Cerca de un centenar de géneros y algo más de 950 especies forman la familia Cucurbitaceae, y de todo ese conjunto apenas media docena ocupan el grueso del huerto español: pepino, melón, sandía, calabacín y calabazas. Son plantas que comparten anatomía, calendario, plagas y manías, así que entender la familia como un todo ahorra mucho trabajo de campo.

Distintas cucurbitáceas cultivadas: calabazas, calabacines, melón y sandía

Qué tienen en común todas ellas

Salvo excepciones leñosas y perennes de zonas tropicales, son herbáceas anuales, rastreras o trepadoras, de crecimiento rapidísimo cuando llega el calor. Se agarran mediante zarcillos, que no son hojas modificadas sino brotes transformados, y llevan hojas alternas, grandes, de limbo palmeado o lobulado y tacto áspero por los pelos rígidos que cubren tallos y envés.

Lo que de verdad define su manejo son dos rasgos. El primero es que son monoicas, con contadas excepciones dioicas como la nueza: la misma planta produce flores masculinas y femeninas separadas. Las femeninas se distinguen a simple vista porque llevan bajo la corola un ovario ínfero ya con la forma del futuro fruto. El segundo es que ese ovario da lugar a un tipo de fruto característico, el pepónide: una baya de corteza endurecida y placentas carnosas, que es lo que comemos en un melón o en una sandía.

Las flores son casi siempre amarillas o blancas, abren pocas horas y dependen de insectos para la polinización, principalmente abejas. Ni el viento ni la autopolinización dentro de una misma flor resuelven el problema, porque los sexos están separados. De ahí que la mala cuaja sea, en esta familia, un problema de polinizadores mucho más a menudo que de abono.

Las especies que se cultivan aquí

Merece la pena ordenarlas por género, porque el género determina con qué cruzan y qué comportamiento tienen.

Cucumis sativus, el pepino, y Cucumis melo, el melón, comparten género pero no cruzan entre sí. Dentro de Cucumis melo caben cosas tan distintas como el melón piel de sapo, el cantalupo, el galia y también el melón de invierno o el pepino armenio, que botánicamente es un melón aunque sepa a pepino.

Citrullus lanatus es la sandía. No cruza con melón ni con pepino, por mucho que se repita lo contrario en las conversaciones de huerto.

El género Cucurbita agrupa las calabazas y el calabacín, y aquí sí hay que hilar fino porque hay cuatro especies en cultivo:

Cucurbita pepo incluye el calabacín, la calabaza espagueti, el bellota y buena parte de las calabazas ornamentales pequeñas. Cucurbita maxima reúne las calabazas grandes de invierno, tipo potimarrón o las de récord de peso. Cucurbita moschata es la de la calabaza cacahuete o violín, la más apreciada para puré y la que mejor aguanta el almacenamiento. Cucurbita ficifolia, la cidra cayote o chilacayote, es la que se emplea para hacer cabello de ángel y la que se usa como patrón en injertos. Las tres primeras solo cruzan con soltura dentro de su propia especie, lo que importa a la hora de guardar semilla.

Fuera de estos grandes nombres hay otras cucurbitáceas cultivadas o silvestres de interés: Lagenaria siceraria, la calabaza vinatera o de peregrino, cultivada por su corteza leñosa para hacer recipientes; Luffa aegyptiaca, de la que se obtiene la esponja vegetal; Sechium edule, el chayote, que en la Península solo prospera en zonas muy templadas; Momordica charantia, el melón amargo; y dos silvestres ibéricas que conviene reconocer, Ecballium elaterium, el pepinillo del diablo, y Bryonia dioica, la nueza blanca.

La familia también tiene su lado tóxico

Las cucurbitáceas fabrican cucurbitacinas, unos triterpenos muy amargos que en las variedades de huerto la selección ha reducido casi a cero, pero que reaparecen por dos vías: semilla procedente de un cruce con una calabaza ornamental o con una forma silvestre, y en menor medida situaciones de estrés fuerte en la planta.

