La ortiga es probablemente la planta más útil de las que arrancamos sin mirar. Crece sola en los bordes del huerto, en los estercoleros, junto a las tapias y en cualquier suelo que haya recibido materia orgánica, y de ella se obtienen dos de los preparados más eficaces de la huerta orgánica: un fertilizante líquido nitrogenado y un extracto con acción repelente sobre pulgón y araña roja.

También arrastra una buena cantidad de mitología. Se dice que el purín de ortiga "mata el pulgón", que "sirve para todo" y que cuanto más concentrado mejor. Nada de eso es exacto, y aplicarlo así da resultados decepcionantes o directamente contraproducentes. Vamos por partes.

Hojas de ortiga verde para usar en el huerto

Qué tiene la ortiga que la hace tan útil

La ortiga es una planta nitrófila: solo prospera donde hay nitrógeno abundante en el suelo. Por eso aparece en corrales, en montones de estiércol viejo y en el borde de las huertas bien abonadas, y por eso su presencia es un indicador fiable de que ese suelo es fértil y rico en materia orgánica. Esa misma condición explica su valor: la ortiga concentra en sus tejidos lo que va extrayendo del suelo, y su análisis foliar es notablemente rico.

Lo que aporta al huerto es, en orden de importancia:

Nitrógeno. Es el elemento dominante en la ortiga fresca y el responsable de que sus preparados funcionen como fertilizante de crecimiento. En un extracto fermentado bien hecho, el nitrógeno está en formas rápidamente asimilables por la planta.

Hierro y magnesio. La ortiga es una acumuladora eficiente de hierro. En suelos calizos, que son la mayoría en la Península, el hierro está presente pero bloqueado, y las clorosis férricas son habituales. Un aporte foliar de extracto de ortiga alivia esas clorosis con bastante rapidez, sobre todo en tomate, pimiento y frutales jóvenes.

Sílice. Está en los pelos urticantes y en los tejidos de la planta. La sílice refuerza las paredes celulares y contribuye a que la hoja tratada sea mecánicamente menos accesible para hongos y para insectos picadores. Es el mismo principio por el que funciona la cola de caballo (Equisetum arvense), aunque esta última la contiene en mucha mayor proporción.

Potasio, calcio, azufre y microelementos como manganeso, zinc y cobre, en cantidades menores pero suficientes para que el preparado actúe como corrector polivalente.

A esto se suma un componente que no aparece en los análisis: la flora microbiana que se desarrolla durante la fermentación. Buena parte del efecto bioestimulante que se observa tras aplicar purín de ortiga no procede de los nutrientes, sino de los microorganismos y de los metabolitos que generan, que actúan sobre la rizosfera y sobre las defensas de la planta.

Lo que la ortiga hace y lo que no hace

Conviene ser preciso, porque aquí es donde falla la mayoría de la información que circula.

Sí funciona como fertilizante nitrogenado de acción rápida. El extracto fermentado diluido, aplicado al riego, es un abono de crecimiento excelente para hortalizas de hoja, para plantas en fase vegetativa y para arrancar trasplantes.

Sí funciona como bioestimulante y fortificante. Aplicado a la hoja de forma regular, la planta se muestra más vigorosa, más verde y algo más resistente a estreses. Esto está reconocido oficialmente: el extracto de Urtica figura entre las sustancias básicas autorizadas en la Unión Europea para uso fitosanitario, precisamente por su acción como fortificante vegetal.

Sí tiene acción repelente e insecticida moderada contra pulgón y araña roja, pero solo en su versión de maceración corta, no fermentada. Y aun así es un efecto de repelencia y de asfixia parcial, no una fumigación: reduce poblaciones, no las elimina.

No es un insecticida. Esta es la creencia que más conviene corregir. El purín de ortiga fermentado, ese líquido oscuro y maloliente que se deja dos semanas, ha perdido casi por completo la capacidad insecticida. Es un abono. Si tiene una invasión de pulgón y rocía purín fermentado esperando que muera, no va a pasar nada. Peor todavía: al aportar nitrógeno de golpe, los brotes se vuelven más tiernos y suculentos, que es exactamente lo que el pulgón busca. Se puede empeorar el problema queriendo resolverlo.

