Enero es el mes de menos trabajo del año en el huerto y, a la vez, el que más condiciona lo que se recogerá en mayo y junio. Lo que se decide ahora —qué semilleros se arrancan, cómo se poda, qué se aporta al suelo— tarda meses en verse, y por eso resulta tan fácil descuidarlo.

Antes de cualquier calendario hay que aceptar un hecho físico: por debajo de 8 °C de temperatura del suelo casi ninguna hortaliza germina, y por debajo de 5 °C tampoco crece la que ya está plantada. Un tomate sembrado en una ventana fría de enero no va más rápido que otro sembrado en marzo; simplemente sale ahilado y con peor sistema radicular. Enero no es un mes para forzar, sino para preparar.

Dos Españas muy distintas en el mismo mes

El calendario de enero cambia radicalmente según dónde esté el huerto, y esa es la razón por la que las listas genéricas suelen fallar.

En el litoral mediterráneo, el suroeste andaluz y las islas, enero es un invierno suave con mínimas que rara vez bajan de 0 °C. Ahí se siembra al aire libre, se planta patata temprana y el huerto no llega a pararse del todo.

En las dos mesetas, el valle del Ebro y la montaña, enero trae heladas nocturnas frecuentes, mínimas de -5 °C o menos y suelos que amanecen congelados en superficie. Aquí la siembra al aire libre se limita a lo muy rústico, y el trabajo se concentra en el suelo, la poda y los semilleros protegidos.

En el norte atlántico el problema no es tanto el frío como la lluvia continua: el suelo se satura, y trabajarlo encharcado lo compacta y destruye su estructura durante toda la temporada siguiente. La prueba es sencilla: si al apretar un puñado de tierra se forma una bola pastosa que no se deshace, ese día no se pisa el bancal.

Qué se siembra directamente

La lista corta de enero al aire libre, y solo donde el invierno es benigno:

Habas (Vicia faba). Su siembra principal es de octubre a noviembre, pero admiten una siembra tardía en enero en zonas de invierno suave, con cosecha escalonada en abril y mayo. Se siembran a 4-5 cm de profundidad, con 20-25 cm entre plantas y 50-60 cm entre líneas. Aguantan bien el frío, aunque una helada fuerte en floración se lleva las primeras vainas.

Guisantes (Pisum sativum). Igual criterio. Germinan a partir de 5-6 °C, lentamente. Las variedades de enrame necesitan tutor desde el principio.

Ajos (Allium sativum). Enero es todavía buen momento en gran parte de la Península. Los dientes se plantan con la punta hacia arriba, enterrados 3-4 cm, a 10-12 cm en la línea y 30 cm entre líneas. Necesitan un periodo de frío para bulbificar correctamente, así que retrasar la plantación hasta marzo suele dar cabezas pequeñas.

Patata temprana (Solanum tuberosum). En Canarias, el litoral levantino y el sur, la plantación de enero-febrero es la habitual para cosechar en mayo. Conviene prebrotarla: dejar los tubérculos tres o cuatro semanas en un local fresco y con luz hasta que emitan brotes cortos y verdes de 1-2 cm. Los brotes largos y blancos, salidos en la oscuridad, se rompen al plantar y no valen.

Rabanito, espinaca, acelga y zanahoria aceptan siembra de enero bajo túnel o manta térmica en clima suave. La espinaca de invierno es de las pocas que sigue creciendo con frío real.

Habas creciendo en el huerto de invierno

Los semilleros, el trabajo importante del mes

Aquí se juega la campaña de verano. La cuestión no es la fecha del calendario, sino la temperatura que puedes garantizar al sustrato.

Cebolla y puerro son los grandes protagonistas de enero. Germinan bien entre 12 y 18 °C, así que un invernadero frío o un túnel bastan. La cebolla de siembra invernal se trasplanta a raíz desnuda en marzo o abril, cortando un tercio de la hoja y de la raíz para facilitar el arraigo.

Apio, coles, coliflor, brócoli y lechuga también toleran el semillero protegido sin calefacción.

Tomate, pimiento y berenjena son otra historia. El tomate germina bien a 20-25 °C; el pimiento y la berenjena piden 25-28 °C de sustrato y pueden tardar tres semanas si están más frías. Sembrarlos en enero solo tiene sentido con cable calefactor o manta térmica bajo la bandeja e iluminación suficiente. Si dispones solo de un alféizar, espera a finales de febrero o marzo: adelantar sin luz produce plantas larguiruchas que se tumban y que en el trasplante van por detrás de las sembradas más tarde.

Un detalle que decide muchos semilleros: el problema habitual no es la falta de calor, sino el exceso de agua combinado con poca luz. El damping-off (Pythium, Rhizoctonia) tumba las plántulas de golpe por el cuello. Usa sustrato específico de semillero, riega por abajo, ventila a mediodía cuando el sol aprieta bajo el plástico y no dejes bandejas encharcadas por la noche.

