Si un fruto de melón amargo se queda en la planta hasta ponerse naranja, se abre solo en tres valvas y deja colgando unas semillas envueltas en un arilo rojo brillante que resulta muy llamativo para un niño. Esa parte no se come. Conviene saberlo antes de plantar la primera semilla, porque el cultivo es fácil de llevar y el fruto maduro acaba en el suelo del patio sin que nadie lo haya decidido.
El melón amargo, Momordica charantia, es una cucurbitácea trepadora anual originaria del sudeste asiático, extendida por África, el Caribe y toda la franja tropical. En España se conoce también como cundeamor, balsamina o cundemor, y en las tiendas de producto asiático e hindú aparece con los nombres de karela, ampalaya, goya o bitter gourd. Se cultiva sin problema en el litoral mediterráneo, en Andalucía, en el Levante y en Canarias; en el interior norte la temporada se queda corta y hay que recurrir a invernadero.
Lo primero: qué parte es segura y qué parte no
El fruto verde e inmaduro, que es el que se consume en la cocina asiática, se emplea de forma habitual como verdura. Ahora bien, hay tres cosas que hay que tener claras y no son adorno:
Las semillas y el arilo rojo del fruto maduro no deben ingerirse. Las semillas contienen vicina y proteínas del grupo de las momorcarinas. Existen casos descritos de vómitos, diarrea y episodios de hipoglucemia en niños tras consumir semillas o fruto maduro. En la planta adulta, lo que hay que retirar del huerto son precisamente los frutos que han pasado a naranja y se han abierto.
La planta tiene actividad hipoglucemiante real. No es una creencia popular: el efecto sobre la glucemia está documentado. Eso significa que una persona en tratamiento con antidiabéticos orales o insulina puede sumar efectos sin darse cuenta. Si se come con regularidad y hay medicación de por medio, es un asunto que se consulta con el médico, no algo que se ajuste por cuenta propia.
Se desaconseja durante el embarazo. A las momorcarinas se les atribuye actividad abortiva y la planta se ha usado tradicionalmente como emenagogo. Con esa información sobre la mesa, lo prudente es evitarla en el embarazo y durante la lactancia.
Aquí no vas a encontrar preparaciones, zumos ni extractos con fines medicinales. Esto es un artículo de cultivo: el melón amargo se trata como una hortaliza más y se cocina como verdura, y ahí termina.
Cómo es la planta
Es una trepadora herbácea de tallo fino y anguloso que se agarra mediante zarcillos simples, sin ramificar. Alcanza entre 3 y 5 metros en una temporada si tiene calor y agua. La hoja es palmatilobulada, de 4 a 12 cm, con cinco a siete lóbulos profundos y borde dentado, de un verde claro característico, y desprende un olor herbáceo intenso al frotarla.
Es monoica: flores masculinas y femeninas separadas en la misma planta. Ambas son amarillas, de unos 2-3 cm, solitarias y con una bráctea en el pedúnculo. Distinguirlas es sencillo y hace falta saber hacerlo: la masculina cuelga de un pedicelo largo y fino; la femenina lleva en la base un ovario en miniatura ya verrugoso, una réplica diminuta del fruto futuro. Las primeras semanas de floración salen casi solo masculinas, y eso es normal, no una anomalía.
El fruto es una baya alargada, de 10 a 25 cm según variedad, con la superficie cubierta de crestas y verrugas. Las variedades de tipo chino son más largas, de verde pálido y verrugas romas y suaves; las de tipo indio son más cortas, verde oscuro y con crestas puntiagudas, y resultan bastante más amargas. El amargor procede de momordicinas y glucósidos triterpénicos, y se concentra en la piel y en la zona próxima a las semillas.
Clima y calendario en España
Es una planta de clima cálido, sin tolerancia alguna al frío. Su rango cómodo está entre 24 y 30 °C; por debajo de 15 °C detiene el crecimiento y por debajo de 10 °C empieza a sufrir daños. Una helada la mata en una noche. Necesita entre 90 y 120 días desde siembra hasta el primer fruto, y produce después durante dos o tres meses.
