Diez metros cuadrados de lenteja bien llevada dan alrededor de un kilo de grano seco. Conviene tener ese número delante antes de decidir cuánto huerto dedicarle, porque ese kilo cuesta dos euros en cualquier tienda y ocupa el bancal cuatro meses largos. Quien cultiva lentejas en casa no lo hace por economía: lo hace por probar variedades que no llegan al supermercado, por cerrar el ciclo de la semilla, porque la leguminosa deja el suelo mejor de lo que lo encontró, o simplemente por ver cómo es la planta. Con esas expectativas, el cultivo es sencillo y agradecido. Con la expectativa de llenar la despensa, decepciona siempre.

La lenteja es Lens culinaris Medik., de la familia de las fabáceas, una anual de porte bajo —entre 25 y 50 cm— con tallos finos y angulosos, hojas compuestas paripinnadas que terminan en zarcillo y flores diminutas, blancas o azul pálido, casi siempre autofecundadas. Cada vaina, plana y corta, guarda una o dos semillas. Se cultiva en la Península desde hace milenios y sigue siendo un cultivo de secano de invierno en Castilla, Aragón y La Mancha.

Lentejas secas de la variedad pardina

Qué variedad plantar

En España se manejan sobre todo tres tipos, y no se comportan igual ni en el campo ni en la olla:

  • Pardina: grano pequeño (3-5 mm), pardo oscuro moteado. Es la más rústica, la que mejor aguanta el frío y la sequía, y la que menos se deshace al cocer. Tierra de Campos es su territorio clásico. Para un huerto de secano o de riego escaso, es la apuesta segura.
  • Rubia castellana: grano grande y aplanado, de 7-9 mm, amarillo verdoso. Es la de la Lenteja de La Armuña (Salamanca), con Indicación Geográfica Protegida. Piel fina, se cuece rápido y se deshace con facilidad. Necesita algo más de suelo y de agua que la pardina.
  • Verdina o lenteja verde: menos extendida, de tamaño intermedio.

Sobre usar lentejas del paquete del supermercado como semilla: germinan, porque no llevan tratamiento antigerminativo. El problema es otro. No sabes la variedad ni si su ciclo encaja con tu zona, pueden venir de otro hemisferio, y con frecuencia traen huevos o larvas de gorgojo dentro del grano. Si vas a hacerlo, congela el paquete 72 horas a -18 °C antes de sembrar: mata cualquier larva y no afecta a la germinación. Para empezar en serio, una semilla de variedad conocida sale mejor.

Suelo: mejor pobre y suelto que rico y pesado

La lenteja prefiere suelos francos o franco-arenosos, sueltos, con buen drenaje y a menudo calizos. El pH cómodo va de 6 a 8, y tolera bien la caliza activa que otras leguminosas rechazan. Lo que no soporta en absoluto es el encharcamiento: en un suelo arcilloso que retiene agua tras las lluvias de marzo, la raíz se asfixia y entran las podredumbres de cuello. En terreno pesado, cultívala en caballón o bancal elevado, o no la cultives.

Es además una especie sensible a la salinidad, más que el garbanzo o la cebada, así que en suelos salinos y con agua de riego dura el resultado es pobre por mucho que se cuide todo lo demás.

Nada de abono nitrogenado: aquí es donde se pierde la cosecha

La lenteja establece simbiosis con Rhizobium leguminosarum bv. viciae, la misma bacteria que nodula en guisante, haba y veza. Los nódulos que se forman en la raíz fijan nitrógeno atmosférico y cubren las necesidades de la planta.

Si abonas con nitrógeno, o incorporas estiércol fresco, o plantas sobre un bancal que acaba de recibir una dosis fuerte de compost, la planta deja de fabricar nódulos —le sale más barato tomar el nitrógeno regalado— y responde a la abundancia creciendo en hoja. Lo que obtienes es una mata alta, tierna, verde oscuro, que se tumba con la primera tormenta, atrae al pulgón y da cuatro vainas. Esto no es una cuestión menor de matiz: es la diferencia entre recolectar y no recolectar.