Bandeja de semillero con plántulas recién nacidas

Lo que se cosecha ahora

El huerto de enero da menos variedad, pero de mejor calidad que en cualquier otro momento del año, porque el frío concentra azúcares en las brasicáceas y en las raíces.

Están en su punto las coles en todas sus formas (repollo, lombarda, coliflor, brócoli, coles de Bruselas, berza), el puerro, la acelga, la espinaca, el cardo, la escarola y el canónigo, más las raíces que se dejaron en tierra: zanahoria, nabo, chirivía y remolacha. Un repollo o unas coles de Bruselas cogidas tras una helada saben claramente más dulces: la planta convierte almidón en azúcares como protección anticongelante.

Las alcachofas (Cynara cardunculus var. scolymus) están produciendo. Corta el capítulo central con un buen trozo de tallo y deja que engorden los secundarios. Es también el momento de retirar las hojas más viejas y de aportar compost al pie, porque la alcachofa es exigente en nitrógeno.

Trabajos de invierno que no admiten aplazamiento

Aportar materia orgánica. Extender compost o estiércol bien maduro sobre las tablas que quedarán libres, a razón de 3-5 kg por metro cuadrado, e incorporarlo superficialmente. Aportado ahora, tendrá tiempo de integrarse antes de la primavera. El estiércol fresco no se echa nunca directamente.

Podar los frutales de pepita en reposo. Manzanos, perales y membrilleros se podan durante el invierno, y enero es buen mes salvo en días de helada, porque la madera congelada se astilla y las heridas cicatrizan mal. En cambio, los frutales de hueso —melocotonero, ciruelo, cerezo, albaricoquero— es preferible podarlos al final del invierno o incluso en verde tras la cosecha: podados en pleno frío y humedad son mucho más vulnerables a chancros y a Chondrostereum purpureum.

Tratamiento de invierno. Con las yemas todavía cerradas se aplica aceite de parafina contra huevos invernantes de pulgón, cochinilla y ácaros, y un caldo cúprico para Taphrina deformans (abolladura del melocotonero) y chancros. El tratamiento de cobre contra la abolladura debe hacerse antes de que la yema se abra; una vez brotada, ya no sirve de nada, y esa es la razón por la que tanta gente lo aplica tarde y concluye que no funciona.

Plantar a raíz desnuda. Enero es la ventana buena para frutales, parras, frambuesos y fresas a raíz desnuda: la planta está dormida y arraiga antes de brotar. Se planta con el punto de injerto por encima del nivel del suelo y sin abono en el fondo del hoyo.

Planificar la rotación sobre papel, mirando dónde estuvo cada familia el año anterior, y revisar el sistema de riego, las mallas y los tutores mientras hay tiempo. También es el mes para pedir semilla: en marzo, las variedades interesantes ya se han agotado.

Sobre el riego: en enero prácticamente no se riega al aire libre, y el error habitual es seguir el hábito de las semanas anteriores. Con suelo frío y húmedo, el agua sobrante asfixia raíces y favorece pudriciones. Los semilleros protegidos y los cultivos bajo túnel sí necesitan control, porque el plástico impide que les llegue la lluvia.

Proteger sin encerrar

Una manta térmica de polipropileno de 17-30 g/m² colocada directamente sobre el cultivo gana en torno a 2-4 °C respecto al exterior, deja pasar la luz y el agua, y es la protección más práctica en huerto familiar. Un túnel bajo de plástico da algo más de temperatura, pero exige ventilar: en un día soleado de enero, un túnel cerrado puede pasar de 5 a 35 °C en un par de horas y cocer las plántulas.

El acolchado de paja alrededor de alcachofas, ajos y frutales jóvenes amortigua las oscilaciones del suelo y protege las raíces superficiales. Y si se anuncia una helada intensa, retirar la protección por la mañana temprano evita que el rocío condensado se convierta en hielo sobre la hoja.

En resumen

En enero el huerto se sostiene con pocas tareas bien elegidas. Al aire libre y en clima suave: habas, guisantes, ajos y patata temprana prebrotada. En semillero protegido: cebolla, puerro, apio, coles y lechuga, dejando tomate, pimiento y berenjena para cuando puedas garantizar 22-25 °C de sustrato y luz suficiente. Se recogen coles, puerros, raíces de invierno y las primeras alcachofas. Y el trabajo de fondo es el que no se ve: compost sobre las tablas vacías, poda de pepita evitando días de helada, aceite y cobre antes de que abran las yemas, plantación a raíz desnuda y la rotación del año escrita antes de que llegue la prisa de marzo.


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