Fruto alargado de 15 a 20 cm, acabado en punta, con la pared de apenas tres o cuatro milímetros y la piel tan fina que no hace falta pelarla: el pimiento italiano está diseñado para la sartén, y esa pared delgada explica casi todo lo que hay que saber de él, incluida su mayor fragilidad en el huerto frente a los tipos de carne gruesa.

Botánicamente es Capsicum annuum L., la misma especie que el pimiento morrón, el de Padrón o el jalapeño. «Italiano» no es una variedad concreta sino un tipo comercial: un grupo de cultivares de fruto largo, estrecho, dulce y de pared fina, dentro del cual conviven nombres como 'Corno di Toro', 'Marconi', 'Dulce Italiano' o los híbridos que cada casa de semillas vende con su propia denominación.

Pimientos italianos verdes recién recolectados

Cómo distinguirlo de los otros tipos

En el mostrador de la frutería conviven cuatro o cinco tipos de pimiento dulce, y cada uno se comporta distinto en la cocina y en el huerto.

El italiano es largo (15-22 cm), estrecho (3-5 cm), ligeramente curvado y terminado en pico. La pared es fina y la carne, muy dulce cuando llega a rojo. Se fríe entero o en tiras y no necesita pelado.

El California o morrón es el cuadrado y rechoncho de tres o cuatro lóbulos, con pared de 6-8 mm. Se asa bien y se rellena; frito queda basto.

El lamuyo es alargado y a la vez de pared gruesa: la longitud del italiano con la carne del California. Es el tipo intermedio que se ve en las bandejas de rojo grande.

El tipo Padrón o pimiento de freír pequeño no es lo mismo que el italiano: fruto de 5-8 cm, se recoge inmaduro y una fracción de la cosecha pica.

Elegir bien importa porque el italiano tiene una planta más liviana, produce más frutos y de menos peso unitario, y madura antes que un morrón. En huertos del norte peninsular, con veranos cortos, ese adelanto de dos o tres semanas es lo que separa una cosecha en rojo de una cosecha solo en verde.

Siembra: la temperatura del sustrato manda

La semilla de pimiento es exigente con el calor. Necesita el sustrato entre 22 y 28 °C para germinar en 8-12 días. A 18 °C tarda tres semanas y nace desigual; por debajo de 15 °C, sencillamente no nace, y la semilla se pudre en la bandeja.

Un semillero en un alféizar sin calefacción a 14 °C no da nascencia, y al cabo de tres semanas lo que hay en el alvéolo es una semilla podrida, no una semilla defectuosa. Un semillero sobre una manta térmica, encima de la caldera o dentro de casa en la habitación más cálida resuelve el problema.

Calendario para clima peninsular: siembra de mediados de enero a febrero en el litoral mediterráneo y sur, y de febrero a primeros de marzo en el interior y el norte. El pimiento tarda entre 8 y 10 semanas desde la siembra hasta estar listo para el trasplante, más que el tomate, y por eso se siembra antes.

Siembra en alvéolo a un centímetro de profundidad, dos semillas por hueco, y aclara dejando la más vigorosa. Cuando la plantita tenga dos o tres hojas verdaderas, trasplanta a maceta de 8-10 cm para que engorde el cepellón hasta la plantación definitiva.

Semillero con plántulas de pimiento listas para el trasplante

Trasplante y marco de plantación

El pimiento no tolera el frío ni cuando ya está desarrollado. Se trasplanta al aire libre cuando las mínimas nocturnas superan los 12 °C de forma estable, no cuando pasa la última helada. Entre 5 y 10 °C la planta no muere, pero se detiene, coge un tono azulado y tarda semanas en arrancar; una planta trasplantada quince días más tarde en condiciones buenas la adelanta enseguida.

Eso sitúa el trasplante a finales de abril en Andalucía y el litoral levantino, en la primera quincena de mayo en el centro, y hacia finales de mayo en la cornisa cantábrica y zonas de montaña.

Antes de sacarla, endurece la planta: una semana de salidas al exterior a las horas centrales, aumentando la exposición. Sin este paso, el sol directo de mayo quema las hojas de un plantel criado en interior.

