Entre que se arranca la última mata de tomates y llega la primera helada seria quedan, en buena parte de la Península, unas ocho o diez semanas de temperaturas todavía aprovechables. Ese margen es el que separa un huerto que sigue dando de comer en enero de un bancal desnudo cubierto de hierbas hasta marzo.

El otoño es, además, el trimestre en el que se decide la campaña siguiente: lo que aportes de materia orgánica ahora será lo que alimente a los tomates de junio, y lo que hagas con los frutales en la caída de hoja marcará la sanidad de la primavera. Es una temporada de trabajo tranquilo pero con fechas: llegar tarde a una siembra de otoño no se arregla sembrando más cantidad.

Retirar el cultivo de verano sin arrasar el bancal

Septiembre se va en desmontar. Fuera tomateras agotadas, pepinos, calabacines y judías que ya no cuajan, y con ellas los tutores, las rafias y los plásticos, que si se quedan al aire libre todo el invierno acaban rotos y sembrando el huerto de trozos.

Dos matices que marcan la diferencia:

  • Las raíces de las judías y los guisantes se cortan a ras y se dejan en el suelo. Llevan nódulos con rizobios y el nitrógeno fijado se queda donde está.
  • Los restos enfermos no van al compost. Hojas con mildiu, tomates con podredumbre apical o botritis, plantas con marchitez: al contenedor. Un compost casero rara vez alcanza y mantiene los 60-65 ºC que hacen falta para inactivar según qué patógenos.

Antes de que aprieten las primeras heladas, recoge lo que aún queda fuera: calabazas (déjalas curar diez o quince días al sol con su pedúnculo intacto, así aguantan meses), boniatos, los últimos pimientos y los tomates verdes que se pueden madurar en casa.

Abonar: el mejor momento del año para el estiércol

El otoño es la ventana natural para la materia orgánica, porque el suelo tiene por delante cuatro o cinco meses de humedad y actividad biológica lenta para digerirla. Un estiércol de oveja, caballo o vacuno bien hecho se reparte a razón de 3-5 kg/m², y un compost maduro con 2-3 kg/m² cumple de sobra. Si tu estiércol está poco descompuesto, este es el único momento del año en que puede usarse, precisamente porque le queda tiempo por delante; nunca justo antes de plantar.

Estiércol maduro listo para incorporar al huerto en otoño

Lo que conviene revisar es el modo de incorporarlo. Voltear el suelo a pala entera, dando la vuelta al terrón, entierra la vida aerobia de los primeros centímetros y saca a la superficie la que no debería estar ahí, además de despertar un banco de semillas de hierbas enorme. Es preferible descompactar en profundidad sin voltear —con horca o laya— y mezclar la materia orgánica solo en los 10-15 cm superficiales, o incluso dejarla encima como acolchado y que la incorporen las lombrices.

Añade a la vez las enmiendas lentas si tu suelo las necesita: enmienda caliza en suelos ácidos, o azufre elemental en los muy calizos. Tardan meses en actuar, así que el otoño es su momento.

Abonos verdes para el suelo que va a quedar vacío

Un bancal desnudo todo el invierno pierde estructura con la lluvia, se compacta y lava nutrientes. Sembrar un abono verde entre finales de septiembre y primeros de noviembre lo evita y encima deja el suelo mejor de lo que estaba.

Las mezclas que mejor funcionan aquí combinan una leguminosa y un cereal: veza (Vicia sativa) con avena o centeno es la clásica, porque la veza fija nitrógeno y el cereal aporta volumen de raíz y estructura. El altramuz va bien en suelos ácidos y arenosos. La facelia (Phacelia tanacetifolia) tiene una ventaja poco conocida: no está emparentada con ninguna hortaliza habitual, así que no rompe ninguna rotación. La mostaza crece rapidísimo, pero es una crucífera: no la pongas donde vas a plantar coles.

Se siega en marzo, antes de que florezca, y se deja en superficie o se incorpora superficialmente. Si esperas a que grane, la relación carbono/nitrógeno se dispara y el suelo tardará mucho más en asimilarlo.

