En noviembre o en febrero. Ahí se resume toda la decisión que hay detrás de la siembra del garbanzo en España, y de esa elección depende buena parte de lo que se recoja en junio. El Cicer arietinum admite las dos ventanas, pero no son intercambiables: cambian el rendimiento, cambian las enfermedades que hay que temer y cambia incluso la variedad que conviene comprar.
Lo que sigue es el calendario real de siembra en clima peninsular, con las razones de fondo, porque el garbanzo es de esos cultivos que se estropean por exceso de cuidados más que por falta de ellos.
Las dos épocas de siembra y qué se gana con cada una
Siembra de primavera (de mediados de febrero a finales de marzo). Es la tradicional en la meseta y en el interior norte. Se espera a que el suelo pase de 8-10 ºC y a que hayan quedado atrás las heladas más duras. La planta crece deprisa, florece en mayo y se recolecta a finales de junio o en julio. La ventaja es sanitaria: el ciclo pasa por menos semanas de lluvia, y la rabia del garbanzo (Ascochyta rabiei, forma sexual Didymella rabiei) tiene menos ocasión de propagarse. El inconveniente es que la planta llega a formar el grano con el calor ya encima y con las reservas de agua del suelo agotadas, así que el rendimiento es menor.
Siembra de invierno (de noviembre a principios de enero). Se practica sobre todo en Andalucía, Extremadura, el valle del Ebro y todo el sur y suroeste peninsular. La planta enraíza durante el invierno, aprovecha las lluvias de otoño e invierno y llega a floración con un sistema radicular mucho más profundo. Los rendimientos suben de forma clara respecto a la siembra de primavera, y en esto no hay discusión agronómica. El precio a pagar es la rabia: un invierno lluvioso sobre un garbanzal sembrado en noviembre puede arrasarlo. Por eso la siembra de invierno solo tiene sentido con variedades tolerantes y asumiendo que habrá que tratar preventivamente.
En el huerto familiar, si vives en la mitad sur y tienes un rincón soleado y bien drenado, la siembra de diciembre suele dar mejores plantas. Si estás en zona fría, con suelo pesado o con inviernos muy húmedos, siembra en febrero-marzo y no le des más vueltas.
Cuánto frío aguanta y hasta cuándo se puede sembrar
En estado vegetativo, con la planta pequeña y bien enraizada, el garbanzo soporta heladas de -5 ºC a -8 ºC sin daños irreversibles. Esa resistencia es la que hace viable la siembra de otoño. Lo que no tolera en absoluto son las heladas en floración: una helada tardía de abril sobre una planta en flor tira las flores y las vainas recién cuajadas, y ese daño no se recupera.
El límite tardío de siembra en el interior peninsular está a mediados o finales de marzo. Sembrar en abril es una pérdida de tiempo salvo en zonas de montaña: la planta llega a llenar el grano en pleno junio, con más de 30 ºC, y el garbanzo se queda pequeño y arrugado. Por arriba, el cultivo se resiente a partir de 30-32 ºC durante la formación de la vaina.
Suelo, marco de plantación y profundidad
El garbanzo pide suelo profundo, suelto y sobre todo bien drenado, con pH entre 6 y 8. Prospera bien en suelos calizos y francos, que es lo habitual en las zonas garbanceras clásicas: Fuentesaúco, la campiña andaluza, Castilla. Lo que no perdona es el encharcamiento, ni siquiera durante unas horas. Si tu bancal se queda con agua después de una tormenta, plántalo en caballón elevado o no lo plantes.
La siembra es directa, siempre. El garbanzo desarrolla una raíz pivotante y no admite trasplante en condiciones razonables. Datos concretos:
Profundidad: de 5 a 8 cm, más de lo que la gente suele enterrar una legumbre. Sembrar somero es un error frecuente: la semilla queda expuesta a la desecación superficial y a los pájaros, y en siembra de invierno pierde el aislamiento térmico que necesita. En suelo arenoso, hacia los 8 cm; en arcilloso, hacia los 5.
Marco: unos 40-50 cm entre líneas y 10-15 cm entre plantas dentro de la línea. Se pueden poner dos o tres semillas por golpe y aclarar después. En huerto pequeño no conviene apretar más: la aireación entre plantas es la primera defensa contra la rabia.
Abonado: no aportes nitrógeno. El garbanzo se asocia con Mesorhizobium ciceri y fija el suyo propio; el nitrógeno extra da mata frondosa y pocas vainas, y además retrasa la maduración. Si el suelo es pobre, un aporte de compost bien hecho el otoño anterior y algo de potasio es suficiente. Fósforo sí responde bien en suelos deficitarios.
Riego: menos del que crees
Aquí está el error más extendido del huerto casero. El garbanzo es un cultivo de secano en casi toda España: se siembra con la humedad de fondo del suelo y se conforma con lo que llueve. Regarlo como se riega una judía es la forma más rápida de matarlo, porque el exceso de humedad favorece la Fusarium oxysporum f. sp. ciceris, que provoca la marchitez, y salpica esporas de rabia sobre las hojas bajas.