Con eso en la mano, el calendario peninsular queda así:
- Siembra en semillero protegido: de marzo a mediados de abril, con el sustrato a 25-30 °C. Un semillero en la repisa de una ventana sin calor de fondo germina mal o no germina.
- Trasplante: cuando hayan pasado las últimas heladas y la noche no baje de 12-14 °C. En la costa mediterránea y en Canarias, finales de abril; en el interior peninsular, mediados o finales de mayo.
- Siembra directa: viable en Levante, Andalucía occidental, Murcia y Canarias a partir de mayo, con el suelo ya templado.
- Cosecha: de finales de julio a octubre, según zona y fecha de siembra.
En Galicia, la cornisa cantábrica o la meseta norte al aire libre, el ciclo llega justo o no llega. Ahí el invernadero o el túnel no es un lujo, es la diferencia entre recolectar y no recolectar.
Germinación, semilla dura y calor de fondo
La semilla es grande, plana y con una cubierta dura, lo que hace que la germinación sea lenta e irregular si se siembra tal cual. Un remojo de 24 a 48 horas en agua templada mejora mucho el resultado, y escarificar suavemente el borde de la semilla con una lima de uñas —sin llegar al embrión— lo mejora todavía más.
Se siembra a 1,5-2 cm de profundidad, en alveolo grande o maceta de 8-10 cm, porque no lleva bien el trasplante a raíz desnuda. Con temperatura de sustrato entre 25 y 30 °C germina en 7-14 días. A 18-20 °C puede tardar tres semanas o pudrirse antes. Si tienes un cable calefactor o una manta térmica de semillero, este es el cultivo donde se nota.
Suelo, riego y abonado
Pide suelo fértil, profundo y con buen drenaje, rico en materia orgánica, con pH entre 6,0 y 6,8. En terreno pesado y encharcadizo aparecen podredumbres de cuello con facilidad. Un buen aporte de compost maduro antes del trasplante, del orden de 4-5 kg por metro cuadrado, cubre buena parte de las necesidades.
Marco de plantación: 60-80 cm entre plantas dentro de la línea y 1,2-1,5 m entre líneas, siempre con estructura vertical. En maceta hacen falta 30-40 litros por planta como mínimo, y aun así habrá que regar a diario en julio.
El riego debe ser regular y sin altibajos: es una planta de raíz relativamente superficial y hoja grande, que transpira mucho en verano. El goteo con acolchado de paja o de restos vegetales mantiene la humedad estable y reduce el salto térmico del suelo. Mojar el follaje por la tarde es pedir oídio.
En abonado, nitrógeno moderado al principio para que forme estructura, y a partir de la floración desplazar hacia potasio. Un exceso de nitrógeno da una planta enorme, verde oscura, con muchísima flor masculina y muy poco cuajado. Es un fallo que se paga con una temporada entera de hojas preciosas y cero frutos.
Entutorado y conducción
Necesita sí o sí una estructura vertical: emparrado, malla de cultivo o pérgola de 2 a 2,5 m de altura. Dejarla arrastrar por el suelo tiene tres consecuencias inmediatas: los frutos se manchan y se pudren en la cara de contacto, la aireación cae y el oídio se dispara, y localizar los frutos entre la maraña se vuelve un ejercicio de paciencia.
Conducida en vertical la producción sube claramente, porque los frutos cuelgan libres, crecen rectos y quedan a la vista. Un despunte del tallo principal cuando alcanza el alambre superior favorece la salida de brotes laterales, que es donde aparecen la mayoría de las flores femeninas.
Polinización y cuajado
La polinización corre a cargo de abejas y otros insectos. En un patio cerrado, una terraza alta o un invernadero pequeño, la visita de polinizadores puede ser escasa y ocurre lo típico: cuajan dos frutos y el resto de ovarios amarillean y se caen a los pocos días.
La solución es polinizar a mano, por la mañana temprano, que es cuando el polen está fresco. Se toma una flor masculina abierta, se le retiran los pétalos y se pasan las anteras por el estigma de la femenina. Una flor masculina da para dos o tres femeninas. Hecho a primera hora, el cuajado sube de forma muy visible.
