Conviene aclarar un lío de nombres antes de comprar nada: la verbena que se vende en bandejas de flor en abril y la verbena que sale en las cajas de infusiones no son la misma planta. La primera suele ser Verbena x hybrida, un híbrido ornamental de flores en ramillete; la segunda es casi siempre Aloysia citrodora, la hierba luisa, un arbusto de hoja aromática que ni siquiera pertenece al mismo género. Y todavía hay una tercera, la verbena común o Verbena officinalis, la de la tradición herbolaria europea, con flores diminutas y ningún interés decorativo. Las tres se cultivan bien en España, pero piden cosas distintas.
Este artículo se centra en las verbenas de verdad, las del género Verbena, y sobre todo en las que se plantan por su flor: la híbrida de jardinera, Verbena bonariensis y Verbena rigida. Al final hay un apartado para la officinalis, que es la que se recolecta.
Qué verbena plantar según lo que se quiera
La verbena híbrida (Verbena x hybrida, que en clasificaciones recientes ha pasado a Glandularia) es la de mata baja y extendida, de 20 a 40 cm, con cabezuelas planas de flores rojas, moradas, blancas o bicolores. Florece sin parar de mayo a octubre si se la mantiene limpia de flor pasada. Es la mejor opción para jardinera de balcón, maceta colgante y borde de arriate.
La verbena de Buenos Aires (Verbena bonariensis) juega en otra liga: tallos rígidos y casi sin hoja que suben metro y medio, rematados por ramilletes pequeños de color lila. Se planta para dar altura sin tapar lo que hay detrás, porque se ve a través de ella. Es la más resistente al frío del grupo, aguanta heladas moderadas y se resiembra sola con entusiasmo; en climas suaves conviene vigilarla, porque coloniza.
La verbena rígida (Verbena rigida) es intermedia, de 30 a 50 cm, rizomatosa, muy resistente a la sequía y al calor seco de interior peninsular. Para un jardín de secano en Castilla o Extremadura es más sensata que la híbrida.
Un apunte práctico: las híbridas que se venden en primavera en bandeja son casi todas selecciones de propagación vegetativa, no de semilla. Eso significa que si guardas su semilla, la descendencia no se parecerá a la madre. Para reproducir exactamente una planta que te guste, hay que hacer esqueje.
Luz, suelo y sitio
Sol directo, y mucho. Seis horas es el mínimo y ocho es mejor. Es el punto donde falla más gente: una verbena a media sombra vive, pero se ahíla, produce hoja larga y blanda, florece a rachas y se llena de oídio. Si el único sitio disponible es una terraza orientada al norte, es preferible plantar otra cosa.
El suelo tiene que drenar. No le hace falta ser rico —de hecho, un suelo demasiado fértil y nitrogenado da mata frondosa y poca flor—, pero el agua no puede quedarse parada. En tierra pesada de arcilla, lo que funciona es plantar en caballón o en macizo elevado, mezclando arena gruesa o grava fina en los primeros 20 cm. El pH ideal ronda 6 a 7,5, un margen amplio que cubre la mayoría de los suelos españoles.
En maceta, sustrato universal de calidad aligerado con un 25 o 30 % de perlita o arena silícea, y agujeros de drenaje que funcionen de verdad. Una jardinera de 20 cm de profundidad basta para la híbrida; la bonariensis necesita más volumen, unos 10 litros por planta como mínimo, o acabará cayéndose con el primer viento.
Siembra, esqueje y plantación
Semilla. Se siembra en semillero protegido de febrero a marzo, con una temperatura de sustrato de 20 a 24 °C. Aquí hay un detalle que se pasa por alto: la semilla de verbena germina mejor a oscuras, así que hay que cubrirla con medio centímetro de sustrato fino y no dejarla en superficie como se hace con las petunias. Aun así germina despacio y de forma desigual, entre dos y cuatro semanas, y es normal que no nazca ni la mitad. Guardar el sobre en la nevera dos o tres semanas antes de sembrar mejora algo la nascencia.
Esqueje. Es el método rápido y el único fiable para clonar una variedad. Se toman trozos de tallo tierno de 8 a 10 cm en primavera o a finales de verano, se les quitan las hojas inferiores y la punta con flor, y se clavan en una mezcla de turba y perlita a partes iguales. Con humedad ambiental alta y a la sombra, enraízan en dos o tres semanas. Las verbenas enraízan con facilidad; no hace falta hormona, aunque no estorba.
Plantación. Al exterior, cuando haya pasado el riesgo de helada: en la costa mediterránea y el sur, desde marzo; en la meseta, entrado abril o incluso principios de mayo. Marco de plantación de 25 a 30 cm entre matas para la híbrida, 40 a 50 cm para bonariensis y rigida. Apretarlas más de la cuenta es contraproducente: sin aire entre las plantas, el oídio aparece antes.
Al plantar, pellizca la punta de cada tallo. Cuesta hacerlo con una planta que ya viene con flor, pero ese despunte inicial multiplica las ramificaciones y da una mata compacta en lugar de cuatro tallos largos y desnudos.
Riego y abonado sin pasarse
La verbena tolera la sequía mucho mejor que el exceso de agua. Una vez arraigada, en jardín se conforma con un riego semanal en verano, y en zonas costeras a veces ni eso. En maceta el ritmo es otro, porque el volumen de sustrato es pequeño: en julio y agosto puede tocar regar a diario, pero siempre dejando secar los dos o tres centímetros superficiales entre riegos.