Qué se siembra y se planta de septiembre a noviembre

Las fechas dependen mucho de la zona: en el litoral mediterráneo o el suroeste se puede alargar todo un mes o mes y medio respecto al interior de Castilla o a las zonas de montaña.

Siembra directa: habas, guisantes, ajos, espinacas, acelgas, rabanitos, nabos, canónigos, rúcula, escarola, lechugas de invierno (tipos como Maravilla de Invierno o los cogollos aguantan mucho mejor el frío que una batavia de verano) y zanahoria en zonas de invierno suave. La cebolla de grano se siembra en semillero entre octubre y noviembre para trasplantarla a final de invierno.

Plantel a trasplantar: coles, lombarda, brócoli, coliflor, puerros, apio y cardo. Aquí sí hay prisa: para que una coliflor o un brócoli formen pella hace falta plantarlos en septiembre, como mucho a primeros de octubre. Trasplantados en noviembre pasan el invierno parados y suelen espigar en primavera sin dar nada aprovechable. Las coles de hoja, las berzas y el puerro son mucho más tolerantes con la fecha.

Sobre resistencia al frío, para calibrar: las espinacas y las berzas aguantan sin problema por debajo de -6 u -8 ºC; las habas soportan del orden de -4 ºC ya establecidas; los guisantes, -3 ºC; las lechugas empiezan a estropearse a partir de -2 o -3 ºC.

Ajos, habas y fresas, los tres fijos de la temporada

El ajo necesita pasar frío para bulbificar: plantado en primavera da una cabeza pequeña o directamente un solo diente engordado. La ventana buena va de octubre a enero según zona, y de ahí el dicho de plantarlo por San Antón en los sitios más fríos. Se entierran los dientes con la punta hacia arriba, a 3-4 cm de profundidad, separados unos 10-12 cm en líneas a 30 cm. Riega poco: el ajo se pudre con muchísima más facilidad de la que se seca, y en un otoño lluvioso normal no hace falta regarlo en absoluto. Tampoco lo pongas sobre estiércol reciente.

Ajos plantados en líneas en el huerto de otoño

Las habas se siembran de octubre a noviembre, a 4-5 cm de profundidad y unos 20-25 cm entre golpes. No adelantes la siembra a septiembre por ganar tiempo: la planta llega demasiado desarrollada al frío y se hiela con más facilidad, además de coger pulgón negro antes. Cuando empiece a florecer en primavera, despuntar los ápices reduce mucho ese pulgón.

Las fresas se plantan en octubre y noviembre para que enraícen con el suelo aún templado y arranquen fuertes en primavera. Un detalle que decide el éxito: la corona (el punto donde nacen las hojas) va justo al nivel del suelo. Enterrada se pudre, y demasiado alta se seca la raíz.

Riego, acolchado y suelo

El riego se recorta drásticamente: con las lluvias de octubre y la evapotranspiración por los suelos, seguir con el programa de agosto es la vía rápida a las podredumbres de cuello. Riega por la mañana, no al atardecer; la hoja llega seca a la noche y el suelo, además, no está empapado y frío en las horas de riesgo de helada.

El acolchado de otoño cumple otra función distinta a la del verano: ya no se trata tanto de ahorrar agua como de amortiguar la temperatura del suelo, evitar que la lluvia fuerte forme costra y proteger las raíces. Paja, hoja seca triturada o restos de siega, 5-10 cm, sobre fresas, alcachofas, ajos y frutales jóvenes, dejando siempre libre el cuello de la planta.

Las hojas caídas del jardín, si están sanas, son el recurso gratuito de la temporada: apiladas y húmedas dan un mantillo excelente en un año.

Frutales: la caída de hoja es la cita clave

Lo que se hace en el frutal en otoño no se ve hasta abril, y por eso se descuida tanto.