Plagas y enfermedades
Oídio (Podosphaera xanthii): el problema número uno del cultivo a partir de agosto, con noches húmedas y días calurosos. Se ve como polvo blanco sobre el haz. Se combate con aireación, riego a la base, retirada de hoja vieja del tercio inferior y tratamientos de azufre mojable, evitando aplicarlo con más de 30 °C porque quema la hoja.
Mildiu (Pseudoperonospora cubensis): manchas angulosas limitadas por los nervios, amarillas por el haz y con pelusa gris por el envés. Aparece con humedad alta persistente, más frecuente en zonas costeras.
Pulgón y mosca blanca: además del daño directo, transmiten virosis de cucurbitáceas que deforman la hoja y detienen la planta. Vigilar los brotes tiernos y actuar pronto con jabón potásico evita que la colonia se instale.
Araña roja (Tetranychus urticae): se dispara en verano seco y caluroso. Punteado amarillento fino y telilla en el envés. La humedad ambiental alta la frena.
Mosca mediterránea de la fruta (Ceratitis capitata): en zonas con mucha presión puede picar los frutos. El embolsado individual con bolsas de papel o malla fina resuelve el problema sin tratamientos.
Convive con el resto de cucurbitáceas del huerto, así que conviene no repetir melón amargo, calabacín, pepino o melón en la misma parcela dos años seguidos. Una rotación de tres años reduce mucho la carga de hongos de suelo.
Cosecha
El punto de recolección llega entre 8 y 15 días después del cuajado, con el fruto todavía verde, firme y con las verrugas bien marcadas. Según variedad, entre 10 y 20 cm de longitud. En cuanto empieza a virar a amarillo o naranja, la pulpa se ablanda, el amargor se dispara y las semillas maduran: a efectos de cocina, ese fruto ya está pasado.
La recolección tiene que ser frecuente, cada dos o tres días. Dejar madurar frutos en la planta le manda la señal de que ha completado su ciclo y la producción se corta. Cortando joven y seguido, una planta bien llevada da fruto durante meses.
Se corta con tijera dejando un par de centímetros de pedúnculo. En nevera aguanta unos cuatro o cinco días; a temperaturas por debajo de 10 °C sufre daños por frío y aparecen manchas hundidas en la piel, así que la parte menos fría del frigorífico es la mejor opción.
En la cocina se abre por la mitad, se retiran las semillas y la médula blanca, y se corta en medias lunas. El amargor se atenúa salando las rodajas y dejándolas escurrir un rato, o con un escaldado breve. Nunca desaparece del todo, que es justamente su gracia en los salteados con huevo, ajo y fermentados de soja.
Guardar semilla
Para reproducir la variedad hay que hacer lo contrario que para comer: dejar un fruto en la planta hasta que se ponga naranja y se abra. Se recogen entonces las semillas, se les quita el arilo rojo lavándolas y frotándolas, se secan a la sombra durante una semana y se guardan en sobre de papel, en seco y fresco. Mantienen buen poder germinativo dos o tres años. Ese arilo, recordado una vez más, no se prueba ni se da a probar.
Ten en cuenta que Momordica charantia se cruza entre sus propias variedades, así que si cultivas dos tipos distintos a la vez y quieres semilla fiel, tendrás que separarlas o aislar flores.
En resumen
Momordica charantia es una trepadora anual de clima cálido que se cultiva bien en el tercio sur, el litoral mediterráneo y Canarias, y que en el interior norte necesita protección. Siembra escarificada y con calor de fondo en marzo o abril, trasplante pasadas las heladas, estructura vertical de 2 metros, riego constante y potasio a partir de la floración. Si el cuajado falla en espacios cerrados, poliniza a mano por la mañana. Recolecta el fruto verde y firme, cada dos o tres días, porque en cuanto empieza a amarillear se termina la producción. Y ten presente lo que se dijo al principio: las semillas y el arilo rojo del fruto maduro no se comen, la planta baja la glucemia de verdad y no procede durante el embarazo.