Los tubos huecos de 4 a 8 milímetros de diámetro son la única parte de un hotel de insectos que se ocupa año tras año. Las piñas, la paja suelta, la corteza machacada y los compartimentos con ranuras que traen los modelos de bazar quedan vacíos temporada tras temporada, o los coloniza una araña. Conviene saberlo antes de gastar dinero o una tarde de taller, porque un hotel de insectos sí sirve para algo muy concreto: dar sitio de nidificación a las abejas solitarias que anidan en cavidades y, en menor medida, a ciertas avispas depredadoras. Todo lo demás que se le atribuye es decoración.

Esa precisión no le resta valor. En un huerto español medio, las abejas solitarias hacen buena parte del trabajo de polinización, y varias de ellas están limitadas no por comida sino por dónde poner los huevos. Ahí es donde una estructura bien hecha cambia las cifras.

Hotel de insectos de madera con tubos de caña instalado en un huerto

Quién se instala de verdad

Las inquilinas habituales en la península son abejas del género Osmia. Osmia cornuta, la abeja albañil, emerge muy pronto —de finales de febrero a marzo, según la zona— y coincide con la floración del almendro, el ciruelo y el melocotonero. Osmia bicornis aparece algo después y cubre manzano y peral. Ambas trabajan con temperaturas más bajas que la abeja de la miel y siguen volando con cielo cubierto, que es justamente cuando el frutal en flor se queda sin visitas.

En verano toman el relevo las Megachile, las cortadoras de hojas, que recortan discos casi perfectos del borde de los rosales, las judías o el ciruelo para forrar sus celdas. Ese mordisco semicircular en las hojas no es una plaga: es la señal de que la megachile está nidificando cerca. También aparecen Anthidium, que rellenan con pelusa vegetal, y avispas solitarias de los géneros Trypoxylon y Ancistrocerus, que aprovisionan sus celdas con arañas y con orugas pequeñas capturadas en el huerto.

Ninguna de ellas defiende el nido. No hay colonia que proteger, no hay ataque en grupo. Una Osmia puede picar si se la aprieta con la mano y el pinchazo es comparable al de una ortiga. Un hotel colocado a dos metros de la puerta de casa no supone ningún problema con niños o perros.

Los huéspedes que nunca llegan

Las mariquitas (Coccinella septempunctata, Adalia bipunctata) invernan agrupadas bajo hojarasca, en grietas de corteza, entre piedras y, con frecuencia, dentro de casa. El compartimento con listones rojos que los fabricantes etiquetan como "casa de mariquitas" prácticamente no se usa. Si quieres mariquitas invernando en el huerto, deja un montón de hojas secas al pie de un seto y no lo toques hasta abril.

Los sírfidos, cuyas larvas devoran pulgón a un ritmo notable, no anidan en cavidades en absoluto: la hembra pone los huevos directamente sobre la colonia de pulgones. Lo que atrae sírfidos es néctar accesible, y eso significa umbelíferas en flor —hinojo, cilantro, zanahoria dejada subir a flor, eneldo— más caléndula y alyssum. Ningún tubo de bambú los va a traer.

Las crisopas (Chrysoperla carnea) sí invernan como adultos en refugios secos, y el cartón ondulado enrollado dentro de una caja cerrada con una ranura estrecha funciona a veces. Es la parte del hotel con resultados más irregulares.

Las tijeretas (Forficula auricularia) son un caso aparte y merece la pena entenderlo bien. Son depredadoras eficaces de pulgón lanígero y de psila en frutales, y para ellas funciona mejor una maceta de barro boca abajo, rellena de paja o viruta, colgada de la cruz del árbol, que cualquier compartimento del hotel. Ahora bien, en melocotón, albaricoque y nectarina esa misma tijereta se mete en la fruta madura y la deja inservible. En manzano y peral compensa; en fruta de hueso de piel fina, no siempre.

Cómo se construye uno que funcione

La regla que decide el resultado es el diámetro interior de los tubos. Entre 4 y 6 mm para Osmia, entre 7 y 9 mm para Megachile y Anthidium, entre 2 y 4 mm para las avispas pequeñas. Por debajo de 3 mm y por encima de 10 mm la ocupación cae en picado. Mezcla los tres calibres y deja que ellas elijan.

La profundidad importa tanto como el calibre: de 12 a 15 cm, y siempre cerrados por el fondo. Un tubo pasante, con luz al otro lado, no se ocupa. Y hay una razón biológica para la profundidad: la hembra pone huevos de hembra al fondo y de macho en las celdas de la boca, porque los machos emergen antes. Un tubo corto solo produce machos, que no construyen nidos, y la población no crece.

Sobre los materiales:

Caña o bambú. Corta siempre por detrás de un nudo, de modo que el nudo haga de fondo. El corte de la boca debe quedar liso; una fibra astillada engancha y daña las alas, y la abeja descarta el tubo. Pasa una lija fina o un cúter afilado por el borde.

Bloque de madera taladrado. Usa madera dura y bien seca —haya, roble, fresno—, taladra por la cara de la tabla, nunca por el testa. Al perforar en la dirección de la fibra la madera acaba abriéndose por las grietas de secado y el nido queda expuesto. Broca limpia, agujeros sin rebaba, sin llegar a atravesar la pieza: deja 1,5 o 2 cm de fondo macizo.