Riega al pie, no por encima. Mojar la hoja repetidamente, sobre todo al atardecer, es la vía directa al oídio y a la botritis. Y nada de plato bajo la maceta con agua estancada: la podredumbre de raíz mata más verbenas que el frío.
En cuanto al abono, lo que necesita es poco nitrógeno y bastante potasio. Un abono líquido de floración cada quince días desde mayo hasta septiembre, en maceta, es suficiente. En tierra de jardín con algo de materia orgánica incorporada en la plantación, con un aporte a mitad de temporada va sobrada. El error clásico es tratarla con abono de crecimiento verde: se llena de hoja y deja de florecer.
Poda y mantenimiento de la floración
Quitar la flor marchita, semanalmente, es lo que mantiene la floración de mayo a octubre. Cuando la planta cuaja semilla, entiende que ha terminado su trabajo y afloja.
Hacia mediados o finales de julio, la híbrida suele entrar en una fase fea: los tallos se alargan, la mata se abre por el centro y la flor se hace escasa. La solución es una poda de rejuvenecimiento: recortar un tercio de toda la mata con tijera, regar y dar un abonado. En dos o tres semanas rebrota y vuelve a florecer hasta el otoño. Es una intervención que da miedo la primera vez y que casi nadie hace, y es exactamente lo que separa una jardinera vistosa en septiembre de un montón de tallos secos.
La bonariensis se deja en pie todo el otoño —las cabezuelas secas alimentan a los jilgueros— y se corta a ras de suelo a finales de invierno.
Invernada: ¿anual o perenne?
Técnicamente la verbena híbrida es perenne, pero en la práctica se comporta como anual en gran parte de España. En el litoral mediterráneo, Andalucía y Canarias, con inviernos sin heladas fuertes, rebrota de cepa varios años seguidos si se la protege con un acolchado. En la meseta, con mínimas por debajo de -5 °C, no suele pasar del invierno; lo razonable es tomar esquejes en septiembre y guardarlos en un lugar resguardado, o dar la mata por amortizada y volver a plantar en primavera.
Verbena bonariensis y Verbena rigida aguantan bastante más frío y rebrotan de raíz. La bonariensis, además, deja tantas plántulas espontáneas alrededor que el problema pasa a ser el contrario.
Plagas y enfermedades habituales
Oídio. El enemigo número uno de la verbena híbrida. Aparece como un polvillo blanco harinoso en el haz de las hojas, típicamente a finales de primavera y en otoño, con noches húmedas y días templados. Se previene con aireación, sol y riego al pie. Una vez presente, azufre mojable —nunca por encima de 30 °C ni a pleno sol, porque quema— o bicarbonato potásico. Retira y tira las hojas afectadas, no las eches al compost casero.
Mosca blanca. Muy aficionada a la verbena, sobre todo en invernadero y terrazas cerradas. Se detecta al mover la planta: una nube de puntos blancos. Trampas cromáticas amarillas y jabón potásico aplicado por el envés, que es donde vive, repitiendo cada cinco o siete días.
Araña roja. Tetranychus urticae ataca en pleno verano seco. Deja la hoja punteada de amarillo y, cuando la infestación avanza, telarañas finas en las axilas. Aumentar la humedad ambiental con pulverizaciones de agua en las horas frescas la frena bastante; si no basta, jabón potásico o aceite de neem.
Pulgón. Sobre los brotes tiernos en primavera. Rara vez llega a ser grave si hay mariquitas cerca; un chorro de agua a presión o jabón potásico resuelve.
Podredumbre de cuello y raíz. No es una plaga, es un error de riego o de drenaje. La planta se marchita con el sustrato húmedo, que es la señal inequívoca. No tiene arreglo una vez avanzada; hay que replantear el drenaje.
Recolección de la verbena officinalis
Si lo que interesa es la planta medicinal, hablamos de Verbena officinalis: una vivaz rústica de 30 a 70 cm, de tallo cuadrado y áspero, con espigas largas de florecitas lilas casi microscópicas. Crece espontánea en bordes de camino de media España y se cultiva sin ninguna dificultad a pleno sol, en suelo pobre y con riegos escasos.
Se recolecta la parte aérea al inicio de la floración, normalmente entre junio y agosto, cortando los tallos a unos 10 cm del suelo en una mañana seca, después de que se haya evaporado el rocío. Se ata en manojos pequeños y se seca colgada boca abajo, a la sombra, en un sitio aireado. Al sol pierde principios activos y color. Una vez seca y quebradiza, se guarda en tarro de vidrio opaco. La planta rebrota y admite un segundo corte en climas cálidos.
No confundas su sabor: la Verbena officinalis es amarga y nada aromática. Si lo que buscas es la infusión de olor a limón, tu planta es la hierba luisa, Aloysia citrodora, que es un arbusto de hasta dos metros, sensible al frío y de cultivo bastante distinto.
En resumen
La verbena ornamental es una planta agradecida siempre que se le den dos cosas que no negocia: sol directo abundante y un suelo que drene. Con eso, y con riegos moderados y abono rico en potasio, florece medio año seguido. Elige la especie según el sitio —híbrida para jardinera, bonariensis para dar altura, rigida para secano—, despunta al plantar, quita la flor pasada cada semana y no tengas reparo en darle una poda de un tercio en julio: es lo que la mantiene bonita hasta octubre. Vigila el oídio y la mosca blanca, riega al pie y nunca dejes agua en el plato. Y si lo que quieres es una infusión, revisa el nombre científico de la etiqueta antes de pagar.