La judía verde es de los cultivos más rápidos y más productivos del huerto de verano: se siembra directamente en el suelo, no necesita semillero ni trasplante, y desde la siembra hasta la primera vaina pasan entre dos meses y dos meses y medio. Es además una leguminosa, así que fija nitrógeno atmosférico y deja el bancal mejor de lo que lo encontró.
Todo lo que se cultiva bajo los nombres de judía verde, vaina, habichuela, bajoca o fréjol pertenece casi siempre a la misma especie, Phaseolus vulgaris, de origen americano. La diferencia entre una judía verde y una judía de grano no es la especie, es el momento de recolección y la variedad: unas se han seleccionado para comer la vaina tierna y otras para dejar granar la semilla.
Las vainas se cosechan antes de que granen. Resultan más tiernas y la planta sigue produciendo flores y vainas nuevas. / Bazza1960
De enrame o de mata baja
Es la primera decisión y cambia el manejo por completo.
Las de enrame o mata alta trepan enrollando el tallo y superan sin problema los dos metros. Necesitan estructura, montada antes de sembrar, no después. Producen durante mucho más tiempo, entre seis y ocho semanas de cosecha continua, y rinden bastante más por metro cuadrado porque aprovechan la vertical. Son la opción si tienes sitio para una malla o un tipi de cañas.
Las de mata baja o enanas se quedan en 40 o 50 centímetros, no necesitan tutor y empiezan a producir antes, pero concentran casi toda la cosecha en dos o tres semanas. Van perfectas en maceta y en jardinera, y en el suelo se manejan con siembras escalonadas cada dos o tres semanas para tener producción continua.
Lo práctico en un huerto familiar es combinar las dos: una tanda de enanas para adelantar la cosecha y una hilera de enrame que se ocupe del resto del verano.
Cuándo sembrar en España
La judía no soporta el frío. Se hiela con cualquier helada y la semilla no germina bien en suelo frío: por debajo de unos 12 grados de temperatura del suelo se pudre antes de nacer. Ese es el límite que marca el calendario.
En el litoral mediterráneo y el sur, la siembra empieza a finales de marzo o en abril y se puede escalonar hasta finales de julio, con recolecciones desde junio hasta octubre. En pleno julio y agosto hay un matiz: por encima de 32 o 35 grados las flores abortan y la planta deja de cuajar durante unos días, de modo que la producción se interrumpe y se reanuda cuando refresca.
En el interior peninsular y el norte, la siembra se retrasa a mayo, cuando ya no hay riesgo de helada tardía, y se escalona hasta junio o principios de julio. Sembrar más tarde no compensa: la planta no llega a producir antes del frío otoñal.
Una siembra nueva cada dos o tres semanas hasta el límite de tu zona es la forma más sencilla de tener judías todo el verano.
Siembra y marco
Siembra directa siempre. La judía tiene raíz pivotante y el trasplante la retrasa más de lo que se gana adelantando en semillero.
Se ponen tres o cuatro semillas por golpe, a unos 3 centímetros de profundidad, y luego se aclara dejando las dos más vigorosas. Los golpes se separan unos 30 o 40 centímetros en las de enrame y 20 o 25 en las enanas, con 50 o 60 centímetros entre líneas.
No riegues justo después de sembrar si el suelo ya tiene humedad. La semilla de judía es grande y absorbe mucha agua; en suelo saturado y frío se pudre con facilidad. Riega antes de sembrar y no vuelvas a hacerlo hasta que asome la plántula.
Para las de enrame, monta el tipi de cañas o la malla antes de sembrar, y siembra alrededor de cada caña. Meter tutores después significa clavarlos entre raíces ya formadas.
Suelo, riego y abonado
Quiere suelo suelto, fértil y que drene, con pH próximo al neutro, entre 6 y 7,5. Se defiende razonablemente en los suelos calizos del este y el sur, aunque en calizas muy activas puede aparecer clorosis, que se corrige mejorando la materia orgánica del suelo año a año.
Sobre el abonado, la regla es la misma que en el guisante: nada de fertilizantes ricos en nitrógeno. Las bacterias del género Rhizobium asociadas a sus raíces fijan nitrógeno atmosférico, y un exceso de nitrógeno da matas enormes, tiernas, llenas de pulgón y con pocas vainas. Un aporte de compost antes de sembrar es todo lo que necesita.