No es un fungicida. Ayuda de forma indirecta al reforzar los tejidos, pero contra mildiu u oídio declarados no hace nada. Para eso están el cobre, el azufre, el bicarbonato potásico o la cola de caballo.

Tipos de ortiga: cuáles sirven y cuál no lo es

En la Península encontrará básicamente tres especies del género Urtica, todas ellas de la familia de las urticáceas y todas válidas para estos preparados.

Ortiga mayor o ortiga verde (Urtica dioica). Es la más conocida y la mejor para preparados. Planta perenne y rizomatosa que alcanza entre 50 cm y 1,5 m, con hojas grandes, opuestas, acorazonadas y de borde muy dentado. Como indica su nombre, es dioica: hay pies masculinos y pies femeninos separados. Forma colonias densas mediante rizomas amarillentos que rebrotan cada año. Prefiere zonas frescas, húmedas y de media montaña, y en el norte peninsular es abundantísima.

Ortiga menor o ortiga romana (Urtica urens). Anual, mucho más pequeña, entre 10 y 60 cm, con hojas más redondeadas y de un verde claro. A diferencia de la anterior es monoica: lleva flores masculinas y femeninas en la misma planta. Es la ortiga típica de los huertos y de los terrenos removidos de clima seco, y la que más se ve en el centro y sur peninsular. Su picadura es proporcionalmente más intensa que la de la mayor, y sirve igual de bien para purines.

Ortiga de membrana (Urtica membranacea). Anual, de distribución mediterránea, frecuente en el litoral y en el sur. Se reconoce por sus inflorescencias masculinas en espigas alargadas y aplanadas, con aspecto de cinta. También es aprovechable.

Y ahora la confusión clásica: la ortiga muerta o ortiga blanca (Lamium album, y sus parientes Lamium purpureum y Lamium amplexicaule) no es una ortiga. Es una labiada, de la misma familia que la menta y el romero, y no pica en absoluto. Se le parece por la forma de la hoja, pero se distingue al instante por dos detalles: el tallo es de sección cuadrada y las flores son grandes, tubulares y bien visibles, blancas o rosadas, mientras que las de la ortiga verdadera son diminutas, verdosas y colgantes en racimos. Si la coge sin guantes y no le pasa nada, no es ortiga y no le servirá para el purín.

Mata de ortigas creciendo junto al huerto

Recolección: cuándo, dónde y cómo

El momento importa. La ortiga alcanza su máxima concentración de nitrógeno antes de florecer, en plena fase de crecimiento vegetativo. En la Península eso significa principalmente de marzo a mayo, y de nuevo en el rebrote de septiembre-octubre si el otoño viene húmedo. Una vez la planta ha florecido y ha empezado a granar, su valor cae y además los pelos urticantes están más endurecidos.

Se corta la parte aérea, dejando unos centímetros del tallo para que rebrote. No hace falta arrancar la raíz; de hecho, interesa mantener la mata viva para cortarla varias veces al año.

Dónde recolectar es más importante de lo que parece. La ortiga es una acumuladora, y acumula lo que hay. No recolecte en cunetas de carretera, donde acumula metales pesados y residuos de combustión; ni en bordes de fincas tratadas con herbicida, donde puede llevar glifosato u otras materias activas; ni junto a vertederos o suelos contaminados. Busque zonas de monte, bordes de acequia limpios, huertos ecológicos o su propio terreno.

En cuanto a la protección, use guantes gruesos y manga larga. La urticación de la ortiga no es alergia: los pelos son microjeringuillas de sílice que se rompen al tocarlas e inyectan un cóctel de histamina, acetilcolina, serotonina y ácidos orgánicos. La irritación es mecánica y química a la vez. Un truco de campo que funciona: agarrar el tallo con firmeza y de abajo hacia arriba, porque los pelos apuntan hacia el ápice y así se doblan en lugar de clavarse. Requiere convicción y no es infalible; los guantes son más fiables.

