Un montón de estiércol de oveja recién sacado del redil puede pasar de los 60 °C en su interior al cabo de tres o cuatro días. Ese calor no es un detalle curioso: es exactamente la razón por la que este estiércol no se puede echar recién hecho al pie de las plantas, y también la razón por la que, bien manejado, resulta uno de los abonos orgánicos más eficaces que puede conseguir un hortelano.

Por qué se le llama estiércol caliente

Los estiércoles se clasifican tradicionalmente en calientes y fríos según la rapidez con que fermentan. El de oveja, junto al de caballo, es el ejemplo clásico de estiércol caliente: la cagarruta ovina sale del animal relativamente seca, en bolitas compactas, con poca agua y bastante nitrógeno. Esa combinación permite que el montón se airee y que las bacterias termófilas se disparen enseguida, alcanzando temperaturas altas en pocos días. El de vaca, en cambio, es un estiércol frío: mucha más agua, más pastoso, se apelmaza, expulsa el aire y fermenta despacio.

De ahí salen las dos caras del material. Fermenta rápido y libera nutrientes con relativa prontitud, lo que es una ventaja; pero también significa que aplicado en fresco esa fermentación ocurre dentro del bancal, con las raíces al lado.

Estiércol de oveja almacenado bajo cobertizo

Qué lleva dentro

Las cifras varían mucho según la alimentación del rebaño, la cama utilizada y el grado de descomposición, pero los órdenes de magnitud son bastante estables. En estiércol fresco, con un 65-70 % de humedad, cabe esperar en torno a un 0,7-0,9 % de nitrógeno, un 0,4-0,5 % de fósforo expresado como P2O5 y un 0,8-1 % de potasio como K2O. Una vez compostado y seco, esas concentraciones suben aproximadamente al doble o algo más: 1,5-2 % de nitrógeno, 1-1,5 % de fósforo y 2-3 % de potasio, sobre un 30 % de materia orgánica.

Dos rasgos lo diferencian de sus competidores. El primero es que resulta notablemente rico en potasio, más que el de vaca o el de caballo, lo que lo hace especialmente interesante para frutales, patata, tomate y todo lo que engorde fruto o tubérculo. El segundo es su relación carbono/nitrógeno baja, alrededor de 15-20 en fresco, frente a los 25-30 del de caballo con cama de paja. Una relación baja significa que el nitrógeno se mineraliza deprisa y queda disponible pronto; también significa que si compostas solo estiércol de oveja perderás bastante nitrógeno en forma de amoniaco, y por eso conviene mezclarlo con paja, hojarasca o restos leñosos triturados.

El pH del producto compostado suele situarse en la banda alcalina, entre 7,5 y 8,5, y su conductividad eléctrica es alta: lleva sales. Ambas cosas condicionan dónde puede usarse, como se verá más abajo.

Nunca en fresco: los tres motivos

Echar estiércol de oveja sin madurar a un bancal recién plantado es la manera más rápida de perder el cultivo, y no por una sola razón sino por tres a la vez.

Quema las raíces. El amoniaco liberado durante la fermentación y la carga de sales del material fresco deshidratan la raíz por ósmosis. La planta se ve marchita aunque el suelo esté húmedo, con los bordes de la hoja secos, y en plántulas pequeñas la pérdida es total. El calor del montón fermentando en contacto con el cuello de la planta remata el trabajo.

Siembra el huerto de malas hierbas. Las ovejas pastan constantemente y muchas semillas atraviesan su tubo digestivo sin perder viabilidad. Un estiércol sin compostar puede traer miles de semillas viables por kilo, y quien lo aplica en crudo se pasa la temporada siguiente escardando. El compostaje termófilo, con temperaturas mantenidas por encima de 55 °C, destruye la mayor parte de ellas, pero solo si el montón se voltea para que todo el material pase por el centro caliente.

