Mediados de marzo, una bandeja de alveolos en el alféizar de la cocina, plántulas de tomate de doce centímetros con el tallo del grosor de un hilo y las hojas de un verde pálido, inclinadas todas hacia el cristal. Ese semillero ya ha fracasado, aunque nazca todo y aunque la fecha de siembra fuera la correcta. Le faltó luz, y la luz es lo único que no se puede corregir después.

Merece la pena empezar por ahí porque lo que se escribe sobre semilleros se centra casi siempre en el calendario y en el sustrato, que son la parte fácil. Lo difícil es entregar al bancal una plántula compacta, de entrenudos cortos y tallo grueso, y eso depende de decisiones que se toman en las primeras dos semanas.

Bandeja de alveolos con plántulas de hortícolas recién nacidas

Para qué sirve realmente un semillero

No sirve para germinar semillas: eso ocurre en cualquier sitio con humedad y temperatura. Sirve para cuatro cosas concretas.

Ganar semanas de clima. Un pimiento necesita en torno a 150 días desde la siembra hasta que produce en serio. Si lo siembras directamente en el bancal cuando el suelo se ha calentado, en mayo, la cosecha llega en octubre, cuando ya no hay verano. Si lo siembras en febrero bajo cubierta, entra al bancal en mayo con dos meses adelantados y produce de julio a octubre.

No inmovilizar el bancal. Las coles de invierno se siembran en junio-julio, cuando el terreno está ocupado por los tomates. El semillero les da un sitio donde crecer durante seis semanas hasta que hay hueco.

Ahorrar semilla. En siembra directa se pierde mucha planta por escardas, caracoles y nascencias irregulares, y se compensa sembrando de más. En alveolo, casi toda la semilla acaba siendo planta.

Seleccionar. Trasplantas solo las plántulas buenas. Con semilla propia o antigua esto vale mucho.

Qué se siembra en semillero y qué no

La regla práctica es la raíz. Las plantas con raíz pivotante que se ramifica poco no toleran el trasplante; las de sistema radicular fasciculado o que emiten raíces adventicias con facilidad, sí.

Van muy bien en semillero: tomate (Solanum lycopersicum), pimiento (Capsicum annuum), berenjena (Solanum melongena), toda la familia de las coles (Brassica oleracea: repollo, brócoli, coliflor, lombarda, kale), lechuga (Lactuca sativa), escarola, apio (Apium graveolens), puerro (Allium porrum), cebolla (Allium cepa), acelga, albahaca.

Se pueden hacer, pero con trasplante muy temprano (2-3 semanas, en alveolo grande o maceta de 8 cm): calabacín, pepino, melón, sandía, calabaza y maíz. Aguantan si el cepellón sale entero y la planta es joven. Con cinco semanas en el alveolo, el pepino se para y no vuelve a arrancar.

No merece la pena: zanahoria (Daucus carota), chirivía, nabo, rábano, remolacha, guisante, haba y judía. Todas son de siembra directa. La zanahoria trasplantada da raíces bifurcadas y retorcidas, sin excepción; el guisante y el haba tienen pivotante frágil y crecen tan rápido que no se gana nada; la espinaca se sube a flor con el estrés del trasplante.

Recipientes: el tamaño del alveolo decide el calendario

La bandeja de alveolos de plástico rígido o poliestireno es el formato estándar y el más práctico. El punto clave es que el volumen del alveolo determina cuántas semanas puede vivir la planta ahí dentro, y eso hay que decidirlo antes de sembrar.

Alveolo pequeño (2,5-3 cm de lado, 20-30 ml). Lechuga, coles, cebolla, puerro. Cuatro a seis semanas como mucho.

Alveolo mediano (4-5 cm, 50-80 ml). Tomate, berenjena, pimiento en su primera fase. Cinco a siete semanas.

Maceta de 8-10 cm. Destino final de tomate, pimiento y berenjena tras el repicado, y arranque directo de cucurbitáceas.

Otros formatos: los tacos de turba prensada son cómodos y evitan por completo el trauma del trasplante, pero se secan muy rápido y salen caros; conviene mojar y retirar la malla que los envuelve al plantar, porque a veces no se degrada y estrangula la raíz. Los tubetes forestales, altos y estrechos, van sorprendentemente bien para puerro y cebolla. Y el semillero a voleo en una bandeja plana, con repicado posterior a alveolo, es el sistema tradicional: ocupa muy poco espacio caliente durante la germinación, que es la fase cara.

