El calabacín (Cucurbita pepo) es de los cultivos más productivos del huerto de verano, y también de los que se deterioran más rápido. Una planta que en junio parecía imparable puede estar cubierta de polvo blanco en julio y muerta en agosto. La buena noticia es que el repertorio de problemas es corto y bastante reconocible: media docena de enfermedades y otras tantas plagas explican prácticamente todo lo que le puede pasar. Saber distinguirlas ahorra tratamientos inútiles, porque muchos de los síntomas más alarmantes ni siquiera son plagas.
Oídio, la enfermedad inevitable
Causado por Podosphaera xanthii (antes Sphaerotheca fuliginea) y Erysiphe cichoracearum, el oídio es la enfermedad más universal del calabacín. Aparece como manchas blancas pulverulentas, como talco espolvoreado, primero en el haz de las hojas más viejas y luego en el envés, los pecíolos y los tallos. Las hojas afectadas amarillean, se secan y la planta pierde capacidad fotosintética; el resultado son frutos más pequeños y una cosecha que se corta antes de tiempo.
Aquí hay una confusión muy extendida que conviene deshacer: el oídio no necesita lluvia ni hojas mojadas. Al contrario que casi todos los hongos, prospera con calor seco —entre 20 y 30 °C— y humedad ambiental alta pero sin agua libre sobre la hoja. Por eso arrasa en pleno julio en zonas donde no ha caído una gota. Regar menos no lo evita.
Y otra confusión aún más frecuente: en muchas variedades de calabacín, las hojas tienen de forma natural manchas plateadas o blanquecinas siguiendo los nervios. Es un rasgo varietal, no una enfermedad. Se distingue fácilmente porque la mancha del oídio se puede frotar y se va con el dedo, mientras que el jaspeado varietal está en la propia hoja.
Prevención: separación amplia entre plantas —80-100 cm como mínimo—, eliminación de las hojas basales viejas para que circule el aire, no abusar del nitrógeno y elegir variedades con resistencia, que hoy son muchas.
Tratamiento: el azufre mojable es el más eficaz, a 2-3 g por litro, pero no debe aplicarse por encima de 30 °C porque quema las hojas del calabacín, que es especialmente sensible. Aplícalo al anochecer o a primera hora. El bicarbonato potásico a 5 g por litro con unas gotas de jabón potásico como adherente funciona bien en fases iniciales y es más manejable con calor. La leche diluida al 10% tiene cierto efecto documentado, aunque modesto. En cualquier caso, retira las hojas más afectadas y sácalas del huerto: no van al compost.
Asume que en un verano peninsular el oídio va a aparecer. El objetivo no es evitarlo sino retrasarlo lo suficiente para que la planta produzca durante meses.
Mildiu de las cucurbitáceas
Provocado por Pseudoperonospora cubensis, se confunde con el oídio pero es distinto y bastante más grave. Se reconoce por manchas angulosas amarillas en el haz, delimitadas por los nervios de la hoja, a las que corresponde en el envés un fieltro grisáceo o violáceo. Las manchas se vuelven pardas y la hoja se seca.
A diferencia del oídio, este sí necesita agua libre sobre la hoja y humedad alta: se dispara con lluvias de verano, rocíos abundantes o riego por aspersión. Es más frecuente en el norte húmedo y en el litoral que en el interior seco.
Manejo: riego siempre al pie, nunca mojando el follaje; riego por la mañana para que cualquier humedad se evapore durante el día; espaciado generoso; retirada de hojas afectadas. En preventivo se usan cúpricos como el caldo bordelés, con la reserva de que el cobre se acumula en el suelo y perjudica lombrices y microfauna, así que conviene moderarlo aunque esté autorizado en ecológico.
Podredumbres: Botrytis y podredumbre del fruto
El síntoma que más consultas genera en el calabacín es este: el fruto pequeño amarillea desde la punta, se ablanda y se pudre cuando apenas mide unos centímetros, a menudo con un moho gris en la flor marchita del extremo.
La mayoría de las veces no es una enfermedad primaria, sino un fallo de polinización. La flor femenina no fue fecundada, el fruto no cuaja, la planta lo aborta y el hongo Botrytis cinerea coloniza el tejido muerto. Tratar con fungicidas no soluciona nada porque el problema está en otro sitio.
Las causas del fallo de polinización son varias: falta de insectos polinizadores —muy habitual en terrazas y balcones, y también en huertos donde se ha tratado con insecticidas—, desincronización entre flores macho y hembra —al principio del cultivo la planta suele emitir solo flores macho durante una o dos semanas, algo perfectamente normal—, y calor extremo por encima de 35 °C, que reduce la viabilidad del polen.
La solución es la polinización manual. Por la mañana temprano, que es cuando la flor está receptiva, corta una flor macho —la que sale de un tallo fino y largo, sin engrosamiento en la base—, retírale los pétalos y frota su estambre cargado de polen sobre el estigma de la flor hembra, que es la que lleva un calabacín en miniatura en la base. Un macho poliniza dos o tres hembras. Con esto, el problema desaparece.
