Un racimo cortado con los frutos todavía verdes y angulosos acaba sabiendo mejor que uno dejado en la planta hasta que amarillea. Suena al revés de lo que dicta el sentido común con otras frutas, pero con el plátano funciona así, y entender el porqué es la mitad del trabajo de acertar con la fecha de corte.

La planta del plátano (Musa acuminata, del subgrupo Cavendish en las variedades que se cultivan en Canarias y en la costa subtropical peninsular) no es un árbol sino una herbácea gigante. Cada pseudotallo florece una sola vez, saca un único racimo y muere; el relevo lo toma un hijuelo que ya está creciendo a su lado. Eso significa que no hay una "temporada de recolección" que se repita cada año en la misma fecha, como pasa con un cerezo. Cada planta tiene su propio reloj, que empieza a contar el día que asoma la inflorescencia.

Racimo de plátanos verdes en la planta, listos para el corte

Cuánto tarda desde la floración hasta el corte

El momento en que la bellota (la inflorescencia colgante, morada, que la gente llama flor o piña) rompe por el ápice del pseudotallo es la referencia útil. A partir de ahí van saliendo las manos, una detrás de otra, y el racimo empieza a llenar.

El tiempo que tarda en estar listo depende casi por completo de la temperatura acumulada, no del calendario. En condiciones cálidas —racimos que emergen en primavera y engordan durante el verano— pueden bastar tres meses y medio o cuatro. Un racimo que sale en octubre y tiene que pasar el invierno llenando puede necesitar seis, siete e incluso ocho meses. Por debajo de unos 13-14 °C el llenado prácticamente se detiene: la planta no muere, pero el fruto se queda parado esperando calor. De ahí que en el sur peninsular, en la Axarquía malagueña o en la costa de Granada, los racimos emitidos a final de verano no se corten hasta bien entrada la primavera siguiente.

Contando desde la plantación del hijuelo hasta el primer corte, lo normal es entre doce y dieciocho meses en cultivo al aire libre, y algo menos bajo invernadero. Las siguientes generaciones de la misma cepa van más rápidas, porque parten de un rizoma ya establecido.

Las señales de que el racimo está en su punto

El indicador que se usa profesionalmente y que cualquiera puede aplicar en casa es el grado: el diámetro del fruto medido en su parte central, con un calibrador o incluso con un pie de rey barato. La medición se hace sobre un dedo del centro de la segunda mano contando desde arriba, que es la más representativa del racimo.

Un plátano que se va a comercializar lejos se corta más delgado, hacia los 32-34 mm, para que aguante el transporte. Para consumo propio o venta cercana conviene esperar más, a 36-40 mm, porque el fruto gana pulpa y azúcar hasta el final. Pasado ese punto el riesgo de que la piel se abra longitudinalmente crece deprisa.

Junto al calibre hay dos señales visuales que no fallan. La primera es el redondeo de las aristas: el plátano inmaduro tiene una sección claramente angulosa, con costillas marcadas, y a medida que llena esas aristas se van suavizando hasta que la sección es casi circular. Cuando ya cuesta notar los cantos con la yema del dedo, el fruto está lleno. La segunda es el secado de los restos florales en la punta de cada dedo, que se desprenden con facilidad.

Y hay una señal de alarma: si el primer plátano de la mano superior empieza a amarillear en la planta, el racimo se ha pasado. Ese fruto está madurando por su cuenta y liberando etileno, y arrastrará al resto en cadena. Lo que hay que hacer entonces es cortar ya, no esperar más.

Por qué no se deja madurar en la planta

Es la creencia más extendida sobre este cultivo y conviene desmontarla. El plátano es un fruto climatérico: completa su maduración perfectamente después de separado de la planta, transformando el almidón en azúcares. No necesita seguir unido a la mata para ponerse dulce.

Lo que sí ocurre si se deja madurar en el racimo es una lista de problemas. La piel se agrieta y entran hongos e insectos. La pulpa queda harinosa, con textura pastosa y aroma pobre, porque la maduración en la planta es desigual y demasiado lenta. Los pájaros y las avispas se adelantan siempre. Y como los frutos maduran de forma escalonada, se pierde media cosecha esperando a la otra media. Cortar en verde y madurar fuera da fruta mejor y más homogénea.