Marco: 40 cm entre plantas y 70-80 cm entre líneas. A diferencia del tomate, el pimiento agradece cierta densidad, porque el follaje de las plantas vecinas da sombra a los frutos y evita las quemaduras de sol, que en un italiano expuesto aparecen como manchas blanquecinas y translúcidas en la cara sur del fruto.

No entierres el tallo. El pimiento no emite raíces adventicias como el tomate y enterrar el cuello favorece la podredumbre.

Riego, suelo y abonado

Prefiere suelos sueltos, profundos y ricos en materia orgánica, con pH entre 6 y 7. Es sensible a la salinidad, más que el tomate, así que en zonas de agua dura conviene no acumular abonos minerales.

La regla del riego es constancia. El pimiento tiene raíz superficial y sufre con las oscilaciones. Alternar sequía y encharcamiento provoca la necrosis apical del fruto —esa mancha marrón hundida en la punta— que no es un hongo ni una plaga, sino un fallo en el transporte del calcio hacia el fruto en crecimiento. Añadir calcio a un suelo que ya lo tiene no arregla nada; regular el riego, sí.

En verano peninsular, riego por goteo diario o cada dos días, con acolchado de paja de cinco centímetros. El acolchado además mantiene fresca la zona radicular, y por encima de 30 °C de suelo la raíz del pimiento trabaja mal.

Abonado: compost bien hecho en el trasplante y, a partir de la primera floración, aportes ricos en potasio cada dos semanas. Un exceso de nitrógeno da una planta enorme, verde oscuro y sin frutos, y además la hace más apetecible para el pulgón.

Cuajado: el punto crítico del verano

La flor del pimiento es autógama y no necesita insectos, pero es exigente con la temperatura. El intervalo bueno para el cuajado va de 20 a 30 °C de día y 16 a 20 °C de noche.

Por encima de 35 °C el polen pierde viabilidad y las flores se caen sin llegar a formar fruto. Es lo que pasa en las olas de calor de julio en el interior: dos semanas de plantas floreciendo y una alfombra de flores caídas en el suelo. No hay avería ni enfermedad, y la planta vuelve a cuajar cuando bajan las temperaturas. Una malla de sombreo del 35-50 % en las horas centrales reduce mucho la pérdida.

Por debajo de 15 °C de noche ocurre lo mismo por el otro extremo, con la diferencia de que ahí sí pueden aparecer frutos deformes o partenocárpicos, pequeños y sin semilla.

Poda de formación y tutorado

El pimiento italiano crece con un tallo único hasta una horquilla —la llamada «cruz»— de la que salen dos o tres brazos, y ahí se abre la primera flor.

Dos operaciones útiles en las primeras semanas:

Eliminar los brotes por debajo de la cruz. Los chupones que salen en el tallo bajo la horquilla se retiran con la mano. Consumen recursos y cierran la base de la planta a la ventilación.

Quitar la primera flor. Retirar la flor que nace justo en la cruz retrasa una semana la primera recolección, pero la planta desarrolla mucho más armazón vegetativo y la producción total sube claramente. Merece la pena en cultivos largos; si buscas una cosecha temprana y corta, déjala.

El tutorado no es opcional en este tipo. Los brazos son frágiles y quiebran por la horquilla cuando cargan fruto, y un brazo partido en agosto se lleva un tercio de la cosecha. Dos sistemas prácticos:

Caña individual. Una caña de 1,2 m junto a cada planta, atada al tallo principal con rafia floja bajo la cruz y después a cada brazo. Es lo más sencillo en huerto pequeño.

Emparrillado con cordel. Postes cada dos o tres metros a los extremos de la línea y cordeles tensados a ambos lados de las plantas, a 30, 55 y 80 cm de altura, que forman un pasillo que las sostiene. Es el sistema holandés adaptado y va mejor cuando hay muchas plantas seguidas.

Coloca el tutor en el momento del trasplante o poco después. Clavar una caña en julio junto a una planta hecha corta raíces.

