Una tomatillera plantada sola puede cubrirse de farolillos verdes en agosto y no cuajar ni un fruto dentro de ellos. No es un problema de riego ni de abono: es que Physalis philadelphica necesita polen de otra planta distinta para formar fruto, y quien planta un único ejemplar recoge cáscaras vacías. Con eso resuelto, el resto del cultivo es más sencillo que el de un tomate.

Esta solanácea, conocida en México como tomate verde, tomate de cáscara o tomatillo, da un fruto envuelto en un cáliz de papel que crece con él. Es la base de la salsa verde y, en el huerto peninsular, una planta que aguanta el calor de julio mucho mejor que la mayor parte de las variedades de tomate.

Planta de tomatillo o Physalis philadelphica con sus frutos envueltos en el cáliz

Qué planta es exactamente

El nombre válido es Physalis philadelphica Lam. En catálogos y paquetes de semilla aparece muchas veces como Physalis ixocarpa, que hoy se maneja como sinónimo del mismo taxón. Pertenece a las solanáceas, la familia del tomate, la patata y la berenjena, con todo lo que eso implica para las rotaciones.

Es una planta anual de porte abierto y ramificación muy dividida. En suelo fértil se va a los 80-120 cm de altura y ocupa un metro cuadrado largo si la dejas tumbarse. Las hojas son ovadas, de borde irregularmente dentado, y las flores son amarillas con cinco manchas oscuras en la garganta, de un centímetro escaso.

Lo característico llega después de la flor: el cáliz crece más deprisa que el ovario y forma una vejiga hueca que envuelve el fruto por completo. El fruto es una baya globosa de 3 a 6 cm, verde, a veces con tintes violáceos en las variedades moradas, y con la superficie recubierta de una resina pegajosa que hay que lavar con agua templada antes de cocinar.

No confundirlo con los otros Physalis

Tres especies del género circulan por viveros y fruterías españolas, y se cultivan y se comen de forma distinta.

Physalis peruviana es la uchuva, aguaymanto o «physalis» de la repostería: fruto pequeño, naranja, dulce, que se come crudo cuando el cáliz se ha secado y ha pasado a color paja. Da bien en zonas de invierno suave y en Canarias se comporta casi como perenne.

Physalis alkekengi es el farolillo chino, la que se cultiva por sus cálices rojos para arreglos florales secos. Su interés es ornamental. La baya inmadura y las partes verdes contienen alcaloides que provocan trastornos digestivos, así que si la tienes plantada por adorno conviene tenerlo presente donde haya niños.

Physalis philadelphica, el tomatillo, es el único de los tres que se recolecta verde y se destina a cocinar. Su fruto es varias veces mayor que el de la uchuva, ácido en lugar de dulce, y llena el cáliz hasta reventarlo. Si compras semilla etiquetada solo como «physalis», lo más probable es que te llegue peruviana: busca el nombre completo o la mención a tomatillo o salsa verde.

La autoincompatibilidad manda en la planta

El tomatillo es en gran medida autoincompatible: el polen de una flor no fecunda a las flores de esa misma planta. Es lo contrario de lo que hace el tomate, que se autopoliniza sin ayuda y da cosecha con un solo pie.

La consecuencia práctica es directa. Planta como mínimo dos ejemplares, y mejor tres o cuatro, y ponlos cerca, a metro o metro y medio, para que los abejorros y las abejas silvestres pasen de uno a otro. Si además vienen de semillas distintas y no de esquejes del mismo pie, mejor.

El síntoma de haberlo hecho mal es inconfundible: montones de farolillos que se quedan pequeños, papeleros y ligeros, que al abrirlos aparecen huecos o con una bolita seca del tamaño de un guisante. Cuando la polinización funciona, el fruto empuja el cáliz desde dentro y termina rajándolo.

En invernadero cerrado sin insectos ocurre lo mismo aunque haya varias plantas. Ahí hay que abrir para que entren polinizadores o pasar un pincel de flor en flor entre plantas diferentes.

Siembra y trasplante en clima peninsular

El calendario es prácticamente el del tomate, quizá con dos semanas de margen porque el tomatillo crece muy rápido.

Siembra en semillero protegido de febrero a marzo en el litoral mediterráneo y en marzo en el interior y el norte. La semilla es pequeña, se cubre con medio centímetro de sustrato y germina en 6-10 días con el sustrato entre 20 y 25 °C. Por debajo de 15 °C la nascencia se vuelve lenta e irregular.

Trasplanta cuando la planta tenga 12-15 cm y hayan pasado las heladas: de mediados de abril en el sur y el levante a mediados de mayo en la meseta y el norte. Una helada tardía la mata igual que al tomate, no hay margen. Entierra el tallo un par de centímetros más de lo que venía en el cepellón, porque emite raíces adventicias y ancla mejor.

Marco de plantación: 70-80 cm entre plantas y un metro entre líneas. Suena mucho al plantar plantitas de un palmo, y en agosto se queda corto.

Suelo, riego y abonado

Se adapta a suelos francos y francoarenosos, con pH entre 6 y 7,5, y tolera terrenos pobres mejor que el tomate. Lo que no perdona es el encharcamiento: el cuello se pudre y la planta se viene abajo en pocos días.

El riego debe ser regular pero sin excesos. Un aporte semanal generoso funciona mejor que riegos cortos y diarios, porque obliga a la raíz a profundizar. En pleno julio, con calor sostenido, dos riegos por semana en suelo y goteo diario en maceta. Acolcha con paja o restos de siega: reduce a la mitad la frecuencia de riego y mantiene limpios los frutos que caen al suelo.