Cañas de papel o tubos de cartón insertados dentro de tubos de PVC o de un bloque: es la opción más práctica porque permite sacarlos y revisarlos en otoño.

Descarta el plástico, las pajitas de refresco y el cristal. No transpiran, condensan humedad y las larvas mueren de moho antes de la primavera. Descarta también cualquier madera tratada, barnizada o pintada por dentro.

Colocación

Orientación sur o sureste, para que reciba sol de la mañana: las abejas necesitan calentarse antes de volar y esas primeras horas deciden cuántos viajes hacen al día. Altura de 1 a 1,5 m, sobre soporte firme y sin balanceo —un hotel colgado de una cuerda que se mueve con el viento no se ocupa—. Alero o tejadillo que sobresalga varios centímetros por delante de las bocas, para que la lluvia no entre en los tubos. Y espalda protegida, contra un muro o un tronco.

Un detalle que se pasa por alto: las Osmia forrajean en un radio corto, del orden de 150 a 300 metros. Si en ese radio no hay flor abierta cuando emergen —febrero y marzo—, se van. Un hotel en medio de césped segado, o en una urbanización con solo setos de aligustre, permanecerá vacío por mucho que esté bien construido.

Y necesitan material de construcción. Osmia cornuta y O. bicornis tapian las celdas con barro: un cuadrado de suelo desnudo, arcilloso, húmedo, a menos de 50 metros, multiplica la ocupación. Si tienes todo el huerto acolchado con paja o corteza, deja un claro sin cubrir cerca del hotel.

El problema de los hoteles grandes

Aquí es donde se pierde la inversión. Concentrar cientos de tubos en una torre de madera de un metro es exactamente lo que necesitan los parásitos para prosperar. El díptero Cacoxenus indagator pone sus huevos en las celdas de Osmia y sus larvas se comen el polen almacenado; la abeja muere de hambre dentro de su celda. Los ácaros del género Chaetodactylus hacen lo mismo y se propagan por contacto entre tubos vecinos. Las avispas parasitoides Monodontomerus pinchan a través de la pared del tubo. En una densidad alta, las tasas de parasitismo pueden llevarse la mayor parte de la puesta en dos o tres temporadas.

Varios hoteles pequeños separados entre sí funcionan mejor que uno grande. Y sobre todo: debe poder abrirse y limpiarse. Un bloque macizo con agujeros que no se puede desmontar acumula cadáveres, restos de celda y patógenos hasta convertirse en un foco.

Protege la fachada con una malla metálica de luz amplia, de 2,5 a 3 cm, separada unos centímetros de las bocas. Deja pasar a las abejas e impide que carboneros y herrerillos vacíen los tubos en invierno, que es lo que hacen si encuentran el sitio.

Mantenimiento anual

Un hotel abandonado deja de ser un servicio y pasa a ser una trampa. El ciclo mínimo:

Octubre o noviembre. Retira los tubos ocupados. Si trabajas con tubos de cartón o cañas partibles, ábrelos: dentro encontrarás los capullos de Osmia, oscuros y con forma de barril. Sepáralos de las celdas con moho, con polvo de ácaros —un polvillo amarillento y suelto— o con larvas ajenas. Los capullos sanos se pueden lavar con agua fría, secar sobre papel y guardar en una caja ventilada a 2-4 °C, en el frigorífico, dentro de un recipiente con algo de humedad para que no se deshidraten.

Febrero. Devuelve los capullos al exterior, en una cajita con una salida, junto al hotel limpio y con tubos nuevos.

Si eso te parece demasiado, la versión mínima es sustituir los tubos cada dos años y quemar o desechar los viejos una vez que hayan emergido los adultos. No los tires en primavera con las celdas todavía llenas.

Qué esperar y qué no

Un hotel de insectos no controla plagas. No sustituye a nada. Lo que hace es aumentar la población local de polinizadores y de algunos depredadores, y eso se nota en el cuajado del frutal y de las cucurbitáceas, no en la desaparición del pulgón.

El resultado de verdad viene del conjunto: flores escalonadas de febrero a octubre, setos con especies autóctonas, una zona sin segar, hojarasca sin recoger, un montón de leña vieja, un punto de agua somero con piedras donde posarse, y renunciar a los insecticidas de amplio espectro. Un piretroide aplicado en floración se lleva por delante en una tarde lo que el hotel tardó tres años en construir.

La primera temporada es habitual que se ocupen pocos tubos, o ninguno. La colonización se acelera a partir del segundo año, cuando emergen las hembras nacidas allí: las Osmia tienden a volver a nidificar cerca de donde nacieron.

En resumen

El hotel de insectos es útil por una función concreta —dar cavidades de nidificación a abejas solitarias y avispas depredadoras— y prácticamente inútil para todo lo demás que se le atribuye. Acierta con los tubos de 4 a 9 mm, cerrados por el fondo y de 12-15 cm de profundidad; oriéntalo al sur o sureste a metro y medio del suelo, con tejadillo y sin movimiento; asegúrate de que hay flor y barro a menos de 200 metros; prefiere varias unidades pequeñas a una torre grande; protégelo de los pájaros con malla; y renueva o limpia los tubos cada temporada. Sin flores alrededor y sin mantenimiento, la caja más bonita del catálogo se queda vacía o se convierte en un criadero de ácaros.


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