Ni es patata ni viene de China. Detrás de ese nombre está Sechium edule, una cucurbitácea trepadora originaria de Mesoamérica que en Canarias se llama chayota, en México chayote y en el Caribe christophine. Del tomate y la patata la separan familias enteras: es pariente del calabacín, del pepino y de la calabaza, y se comporta como tal. Entender eso ahorra la mitad de los errores de cultivo, porque quien la planta esperando un tubérculo bajo tierra la trata como a una patata y la pierde.
Qué planta es y qué se come de ella
Sechium edule es una trepadora perenne de raíz engrosada que en una sola temporada puede echar entre 8 y 12 metros de tallo. Se agarra con zarcillos ramificados, tiene hojas acorazonadas de hasta 20 cm y flores pequeñas, verdosas, unisexuales sobre la misma mata: los machos en racimos largos, los femeninos solitarios en la axila.
El fruto es un pepónide con una sola pepita, grande y blanda, en forma de pera algo aplastada, con un surco profundo en el extremo ancho. Pesa entre 150 y 500 g según variedad y puede ser liso o cubierto de espinas blandas, de color crema o verde oscuro. Se come cocido, y de joven con piel y todo.
La planta rinde más de lo que aparenta porque se aprovecha casi entera:
- El fruto, de sabor muy suave, textura entre el calabacín y la pera cocida. Absorbe el sabor de lo que lo acompaña.
- Los brotes tiernos de las guías, con las hojas jóvenes, salteados como espinacas.
- La semilla, que dentro del fruto cocido queda como una almendra tierna y es la parte más sabrosa.
- La raíz engrosada, que a partir del segundo o tercer año forma tubérculos de hasta varios kilos (el chinchayote mexicano), harinosos y comestibles asados o hervidos.
Un aviso práctico: al pelar frutos maduros, el corte suelta una savia pegajosa que se seca sobre la piel formando una película tirante muy difícil de quitar, y en pieles sensibles produce irritación. Se pela bajo el chorro del grifo, con guantes, o directamente se cuece entero y se pela después.
Dónde tiene sentido plantarla en España
Aquí está la clave que decide si vas a cosechar algo o solo a tener una parra decorativa. Sechium edule es una planta de día corto: florece cuando la noche se alarga, normalmente a partir de septiembre, y los frutos cuajan y engordan entre octubre y diciembre. Necesita, por tanto, un otoño largo y sin heladas.
Con 0 °C se le quema toda la parte aérea. Eso significa que en el interior peninsular, donde las primeras heladas llegan en octubre o principios de noviembre, la planta se hiela justo cuando estaba empezando a cuajar. Crece magnífica todo el verano, cubre la pérgola, y no da un solo fruto.
Sale bien, en cambio, en la franja litoral libre de heladas: Canarias (donde es un cultivo tradicional), costa de Málaga, Granada y Almería, litoral de Murcia y Alicante, y las zonas más abrigadas de la costa gallega y cantábrica, donde el problema no es el frío sino la falta de calor estival. Su rango cómodo está entre 18 y 25 °C; por debajo de 13 °C prácticamente deja de crecer y por encima de 32-35 °C aborta las flores.
Si vives tierra adentro y quieres intentarlo igualmente, la raíz sobrevive a heladas ligeras si la acolchas bien con paja o compost, y rebrota en primavera. Tendrás una planta cada vez más vigorosa que quizá algún año templado te dé cosecha, pero no cuentes con ella.
Se planta el fruto entero, no la semilla
No busques sobres de semillas de chayote, porque no existen en el sentido habitual. La pepita es vivípara y recalcitrante: germina dentro del propio fruto todavía en la mata o en la despensa, y no soporta secarse. Sácala, límpiala y guárdala, y estará muerta en pocos días. Lo que se planta es el fruto completo, con su semilla ya brotando dentro.
El procedimiento es este:
- Elige un fruto maduro y sano, de piel firme y sin golpes, comprado en frutería o traído de otra mata. Los del supermercado sirven perfectamente.
- Déjalo brotar en un lugar oscuro, fresco y aireado, sobre papel de periódico. En tres o cuatro semanas el brote asoma por el surco del extremo ancho. Si el fruto empieza a arrugarse o a pudrirse por la base, descártalo.
- Plántalo cuando el suelo pase de 15 °C, lo que en la costa mediterránea ocurre en marzo o abril. Si quieres adelantar, ponlo en una maceta de 10 litros bajo techo en febrero.
- Colócalo tumbado o a 45°, con el brote hacia arriba y hacia fuera, y entierra solo dos tercios del fruto. El extremo del brote debe quedar visible.
Ese último punto es donde se pierde la planta. Enterrar el fruto entero y bien tapado, como se hace con una patata de siembra, lo pudre en cuestión de días: es un fruto carnoso lleno de agua, no un órgano de reserva preparado para estar bajo tierra. Medio fruto fuera y el brote al aire.