Puede llevar patógenos. El estiércol de rumiante es un vehículo conocido de Escherichia coli verotoxigénica, Salmonella, Campylobacter, Cryptosporidium y, en el caso concreto del ganado ovino, de Coxiella burnetii, la bacteria de la fiebre Q, que se transmite sobre todo por inhalación de polvo contaminado. Sin dramatizar: el riesgo es real pero perfectamente manejable. Un compostaje completo lo reduce mucho; a mayores, no apliques estiércol crudo a hortalizas de hoja o raíz que vayan a comerse en crudo, deja al menos cuatro meses entre aplicación y recolección en esos cultivos, usa guantes, evita levantar polvo de material seco —una mascarilla FFP2 no sobra si vas a mover mucho— y lávate las manos después. Las mujeres embarazadas conviene que no manipulen estiércol ovino fresco.

El problema del que casi nadie avisa: los herbicidas persistentes

Hay un fallo que arruina cosechas enteras y que sorprende porque el estiércol parecía impecable. Herbicidas del grupo de las piridinas —aminopiralid, clopiralid, picloram— se aplican a pastos y praderas para controlar dicotiledóneas. El animal come esa hierba o ese heno, el compuesto atraviesa su aparato digestivo prácticamente intacto, sale en el estiércol y sobrevive incluso al compostaje. Después, en el huerto, causa daños a dosis ridículamente bajas.

Los síntomas son inconfundibles una vez que los has visto: tomates, patatas, judías, guisantes, lechugas o dalias con las hojas nuevas retorcidas en forma de helecho o de cuchara, tallos ahusados, crecimiento detenido. Si el estiércol viene de origen desconocido, merece la pena hacer una prueba biológica antes de repartirlo: llena un par de macetas con una mezcla a partes iguales de ese estiércol y tierra normal, siembra unas judías o unos tomates, y otras dos macetas solo con tierra como testigo. En dos o tres semanas, si hay residuo, las plantas de la mezcla se deforman. Es media hora de trabajo que puede salvarte la temporada.

Cómo compostarlo y conservarlo

El objetivo es llegar a un material oscuro, desmenuzable, que huela a tierra de bosque y no a amoniaco ni a establo, y en el que ya no se distingan las bolitas originales.

Monta el montón con al menos un metro y medio de lado y algo más de un metro de alto; por debajo de ese volumen no se alcanzan las temperaturas necesarias y el compostaje se queda a medias. Mezcla el estiércol con material seco y rico en carbono —paja, hojas secas, restos de poda triturados— en proporción aproximada de dos partes de estiércol por una de paja en volumen, para corregir esa relación C/N baja y evitar que el nitrógeno se marche por el aire.

La humedad correcta es la de una esponja escurrida: al apretar un puñado debe humedecer la mano sin gotear. Si está seco no fermenta; si está encharcado se pudre en anaerobiosis y aparece el olor a podrido.

Voltea cada tres o cuatro semanas, llevando el material del exterior al centro. Cada volteo reactiva la temperatura y es lo que garantiza que semillas y patógenos pasen por la zona caliente. Con tres o cuatro volteos el proceso se completa en tres a seis meses.

Sobre la cubierta hay que ser preciso. Conviene proteger el montón de la lluvia directa, porque el agua lava el potasio y el nitrógeno, que son solubles, y los pierdes por escorrentía. Pero no lo selles herméticamente con plástico: sin oxígeno la fermentación se vuelve anaerobia y el resultado es una masa maloliente y de mala calidad. Lo ideal es un cobertizo abierto por los lados, o una lona que cubra la parte superior dejando los laterales libres. Sobre suelo, mejor que sobre hormigón, para que la fauna del suelo colonice el montón desde abajo.

Dosis, momento y forma de aplicarlo

Para un huerto de hortalizas, la referencia razonable con estiércol de oveja ya compostado está en 2-4 kg/m² al año en la primera puesta a punto de un suelo pobre, y 1-2 kg/m² como mantenimiento anual una vez que el terreno tiene ya un buen contenido de materia orgánica. Con producto comercial ensacado, deshidratado y peletizado, que va mucho más concentrado, hay que bajar a la dosis que indique el envase, normalmente bastante menos.

