Una hilera única de maíz pegada a la valla del huerto da mazorcas medio vacías, con granos sueltos y huecos entre ellos. No es culpa del riego ni del abonado: es un fallo de polinización, y se arregla cambiando la forma de la parcela, no la dosis de nada.

El maíz (Zea mays) es una gramínea anual de metabolismo C4, lo que significa que fotosintetiza con una eficiencia altísima cuando hace calor y luz fuerte. Esa es su gran virtud en el verano español y también su gran exigencia: para mover tanta biomasa en cuatro meses necesita agua y nitrógeno en cantidades que pocas hortalizas del huerto piden.

Planta de maíz desarrollada en el huerto

Siembra: la temperatura del suelo manda

El maíz no germina por calendario, germina por temperatura de suelo. Por debajo de 10-12 °C a diez centímetros de profundidad la semilla se queda parada, absorbe agua y muy a menudo se pudre antes de nacer. El umbral cómodo está en 15 °C.

Traducido a fechas peninsulares, eso deja un calendario bastante claro:

Valle del Guadalquivir y litoral mediterráneo cálido: desde mediados de marzo hasta abril.
Meseta, Ebro y buena parte del interior: de finales de abril a mayo, pasado el riesgo de heladas tardías.
Cornisa cantábrica y Galicia: mayo, y en zonas de montaña incluso primeros de junio.

Se siembra directo, sin semillero, a 3-5 cm de profundidad. En suelos ligeros y secos se puede bajar a 5-6 cm para buscar humedad; en suelos pesados y fríos, más superficial. El trasplante funciona mal porque la raíz seminal se resiente, así que si adelantas en maceta hazlo en cepellón grande y con plantas de no más de tres hojas.

Una siembra escalonada cada dos o tres semanas alarga la recolección de maíz dulce durante todo el verano, y evita el atracón de cincuenta mazorcas en la misma semana.

El marco de plantación: en bloque, nunca en fila

Aquí está el error que arruina más cosechas de huerto familiar. El maíz es monoico y de polinización anemófila: el polen sale del penacho masculino de la punta y tiene que caer sobre los estigmas —las barbas— de las mazorcas, que están más abajo. Cada barba conduce a un grano. Si una barba no recibe polen, ese grano no se forma, y de ahí salen las mazorcas desdentadas.

El transporte lo hace el viento, no los insectos. Una fila solitaria pierde casi todo el polen lateralmente. Un bloque cuadrado hace que el polen de unas plantas caiga sobre las vecinas.

La regla práctica: como mínimo cuatro filas paralelas de cuatro plantas, mejor cinco por cinco. Si dispones de poco espacio, es preferible un cuadrado pequeño y denso que una línea larga a lo largo del bancal.

Distancias razonables en huerto: 30-35 cm entre plantas dentro de la fila y 60-70 cm entre filas, lo que da unas cinco o seis plantas por metro cuadrado. Apretar más no aumenta la cosecha; genera plantas altas, finas y con una sola mazorca pequeña, además de favorecer el encamado con las tormentas de agosto.

Un aviso poco conocido y que cuesta disgustos: si siembras maíz dulce cerca de maíz forrajero, de palomitas o de una variedad de otro tipo, el polen ajeno fecunda tus mazorcas y los granos salen duros y con almidón en lugar de dulces. El efecto se nota en la cosecha del mismo año, no en la siguiente. La solución es separar los dos maíces al menos 150-200 metros o desfasar las siembras tres semanas para que no coincidan en floración.

Riego: dónde está de verdad el periodo crítico

El maíz consume mucha agua, del orden de 500 a 800 mm a lo largo del ciclo según zona y variedad. Pero no la consume por igual en todos los momentos, y ahí está la clave del manejo.

Nascencia y primeras hojas. Riegos ligeros y frecuentes solo para asegurar la germinación. Un exceso en esta fase encharca y asfixia.

Crecimiento vegetativo (de 4 a 10 hojas). Es el único tramo en que un déficit moderado no es catastrófico. De hecho, un riego algo justo aquí obliga a la raíz a profundizar y da plantas mejor ancladas.

Periodo crítico: desde 15 días antes de la floración hasta 20 días después. Este mes largo decide la cosecha. Un estrés hídrico coincidiendo con la salida del penacho y las barbas desincroniza la emisión de polen y la receptividad de los estigmas, y el resultado son mazorcas con la punta desnuda. Aquí no se puede fallar: el maíz debe tener el suelo húmedo de forma constante.

Llenado del grano. Sigue necesitando agua, aunque menos. El corte se hace cuando las brácteas empiezan a secarse.

En cifras de verano peninsular, en pleno julio y agosto la demanda ronda los 5-7 mm diarios, que en un huerto se traduce en unos 25-35 litros por metro cuadrado y semana. Con goteo, dos o tres riegos semanales en el bloque; a manta o con manguera, un riego generoso cada tres o cuatro días. Regar poquito todos los días es peor que regar bien cada tres: el agua superficial evapora y mantiene la raíz arriba.

La planta avisa antes de sufrir daño: en las horas centrales enrolla las hojas en forma de tubo. Un enrollamiento a las tres de la tarde en agosto es normal y no significa nada. Si las hojas siguen enrolladas a primera hora de la mañana, vas tarde de riego.

El acolchado con paja o restos de siega en el pie de las plantas, aplicado después del aporcado, reduce mucho la evaporación y ahorra riegos en secano cálido.

Abonado: la exigencia de nitrógeno

Pocas hortalizas extraen tanto nitrógeno como el maíz. En huerto, la base la pone un buen aporte de estiércol maduro o compost antes de la siembra, del orden de 3-5 kg por metro cuadrado, incorporado superficialmente.