Ayuda también retirar los restos de flor seca adheridos a la punta de los frutos jóvenes, porque son la puerta de entrada de la botritis, y mantener los frutos separados del suelo húmedo apoyándolos sobre una teja, una tabla o el acolchado.
Cuando la botritis sí es primaria, ataca tallos y hojas con un moho gris característico en ambientes húmedos y mal ventilados. Retira el tejido afectado y ventila.
Enfermedades del cuello y la raíz
Si la planta se marchita de golpe, en pocos días, con las hojas colgando aunque el suelo esté húmedo, y el tallo aparece pardo, blando o estrangulado a nivel del suelo, se trata casi con seguridad de una podredumbre del cuello por Phytophthora, Pythium, Fusarium o Sclerotinia.
El detalle diagnóstico clave es ese: marchitez con suelo húmedo. Si la planta se marchita y el suelo está seco, es sed; si se marchita con el suelo mojado, es la raíz, que ya no absorbe.
Estas enfermedades no tienen tratamiento curativo eficaz en huerto doméstico. Lo que funciona es la prevención: plantar sobre caballón elevado, no encharcar, no regar directamente sobre el cuello de la planta, mejorar el drenaje en suelos pesados y rotar los cultivos dejando tres o cuatro años sin cucurbitáceas en el mismo bancal. Las plantas afectadas se arrancan y se destruyen, con la tierra adherida.
La Sclerotinia sclerotiorum se reconoce además por un micelio blanco algodonoso en la base con unos cuerpos negros y duros del tamaño de un grano de arroz, los esclerocios, que sobreviven años en el suelo.
Virosis
Las plantas con hojas moteadas en mosaico verde claro y oscuro, deformadas, arrugadas, con los frutos abollados, jaspeados o retorcidos y un crecimiento general achaparrado tienen casi con seguridad una virosis. Los más frecuentes en calabacín son el virus del mosaico del pepino (CMV), el del mosaico amarillo del calabacín (ZYMV) y el del mosaico de la sandía (WMV).
No hay tratamiento. Una planta infectada lo está de por vida y actúa como reservorio para el resto del huerto.
Lo importante es que los virus los transmiten pulgones y mosca blanca. Controlar el vector es la única forma de prevención, junto con eliminar de inmediato las plantas afectadas, desinfectar las herramientas al manipularlas y mantener limpio el entorno de malas hierbas que sirven de reservorio. Las variedades con resistencia a ZYMV y WMV son una buena inversión en zonas donde el problema es recurrente.
Pulgón
Aphis gossypii y Myzus persicae forman colonias en el envés de las hojas jóvenes y en los brotes tiernos. Provocan enrollamiento y deformación de las hojas, debilitan la planta y segregan melaza, un líquido azucarado sobre el que se instala la negrilla, un hongo negro que ensucia y tapa la superficie foliar.
Su daño directo es asumible; el problema real es que transmiten virus, y ahí está la urgencia de controlarlos.
Control: revisa el envés dos veces por semana y actúa cuando aún son colonias pequeñas —a menudo basta con pinzar el brote afectado—. El jabón potásico a 10-20 ml por litro, pulverizado a conciencia por el envés al atardecer, es la primera opción; actúa por contacto, no deja residuo y hay que repetirlo cada cinco o siete días. El aceite de neem refuerza el efecto. Un chorro de agua a presión desaloja buena parte de la colonia.
Y no descuides la fauna auxiliar: mariquitas, sírfidos y crisopas consumen pulgón a un ritmo que ningún pulverizador iguala. Un rincón de caléndula, hinojo o eneldo cerca del huerto mantiene esa población. También conviene saber que el exceso de nitrógeno multiplica el pulgón, porque produce tejidos tiernos y ricos en aminoácidos: abonar de más es fabricar plaga.
Mosca blanca
Bemisia tabaci y Trialeurodes vaporariorum son pequeños insectos blancos que levantan el vuelo en nube al mover la planta y que viven en el envés de las hojas. Igual que el pulgón, producen melaza y negrilla, y sobre todo transmiten virosis. Bemisia es la responsable de la transmisión del virus del rizado amarillo en varios cultivos y es especialmente problemática en el sur y el levante.
Control: trampas cromáticas amarillas engomadas para seguimiento y captura masiva, jabón potásico y aceite de neem aplicados por el envés, y mallas antiinsectos en invernadero. Es una plaga difícil que exige constancia, con aplicaciones repetidas cada cinco o siete días, ya que los estados intermedios son poco sensibles a los tratamientos por contacto.
Araña roja
Tetranychus urticae es un ácaro diminuto, apenas visible sin lupa. El primer síntoma es un punteado fino amarillento en el haz de las hojas, como si estuvieran salpicadas de puntitos claros; después la hoja adquiere un tono bronceado y se seca. En ataques avanzados se ve una fina telaraña en el envés y en las axilas.