Cultivo de pimiento italiano entutorado en el huerto

Plagas y enfermedades

Trips (Frankliniella occidentalis). El daño directo son plateados y deformaciones, pero lo grave es que transmite el virus del bronceado del tomate (TSWV), que en pimiento causa manchas anulares en fruto y necrosis en hoja. No hay cura para la planta infectada: se arranca. Las trampas azules ayudan a detectarlo pronto.

Pulgón. Coloniza brotes tiernos y transmite virosis. Jabón potásico al atardecer, repetido a los cinco días, y vigilar el envés.

Araña roja (Tetranychus urticae). Aparece con calor seco. El punteado amarillo en el haz y la telaraña fina en el envés la delatan. Subir la humedad ambiental con pulverizaciones de agua a las hojas la frena.

Oidiopsis (Leveillula taurica). Manchas amarillas en el haz con polvo blanco en el envés, justo al revés que el oídio típico. Provoca defoliación y, con ella, quemaduras de sol en los frutos.

Tristeza o seca del pimiento (Phytophthora capsici). La planta se marchita de golpe con el suelo húmedo y aparece un estrangulamiento oscuro en el cuello. Es la razón por la que no se debe regar a manta ni dejar que el agua se estanque en la base. Se planta en caballón, se riega por goteo separado del tallo y se respeta una rotación de cuatro años sin solanáceas.

Recolección

El pimiento italiano se recoge en verde a los 60-75 días del trasplante, cuando el fruto ha alcanzado su tamaño, está firme y brillante. Si lo dejas otras tres o cuatro semanas en la planta vira a rojo, gana azúcar y multiplica su contenido en carotenoides y vitamina C.

Verde y rojo no son variedades distintas: es el mismo fruto en dos estados de madurez. Recoger en verde da más cosecha total porque la planta sigue cuajando; dejar madurar a rojo da mejor sabor pero ralentiza la formación de frutos nuevos. Un reparto razonable es recolectar en verde la primera mitad del ciclo y dejar rojear los últimos.

Corta siempre con tijera dejando un centímetro de pedúnculo. Tirando del fruto se arrancan ramas enteras, porque la madera del pimiento es quebradiza.

La recolección se prolonga de julio a octubre, y en el litoral mediterráneo hasta noviembre si el otoño viene suave.

Valor nutricional y un mito que aclarar

El pimiento rojo maduro contiene entre 120 y 150 mg de vitamina C por cada 100 g, muy por encima de una naranja, que ronda los 50 mg. En verde la cifra baja a la mitad aproximadamente. El color rojo lo aporta la capsantina, un carotenoide, y el fruto maduro suma también betacaroteno y vitamina E. Aporta unas 25-30 kcal por 100 g.

Y una creencia que conviene desmontar: que un pimiento dulce se vuelve picante si pasa sed o si se estresa. No ocurre. El picante depende de la capsaicina, y los cultivares dulces llevan una versión no funcional del gen implicado en su síntesis, de modo que no pueden producirla por mucha sequía que pasen. Cuando aparece un italiano que pica, el origen suele ser otro: semilla guardada de una planta que se cruzó con una variedad picante cercana. Los pimientos se polinizan sobre todo a sí mismos, pero las abejas cruzan un porcentaje apreciable de flores, y ese cruce se ve en la cosecha siguiente, no en la del año en que ocurrió.

Si quieres guardar semilla propia y mantener el tipo dulce, separa las variedades unos metros y, mejor aún, embolsa alguna flor antes de que abra.

En resumen

El pimiento italiano es un tipo comercial de Capsicum annuum de fruto largo, de pared fina y sabor dulce, pensado para freír. Se siembra en semillero caliente entre enero y marzo —a menos de 20 °C la semilla no nace—, se trasplanta cuando las noches se estabilizan por encima de 12 °C, a 40 cm entre plantas, y necesita tutor desde el principio porque los brazos se parten con la carga. El riego constante evita la necrosis apical, la sombra en las olas de calor evita la caída de flor por encima de 35 °C, y la rotación con caballón y goteo mantiene a raya la tristeza por Phytophthora capsici. Se recoge verde a los dos meses del trasplante o rojo tres semanas después, cortando con tijera, y no hay riego ni estrés que consiga hacerlo picante.


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