El síntoma es inequívoco: amargor intenso al primer bocado. La regla de seguridad no admite matices. Si un calabacín, un pepino o una calabaza saben amargos, se escupe y se tira la pieza entera; no se cocina, no se aprovecha «la parte buena» y no se da a los animales. Las cucurbitacinas son termoestables, de modo que freír, hervir o asar no las neutraliza. La ingestión provoca dolor abdominal, vómitos y diarrea intensa, y en episodios documentados con calabacín amargo se ha descrito además caída de cabello semanas después. Ha habido casos con desenlace grave en Europa, así que la prudencia está justificada.

De ahí una recomendación práctica: no guardes semilla de calabacín o calabaza si en el huerto o en el jardín había calabazas decorativas floreciendo cerca. Y en las plantas silvestres, el pepinillo del diablo merece respeto: su fruto maduro proyecta a presión un jugo irritante que produce conjuntivitis y quemazón si alcanza los ojos, y es tóxico por ingestión. Basta con no manipularlo y avisar a los niños.

Un mito que conviene desmontar

Se repite mucho que «el melón me salió soso porque cruzó con el pepino de al lado» o que «la calabaza amargó al calabacín». Esto es falso tal como se cuenta.

El polen extraño fecunda el óvulo y determina la semilla, no la carne del fruto de ese año. La pulpa que comemos es tejido materno, con el genotipo de la planta que lo lleva. Un cruce accidental este verano se notará el año que viene, si siembras esas semillas, pero no altera el sabor del melón que estás cortando. La excepción curiosa, la xenia visible en el endospermo, se da en cereales como el maíz, no en cucurbitáceas.

Un melón soso casi siempre lo es por otro motivo: exceso de riego en las últimas dos semanas antes de la recolección, cosecha adelantada, verano fresco o falta de horas de sol. Cortar el agua al final del ciclo concentra azúcares y es la palanca más eficaz que tiene el hortelano.

Calendario y manejo en clima peninsular

Todas son de estación cálida y sensibles a la helada. La siembra directa pide suelo por encima de 15 ºC, que en el interior peninsular no llega hasta mayo y en el litoral mediterráneo se adelanta a abril. Quien quiera ganar tiempo siembra en semillero protegido tres o cuatro semanas antes y trasplanta con dos hojas verdaderas, sin dejar que la planta se enrede en el alvéolo.

Piden suelo profundo, rico en materia orgánica y bien drenado, con pH entre 6 y 7. Un aporte de compost o estiércol maduro antes de plantar, de 3 a 5 kg por metro cuadrado, cubre buena parte de las necesidades. Después, durante el llenado del fruto, lo que hace falta es potasio; el nitrógeno en exceso multiplica hoja y retrasa la cuaja.

Los marcos son generosos porque estas plantas ocupan mucho: en torno a 1 m entre plantas para pepino en vertical, 1 x 1,5 m para calabacín, y 1,5 x 2 m o más para calabaza de invierno, melón y sandía. Conducir el pepino en espaldera y dejar rastreras las calabazas es lo habitual.

Dos gestos que marcan diferencia: acolchar, para conservar humedad y evitar que los frutos toquen suelo húmedo, y regar por goteo sin mojar el follaje, porque la hoja mojada por la tarde es la vía de entrada del mildiu. Y la rotación: entre cucurbitáceas conviene dejar pasar tres o cuatro años en la misma tabla.

Polinización, cuaja y flores caídas

La escena se repite todos los junios: la planta echa flores a docenas y no cuaja nada. Antes de echar mano del abono, revisa dos cosas.

Primero, las primeras flores en abrir son masculinas. Caen sin dar fruto y eso es el comportamiento normal de la especie, no un fallo de cultivo. Las femeninas llegan días después.

Segundo, si hay flores femeninas cuyo ovario amarillea y se pudre por la punta, el problema es de polinización insuficiente. La flor necesita varias visitas de abeja para que se fecunden todos los óvulos; con pocas visitas el fruto sale deforme o aborta. Se corrige sembrando flores melíferas cerca, evitando insecticidas durante la floración y, si hace falta, polinizando a mano a primera hora de la mañana: se corta una flor masculina, se le quitan los pétalos y se frota el estambre sobre el estigma de la femenina recién abierta.

Caso aparte es la sandía sin semillas: es triploide y su polen no es funcional, de modo que necesita obligatoriamente plantas polinizadoras diploides intercaladas. Sin ellas no da fruto, por muchas abejas que haya.

