Sembrar col china en marzo es la forma más rápida de acabar en junio con un bancal de tallos florales y ninguna cabeza que cortar. No es mala suerte ni mala semilla: es la respuesta perfectamente previsible de una planta que interpreta el frío del final del invierno como una señal para florecer en cuanto los días se alargan. Entender ese mecanismo —y sembrar en consecuencia, a finales de verano— es prácticamente todo lo que hace falta para que este cultivo salga bien.

Qué es exactamente la col china

Bajo el nombre de col china se venden dos hortalizas distintas, ambas de la especie Brassica rapa, y confundirlas al comprar semilla lleva a resultados que no se esperaban.

La col china de Pekín (Brassica rapa var. pekinensis), llamada también napa, forma un cogollo alargado y compacto, de hoja clara, nervio ancho y blanco y limbo tierno y rizado. Es la que suele verse en el supermercado envuelta en plástico, con forma de cilindro de 25 a 40 cm y un peso de entre 1 y 2,5 kg.

El pak choi o col china de Shanghái (Brassica rapa var. chinensis) no acogolla: forma una roseta abierta de pencas carnosas, blancas o verde claro, rematadas por hojas redondeadas de verde intenso. Se recolecta entera, mucho más pequeña, y es notablemente más rápida.

Lo importante para el hortelano es que no son parientes de la lechuga sino de la col, aunque su hoja tierna y su uso en ensalada sugieran lo contrario. Comparten con el repollo, el nabo y el grelo —de hecho, el nabo es la misma especie— sus plagas, sus enfermedades y sus exigencias de rotación. Si el año pasado hubo coliflor en ese bancal, la col china no debería ir ahí este año.

Cogollos de col china listos para recolectar

El problema de la subida a flor, que es el problema

La col china es una planta bienal que el hortelano cultiva como anual, y su ciclo natural consiste en formar hojas el primer año, pasar el invierno y florecer al siguiente. Ese salto lo dispara una combinación de dos señales: haber pasado frío —temperaturas por debajo de unos 10-12 ºC durante dos o tres semanas seguidas, incluso siendo plantita joven— y después días largos. Cuando ambas coinciden, la planta deja de fabricar hoja, alarga el tallo central, saca una inflorescencia amarilla de crucífera y el cogollo se vuelve amargo y fibroso.

De ahí se deduce todo el calendario. Una siembra de marzo o abril recibe frío en la nascencia y encuentra los días largos de mayo justo cuando debería estar acogollando: sube a flor casi con seguridad. Una siembra de julio o agosto, en cambio, se desarrolla con días que se van acortando y con temperaturas que bajan gradualmente, que es exactamente el patrón que la planta necesita para acogollar sin florecer.

Este es el cultivo de otoño por excelencia, y quien insista en la primavera debe hacer dos cosas: sembrar lo más tarde posible dentro de la ventana, ya con el suelo templado, y elegir variedades comercializadas explícitamente como resistentes a la subida a flor o de siembra de primavera, que existen y funcionan razonablemente bien. Aun así, el resultado en primavera será siempre menos fiable que en otoño.

Clima y suelo

Su franja cómoda de temperaturas va de 13 a 20 ºC. Por encima de 25 ºC sostenidos las hojas exteriores se abren en lugar de cerrar, el cogollo queda flojo y las plagas de crucíferas se multiplican; por eso en el interior peninsular no tiene sentido sembrarla para que crezca en pleno julio, sino para que crezca en septiembre y octubre. Aguanta heladas ligeras de -2 a -4 ºC sin daño real, sobre todo el pak choi, pero un cogollo bien formado que se hiela por dentro se pudre después al descongelarse: si se anuncian heladas fuertes, mejor cosechar.

