas pese al riego. La solución es inocular la semilla con un preparado comercial específico para cacahuete o, si has cultivado antes, mezclar un poco de tierra de aquella parcela. Al arrancar la planta comprobarás si funcionó: nódulos rosados por dentro significan fijación activa; blancos o verdosos, no.
Riego: abundante en flor, cero al final
El riego se reparte en tres tramos muy distintos:
De la siembra a la floración. Humedad moderada y constante. Ni encharcar ni dejar secar la costra, porque una costra dura también impide el emergido.
De la floración al llenado de vainas (unos 60-70 días). Es el periodo crítico. Aquí el suelo debe estar fresco de verdad, sobre todo los primeros 10 cm, que es donde trabajan los clavos. Una sequía en julio en plena formación de clavos se traduce directamente en vainas vacías. Riega por goteo o a manta, nunca por aspersión sobre la mata, que favorece los hongos foliares.
Últimas dos o tres semanas. Se corta el riego. La planta amarillea, la vaina endurece y la cosecha se hace en seco. Regar hasta el final da cacahuetes que se pudren en el curado y raíces que salen deshechas al arrancar.
Abonado: nitrógeno no, calcio sí
Echa un abono rico en nitrógeno y te quedas sin cosecha. El resultado engaña, porque la mata sale enorme, verde oscuro, preciosa, y con poquísimos cacahuetes debajo. La planta se fabrica su propio nitrógeno y el añadido lo dedica a hoja, además de frenar la nodulación.
Lo que sí necesita, y en cantidad, es calcio en la capa superficial del suelo. La vaina no lo recibe por la raíz: lo absorbe directamente del suelo que la rodea, a través de su propia pared. Con calcio escaso salen vainas huecas o con una sola semilla mal formada, el defecto que los cultivadores llaman "pops".
La práctica habitual es aportar yeso agrícola (sulfato cálcico) al inicio de la floración, del orden de 50-100 g/m² esparcidos sobre la línea de plantas y ligeramente incorporados con un rastrillo. En suelos calizos, que abundan en media España, esta necesidad ya suele estar cubierta y basta con no encalar de más.
Como abonado de fondo, compost maduro en cantidad modesta (2-3 kg/m²) antes de la siembra y, si el análisis lo aconseja, un aporte de potasio y fósforo. Nada de estiércol fresco.
Aporcado y escardas
Cuando la planta tiene unos 20-25 cm y empieza a florecer, se aporca: se arrima tierra suelta y mullida a la base de la mata, formando un pequeño caballón. Se acorta así el camino que el clavo debe recorrer y se le ofrece un lecho fácil de perforar.
Ese aporcado es también la última escarda seria. A partir del momento en que los clavos están enterrados no se debe cavar entre las plantas: cada azadonazo corta clavos que ya estaban formando vaina. Las hierbas que salgan después se quitan a mano. Un acolchado ligero de paja entre líneas —nunca sobre la base de la mata— ayuda a mantener la humedad sin estorbar.
En maceta o en mesa de cultivo
Es perfectamente viable si se respeta la geometría del cultivo. Hace falta un recipiente ancho más que hondo: mínimo 35-40 cm de diámetro y 30 cm de profundidad, una planta por maceta, y sustrato muy suelto (turba o fibra de coco con un tercio de arena o perlita). Conviene llenar solo hasta dos tercios y añadir sustrato cuando la planta empiece a florecer, para que los clavos tengan dónde entrar. En terraza, pleno sol todo el día.
Problemas más habituales
Caracoles y babosas arrasan las plántulas recién emergidas en mayo. Es el momento de mayor vulnerabilidad del cultivo y dura apenas dos semanas.
Gusanos grises (larvas de Agrotis) siegan los tallitos a ras de suelo por la noche. Se buscan escarbando alrededor de la planta cortada.
Pulgón en brotes tiernos, más molesto por transmitir virosis que por el daño directo.
Roya (Puccinia arachidis) y viruela o cercosporiosis (Cercospora arachidicola y Nothopassalora personata): manchas oscuras con halo y defoliación en agosto-septiembre. Aparecen con follaje mojado y humedad nocturna alta. Riego al pie, marcos amplios y rotación de tres o cuatro años son la mejor defensa.