El purín de ortiga o extracto fermentado

Es el preparado estrella y el más malinterpretado. Su función es fertilizar y bioestimular, no combatir plagas.

Materiales. Un recipiente de plástico, madera o barro, nunca metálico, porque el líquido resultante es ácido y ataca el metal alterando el preparado. Con tapa que no cierre hermética, porque debe salir el gas de la fermentación. Un palo para remover y una tela o malla fina para filtrar.

Proporción. 1 kg de ortiga fresca por cada 10 litros de agua. Si usa ortiga seca, baje a 200 g por 10 litros, porque la seca pesa mucho menos a igualdad de material. El agua, preferiblemente de lluvia o reposada: el cloro del agua de red frena la fermentación al eliminar parte de la flora microbiana que necesitamos.

Proceso. Trocee la ortiga, métala en el recipiente y cúbrala con el agua sin llenar hasta arriba, porque el preparado hace espuma. Colóquelo a la sombra, no al sol, y a ser posible lejos de ventanas y de vecinos: huele muy mal, y eso no es un defecto sino la señal de que está fermentando.

Remueva a diario, un minuto largo, para oxigenar. Esto es importante: sin remover, la fermentación se vuelve anaeróbica y putrefacta, y el preparado pierde calidad. Durante los primeros días verá una espuma abundante en la superficie.

Cuándo está listo. El indicador es la espuma. Mientras al remover suban burbujas, la fermentación sigue activa. Cuando deja de burbujear al agitar y el líquido se ha oscurecido, el purín está terminado. A temperaturas de 18-20 °C tarda entre 10 y 15 días; en verano, con 25-30 °C, puede estar en una semana; en invierno puede pasar de tres semanas o directamente no fermentar bien.

Filtrado y conservación. Cuele bien con tela o malla, sobre todo si va a aplicarlo con mochila, porque los restos vegetales obstruyen las boquillas. Guárdelo en garrafas opacas, bien llenas y bien cerradas, en lugar fresco. Así se conserva entre 6 meses y un año. Los restos sólidos filtrados van al compost o directamente como acolchado al pie de las plantas.

Dosis de aplicación. Aquí está el segundo error frecuente, aplicarlo demasiado concentrado. Las diluciones de referencia son:

Para riego al suelo: 1 parte de purín por 10 de agua (10 %). Es la aplicación principal y la más eficaz.

Para pulverización foliar: 1 parte por 20 de agua (5 %). Más concentrado puede quemar la hoja, especialmente en plantas jóvenes y en días soleados.

Para plántulas y semilleros: 1 parte por 20 o incluso 1 por 50. Son muy sensibles al exceso de nitrógeno.

Aplique cada 10-15 días durante la fase de crecimiento, siempre a primera hora de la mañana o al atardecer, nunca con sol fuerte sobre la hoja mojada.

La maceración fresca: esta sí actúa contra el pulgón

Es un preparado distinto, mucho más rápido, y es el que tiene efecto sobre insectos de cuerpo blando.

Misma proporción de partida, 1 kg de ortiga fresca por 10 litros de agua, pero se deja en remojo solo entre 12 y 72 horas, es decir, se detiene antes de que arranque la fermentación. En cuanto empiece a oler mal y a hacer espuma, ya se ha pasado y se ha convertido en purín.

Se filtra y se aplica diluido al 20 % (1 parte por 5 de agua) sobre el follaje afectado, insistiendo en el envés de las hojas y en los brotes tiernos, que es donde se concentran el pulgón y la araña roja. Repita cada 3-4 días mientras dure el ataque.

Añadir un poco de jabón potásico a la mezcla mejora bastante el resultado, porque mejora la adherencia y aporta acción sobre el propio insecto. De hecho, en un ataque serio de pulgón, el jabón potásico es el tratamiento y la ortiga es el refuerzo, no al revés.