Lo que sí conviene aportar es fósforo y potasio si el análisis del suelo los muestra bajos, porque el fósforo influye directamente en la nodulación y en el llenado del grano. Un puñado de ceniza de leña tamizada por metro cuadrado o un abonado de fondo con harina de roca y algo de compost muy maduro del año anterior es todo lo que necesita. En un huerto donde nunca se hayan cultivado leguminosas, y solo en ese caso, tiene sentido inocular la semilla con rizobio comercial antes de sembrar.

Cuándo y cómo sembrar

Dos ventanas, según el clima:

Siembra de otoño (noviembre-diciembre), viable en el litoral mediterráneo, Andalucía, Extremadura y zonas de invierno suave. La planta pasa el invierno en roseta, desarrolla más raíz y rinde bastante más. A cambio, el riesgo de heladas fuertes y de enfermedades de hoja durante los meses húmedos es mayor.

Siembra de fin de invierno (febrero-marzo), la habitual en el interior peninsular y la más segura para un huerto doméstico. El ciclo se acorta, el rendimiento baja algo, pero se esquivan los peores fríos.

La lenteja en estado de plántula y roseta aguanta heladas de hasta -5 o -6 °C sin daño relevante. En floración, en cambio, una helada tardía de -2 °C tira las flores y no hay vaina que las reemplace. Ese es el motivo para no adelantar en exceso la siembra en zonas de heladas de abril.

Siembra a 3-5 cm de profundidad, en líneas separadas 20-25 cm, dejando una planta cada 5-8 cm dentro de la línea. En superficie, con menos de 3 cm, los pájaros y los ratones dan cuenta de buena parte de la semilla. La nascencia tarda de 10 a 15 días según la temperatura del suelo, con un mínimo de germinación cercano a 5 °C.

Las malas hierbas deciden el resultado

La lenteja es de porte bajo, crecimiento inicial lento y hoja pequeña: como competidora es mediocre. Un bancal invadido de cerraja, ballueca o cenizo en marzo tapa la lenteja y la deja sin luz justo cuando debería estar formando ramas.

Siembra en terreno limpio, escarda a mano o con azadilla dos veces —una a las tres semanas de la nascencia y otra antes de que la planta cubra el suelo— y a partir de ahí no vuelvas a entrar en el bancal: los tallos son frágiles y se parten con solo pisar cerca.

Capítulo aparte merece el jopo (Orobanche crenata), una planta parásita sin clorofila que se engancha a la raíz de las leguminosas y le chupa la savia. Emerge como un espárrago carnoso de flores blanquecinas y violáceas junto a la mata, y cuando aparece la cosecha ya está comprometida. Sus semillas duran más de una década en el suelo. Arráncalo en cuanto asome, antes de que florezca y siembre, y sácalo del huerto en bolsa cerrada. Nunca al compost.

Riego: menos del que crees

Es un cultivo de secano. Con las lluvias de un invierno normal en el interior peninsular, la lenteja se hace sola. En huerto de riego, la referencia es un aporte generoso cada 10-15 días, y solo si no llueve.

El momento en que el agua sí importa es la floración y el llenado de la vaina, entre abril y mayo. Una sequía severa en esas semanas reduce el número de vainas y deja el grano arrugado. Regar en ese punto compensa; regar antes solo produce mata.

Y desde que las vainas inferiores empiezan a amarillear, corta el riego del todo. El agua en la fase de maduración retrasa el secado, favorece la botritis en la vaina y puede hacer que el grano germine dentro.

Plagas y enfermedades

El gorgojo de la lenteja (Bruchus lentis y especies próximas) es el enemigo que más grano arruina, y lo hace después de la cosecha. El adulto pone los huevos sobre la vaina verde en el campo; la larva perfora el grano, se desarrolla dentro y emerge semanas o meses más tarde dejando ese agujero redondo tan característico en las lentejas del tarro. No hay tratamiento útil una vez dentro. Lo que funciona: cosechar en cuanto el grano está seco, sin dejar la planta de más en el bancal, y congelar toda la cosecha 72 horas a -18 °C nada más trillarla, antes de guardarla. Después se airea, se deja atemperar y se envasa en recipiente hermético.

El pulgón negro (Aphis craccivora, A. fabae) coloniza los ápices en primavera y transmite virus. El sitona (Sitona lineatus) deja mordeduras semicirculares muy reconocibles en el borde de las hojas; el adulto es cosmético, pero su larva se alimenta de los nódulos radiculares, y eso sí cuesta cosecha.