Es una plaga de calor y sequedad: se multiplica de forma explosiva por encima de 30 °C con humedad baja. Ahí está la clave del control, porque subir la humedad ambiental la frena. Pulverizar agua sobre el envés en las horas de calor —cosa que en otras enfermedades desaconsejamos, pero que aquí funciona— reduce mucho la población. Combínalo con azufre mojable, aceite de neem o jabón potásico, y considera la suelta del ácaro depredador Phytoseiulus persimilis si el problema es recurrente.
Un aviso: los insecticidas de amplio espectro empeoran la araña roja, porque eliminan a sus depredadores naturales y no a ella. Es un caso de libro de plaga inducida por tratamientos.
Trips
Frankliniella occidentalis raspa la superficie de la hoja y succiona el contenido celular, dejando manchas plateadas o bronceadas acompañadas de puntitos negros —sus excrementos—. Deforma hojas y frutos jóvenes y transmite el virus del bronceado del tomate (TSWV), que también afecta a cucurbitáceas.
Control: trampas cromáticas azules, que atraen específicamente a los trips, jabón potásico, neem y mallas. Es una plaga favorecida por el tiempo seco y caluroso.
Otras plagas menos frecuentes
Minadores de hoja (Liriomyza spp.): galerías serpenteantes y blanquecinas dentro de la hoja. Estéticamente llamativas, pero de daño limitado salvo en ataques intensos. Retira las hojas más minadas.
Babosas y caracoles: devoran plántulas recién trasplantadas y roen los frutos que tocan el suelo. Recogida manual al anochecer, trampas de cerveza y mantener los frutos elevados.
Nematodos (Meloidogyne spp.): la planta crece poco, amarillea y se marchita en las horas de calor, y al arrancarla se ven nódulos o agallas en las raíces. No confundir con los nódulos beneficiosos de las leguminosas. No hay tratamiento doméstico eficaz: se maneja con rotación larga, aporte abundante de materia orgánica, solarización del suelo en verano y plantas biofumigantes como el tagete.
Orugas (Spodoptera, Helicoverpa): mordeduras en hojas y frutos. El Bacillus thuringiensis aplicado al anochecer, con las larvas pequeñas, es específico y muy eficaz.
Trastornos que no son plagas ni enfermedades
Merece la pena separar estos casos, porque generan tratamientos innecesarios.
Frutos deformes, estrechados por un extremo: polinización incompleta. Solución, polinizar a mano.
Hojas amarillas en la base de la planta: si son las más viejas y el resto está sano, es senescencia normal. Retíralas para ventilar.
Amarilleo entre nervios en hojas viejas, con los nervios verdes: carencia de magnesio. Sulfato de magnesio.
Hojas nuevas amarillas con nervios verdes: clorosis férrica, típica en suelos calizos. Quelato de hierro.
Marchitez a mediodía con recuperación por la tarde y suelo seco: simplemente falta de agua. El calabacín tiene hojas enormes y transpira muchísimo.
Manchas plateadas siguiendo los nervios: como ya se ha dicho, rasgo varietal en muchas variedades. No es plata ni oídio.
Estrategia preventiva que resuelve la mayor parte
Casi todos los problemas anteriores se reducen drásticamente con cinco medidas.
Espacio. Una planta de calabacín necesita entre 80 y 100 cm en todas direcciones. Es el error más repetido y el que más favorece a oídio, mildiu y botritis. Además, una sola planta sana da de sobra para una familia.
Riego al pie y por la mañana. Goteo o alcorque, nunca aspersión. Follaje seco al anochecer.
Nitrógeno con moderación. El exceso da plantas frondosas, tiernas y llenas de pulgón, con menos fruto.
Higiene. Retirar hojas viejas y enfermas, flores secas pegadas a los frutos y restos de cultivo al final de la temporada. El material enfermo va a la basura, no al compost.
Rotación. Tres o cuatro años sin cucurbitáceas —calabacín, calabaza, pepino, melón, sandía— en el mismo bancal. Es lo único que corta el ciclo de los patógenos del suelo.
A esto se puede añadir una siembra escalonada: sembrar una segunda tanda a finales de junio o principios de julio da plantas jóvenes y sanas justo cuando las primeras están agotadas por el oídio, y prolonga la cosecha hasta octubre.
En resumen
El calabacín sufre sobre todo oídio, que llega con calor seco y se retrasa con espacio, ventilación y azufre aplicado por debajo de 30 °C; mildiu, que exige hoja mojada y se evita regando al pie; podredumbres de cuello por exceso de agua; y virosis transmitidas por pulgón y mosca blanca, que no tienen cura y obligan a controlar el vector. Entre las plagas, pulgón, mosca blanca, araña roja y trips son las habituales, y todas se manejan con vigilancia del envés y jabón potásico o neem aplicados pronto. Y antes de tratar nada, comprueba si el problema es realmente un patógeno: los frutos que amarillean y se pudren de pequeños suelen ser un fallo de polinización, y las manchas plateadas de las hojas, un rasgo de la variedad.