Suelo, riego y sostén
Quiere suelo profundo, fértil y con buen drenaje, ligeramente ácido a neutro (pH 5,5 a 7). Antes de plantar, incorpora en el hoyo unos 10-15 litros de compost o estiércol muy hecho y remueve medio metro de profundidad; la raíz tuberosa necesita sitio. En terrenos arcillosos y compactos, mejor un caballón elevado o un bancal.
El riego es constante y generoso durante todo el verano, pero sin encharcar: el cuello es el punto débil y se pudre con facilidad si el agua se queda ahí parada. Riego por goteo con dos emisores separados un palmo del cuello, cada dos o tres días en pleno agosto, y un buen acolchado de paja que mantenga fresca la superficie.
Con el abonado hay que ir con cuidado. El exceso de nitrógeno produce una planta espectacular de hoja y ni un fruto; el vigor vegetativo compite con la floración, que además llega tarde de por sí. A partir de agosto conviene pasar a un aporte rico en potasio, tipo ceniza tamizada o un abono de tomate, y olvidarse del nitrógeno.
Necesita estructura seria. Una mata adulta cubre 15 o 20 m² y con el peso de los frutos y de una lluvia encima tumba cualquier cañizo improvisado. Lo tradicional es una pérgola o emparrado horizontal a 2-2,5 metros de altura, sobre postes bien anclados, que además deja los frutos colgando y a la vista. Una planta por pérgola: si pones dos, se ahogan mutuamente.
Conducción y poda
Durante los primeros metros conviene dejar un solo tallo guía y quitarle los brotes laterales hasta que llegue arriba del emparrado. Allí se despunta para que ramifique y reparta las guías por toda la estructura. Ese despunte adelanta la producción, porque los frutos se forman en las ramificaciones secundarias, no en la guía principal.
La polinización la hacen abejas y otros insectos sin problema, siempre que haya flores masculinas y femeninas abiertas a la vez. Si ves muchos frutos pequeños que amarillean y caen a los pocos días, el motivo suele ser calor excesivo en el momento de la antesis o falta de agua, no falta de polinizadores.
En zonas sin heladas, la planta vive muchos años. En invierno, después de la cosecha, se corta toda la parte aérea a un palmo del suelo y se acolcha la base. Rebrota en primavera con más fuerza y la producción del segundo y tercer año duplica la del primero.
Recolección y conservación
Se recolecta tierno, entre 15 y 25 días después del cuaje, cuando el fruto tiene 8-15 cm y la piel se raya con la uña. En ese punto se come entero, con piel y semilla, y no hay que pelarlo. Si lo dejas madurar del todo, la piel se endurece, la carne se vuelve fibrosa y la semilla germina dentro.
Una mata adulta bien situada puede dar entre 50 y 100 frutos en una campaña, concentrados en pocas semanas. Conviene tenerlo previsto, porque la cosecha llega toda de golpe.
Se conserva en el frigorífico entre 8 y 10 °C durante tres o cuatro semanas, sin lavar y sin bolsa cerrada. Por debajo de 7 °C sufre daños por frío: aparecen manchas hundidas en la piel y se pudre antes. Congelado crudo pierde toda la textura; si vas a congelar, escáldalo primero dos minutos.
Problemas habituales
Oídio. El polvo blanco en el haz de las hojas es lo más frecuente en verano seco con noches húmedas. Se controla con azufre mojable en las horas frescas, nunca por encima de 30 °C, o con bicarbonato potásico.
Mildiu. Manchas angulosas limitadas por los nervios, con pelusa gris en el envés. Aparece en litoral húmedo y en otoños lluviosos, justo en plena floración. Airear la vegetación y evitar el riego por aspersión reduce mucho el riesgo.
Mosca blanca y araña roja. Colonizan el envés en cultivos de invernadero o en zonas muy secas. La araña roja se dispara con calor y polvo; un riego de la vegetación al atardecer en días muy secos la frena.
Nematodos. En suelos arenosos y muy recultivados forman agallas en la raíz, y como aquí la raíz es también un órgano comestible, el daño es doble. No repitas cucurbitáceas en el mismo sitio dos años seguidos.
Podredumbre del cuello. Suele venir de regar directamente sobre la base o de plantar el fruto demasiado enterrado. La planta se marchita de golpe con el suelo húmedo, que es la señal característica.
En resumen
La patata china es Sechium edule, una cucurbitácea trepadora mesoamericana de la que se aprovechan fruto, brotes, semilla y raíz. Se propaga plantando el fruto entero ya brotado, tumbado y con un tercio fuera del suelo, nunca enterrándolo del todo. Necesita una pérgola sólida, suelo profundo con mucha materia orgánica, riego abundante sin mojar el cuello y poco nitrógeno a partir de agosto.
Su limitación real en España es el fotoperiodo: florece con los días cortos del otoño, así que solo cuaja donde no hiela hasta bien entrado el invierno. En el litoral mediterráneo, andaluz y canario da cosechas de decenas de frutos a partir del segundo año; en el interior peninsular es una trepadora de sombra magnífica y poco más. Recoge los frutos tiernos, guárdalos a 8-10 °C y pélalos bajo el grifo si están maduros.