Entre las enfermedades, la roya (Uromyces viciae-fabae) forma pústulas anaranjadas en hojas y tallos en primaveras húmedas y templadas; la ascoquita (Ascochyta lentis) da manchas circulares claras con borde oscuro y se transmite por semilla; la antracnosis (Colletotrichum lentis) y la fusariosis (Fusarium oxysporum f. sp. lentis) provocan marchitez desde la base. Contra todas ellas la herramienta principal es la misma: rotación larga. No repitas lenteja —ni otra leguminosa de grano— en el mismo bancal antes de cuatro o cinco años, y usa semilla sana. Un marco de siembra que deje airearse la mata vale más que cualquier tratamiento.

Recolección y trilla

De la siembra a la cosecha pasan entre 100 y 140 días. El punto de siega es cuando dos tercios de las vainas han virado a marrón claro y suenan al agitarlas, con las hojas ya amarillas y en buena parte caídas.

Aquí hay una cuenta atrás real: las vainas maduras son dehiscentes, se abren solas y sueltan el grano al suelo. Esperar a que toda la planta esté perfectamente seca significa perder la primera parte de la cosecha en el bancal. Siega a primera hora de la mañana, con el rocío todavía sobre la mata, o a última hora de la tarde, nunca a pleno sol de mediodía con la planta crujiente: las vainas estallan al menor golpe.

Se corta la mata entera a ras de suelo —o se arranca con raíz, como se hacía tradicionalmente— y se hacen manojos que se dejan secar bajo techo y con ventilación durante una o dos semanas. Para trillar en pequeña cantidad, mete los manojos secos en un saco de tela resistente y golpéalo o písalo; luego separa el grano de la paja aventando delante de un ventilador o dejando caer el contenido de un recipiente a otro con algo de brisa.

El grano debe quedar por debajo del 13 % de humedad para conservarse: la prueba casera es que se parta limpiamente al morderlo, sin ceder. Después, congelado contra gorgojo, bote hermético, oscuridad y sitio fresco. Así aguanta años, aunque a partir del segundo tarda más en cocer.

Lo que la lenteja deja en el suelo

Cuando se acaba la cosecha no se ha acabado el cultivo. Los restos de la mata y, sobre todo, las raíces con sus nódulos aportan nitrógeno y materia orgánica al bancal. Corta la planta a ras y deja la raíz en el suelo en lugar de arrancarla, e incorpora la paja al bancal o al compost. Detrás de una lenteja van bien las coles, las espinacas o cualquier hortaliza de hoja exigente en nitrógeno.

Y si el objetivo era mejorar el suelo más que llenar el tarro, la lenteja también funciona como abono verde: se siembra densa y se siega en plena floración, antes de que forme grano, cuando el nitrógeno fijado está en su máximo.

Un apunte sobre el consumo

Las legumbres crudas contienen lectinas e inhibidores de proteasas que causan molestias digestivas. La lenteja está lejos de la judía cruda en toxicidad, pero tampoco se come cruda ni poco hecha: el remojo y la cocción completa desactivan esos compuestos. Los germinados de lenteja, fáciles de hacer en un tarro, se toleran mejor que otros brotes de leguminosa, pero conviene consumirlos en cantidades moderadas o ligeramente escaldados, y siempre con higiene estricta en el enjuagado, porque el germinado en húmedo y templado es un medio de cultivo para bacterias.

En resumen

La lenteja se siembra a 3-5 cm en febrero-marzo en el interior peninsular, o en noviembre-diciembre donde el invierno es suave, en suelo suelto, drenado y más bien pobre. No lleva abono nitrogenado: el rizobio de sus raíces se encarga, y añadir nitrógeno cambia grano por hoja. Necesita el bancal limpio de hierbas los dos primeros meses y agua solo durante la floración. Se siega cuando dos tercios de las vainas suenan secas, sin apurar, porque se abren solas, y la cosecha pasa 72 horas en el congelador antes de guardarse para acabar con el gorgojo. La rotación de cuatro o cinco años es lo que la mantiene sana. Y la producción es modesta por metro cuadrado: cultívala por la variedad, por la semilla propia y por lo que deja en el suelo, no por el ahorro.


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