El guisante (Pisum sativum) es un cultivo de invierno y primavera temprana, no de verano. Esa es la clave que explica todo lo demás: se siembra cuando el suelo está fresco, produce mientras las temperaturas se mantienen suaves y se apaga en cuanto llegan los primeros días de calor fuerte. En la mayor parte de España eso significa sembrar entre octubre y febrero y recolectar entre abril y junio.

Es además una leguminosa, así que fija nitrógeno atmosférico gracias a las bacterias del género Rhizobium que colonizan sus raíces. Abonarlo con productos ricos en nitrógeno es contraproducente: crecen matas grandes y frondosas con pocas vainas. Lo que sí agradece es fósforo y potasio, y un suelo que drene.

En los huertos de cierto tamaño, las mallas o enrejados son lo óptimo para guiar el desarrollo de los guisantes de enrame. photo

Qué tipo de guisante te interesa

Antes de comprar semilla conviene saber qué se está eligiendo, porque bajo el nombre de guisante conviven cosas bastante distintas.

Por el porte, hay variedades de mata baja (entre 40 y 70 centímetros, casi se sostienen solas) y variedades de enrame, que superan el metro y medio y necesitan estructura. Las de enrame producen bastante más por metro cuadrado y durante más tiempo. Las de mata baja concentran la cosecha en pocas semanas, lo que va bien si se quiere liberar el bancal pronto.

Por el grano, se distinguen los de semilla lisa y los de semilla rugosa. Los lisos son más rústicos, resisten mejor el frío y por eso son los que se siembran en otoño. Los rugosos acumulan más azúcares y son claramente más sabrosos, pero germinan peor en suelo frío y húmedo, así que se reservan para las siembras de final de invierno.

Por lo que se come, están los de desgranar (se aprovecha el grano y se tira la vaina), los tirabeques (Pisum sativum var. macrocarpon), de vaina plana y tierna que se come entera antes de que el grano engorde, y los llamados de vaina redonda o sugar snap, también enteros pero con el grano ya formado. Para un huerto pequeño los tirabeques rinden mucho: se aprovecha todo el volumen y no hay que desgranar.

Cuándo sembrar en España

El calendario cambia bastante según dónde estés, y aquí es donde fallan los consejos genéricos.

En la franja mediterránea, el sur y las zonas de invierno suave, la siembra de otoño (octubre y noviembre) es la mejor opción. Las plantas pasan el invierno creciendo despacio, arrancan con fuerza en cuanto sube la temperatura y se cosecha en marzo y abril, antes de que el calor las corte. Es el ciclo tradicional en Andalucía, Levante y buena parte de Extremadura.

En el interior peninsular y las zonas de heladas fuertes, esa siembra de otoño es arriesgada porque las plántulas quedan expuestas. Ahí se siembra a final de invierno, entre febrero y marzo, en cuanto el suelo se pueda trabajar y no esté encharcado. La cosecha llega en mayo y junio.

En el norte atlántico, con inviernos suaves y veranos frescos, la ventana es más ancha y el cultivo aguanta más tiempo porque el calor no aprieta tan pronto. En cualquiera de los tres casos, sembrar en dos o tres tandas separadas por un par de semanas alarga bastante la recolección.

Siembra y marco de plantación

El guisante se siembra directamente en su sitio. El trasplante no le sienta bien porque la raíz principal sufre, y la ventaja de adelantarlo en semillero es escasa.

Se ponen las semillas a unos 3 o 4 centímetros de profundidad, en golpes de tres o cuatro separados unos 20 o 25 centímetros, o en línea continua dejando entre 5 y 8 centímetros. Entre líneas, al menos 50 centímetros en variedades bajas y 70 u 80 en las de enrame, para poder recolectar y para que circule el aire.

Un detalle importante: no regar abundantemente justo después de sembrar si el suelo ya está húmedo. La semilla de guisante se pudre con facilidad en tierra fría y saturada. Se riega antes de sembrar, se siembra sobre tierra con tempero y no se vuelve a regar hasta la emergencia.

Suelo, riego y calizas

Prefiere suelos sueltos, profundos y bien drenados, con pH entre neutro y ligeramente ácido. En los suelos calizos del este y el sur, muy frecuentes en el litoral mediterráneo y el valle del Ebro, el guisante se defiende razonablemente bien, mejor que otras leguminosas, aunque en calizas muy activas puede aparecer clorosis férrica (hojas jóvenes amarillentas con las nervaduras verdes). Aportar materia orgánica bien descompuesta año tras año es lo que más ayuda ahí, porque mejora la estructura y la disponibilidad de hierro.

El riego tiene dos momentos críticos: la floración y el llenado de las vainas. Fuera de esos periodos el guisante de siembra otoñal suele salir adelante con la lluvia. En cuanto aparecen las flores, la falta de agua se traduce directamente en vainas vacías o granos pequeños. Riega de forma regular y por goteo o a pie de planta: mojar el follaje favorece el oídio, que es el problema más habitual del cultivo en primavera.