El sustrato: fino, pobre y limpio

Un sustrato de semillero tiene que cumplir tres condiciones que no se dan a la vez en casi ningún otro material: textura muy fina para que la radícula avance sin obstáculos, retención de agua alta con drenaje rápido, y contenido en sales bajo. Esto último es lo que se ignora más.

Una semilla germina con sus propias reservas y no necesita nada del medio durante los primeros diez o quince días. Un sustrato rico en nutrientes no la ayuda: le sube la conductividad eléctrica alrededor de la raíz recién emitida y la quema. Por eso los sustratos comerciales de semillero llevan una fertilización de arranque mínima y no compost a granel.

Lo que no debes usar:

Tierra del jardín o del huerto. Se compacta en el alveolo, forma costra, arrastra semillas de malas hierbas y, sobre todo, viene con los hongos del suelo que provocan el damping-off.

Compost o humus de lombriz puros. Demasiadas sales y demasiado nitrógeno. Como componente al 15-20 % de la mezcla, correcto; solos, no.

Una mezcla casera que funciona: 60 % de turba rubia o fibra de coco tamizada, 20 % de vermiculita o perlita fina y 20 % de compost muy maduro y cribado. Si usas fibra de coco sola, ten en cuenta que suele ser salina y conviene lavarla.

Sobre esterilizar el sustrato en el horno o el microondas: con producto comercial no hace ninguna falta, y además mata la microbiota que compite con los patógenos. Solo tiene sentido si vas a reutilizar sustrato de otra tanda, cosa que en semillero es mejor no hacer.

Profundidad de siembra y temperatura

La regla de oro: cubrir con dos o tres veces el diámetro de la semilla. Para tomate o pimiento, medio centímetro escaso. Para semillas finísimas como el apio, apenas una capa de vermiculita que las mantenga húmedas. Enterrar demasiado es la causa número uno de nascencias fallidas, porque la reserva de la semilla se agota antes de llegar a la superficie.

La lechuga y el apio son fotoblásticos positivos: necesitan algo de luz para germinar, así que no los tapes con sustrato, presiónalos contra la superficie.

Las temperaturas óptimas de germinación difieren bastante entre especies y explican por qué unas siembras salen y otras no:

Pimiento y berenjena: 25-28 °C. Por debajo de 18 °C germinan mal y tarde; por debajo de 15 °C, prácticamente no germinan. Es la razón habitual del fracaso con el pimiento: se siembra en febrero en una habitación a 17 °C y luego se culpa a la semilla.

Tomate: 20-25 °C, emergencia en 5-8 días.

Cucurbitáceas: 22-28 °C, muy rápidas, 4-6 días.

Coles: 15-20 °C, 4-7 días.

Lechuga: 15-20 °C. Por encima de 25-28 °C entra en termoinhibición y no germina, lo que hace que las siembras de julio al sol fracasen; hay que hacerlas a la sombra o refrescar.

Cebolla y puerro: 15-20 °C, 8-14 días.

Apio: 18-22 °C y hasta tres semanas de espera. Es normal, no está muerto.

Para las solanáceas de siembra temprana, un cable calefactor o una manta térmica bajo la bandeja resuelve el problema, y solo hace falta durante la germinación. En cuanto emergen, el calor de fondo deja de ser necesario y conviene bajar unos grados.

Calendario orientativo para la Península

Las fechas varían mucho entre el litoral mediterráneo y la meseta norte. La referencia útil no es el mes, sino la fecha media de la última helada de tu zona: se cuenta hacia atrás desde ahí.

Pimiento y berenjena: siembra 10-12 semanas antes del trasplante. En el interior, de mediados de enero a mediados de febrero, siempre con calor de fondo. Trasplante a partir de mediados de mayo.

Tomate: 6-8 semanas antes del trasplante. Febrero-marzo en el interior, enero-febrero en el litoral cálido. Trasplante cuando las noches se estabilicen por encima de 10 °C.

Coles de verano-otoño: siembra de abril a mayo. Coles de invierno: siembra de junio a julio, trasplante en agosto-septiembre.