El momento ideal es el otoño o el principio del invierno, dos o tres meses antes de plantar. Así las lluvias lavan el exceso de sales y el material acaba de integrarse en el suelo. Incorpóralo en los primeros 10-15 cm con una laya o un motocultor superficial; enterrarlo a 30 cm no sirve de nada porque la actividad biológica que lo transforma está arriba. También funciona muy bien extendido en superficie como acolchado de invierno, dejando que la lluvia y las lombrices hagan el trabajo de incorporación.

En macetas, no más de un 10-15 % del volumen del sustrato, y siempre compostado. La alta conductividad de este material hace que en un recipiente cerrado, donde las sales no se lavan, se acumulen deprisa.

Quien maneje superficies agrícolas debe además tener presente la normativa sobre fertilización. En zonas declaradas vulnerables a la contaminación por nitratos, la aportación de nitrógeno procedente de estiércoles está limitada a 170 kg de N por hectárea y año, y los programas de actuación autonómicos fijan también periodos del año en los que no se puede aplicar. En un huerto familiar el asunto es irrelevante, pero en parcela agrícola conviene consultarlo.

A qué plantas les va bien y a cuáles no

Agradecen sin reservas un buen aporte de estiércol de oveja compostado las hortalizas exigentes: calabacines, calabazas, pepinos, tomates, pimientos, coles, puerros, apio, maíz y patata. También los frutales, aplicado en corona bajo la proyección de la copa y nunca amontonado contra el tronco, y los rosales y arbustos ornamentales de flor.

Hay que ir con más cuidado con las zanahorias, chirivías y otras raíces: sobre estiércol reciente se bifurcan y se vuelven peludas. Lo suyo es plantarlas el segundo año, sobre el fondo de fertilidad que dejó el cultivo anterior. Las leguminosas (judías, guisantes, habas) fijan su propio nitrógeno y un exceso las lleva a hacer mata y poca vaina.

Y hay dos grupos a los que directamente perjudica. Las aromáticas mediterráneas —romero, tomillo, lavanda, salvia, santolina— vienen de suelos pobres y pedregosos; con un suelo rico crecen blandas, aguadas, con menos aceite esencial y mucho más expuestas a la podredumbre de raíz. Y las plantas acidófilas —camelias, azaleas, rododendros, hortensias azules, arándanos— sufren de lleno con un material alcalino y salino; para ellas, mantillo de pino, turba rubia o compost específico de reacción ácida.

Comparado con los demás estiércoles

Frente al estiércol de vaca, el de oveja es más concentrado en nutrientes y más rápido, mientras que el bovino es más suave, más seguro de aplicar y mejor para enmendar estructuralmente suelos arenosos por su volumen. El de caballo es el más parecido en comportamiento, algo más fibroso por la cama de paja y algo menos rico en potasio; es el clásico para camas calientes de semillero. El de gallina juega en otra liga: mucho más rico en nitrógeno y fósforo, hasta el 3-4 % de N, y se aplica a un tercio de la dosis o menos, con riesgo de quemado mucho mayor. El de conejo es el único que se puede aplicar prácticamente en fresco en pequeñas cantidades, porque las cagarrutas son secas y fermentan muy despacio.

En resumen

El estiércol de oveja es un abono orgánico completo y equilibrado, con un contenido en potasio superior al de la mayoría de estiércoles, que fermenta deprisa por su baja humedad y su relación C/N corta. Su virtud y su defecto son la misma: no se puede usar en fresco. Compostado durante tres a seis meses, mezclado con paja, con humedad de esponja escurrida, volteado varias veces y protegido de la lluvia pero no asfixiado bajo plástico, se convierte en un material seguro que se aplica a razón de 2-4 kg/m² en otoño y se incorpora superficialmente. Antes de repartir un estiércol de procedencia desconocida, haz la prueba de las macetas con judías: los herbicidas persistentes de pradera sobreviven al compostaje y deforman cultivos enteros. Y reserva otro tipo de enmienda para las aromáticas mediterráneas y para las plantas de suelo ácido, a las que este abono no les hace ningún favor.


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