Si el año viene muy seco, un riego de apoyo en prefloración y otro durante el llenado de la vaina marcan la diferencia. Se dan por surco o por goteo, nunca por aspersión, y se espacian. Ese es todo el riego que necesita el cultivo.
Hay un detalle curioso y útil: las hojas del garbanzo están cubiertas de pelos glandulares que segregan ácidos málico y oxálico. Ese exudado ácido explica que el cultivo apenas sufra pulgón, y también que al pasar la mano por la mata en un día húmedo se noten los dedos pegajosos. No es una plaga ni un hongo, es la planta funcionando.
Variedades para sembrar aquí
Comercialmente se distinguen dos grandes tipos: kabuli, de grano grande, claro y rugoso, que es el que se come en España, y desi, de grano pequeño y oscuro, más común en Asia y destinado sobre todo a harina.
Entre los kabuli españoles, el Castellano es rústico y de grano medio; el Blanco Lechoso da grano grande y de piel fina, muy valorado en cocina; el Pedrosillano es de grano pequeño y redondo, muy resistente y de mata baja, ideal para secano duro. Para siembra de invierno, busca en la etiqueta que la variedad indique tolerancia a rabia; sembrar un lechoso sensible en noviembre en zona lluviosa es tirar la semilla.
Problemas que hay que vigilar
Rabia (Ascochyta rabiei). Manchas circulares pardas con anillos concéntricos en hojas, tallos y vainas, y roturas del tallo por donde la planta se dobla. Avanza con lluvia y temperaturas suaves. Prevención: variedad tolerante, semilla sana, marco amplio y eliminar los restos del cultivo anterior.
Fusariosis. Amarilleo y marchitez de plantas sueltas, en rodales que se van ampliando. Es un hongo de suelo y no tiene tratamiento curativo. La única defensa real es la rotación.
Heliothis (Helicoverpa armigera). La oruga perfora las vainas y se come el grano en verde, ya en mayo-junio. En huerto pequeño se controla bien con Bacillus thuringiensis aplicado al atardecer en cuanto se ven las primeras perforaciones.
Gorgojo (Callosobruchus). Ataca al grano ya almacenado. Se evita metiendo la cosecha seca 72 horas en el congelador antes de guardarla en tarro hermético.
Sobre la rotación: no repitas garbanzo en el mismo bancal antes de cuatro o cinco años, y no lo siembres detrás de otra leguminosa. Va muy bien detrás de cereal y deja el suelo en buenas condiciones para el cultivo siguiente.
Recolección y secado
El ciclo completo va de unos 100 días en siembra de primavera a 150-180 en siembra de invierno. El garbanzo no se recolecta vaina a vaina: se espera a que toda la planta amarillee y se seque, las vainas suenen al agitarlas y el grano no se marque con la uña. Entonces se arranca la mata entera, se deja unos días al sol en un lugar aireado y se desgrana.
El grano debe quedar por debajo del 12-13 % de humedad antes de guardarlo, o se enmohece. Se conserva varios años en tarro de cristal hermético y a oscuras, aunque a partir del segundo o tercer año tarda bastante más en cocer.
También se puede comer en verde, cuando la vaina está llena y aún tierna. Es un uso poco habitual en España pero perfectamente válido, y da una legumbre parecida a un guisante grande de sabor a nuez.
Errores que se repiten
Poner la semilla en remojo antes de sembrar. Se hace por costumbre y con el garbanzo es contraproducente: la semilla absorbe agua muy deprisa, los cotiledones se agrietan y una parte se pudre en el suelo. Se siembra seca.
Regar de más. Ya está dicho, pero es la causa número uno de fracaso en huerto urbano.
Sembrarlo en maceta. Es posible en un contenedor hondo, de 30 cm o más, pero el rendimiento por planta es tan bajo que rara vez compensa. Una mata da entre 20 y 40 vainas con uno o dos granos cada una. Para llenar un tarro hacen falta metros de bancal, no macetas.
Confundirlo con la judía. Nada de tutores, nada de riego frecuente, nada de estiércol fresco. El garbanzo es una planta de secano mediterráneo y responde a un manejo austero.
En resumen
El garbanzo se siembra en dos ventanas: de noviembre a enero en la mitad sur y zonas de invierno suave, con variedad tolerante a rabia y mayor rendimiento, o de febrero a marzo en el interior y el norte, con menos riesgo sanitario y cosecha algo más corta. Siempre siembra directa, a 5-8 cm de profundidad, en suelo bien drenado y con marco holgado. Nada de nitrógeno, nada de remojo previo y muy poco riego: a lo sumo un apoyo en floración y otro en el llenado del grano. Se recolecta arrancando la mata seca en junio o julio, se seca al sol y se guarda en hermético. Rotación de cuatro o cinco años y el cultivo apenas dará más trabajo que ese.