Cómo se corta el racimo

Un racimo bien llenado pesa entre 20 y 45 kg, y cae desde dos o tres metros de altura. Cortarlo de un solo tajo y dejarlo caer estropea la fruta y es peligroso. La forma correcta es hacerlo entre dos personas: una corta el pseudotallo a media altura con un machete, solo hasta la mitad del grosor, de manera que la planta se doble despacio y acerque el racimo; la otra sujeta y recibe el peso sobre el hombro, protegido con una tela o una espuma. Después se corta el raquis dejando unos 20-30 cm de mango por encima de la primera mano, que sirve para colgarlo.

Conviene cortar a primera hora, con el fruto fresco y turgente, y nunca con la planta empapada de lluvia o de riego reciente, porque el látex mancha más y las heridas se infectan antes. Ese látex, por cierto, tiñe la ropa de marrón oscuro de forma prácticamente permanente: dejar el racimo colgado o apoyado boca abajo un rato para que drene evita buena parte del problema.

Una vez cortado el racimo, el pseudotallo ya no sirve para nada: se corta a ras y se trocea para que se descomponga en el suelo o se lleva al compost. Ese es también el momento de decidir qué hijuelo se deja como sucesor. Se prefieren los llamados hijos de espada, con hojas estrechas y lanceoladas, que salen de un rizoma profundo y bien conectado, frente a los hijos de agua, de hojas anchas y aspecto exuberante, que crecen rápido pero dan racimos flojos.

Cuidados que deciden la fecha de corte antes de tiempo

Hay tres operaciones que se hacen durante el llenado y que adelantan la recolección o mejoran el resultado.

El desbellotado consiste en eliminar la bellota masculina una vez que han salido todas las manos y ha aparecido una o dos manos de dedos raquíticos. Al quitarla se suprime un sumidero de nutrientes y el racimo llena antes y más parejo. Se hace a mano, girándola hasta que se desprende, o con un corte limpio a un palmo por debajo de la última mano útil.

El embolsado —cubrir el racimo con una funda de polietileno perforado, azul o transparente— crea un microclima algo más cálido que puede adelantar el corte entre una y tres semanas, y protege de rozaduras, insectos y quemaduras de sol. En zonas frescas marca una diferencia real.

El apuntalado no cambia la fecha, pero evita perder la cosecha entera: una planta cargada con 40 kg descentrados se tumba con la primera racha de viento. Dos puntales cruzados en la base del racimo, o una cinta al pseudotallo vecino, bastan.

Qué hacer con el racimo ya cortado

Lo primero es separarlo en manos con un cuchillo curvo, cortando por la corona y no por los dedos. Si se van a guardar, es útil sumergir las manos en agua limpia unos minutos para que suelten el látex de la herida y luego dejarlas escurrir bien.

La maduración se hace a 18-22 °C, en oscuridad o penumbra y sin corrientes. Meter una manzana madura o un tomate maduro en la misma bolsa acelera el proceso, porque ambos emiten etileno; una bolsa de papel cerrada concentra el que emite el propio plátano. En cinco a diez días el color pasa de verde a amarillo con puntas verdes y de ahí a amarillo pleno.

Escalonar el consumo es fácil: se dejan unas manos a temperatura ambiente y otras en el sitio más fresco de la casa, siempre por encima de 13 °C. Lo que no hay que hacer es meter plátanos verdes en la nevera. Por debajo de unos 12-13 °C sufren daño por frío: la piel se ennegrece, la pulpa se queda dura y ya no madura nunca. Un plátano ya amarillo sí se puede refrigerar; se pondrá negro por fuera, pero la pulpa aguanta unos días más en buen estado.

El caso del plátano macho

Si lo que se cultiva es un plátano macho o plátano de guisar (los cultivares del grupo AAB, distintos de los Cavendish), los criterios cambian. Ahí el fruto se corta claramente verde y firme, con las aristas todavía marcadas, precisamente porque se busca la pulpa almidonosa para freír o cocer. Dejarlo llenar hasta el redondeo completo lo acerca a la maduración y lo vuelve dulce y blando, que es justo lo contrario de lo que se quiere en la sartén.

En resumen

El plátano se corta verde, entre tres y ocho meses después de la floración según el calor acumulado, cuando el diámetro del fruto central de la segunda mano ronda los 36-40 mm para consumo propio y las aristas de los dedos están ya redondeadas. El primer plátano que amarillee en la planta es la señal de que se ha esperado demasiado. El corte se hace entre dos personas doblando el pseudotallo a media altura, dejando mango en el raquis, y después el racimo madura en casa a 18-22 °C, nunca en la nevera mientras siga verde. Desbellotar, embolsar y apuntalar durante el llenado adelantan el corte y salvan la cosecha del viento.


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