Puerro: febrero-abril, trasplante cuando el tallito tenga el grosor de un lápiz.

Cebolla: las variedades de conservación se siembran de agosto a septiembre para trasplantar en noviembre-diciembre; las de primavera, en enero-febrero.

Lechuga y escarola: prácticamente todo el año, con siembras cada 15-20 días y evitando el pleno sol de julio y agosto.

Cucurbitáceas: abril, tres o cuatro semanas antes del trasplante, y ni un día más.

Luz: donde se pierden la mayoría de los semilleros caseros

Una plántula recién emergida necesita luz intensa y muchas horas de ella. Un alféizar orientado al sur en febrero da luz lateral, unas pocas horas y muy filtrada por el cristal. El resultado es el ahilamiento: la planta alarga desesperadamente los entrenudos buscando la fuente, el tallo se afina y ya no vuelve a engordar. Una plántula ahilada no se recupera; como mucho se disimula enterrando el tallo al trasplantar, y eso solo funciona en tomate y en brásicas.

Opciones ordenadas por eficacia real:

Invernadero pequeño o cajonera fría en el exterior. Lo mejor con diferencia: luz cenital y completa. Requiere vigilar la ventilación, porque un día de sol de marzo puede subir a 40 °C dentro de una cajonera cerrada.

Pantalla LED de cultivo a 10-20 cm de las plántulas, 14-16 horas al día. Barato de operar y muy eficaz en interior.

Alféizar, girando la bandeja 180° cada día y con un cartón forrado de papel de aluminio como reflector en el lado interior. Es un apaño, y solo funciona si la ventana es grande y da sol directo.

Una conclusión que conviene aceptar: es mejor sembrar dos semanas más tarde con luz suficiente que seis semanas antes a media luz. La planta sembrada tarde y bien criada adelanta a la otra en el bancal en cuestión de días.

Plántulas de hortícolas creciendo en bandeja de semillero

Riego, hongos y por qué se caen las plántulas

Antes de la emergencia, el sustrato debe estar húmedo de forma uniforme y no encharcado. Riega por nebulización o, mejor aún, por subirrigación: pon la bandeja de alveolos dentro de otra sin agujeros con dos dedos de agua, deja que suba por capilaridad durante diez o quince minutos y retira el sobrante. Así no descolocas las semillas, no compactas la superficie y mantienes seco el cuello de la plántula, que es por donde entra la infección.

Ese conjunto de hongos —Pythium, Rhizoctonia, Fusarium, Phytophthora— provoca el damping-off: la plántula, aparentemente sana, se estrangula justo a ras de sustrato y cae de golpe. Empieza en un punto y se extiende en mancha circular. No tiene cura una vez declarado; se previene con sustrato limpio, siembra no demasiado densa, ventilación, riego por abajo y agua templada, nunca fría del grifo en invierno.

Relacionado con esto: la tapa transparente o mini invernadero que traen muchas bandejas se retira en cuanto emerge la mayor parte de las plántulas. Mantenerla puesta "para que estén calentitas" combina el 100 % de humedad relativa con la falta de luz, y es la receta exacta del ahilamiento y de los hongos.

Abonado en semillero

El sustrato de semillero se queda sin nutrientes entre la tercera y la cuarta semana. La señal es clara: las hojas más viejas amarillean desde la base mientras el ápice sigue verde.

A partir de la segunda o tercera hoja verdadera, aplica un abono líquido completo a un cuarto o la mitad de la dosis de etiqueta, cada 10-14 días. Un extracto de algas o de humus diluido funciona igual de bien. No subas la dosis pensando que crecerán más rápido: en un volumen tan pequeño, el exceso de sales quema las raíces en horas.

Repicado y trasplante intermedio

Si sembraste a voleo o pusiste varias semillas por alveolo, hay que separar. El momento es cuando los cotiledones están bien abiertos y asoma la primera hoja verdadera, ni antes ni después.

Dos normas que ahorran bajas: sujeta la plántula por una hoja, nunca por el tallo —una hoja rota se sustituye, un tallo aplastado mata la planta— y haz el hueco antes con un palito, sin forzar la raíz. Riega inmediatamente después y deja el conjunto a la sombra 24 horas.