Podredumbre blanca del cuello (Sclerotium rolfsii): la mata se marchita de golpe y en la base se ve un fieltro blanco con esclerocios pardos del tamaño de una semilla de mostaza. Persiste en el suelo; retira y destruye las plantas afectadas y no repitas cacahuete ni judía en esa zona.
Vertebrados. Ratones, topillos y jabalíes localizan las vainas por olfato justo antes de la cosecha. En huertos rurales suelen causar más pérdida que todos los hongos juntos.
Cosecha y curado
La planta avisa: las hojas amarillean, el follaje se afloja y las vainas más viejas, al abrirlas, muestran el interior de la cáscara con vetas oscuras y la piel de la semilla ya coloreada. Esa comprobación —arrancar una planta de prueba y abrir tres o cuatro vainas— es más fiable que contar días de calendario.
Se cosecha con el suelo seco. Se afloja alrededor con una horca clavada a 20 cm de distancia y se tira de la mata entera, sacudiendo la tierra sin golpear. Siempre quedan vainas en el suelo: pasa la mano por el hueco antes de seguir.
El curado es una fase del cultivo, no un trámite. Las matas se cuelgan boca abajo o se apilan sobre rejilla en un lugar sombreado, muy ventilado y seco durante dos o tres semanas, hasta que las semillas suenen sueltas dentro de la cáscara y se partan en seco, sin doblarse. Después se desprenden las vainas y se guardan en saco de tela o caja abierta, nunca en plástico cerrado.
Aflatoxinas: por qué el secado no es negociable
Esto es lo más importante del artículo y por eso va con nombre propio. Los hongos Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus colonizan el cacahuete mal secado o mal almacenado y producen aflatoxinas, unas micotoxinas hepatotóxicas y cancerígenas. La Unión Europea fija límites legales muy bajos precisamente en este producto.
Tres reglas concretas:
- Seca bien y rápido. Vainas amontonadas y húmedas en un cubo o una bolsa son el escenario ideal para el hongo.
- Descarta sin contemplaciones cualquier semilla con polvo verdoso o amarillento, manchas, olor rancio o aspecto arrugado y oscurecido. No se lava, no se pela, no se aprovecha.
- El tostado no elimina la aflatoxina. Es una molécula muy estable al calor. Tostar un cacahuete mohoso no lo arregla.
Tampoco se lo des a las gallinas, a los perros ni a otros animales: son igual o más sensibles que nosotros. Al basurero.
Alergia al cacahuete
Es una de las alergias alimentarias que con más frecuencia causa reacciones graves, incluida la anafilaxia, y a diferencia de otras suele persistir toda la vida. Los síntomas van desde picor en boca y labios, urticaria o hinchazón hasta dificultad respiratoria, vómitos y bajada de tensión, y pueden aparecer con cantidades mínimas.
El diagnóstico corresponde a un alergólogo, mediante historia clínica, pruebas cutáneas y determinación de IgE específica, con componentes moleculares que además permiten estimar el riesgo de reacción grave. No se comprueba probando: cualquier prueba de exposición se hace en medio hospitalario. Si sospechas una reacción, no repitas la exposición por tu cuenta y consulta.
Para el hortelano hay una precaución práctica añadida: si en casa hay alguien diagnosticado, el manejo de las matas, las cáscaras y el pelado genera polvo con proteína del cacahuete. Es motivo suficiente para replantearse el cultivo o al menos para hacer el descascarillado lejos de la vivienda.
En resumen
El cacahuete es un cultivo de verano largo y caluroso, sencillo de llevar si se le da lo que pide: sol directo, tierra arenosa y mullida, siembra en mayo con el suelo ya caliente, riego generoso durante la floración y el llenado, y ni una gota en las últimas semanas. Nada de abono nitrogenado, sí calcio superficial en floración. Aporcar cuando empieza a florecer y no volver a cavar entre plantas. Cosechar en seco cuando la mata amarillea, curar tres semanas en sombra ventilada y descartar sin dudarlo cualquier semilla con moho, porque la aflatoxina no se va con el tostado. Y si hay alergia diagnosticada en casa, el asunto deja de ser hortícola y pasa a ser médico.