El suelo debe ser fértil, suelto y con capacidad de retener humedad. Es un cultivo rápido y voraz: en menos de tres meses tiene que fabricar dos kilos de hoja, y no puede hacerlo en tierra pobre. Un aporte generoso de compost o estiércol bien hecho antes de plantar, del orden de 3-4 kg/m², es la base; sobre eso, la col china responde bien al nitrógeno, aunque conviene aportarlo repartido y no de golpe, porque un exceso da hoja blanda, muy atractiva para el pulgón y propensa a pudrirse en el cogollo.

El pH ideal está entre 6,5 y 7,5. No es un capricho: en suelos ácidos por debajo de 6 prospera la hernia de la col (Plasmodiophora brassicae), un protista que deforma las raíces en engrosamientos, impide que la planta absorba agua y la deja marchita a mediodía por mucho que se riegue. Es un patógeno que permanece en el suelo más de diez años, así que en huertos con antecedentes lo sensato es encalar para subir el pH y no volver a poner crucíferas en ese bancal durante mucho tiempo.

Siembra y plantación

La col china tiene raíz pivotante y muy sensible al trasplante. Un trasplante a raíz desnuda, o hecho sobre plantas ya crecidas, provoca un parón de crecimiento que la planta interpreta como estrés y que, por sí solo, puede desencadenar la floración prematura. De ahí dos reglas prácticas:

Siembra directa siempre que se pueda. Se ponen dos o tres semillas por golpe a 1 cm de profundidad, en el sitio definitivo, y se aclara al mejor plantón cuando tenga dos o tres hojas verdaderas. Germina rápido, en tres o cuatro días con suelo templado.

Si se hace semillero, en cepellón y trasplante temprano. Alveolos o macetitas individuales, nunca bandeja compartida, y al terreno con dos o tres hojas verdaderas como máximo, sin descalzar el cepellón. Pasado ese punto, cada día de espera resta cogollo.

Los marcos de plantación se ajustan al tipo. La col de Pekín necesita 35-40 cm entre plantas y 40-50 cm entre líneas: parece mucho al plantar plantitas de tres hojas, pero un cogollo adulto ocupa ese espacio y, sobre todo, necesita aire alrededor para no pudrirse. El pak choi se contenta con 20-25 cm, y las variedades enanas de baby pak choi con 12-15 cm.

Las fechas, para clima peninsular: siembra principal de julio a primeros de septiembre, con recolección de octubre a diciembre. En el litoral mediterráneo y en el sur se puede alargar hasta finales de septiembre y cosechar en pleno invierno. La siembra de primavera, para quien la intente, en abril-mayo con variedad resistente al espigado. Escalonar siembras cada 15-20 días evita que toda la cosecha llegue la misma semana, que es un problema real con una hortaliza que ocupa tanto sitio en la nevera.

Planta adulta de col china en el huerto

Riego y cuidados

El riego es el segundo factor decisivo después de la fecha de siembra. La col china tiene raíces superficiales y una masa foliar enorme, de modo que transpira mucho y agota rápido los primeros 20 cm de suelo. Necesita humedad constante, sin encharcamiento y sin sobresaltos.

La consecuencia de regar a tirones —dejar secar y luego dar un riego abundante— es la necrosis marginal de la hoja o tipburn: los bordes de las hojas interiores del cogollo se vuelven marrones y translúcidos, se pudren y el cogollo se estropea desde dentro sin que nada se note por fuera. Es un problema de calcio, pero casi nunca de falta de calcio en el suelo: es que el calcio viaja con el agua y, si el suministro se interrumpe o la planta crece a tirones, no llega a las hojas jóvenes del interior, que apenas transpiran. Añadir calcio al suelo no lo resuelve; regar de forma regular, sí.

El acolchado con paja o restos vegetales trabaja a favor en este cultivo: mantiene la humedad estable, refresca el suelo en las primeras semanas de septiembre y evita que las hojas bajas toquen tierra mojada. Un escardado cuidadoso las primeras semanas también importa, porque una plantita de col china pierde la competencia con las malas hierbas sin discusión.