Si no quieres separar, no arranques las plántulas sobrantes: córtalas a ras con tijeras. Arrancar destroza las raíces de la que se queda.

El tomate admite enterrarse hasta los cotiledones en cada trasplante, porque emite raíces adventicias por todo el tallo y sale reforzado. Las brásicas también toleran quedar algo más hondas. El pimiento y la berenjena no: enterrarles el cuello favorece las podredumbres.

Endurecimiento antes de plantar

Es la fase que más se salta y la que provoca más desastres visibles. Una plántula criada a 20 °C, sin viento y con luz filtrada, plantada de golpe al bancal en un día de sol, se quema en unas horas: las hojas aparecen blanqueadas o con manchas apergaminadas y la planta se para tres semanas.

El endurecimiento consiste en sacar las bandejas al exterior de forma progresiva durante 7-10 días: dos horas a la sombra el primer día, aumentando exposición y sol cada jornada, y devolviéndolas dentro por la noche mientras haya riesgo de helada. En paralelo, reduce el riego un poco y suspende el abonado. La planta engrosa el tallo, espesa la cutícula y sale al bancal preparada.

Un truco complementario que funciona desde la primera semana: pasar la mano suavemente por encima de las plántulas un par de veces al día, o dejar un ventilador pequeño a baja velocidad unas horas. El movimiento estimula un crecimiento más compacto y de tallo más grueso.

Cuándo está lista una plántula

No lo dicen los días, lo dice la planta. Busca tres señales a la vez: 4 a 6 hojas verdaderas, cepellón trabado —al sacarla del alveolo, el sustrato sale entero, cosido por las raíces blancas— y tallo firme y de color normal.

Si las raíces salen por los agujeros de abajo y giran en espiral en el fondo, se te ha pasado el punto: la planta está enrollada y arrancará con retraso. Si el cepellón se deshace al sacarlo, aún es pronto, espera una semana.

Trasplanta al final del día, con el cepellón bien húmedo, y riega abundantemente al plantar para que no queden bolsas de aire alrededor de las raíces.

Errores frecuentes

Sembrar demasiado pronto. El entusiasmo de enero produce plantas que llevan diez semanas en un alveolo esperando a que pase la última helada. Habría sido mejor sembrar un mes después.

Usar tierra del huerto. Compactación, costra y hongos.

No etiquetar. Todas las plántulas de solanácea son iguales durante un mes. Etiqueta con variedad y fecha en el momento de sembrar.

Regar con agua fría. Un chorro a 8 °C sobre un semillero a 22 °C frena la planta y favorece el damping-off. Deja la regadera llena de un día para otro.

Confiar en semilla vieja sin comprobarla. La longevidad varía enormemente: cebolla, puerro y chirivía duran uno o dos años; apio, zanahoria y perejil, dos o tres; tomate, lechuga, coles y berenjena, cuatro o cinco; calabacín, pepino y melón, cinco o seis. Si dudas, haz una prueba de germinación con diez semillas entre dos papeles de cocina húmedos dentro de una bolsa: si en el plazo esperado nacen menos de seis, siembra al doble de densidad o compra semilla nueva.

Remojar todo antes de sembrar. Se ha extendido como norma general y no lo es. En semillas de tegumento duro (haba, remolacha, acelga) ayuda; en las pequeñas de hortícola habitual, la semilla remojada se vuelve resbaladiza, se siembra peor y no gana nada porque el sustrato ya está húmedo.

En resumen

El semillero se usa para adelantar las especies de ciclo largo —solanáceas, coles, alliums— y para liberar el bancal, no para las de raíz pivotante como zanahoria, nabo, guisante o haba, que van a siembra directa. Usa sustrato fino, pobre en sales y limpio; siembra a dos o tres veces el diámetro de la semilla; da a cada especie su temperatura de germinación, con calor de fondo para pimiento y berenjena.

A partir de la emergencia, el factor limitante es la luz: retira la tapa, da la máxima iluminación posible y acepta que sembrar más tarde con buena luz supera a sembrar antes en penumbra. Riega por abajo con agua templada, abona a media dosis desde la tercera hoja, repica sujetando por la hoja y endurece las plantas 7-10 días antes de llevarlas al bancal. Cepellón trabado y 4-6 hojas verdaderas: ese es el momento de trasplantar.


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