El riego es constante y abundante desde la floración. La falta de agua en ese momento se traduce directamente en flores caídas y vainas fibrosas. Riega siempre al pie y nunca por encima: el follaje mojado es lo que dispara la roya y la antracnosis, que son los dos problemas serios del cultivo. Un acolchado de paja mantiene la humedad y baja la temperatura del suelo, cosa que se agradece mucho en julio.
Plagas y enfermedades
- Araña roja. El problema número uno en verano seco y caluroso. Punteado amarillo en el haz, telarañas finas en el envés y hojas que se secan. Aumentar la humedad ambiental y no dejar que la planta pase sed la mantiene a raya.
- Pulgón negro. Se instala en los brotes tiernos y en el envés. Jabón potásico al atardecer y revisión temprana.
- Roya (Uromyces appendiculatus). Pústulas pardo rojizas en el envés de las hojas, típicas de final de verano. Se previene con marcos amplios, riego al pie y retirada de restos al terminar el cultivo.
- Antracnosis. Manchas oscuras y hundidas en las vainas. Muy favorecida por el follaje mojado. No manipules las plantas cuando estén húmedas, porque se disemina con el contacto.
- Mosca blanca. Frecuente en invernadero y en terrazas resguardadas. Trampas cromáticas amarillas para detectarla pronto.
Y una regla de rotación: no repitas leguminosas en el mismo sitio durante tres años, para no acumular hongos de suelo.
Variedades por color
Verdes. Las clásicas. Entre las de enrame, tipos como Abundancia, de vaina cilíndrica y recta sin hilo, o Parma y Maravilla de Venecia, de vaina plana y ancha, que son las que buscan quienes prefieren la judía plana de toda la vida. Entre las enanas, tipos como Roma, de vaina carnosa y buena resistencia.
Amarillas o mantecosas. De vaina amarilla pálida, textura tierna y sabor suave. Maravilla de Venecia en enrame y Capitano en mata baja son de las más extendidas. Tienen la ventaja práctica de que se ven muy bien entre el follaje verde y no se queda ninguna sin coger.
Violetas. Amethyst y similares, de vaina morada intensa y sin hilo. Aquí conviene saber una cosa: el color morado son antocianinas, que son hidrosolubles y se degradan con el calor, así que la judía violeta se vuelve verde en cuanto la escaldas. Tiene su gracia como cronómetro visual de la cocción, pero si esperabas un plato morado, no lo va a haber.
Jaspeadas. Maravilla de Piamonte, también llamada Lengua de Fuego, con vainas amarillentas veteadas de rojo o violeta. Muy vistosa, y también pierde el veteado al cocerse.
La cosecha, y un aviso
Recolecta cada dos o tres días, con la vaina todavía tierna y antes de que se marquen los granos. El tamaño exacto depende mucho de la variedad, así que la referencia útil no es el centímetro sino el tacto: la vaina debe partirse limpiamente al doblarla, sin hilos y sin sonar seca.
Sujeta el tallo con una mano y tira de la vaina con la otra, o corta con tijeras. Las ramas de la judía son frágiles y arrancar a lo bruto se lleva media planta. Dejar madurar una sola vaina en la mata es la señal que le dice a la planta que su ciclo ha terminado, y deja de emitir flores.
Aviso. Las judías no se comen crudas. Las semillas de Phaseolus vulgaris contienen fitohemaglutinina, una lectina que provoca trastornos digestivos y que se destruye con la cocción. La concentración es mucho mayor en el grano seco que en la vaina tierna, pero la norma es la misma: se cocinan siempre, y el agua de remojo de las judías secas se desecha.
En resumen
Siembra directa cuando el suelo pase de 12 grados: abril en el sur y el litoral, mayo en el interior y el norte, escalonando cada dos o tres semanas. Elige enrame si tienes sitio para una estructura, porque produce mucho más y durante más tiempo, y enanas para maceta o para adelantar la primera cosecha. Monta el tutor antes de sembrar.
No abones con nitrógeno, riega abundante y al pie desde la floración, acolcha para mantener la humedad en verano y recolecta cada dos o tres días con la vaina tierna. Las variedades violetas y jaspeadas son estupendas en la mata y pierden el color al cocerse, cosa que conviene saber antes de plantar la hilera entera.