Plagas y enfermedades comunes a la familia

El repertorio es compartido, así que lo que aprendas con el calabacín te sirve con el melón.

Oídio (Podosphaera xanthii): polvo blanco sobre la hoja, típico de final de verano con días secos y noches frescas. Azufre mojable en preventivo, siempre por debajo de 30 ºC para no quemar, y variedades resistentes cuando existan.

Mildiu (Pseudoperonospora cubensis): manchas angulosas limitadas por los nervios, con pelusa grisácea en el envés. Aparece con humedad alta; se combate aireando, no mojando la hoja y con cobre en las primeras fases.

Fusarium y podredumbres de cuello: marchitez brusca en pleno día que ya no se recupera. Son de suelo y no tienen tratamiento curativo; se previenen con rotación, drenaje y, en producción, con injerto sobre patrones híbridos de Cucurbita maxima x C. moschata.

Araña roja, pulgón, trips y mosca blanca: además del daño directo, los tres últimos transmiten virus. En España el virus de Nueva Delhi (ToLCNDV), vectado por Bemisia tabaci, ha causado problemas serios en calabacín y melón desde su detección en Murcia y Almería, con hojas rizadas y amarillentas y frutos rugosos e incomercializables. Contra los virus no hay cura: se actúa sobre el vector, sobre las malas hierbas hospedantes y eliminando plantas afectadas.

Cuándo se recolecta cada una

Cada cultivo tiene su señal, y acertar con el momento vale más que cualquier abono.

Calabacín: entre 15 y 20 cm, con la piel brillante y el pedúnculo tierno. Cortar seguido estimula nuevas flores; dejar engordar un fruto frena la planta entera.

Pepino: firme, verde uniforme y antes de que empiece a amarillear. Un pepino amarillo está pasado, no maduro.

Melón: en los tipos cantalupo y galia aparece un anillo de abscisión en el pedúnculo y el fruto se desprende casi solo, además de oler. En piel de sapo, que no forma ese anillo, hay que fiarse del amarilleo de la zona de contacto con el suelo y del ligero ablandamiento de la punta opuesta al pedúnculo.

Sandía: el zarcillo más próximo al fruto se seca, la mancha de apoyo pasa de blanca a amarillo crema y el sonido al golpear se vuelve sordo. Ninguna de las tres señales por sí sola es fiable; las tres juntas, sí.

Calabaza de invierno: pedúnculo leñoso y corteza que resiste la uña. Se corta dejando un buen trozo de rabo, se cura diez o quince días a 25-30 ºC y luego se guarda en seco a 12-15 ºC, donde aguanta meses.

Más allá del fruto

La familia da algo más que pulpa. Las flores de calabacín y calabaza se consumen rebozadas o rellenas, y lo sensato es recolectar las masculinas, que sobran, dejando las femeninas para que fructifiquen. Las pipas de calabaza, lavadas, secadas y tostadas, son un producto en sí mismo. Del Luffa se obtiene la esponja vegetal dejando madurar el fruto hasta que se seca la fibra interna. Y la Cucurbita ficifolia alimenta una industria pequeña pero fiel, la del cabello de ángel de la repostería española.

Nutricionalmente son cultivos de alto contenido en agua y pocas calorías. Sandía y melón rondan el 90 % de agua; el pepino supera el 95 %. Las calabazas de pulpa naranja aportan cantidades importantes de carotenoides precursores de vitamina A, y son las únicas de la familia con una densidad nutricional apreciable.

En resumen

Las cucurbitáceas son plantas de estación cálida, monoicas, de crecimiento rápido y fruto en pepónide, y comparten tanto el calendario como los problemas: siembra a partir de mayo en el interior y abril en el litoral, suelo rico y drenado, riego por goteo sin mojar la hoja, potasio en la fase de fruto y rotación de tres o cuatro años. Pepino y melón son Cucumis, la sandía es Citrullus y calabacín y calabazas se reparten entre cuatro especies de Cucurbita, dato que importa al guardar semilla. Dos cosas que no hay que olvidar: la mala cuaja suele ser falta de abejas y no falta de abono, y cualquier fruto de esta familia que sepa amargo se tira entero, porque las cucurbitacinas no se destruyen al cocinar.


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