El encharcamiento lo mata. Si el suelo es pesado y se apelmaza, es mejor sembrar sobre caballón elevado.

Entutorado

Las variedades de enrame necesitan la estructura montada antes de que los zarcillos empiecen a buscar. Si esperas a que las plantas se tumben, luego levantarlas es incómodo y se rompen tallos.

Funcionan bien tres soluciones: una malla vertical de cuadrícula ancha entre dos postes, que es lo más cómodo para recolectar; un tipi de cañas atadas en el vértice, más estable frente al viento; o una doble hilera de cañas cruzadas en X con un travesaño horizontal, que aguanta bien el peso de plantas cargadas y mojadas. En mata baja basta con unas ramas secas clavadas entre las plantas, o nada si el marco es apretado.

Guisantes en maceta

Es uno de los cultivos que mejor funciona en terraza, con dos condiciones. La primera, profundidad: mínimo 25 o 30 centímetros de sustrato, y mejor una jardinera larga que una maceta redonda pequeña. La segunda, sol: al menos cinco o seis horas directas, con orientación sur o este.

Elige variedades de mata baja o tirabeques enanos, salvo que puedas montar una malla contra la pared. Riega con más frecuencia que en suelo, comprobando antes que los primeros centímetros se han secado. Un sustrato con algo de fibra de coco o perlita evita el apelmazamiento típico de las jardineras de temporada larga.

Plagas y problemas frecuentes

Pulgón. Aparece en primavera en los brotes tiernos y transmite virus. La revisión temprana y el jabón potásico suelen bastar en huerto familiar; las mariquitas hacen el resto si no se abusa de tratamientos.

Oídio. Polvo blanco en hojas y tallos, típico de finales de primavera cuando alternan noches frescas y días cálidos. Se previene con marcos amplios, riego sin mojar hoja y variedades resistentes. Una vez instalado, el cultivo ya está de salida.

Gorgojo del guisante (Bruchus pisorum). La hembra pone sobre la vaina joven y la larva se desarrolla dentro del grano. Se detecta al desgranar, con un orificio circular. Afecta sobre todo a la semilla guardada para el año siguiente: conservarla unos días en el congelador antes de almacenarla corta el ciclo.

Muescas semicirculares muy regulares en el borde de las hojas. Son gorgojos del género Sitona. En plantas crecidas el daño es estético; en plántulas recién nacidas sí puede frenarlas.

Y una regla de rotación: no repitas guisante ni otras leguminosas en el mismo bancal durante tres o cuatro años. Los hongos de suelo que provocan podredumbre de raíz se acumulan y no hay tratamiento razonable en huerto doméstico.

La cosecha, que es donde se gana o se pierde

El guisante pierde dulzor a gran velocidad después de recolectado, porque los azúcares se convierten en almidón en cuestión de horas. Esa es toda la diferencia entre un guisante de huerto y uno de mercado, y por eso merece la pena cultivarlo aunque sea barato de comprar.

En los de desgranar, recoge cuando la vaina esté llena y el grano se marque bien pero la vaina siga verde brillante y flexible. Si amarillea o se vuelve correosa, el grano ya está harinoso. En tirabeques, recoge la vaina plana, antes de que el grano se note.

Recolecta cada dos o tres días. Dejar vainas maduras en la planta le dice que ha terminado su ciclo y para la producción de flores nuevas. Y cuando el cultivo acabe, corta las matas a ras de suelo en lugar de arrancarlas: las raíces con sus nódulos se quedan en la tierra y el nitrógeno fijado queda disponible para el cultivo siguiente.

El guisante lágrima

Merece mención aparte porque genera mucha confusión. El llamado guisante lágrima es una producción muy localizada de la costa guipuzcoana, en el entorno de Getaria y Zarautz, con superficie cultivada mínima y recolección manual grano a grano en un punto de maduración muy temprano, cuando el grano es diminuto y translúcido. Esa combinación de escasez, mano de obra y ventana de recolección brevísima explica que se venda a precios de cientos de euros el kilo.

No es una especie distinta ni una variedad que se compre en sobre y dé lo mismo en cualquier huerto: depende del clima atlántico, del manejo y de cosechar mucho antes de lo que nadie cosecharía por rentabilidad.

En resumen

El guisante es un cultivo de estación fresca que se siembra directo en el suelo, de otoño en las zonas de invierno suave y de final de invierno en el interior. No necesita abono nitrogenado porque fija su propio nitrógeno, sí agradece fósforo, potasio y materia orgánica, y exige drenaje: el encharcamiento y el suelo frío y saturado son sus dos enemigos en la fase de nascencia.

A partir de la floración, riego regular sin mojar el follaje y recolección cada pocos días. Las variedades de enrame rinden más pero necesitan la estructura montada a tiempo; las de mata baja y los tirabeques van muy bien en jardinera de terraza con 25 o 30 centímetros de fondo. Y todo el sentido de cultivarlo en casa está en el momento de la cosecha, porque el dulzor se pierde en horas y eso no hay forma de comprarlo.


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