Nada tiene que ver con el granado. La granada china es Passiflora ligularis, una trepadora de la familia de las pasifloráceas, prima hermana del maracuyá y originaria de los Andes húmedos. El nombre despista tanto que buena parte de quien la compra espera un arbolito de frutos rojos y granos jugosos, y se encuentra con una liana de zarcillos que necesita muros, alambres o pérgola para sostenerse.
En Hispanoamérica se la conoce sobre todo como granadilla, y ese es el nombre que verás en la etiqueta si compras el fruto en una frutería especializada: cáscara naranja, dura y quebradiza, del tamaño de un huevo grande, con pequeños puntos blancos. Dentro, una pulpa translúcida grisácea, muy aromática, dulce y con muy poca acidez, cuajada de semillas negras crujientes que se comen con ella.
Cómo distinguirla del maracuyá
La confusión más habitual en vivero se resuelve mirando la hoja. La de Passiflora ligularis es acorazonada y entera, de 8 a 20 cm, con el borde liso o apenas ondulado. La del maracuyá (Passiflora edulis) es trilobulada y con el borde aserrado. Si el ejemplar que te ofrecen tiene hojas de tres lóbulos, estás comprando maracuyá, cueste lo que cueste el cartel.
El fruto también se separa solo: el de la granadilla es naranja y de piel dura y lisa, y su pulpa es dulce; el del maracuyá es morado o amarillo, se arruga al madurar y su pulpa es marcadamente ácida. Hay una tercera especie que también circula bajo nombres parecidos, la badea o granadilla gigante (Passiflora quadrangularis), con tallos de sección cuadrada y frutos que pasan del kilo. Son tres plantas distintas con exigencias distintas.
El clima manda, y aquí es el problema
La granadilla es una especie de montaña tropical. En Colombia, Perú o Ecuador se cultiva entre los 1.200 y los 2.600 metros de altitud, con medias anuales de 15 a 18 ºC, sin heladas, con lluvia bien repartida y humedad ambiental alta. Esa combinación —fresco constante, sin frío invernal y sin golpes de calor— es justo la que no existe en la España peninsular.
Traducido a la práctica:
- Canarias, en las medianías del norte de las islas, es el único sitio de España donde la granadilla se comporta con normalidad al aire libre.
- En la costa mediterránea y el litoral atlántico sur, libres de helada fuerte, puede vivir y llegar a fructificar en un rincón protegido, con sombreo en verano y riego constante. La planta aguanta; el cuajado es irregular.
- En el interior peninsular no tiene recorrido en suelo. Por debajo de 0 ºC se quema el follaje, y una helada de -2 ºC mata la planta entera salvo que rebrote de la base.
Lo que casi nunca se cuenta es que el calor le hace tanto daño como el frío. Por encima de 30 ºC sostenidos y con humedad relativa baja, la flor aborta y la planta detiene el cuajado aunque esté regada. Un julio de meseta la para en seco. Si vives fuera de la franja litoral suave, plantéala en maceta grande (40 litros o más) sobre una espaldera móvil, con sombreo de media tarde en verano y refugio en invernadero o galería fría durante el invierno.
Suelo, riego y soporte
Quiere suelo suelto, profundo, rico en materia orgánica y con drenaje impecable, en pH ligeramente ácido (5,5 a 6,5). El encharcamiento le es fatal: unas horas de agua parada en el cuello bastan para abrir la puerta a Phytophthora y Fusarium, que son la causa de la mayoría de las muertes súbitas de plantas adultas. Si tu terreno es arcilloso, plántala sobre caballón de 30-40 cm y olvídate del hoyo hondo.
El riego debe ser frecuente y moderado, nunca a golpes: la planta es de raíz superficial y no soporta que el sustrato se seque del todo entre riegos, pero tampoco tolera el barro permanente. Un acolchado orgánico de 5-8 cm, separado unos centímetros del tronco, resuelve la mitad del problema.
El soporte hay que montarlo antes de plantar. Trepa por zarcillos y necesita algo fino donde agarrarse: malla de alambre, cuerdas tensadas o emparrado. Una liana adulta cubre con facilidad de 5 a 8 metros y pesa lo suyo cargada de fruta, así que la estructura tiene que ser sólida. Un muro liso, sin malla, no le sirve de nada.
Poda y conducción
El esquema clásico es el de emparrado: se conduce un solo tallo guía hasta el alambre superior, eliminando todos los brotes laterales por debajo, y allí arriba se dejan dos brazos principales en direcciones opuestas. De esos brazos cuelgan los brotes fructíferos.