Preparado de ortigas macerando en un recipiente

Otros usos de la ortiga en el huerto

Activador de compost. La ortiga fresca es un material verde muy rico en nitrógeno y bajo en carbono, justo lo que necesita un compost dominado por hojas secas, paja o restos de poda. Añadida en capas o en forma de purín regado sobre el montón, acelera el arranque térmico de forma notable.

Acolchado. Las ortigas segadas y dejadas secar unas horas se pueden extender al pie de tomates, pimientos o calabacines. Se descomponen deprisa y ceden nitrógeno directamente al suelo.

Refugio de fauna auxiliar. Este uso es el más infravalorado. La ortiga aloja un pulgón propio, Microlophium carnosum, que es específico de la ortiga y no ataca a las hortalizas. Aparece muy pronto en primavera y sirve de primer alimento a mariquitas, sírfidos y crisopas, que así están instalados y multiplicándose antes de que el pulgón llegue a nuestras plantas. Un rincón de ortigas en un borde del huerto es, literalmente, un criadero de depredadores.

Además, las ortigas son planta nutricia de las orugas de varias mariposas comunes: la ortiguera (Aglais urticae), la vanesa de los cardos y la pavo real (Aglais io). Si quiere mariposas en el huerto, deje ortigas.

Enraizante suave. Sumergir esquejes unas horas en maceración diluida de ortiga favorece el enraizado. El efecto es real pero modesto; no espere los resultados de una hormona comercial.

Errores y precauciones

No aplicar sin diluir. El purín puro quema raíces y hojas. Es la causa más frecuente de que alguien diga que "el purín le mató las plantas".

No abusar del nitrógeno. El purín de ortiga es un abono de crecimiento y debe usarse en la fase vegetativa. Aplicarlo durante la floración y el cuaje de tomates, pimientos o cucurbitáceas provoca lo contrario de lo que se busca: mucha hoja, tallos blandos y poco fruto. En esa fase la planta pide potasio, no nitrógeno.

No usarlo en leguminosas. Judías, guisantes, habas y garbanzos fijan su propio nitrógeno mediante simbiosis con rizobios. Aportarles nitrógeno externo inhibe la nodulación y les hace un flaco favor.

No aplicarlo sobre hortalizas de hoja poco antes de cosechar. No es una cuestión de toxicidad, sino de sentido común higiénico y de sabor: espere al menos una o dos semanas entre la última aplicación foliar y el consumo, y lave bien.

No fermentar en recipiente hermético. El gas generado puede llegar a reventar el envase.

No dejarlo fermentar indefinidamente. Un purín olvidado dos meses no es más potente, es un residuo anaeróbico que ha perdido buena parte de su nitrógeno en forma de amoníaco a la atmósfera.

Y una advertencia sobre la propia planta: Urtica dioica se reproduce por rizomas y es invasora en el huerto si la deja a su aire. Confínela a un rincón, mejor con una barrera enterrada o dentro de un contenedor sin fondo, y siéguela antes de que grane si no quiere ortigas en todos los bancales.

En resumen

La ortiga (Urtica dioica y Urtica urens, principalmente) es una acumuladora de nitrógeno, hierro y sílice que en el huerto orgánico rinde en dos formatos distintos y que conviene no confundir.

El purín fermentado —1 kg de ortiga fresca en 10 litros de agua, removido a diario a la sombra durante 10-15 días, hasta que deje de burbujear— es un fertilizante y bioestimulante. Se aplica al riego diluido al 10 % y a la hoja al 5 %, en fase de crecimiento, cada 10-15 días. No mata pulgones; de hecho, aplicado en pleno ataque puede empeorarlo por exceso de nitrógeno.

La maceración corta de 12 a 72 horas, sin fermentar, diluida al 20 % y aplicada al envés de las hojas, sí tiene acción repelente sobre pulgón y araña roja, y mejora combinada con jabón potásico.

Recolecte antes de la floración, en primavera, con guantes, y nunca en cunetas ni en fincas tratadas. Y deje un rincón de ortigas sin tocar: su pulgón específico alimenta a las mariquitas antes de que llegue el pulgón que sí le importa. Eso vale más que muchos tratamientos.


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