Lo importante es que ese aporte de fondo no basta. El maíz absorbe la mayor parte del nitrógeno en un intervalo corto, entre las 6 hojas y la floración, y necesita una cobertera justo antes. El momento estándar es el estado de 6-8 hojas, cuando la planta ronda los 40-50 cm, y coincide muy bien con la labor de aporcado. En huerto ecológico funcionan bien el estiércol de gallina bien compostado, el guano o un riego con purín de ortiga; en manejo convencional se usa nitrato o urea repartidos entre las filas y regados a continuación.

Un síntoma inequívoco de carencia de nitrógeno en maíz: las hojas viejas amarillean desde la punta hacia la base siguiendo el nervio central, dibujando una V. Si ves eso a partir de junio, llegas justo a tiempo de corregirlo.

El fósforo importa sobre todo al principio, para el arranque radicular en suelos fríos, y el potasio interviene en la rigidez del tallo y en la resistencia al encamado.

Aporcado, hijuelos y otras labores

El aporcado —arrimar tierra al pie hasta formar un caballón de 10-15 cm— se hace cuando la planta tiene 40-60 cm. Cumple tres funciones: entierra las malas hierbas nacidas entre líneas, ancla la planta frente al viento y estimula la emisión de raíces adventicias en los nudos bajos, esas que se ven en forma de zancos. En una parcela expuesta es la diferencia entre un maizal en pie y otro tumbado tras una tormenta.

Sobre los hijuelos o macollos, esos brotes laterales que salen de la base, sigue circulando el consejo de arrancarlos porque "roban fuerza". Los ensayos publicados desde hace décadas no respaldan esa idea: los hijuelos aportan fotosíntesis, en algunas variedades emiten polen y su eliminación puede incluso reducir el rendimiento por las heridas que se causan. Déjalos.

El maíz es también el poste vivo de la asociación tradicional con judía trepadora y calabaza. Funciona, con una condición: la judía debe sembrarse cuando el maíz ya tenga 25-30 cm, o lo estrangula antes de que pueda sostenerla.

Plagas y problemas habituales

Taladros. Son la plaga principal en España, con dos especies: Sesamia nonagrioides y Ostrinia nubilalis. Las larvas perforan el tallo y la mazorca; se detectan por el serrín que sale de los agujeros y por las plantas partidas. En huerto la mejor defensa es cultural: destruir y no dejar en pie los tallos tras la cosecha, porque ahí es donde inverna la larva.

Pulgón (Rhopalosiphum padi, R. maidis). Colonias en el penacho y en las hojas altas. Suele controlarse solo con la fauna auxiliar salvo en ataques fuertes.

Rosquilla negra (Spodoptera littoralis) y gusanos de alambre. Los primeros defolian, los segundos atacan la semilla y la plántula en suelos que vienen de pradera.

Mazorcas de maíz listas para la recolección

Carbón del maíz (Ustilago maydis). Produce agallas grises y deformes en mazorcas y tallos. Se retiran a mano antes de que revienten y liberen las esporas negras. Curiosamente, en México ese mismo hongo es el huitlacoche, un manjar.

Roya (Puccinia sorghi). Pústulas anaranjadas en las hojas. Rara vez justifica tratamiento en huerto si aparece ya avanzado el ciclo.

Pájaros. Córvidos y palomas desentierran la semilla recién sembrada y luego picotean las mazorcas maduras. Malla o red sobre el bloque durante los diez primeros días y otra vez al final.

Cuándo y cómo recolectar

El maíz dulce se coge en grano lechoso, no seco, y la ventana es corta: unos ocho o diez días. Las señales son tres y conviene cruzarlas: las barbas se han secado y están marrón oscuro, la mazorca se nota llena y redondeada al tacto a través de las brácteas, y —la prueba definitiva— al apartar un poco la envoltura y clavar la uña en un grano sale un líquido blanco y lechoso. Si sale agua transparente falta tiempo; si el grano está pastoso y no suelta líquido, se ha pasado y los azúcares ya se han convertido en almidón.

Suele ocurrir entre 18 y 24 días después de la aparición de las barbas. Se arranca girando la mazorca hacia abajo y tirando, sin desgarrar el tallo.

El maíz dulce pierde azúcar muy deprisa tras el corte, sobre todo si hace calor. Cógelo a primera hora de la mañana y llévalo directo a la cocina o a la nevera; entre recolectar y comer no deberían pasar muchas horas.

El maíz de grano, en cambio, se deja secar en la planta hasta que las brácteas están apergaminadas y el grano no se marca con la uña, ya en octubre o noviembre.

En resumen

Siembra directa cuando el suelo pase de 12 °C —marzo en el sur, mayo en el norte—, siempre en bloque de al menos cuatro por cuatro para que el viento haga bien su trabajo de polinización, y a unas cinco o seis plantas por metro cuadrado.

Concentra el esfuerzo de riego en el mes que va de quince días antes de la floración a veinte días después: ahí se decide si la mazorca sale llena o desdentada. En verano peninsular, del orden de 25 a 35 litros por metro cuadrado y semana, repartidos en dos o tres riegos.

Aporca y abona en cobertera a las 6-8 hojas, deja en paz los hijuelos, retira los tallos tras la cosecha para cortarle el ciclo al taladro, y separa el maíz dulce de cualquier otro tipo de maíz que florezca a la vez. La recolección, con las barbas marrones y el grano soltando líquido lechoso al pincharlo.


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