Con el abonado hay que ser prudente. Un suelo cargado de nitrógeno da plantas enormes, oscuras y con pocas flores. Un aporte de compost maduro en el momento del trasplante suele bastar; si la planta se ve floja al empezar a cuajar, un abono rico en potasio cada quince días durante la fructificación.

Entutorado y manejo de la planta

El tomatillo no se despunta ni se desbrota. Los intentos de conducirlo a uno o dos brazos como un tomate reducen la cosecha, porque el fruto sale precisamente de esas ramificaciones que se eliminarían.

Lo que sí necesita es sujeción, porque las ramas son quebradizas y con carga se abren y se parten por la base. Dos soluciones que funcionan:

Jaula o cerco. Un aro de malla ganadera de 50-60 cm de diámetro y un metro de alto alrededor de cada planta. Es lo más cómodo y lo que menos mantenimiento pide.

Estacas y cordel. Cañas cada dos plantas y dos o tres pisos de cuerda tensada a ambos lados de la línea, subiendo conforme crece.

Dejarla tumbada en el suelo también da cosecha —así crece de forma espontánea— pero los frutos en contacto con la tierra húmeda se manchan y se pudren, y la recolección se vuelve incómoda. Si eliges esa vía, acolcha bien debajo.

Cuándo recolectar

Aquí se decide el sabor. El tomatillo se recoge verde y maduro, que no es una contradicción: la maduración fisiológica ocurre con el fruto todavía de color verde intenso.

Tomatillo o Physalis philadelphica abierto por la mitad mostrando la pulpa

La señal es el cáliz: cuando el fruto lo ha llenado por completo y la envoltura empieza a rajarse por las costuras, está en su punto. Si esperas a que el fruto amarillee, gana azúcar y pierde acidez y firmeza, y una salsa hecha con tomatillos amarillos sale sosa y aguada.

La recolección va de agosto a octubre en la mayor parte de la Península, y se prolonga hasta las primeras heladas. Una planta bien polinizada da entre 2 y 4 kg. Recoge cada pocos días: los frutos maduros se desprenden solos y desde el suelo se pierden enseguida.

Conservación: con el cáliz puesto y sin lavar, aguantan tres o cuatro semanas en el cajón de la nevera. Pelados y lavados, se congelan enteros sin escaldar y salen bien para salsa.

Problemas más habituales

Comparte plagas con el resto de solanáceas, aunque en general resiste mejor que el tomate.

Pulgón y mosca blanca en los brotes tiernos, sobre todo en primavera. Jabón potásico repetido a los cinco días controla focos pequeños; conservar setos y flores alrededor para los enemigos naturales resuelve más que cualquier tratamiento.

Escarabajo de la patata (Leptinotarsa decemlineata). Le gusta el follaje del tomatillo. Revisar el envés de las hojas y aplastar las puestas anaranjadas es lo más efectivo en huerto pequeño.

Podredumbre del cuello por exceso de agua o por plantar en suelo mal drenado. No tiene remedio una vez declarada; se previene con caballón y riego localizado.

Frutos huecos. El problema de polinización ya comentado, no una enfermedad.

Y una advertencia de manejo: como en todas las solanáceas, hojas, tallos y el propio cáliz no son comestibles. El cáliz se retira siempre y se tira, aunque venga limpio.

En la cocina

El fruto es ácido, con un fondo herbáceo y cítrico y bastante pectina, lo que hace que las salsas espesen sin necesidad de harina ni de reducción larga.

El uso central es la salsa verde: tomatillos asados o hervidos con chile, cebolla y cilantro, triturados. Asarlos en la sartén sin aceite hasta que la piel se tueste concentra el sabor y quita parte de la acidez. Crudos y picados aportan un punto ácido a ensaladas y aliños. También admiten mermelada, precisamente por el contenido en pectina.

En valor nutricional aportan vitamina C, potasio y poca cosa más en cantidades destacables; es un ingrediente que se elige por sabor y textura, no por ningún efecto especial.

Semilla propia y resiembra espontánea

Guardar semilla es fácil: aplasta un fruto bien maduro, deja fermentar la pulpa dos días en agua, lava, seca a la sombra y guarda en sobre. Mantiene la germinación cuatro o cinco años.

Ahora bien, al ser una planta de polinización cruzada obligada, las variedades se cruzan entre sí sin ningún esfuerzo. Si cultivas una morada y una verde juntas, la descendencia será una mezcla. Para mantener el tipo hay que separar las variedades varios cientos de metros o cultivar solo una.

Conviene saber también que los frutos caídos germinan al año siguiente con mucha facilidad. En huertos donde se ha cultivado, el tomatillo aparece solo cada primavera durante años. Puede ser cómodo o puede ser una molestia según el sitio; si no lo quieres, retira los frutos caídos antes del invierno.

En resumen

Physalis philadelphica es una solanácea anual de cultivo sencillo, adaptada al calor peninsular y de manejo parecido al del tomate, pero con una diferencia que lo condiciona todo: es autoincompatible y hacen falta al menos dos plantas juntas para que haya cosecha. Se siembra en semillero de febrero a marzo, se trasplanta pasadas las heladas a 70-80 cm entre pies, se sujeta con jaula o cordel sin podar ni desbrotar, y se recoge de agosto a octubre cuando el fruto ha llenado el cáliz y empieza a rajarlo, todavía verde. Ni se despunta como un tomate ni se espera a que amarillee, y no debe confundirse con la uchuva (P. peruviana) ni con el farolillo chino ornamental (P. alkekengi).


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