  • Limpieza sanitaria. Retira del árbol y del suelo todos los frutos momificados y las hojas enfermas. Esas momias son el inóculo de la monilia del año siguiente, y las hojas de manzano con moteado (Venturia inaequalis) mantienen el hongo hasta primavera.
  • Tratamiento de cobre cuando ha caído en torno al 50-70 % de la hoja. Es la aplicación más rentable del calendario en melocotoneros y nectarinas frente a la abolladura (Taphrina deformans), y sirve también contra cribado y chancros. Una vez brotado, ya no hay remedio: hay que hacerlo ahora.
  • Nada de nitrógeno. Abonar con nitrógeno a los frutales en otoño retrasa el agostamiento de la madera y deja brotes tiernos que se hielan. Materia orgánica sí; nitrógeno mineral, en primavera.
  • Plantación a raíz desnuda a partir de noviembre, con el árbol en reposo. Hoyo amplio, sin estiércol fresco en el fondo, y el punto de injerto por encima del nivel del suelo.

Con la poda, conviene distinguir. Los frutales de pepita (manzano, peral) se podan en pleno reposo invernal sin problema. Los de hueso —melocotonero, cerezo, albaricoquero, ciruelo— son sensibles a chancros bacterianos y a gomosis si se les corta en época fría y húmeda; en ellos es preferible podar en verano tras la cosecha o esperar a final de invierno, y siempre con tiempo seco.

Proteger de las primeras heladas

La primera helada de la temporada llega en el interior peninsular entre finales de octubre y noviembre, y suele coger desprevenido. Herramientas, de menos a más:

  • Manta térmica o velo de forzado (17-30 g/m²). Es lo más útil del huerto de invierno: gana del orden de 2 a 4 ºC, deja pasar luz, agua y aire, y puede quedarse puesta días. Se coloca holgada, con margen para que la planta crezca.
  • Túnel bajo con arcos. Más protección, pero exige ventilar en cuanto sale el sol: dentro de un túnel cerrado un día despejado de noviembre se superan fácilmente los 30 ºC.
  • Riego la víspera. Un suelo húmedo acumula y devuelve más calor durante la noche que uno seco. Regar por la mañana del día anterior a una noche fría es una medida sencilla y real.
  • Troncos. Blanquear con pintura de cal los troncos jóvenes evita las grietas por contraste térmico entre el sol de mediodía y la helada nocturna. En cítricos jóvenes y aguacates, envolver el tronco con tejido o cañizo el primer par de inviernos.
  • Macetas. Se agrupan, se arriman a un muro orientado al sur y se elevan del suelo; el cepellón de una maceta se congela mucho antes que el suelo del bancal.

El plástico transparente en contacto directo con la hoja es contraproducente: donde toca, la planta se quema por congelación. Si usas plástico, que sea sobre estructura.

Plagas y enfermedades que siguen activas

Con las lluvias vuelven babosas y caracoles, que en octubre pueden arrasar un trasplante de lechugas en dos noches; los cebos de fosfato férrico son compatibles con huerto ecológico. Las orugas de la col (Pieris rapae) siguen comiendo hasta bien entrado octubre y se controlan bien con Bacillus thuringiensis aplicado al atardecer. En otoños húmedos aparece roya en ajos y puerros, favorecida por el riego excesivo y la falta de aireación. Y revisa la base de las coles: el pulgón ceroso se instala en el cogollo y desde ahí es difícil de sacar.

Errores frecuentes en el huerto de otoño

  • Dejar el bancal desnudo hasta marzo, en lugar de cubrirlo con abono verde o acolchado.
  • Voltear el suelo en profundidad "para que airee", con lo que se destruye estructura y se activa el semillero de hierbas.
  • Seguir regando como en verano.
  • Trasplantar brásicas de ciclo largo en noviembre y esperar cosecha.
  • Compostar hojas y frutos enfermos de los frutales.
  • Podar melocotoneros y cerezos con lluvia y frío.
  • Retirar la manta térmica al primer día de sol y volver a taparla tarde.

En resumen

El otoño en el huerto se resuelve en cuatro frentes: limpiar el cultivo de verano llevándose fuera lo enfermo, aportar materia orgánica ahora que hay meses por delante para que se descomponga, sembrar y plantar a tiempo lo que da de comer en invierno —ajos, habas, guisantes, hojas de invierno y brásicas plantadas ya en septiembre— y preparar a los frutales con limpieza sanitaria, tratamiento de cobre a caída de hoja y nada de nitrógeno. Añade una manta térmica a mano para las primeras heladas y riego reducido y matinal, y el huerto llegará a la primavera con el suelo en mejor estado del que tenía en agosto.


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