Atar las hojas exteriores para blanquear el cogollo, práctica que se recomendaba en manuales antiguos, no hace falta con las variedades actuales, que acogollan solas. Atarlas solo consigue encerrar humedad y babosas dentro del cogollo.

Plagas y enfermedades

Al ser una crucífera de hoja blanda y crecimiento rápido, atrae a toda la fauna habitual del bancal de coles:

Pulguilla de las crucíferas (Phyllotreta spp.): escarabajitos negros y saltarines que perforan las hojas jóvenes dejándolas como un colador. En plántulas recién nacidas de agosto pueden acabar con la siembra en dos días. Es la razón principal para cubrir con malla antiinsectos desde el mismo momento de la siembra.

Orugas de la col (Pieris brassicae, Pieris rapae, Mamestra brassicae): la de Mamestra es la peor, porque se mete en el interior del cogollo y ya no hay tratamiento que la alcance. Bacillus thuringiensis aplicado cuando las orugas son pequeñas, o directamente la malla para que la mariposa no ponga, resuelven el asunto.

Pulgón ceniciento (Brevicoryne brassicae): colonias grisáceas y harinosas en el envés y en el cogollo. Difícil de lavar una vez dentro; conviene revisar el envés semanalmente y actuar pronto con jabón potásico.

Babosas y caracoles: en otoño húmedo son el problema número uno, y una col china es para ellos un objetivo ideal. Trampas de cerveza, retirada manual en las noches húmedas y evitar el acolchado excesivamente cercano al cuello de la planta.

Mildiu (Hyaloperonospora brassicae) y alternaria (Alternaria brassicae): manchas amarillas con vello grisáceo en el envés el primero, manchas circulares con anillos concéntricos la segunda. Ambas se controlan sobre todo con marcos amplios, riego al pie en lugar de por aspersión y retirada de hojas bajas afectadas.

La malla antiinsectos de 1 mm colocada desde el primer día evita de un golpe pulguilla, mariposas y mosca de la col, y es probablemente la inversión más rentable en este cultivo. Colocarla cuando ya se ven daños sirve de poco: se queda encerrada la plaga dentro.

Cosecha y conservación

El pak choi está listo en 40 a 55 días desde la siembra, y se corta entero a ras de suelo cuando la roseta alcanza el tamaño deseado; si se corta dejando el tocón con un par de centímetros, muchas veces rebrota y da un segundo corte de hojas más pequeñas. La col de Pekín necesita 60 a 80 días, y el punto se comprueba apretando el cogollo con la mano: debe estar firme y compacto, no blando. Se corta con cuchillo en la base y se retiran las hojas exteriores sueltas.

No conviene apurar. Un cogollo que se pasa de punto empieza a abrirse, el corazón se alarga preparando la floración y aparece amargor. Y en variedades tardías dejadas en el terreno con lluvias de noviembre, es fácil que la humedad retenida entre las hojas exteriores acabe pudriendo la base.

Conservada entera, sin lavar y envuelta en un paño o papel, la col de Pekín aguanta varias semanas en el frigorífico y hasta dos o tres meses en cámara a 0-2 ºC, bastante más que cualquier lechuga. El pak choi es mucho más perecedero: una semana escasa. Un detalle que conviene tener presente: la col china desprende etileno y es sensible a él, así que guardarla junto a manzanas, peras o tomates acelera su deterioro y le provoca manchas oscuras en el nervio.

En resumen

La col china es una crucífera de otoño, no una ensalada de primavera, y esa sola decisión de calendario —sembrar entre julio y septiembre— determina buena parte del éxito. A partir de ahí: suelo rico y con pH neutro, siembra directa o trasplante muy temprano en cepellón para no tocar la raíz, marco amplio, riego regular sin altibajos que prevenga la necrosis marginal, malla antiinsectos desde el primer día y una rotación de tres o cuatro años sin coles en el mismo bancal. Con eso, un cultivo de menos de tres meses entrega cogollos de un par de kilos que se conservan meses, y el pak choi da además una hortaliza de hoja lista en poco más de seis semanas.


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