La clave está en que la flor sale en el crecimiento del año. Una planta que no emite brotes nuevos no da fruta, por muy frondosa que se vea. Por eso, tras cada cosecha se despuntan los ramos ya agotados para forzar rebrote, y se aclara el interior: una maraña cerrada mantiene la humedad, favorece los hongos y deja la floración en la periferia.
En abono, materia orgánica al plantar y después aportes equilibrados durante el crecimiento, subiendo la proporción de potasio desde la floración hasta la cosecha. El exceso de nitrógeno produce lianas espectaculares y estériles.
La flor y el cuajado
La flor de la granadilla es blanquecina y verdosa, de 7 a 10 cm, con la corona de filamentos rayada en blanco y morado. Abre por la mañana y dura poco. En su zona de origen la poliniza sobre todo el abejorro, y donde no hay polinizador eficaz el cuajado se desploma.
Si tienes flores y no tienes frutos, antes de culpar al abono revisa esto: mañanas con lluvia o humedad muy alta (el polen se apelmaza), calor extremo al mediodía, o simplemente ausencia de insectos. La polinización manual con un pincel suave, a media mañana y de flor en flor, multiplica la cosecha en cultivo doméstico. Tener dos plantas de origen distinto también ayuda, porque la autofertilidad es parcial y variable.
Plagas y enfermedades
La mosca mediterránea de la fruta (Ceratitis capitata) es el enemigo serio en clima cálido: pica el fruto cuando empieza a virar de color y lo echa a perder por dentro. El embolsado individual de los frutos jóvenes, con bolsa de papel o de malla fina, es la medida más eficaz y la más barata a escala de huerto.
Los pulgones importan menos por lo que chupan que por lo que transmiten: son vectores de virosis que endurecen y deforman el fruto, y para las cuales no hay tratamiento. Una planta virosada se arranca. La araña roja aparece en ambiente seco y caluroso, sobre todo en cultivo protegido; se combate subiendo humedad y ventilando. Y las cochinillas se instalan en las axilas y en la cara inferior de las hojas de las plantas mal aireadas.
Recolección y consumo
El fruto se recoge cuando la cáscara pasa de verde a naranja uniforme, cortándolo con un trozo de pedúnculo en lugar de tirar de él. Recolectado en ese punto y guardado en fresco, aguanta dos o tres semanas sin problema. Recogido verde no acaba de coger dulzor y sabe a poco. Desde semilla, una planta suele tardar de dos a tres años en dar la primera cosecha.
Se come la pulpa con las semillas, en cuchara, y va bien en zumos, sorbetes y macedonias. La cáscara y la capa esponjosa blanca no se consumen. Conviene además una advertencia: las hojas y los frutos verdes de muchas pasifloras contienen glucósidos cianogénicos y no son comestibles, así que no se aprovechan como verdura ni en infusión. La pasiflora que se usa tradicionalmente como sedante es otra especie, Passiflora incarnata, y no debe darse por intercambiable con esta.
Multiplicación
Por semilla fresca, extraída del fruto y limpiada de pulpa, sembrada a 1 cm de profundidad y mantenida entre 20 y 25 ºC: germina en tres a seis semanas, de forma irregular. La semilla seca de mucho tiempo pierde poder germinativo deprisa.
Por esquejes semileñosos de brotes del año, de unos 20 cm con dos o tres nudos, en primavera o principios de verano, con hormona de enraizamiento y bajo alta humedad. Y por acodo, que en una liana larga es lo más sencillo de todo: se entierra un tramo de tallo, se espera unos meses y se separa ya enraizado. Esquejes y acodos tienen la ventaja de conservar el tipo de la planta madre y adelantar la entrada en producción.
En resumen
La granada china es Passiflora ligularis, una liana andina de fruto naranja y pulpa dulce que no guarda parentesco con el granado ni es lo mismo que el maracuyá: hoja entera y acorazonada frente a hoja de tres lóbulos. Es planta de montaña tropical, así que en España encaja bien en Canarias y de forma marginal en el litoral libre de heladas; en el resto, cultivo en maceta con invernada protegida. Necesita soporte firme montado de antemano, suelo drenado y ligeramente ácido, riego constante sin encharcar y poda que renueve el brote del año, porque ahí es donde nace la flor. Si florece y no cuaja, prueba a polinizar a mano; si el fruto se pudre por dentro, embolsa contra la mosca de la fruta; y si aparece deformado y endurecido con pulgón alrededor, arranca la planta. Se come la pulpa con las semillas, y solo eso.