La patata (Solanum tuberosum) es un cultivo que responde al riego de una forma muy poco intuitiva. No se trata de regar mucho ni de regar poco, sino de regar en el momento justo y con regularidad. Un huerto regado a ojo puede dar patatas pequeñas, agrietadas, huecas por dentro o con sarna, y en casi todos esos casos el problema no fue la cantidad total de agua sino su reparto a lo largo del ciclo.

El motivo es que el tubérculo no es un fruto: es un tallo engrosado que crece por acumulación. Cualquier parón de crecimiento seguido de un aporte brusco de agua deja una cicatriz en ese engrosamiento, y de ahí salen las patatas deformes, agrietadas o con corazón hueco.

Después de plantar, no riegues

Es la indicación que más cuesta seguir y la más importante. La patata de siembra es un tubérculo lleno de reservas de agua y almidón: tiene todo lo que necesita para brotar sin ayuda. Si riegas nada más plantar, sobre todo en suelo frío de febrero o marzo, lo más probable es que la patata madre se pudra antes de emitir brotes.

Lo correcto es plantar en suelo con tempero, es decir, fresco pero no encharcado, y esperar. Con la humedad residual del invierno suele bastar hasta la emergencia. Solo si el suelo está realmente seco —una primavera anómala en el sur, por ejemplo— se da un riego ligero, y aun así con moderación.

Desde la plantación hasta que asoman los brotes pasan entre dos y cuatro semanas, según la temperatura del suelo y si la patata estaba pregerminada.

Las tres fases del riego

Emergencia y desarrollo foliar. Cuando las matas alcanzan 15-20 cm empiezan a demandar agua en serio. Riegos moderados, espaciados, dejando que la capa superficial se seque entre uno y otro. En esta fase interesa que la raíz profundice, y un suelo permanentemente húmedo en superficie consigue justo lo contrario.

Tuberización y engorde. Es la fase crítica y coincide aproximadamente con el momento en que la planta empieza a formar botones florales, unas seis a ocho semanas después de la plantación. Aquí el suelo no debe secarse en ningún momento. La humedad debe mantenerse alrededor del 70-80 % de la capacidad de campo. Un estrés hídrico de una semana durante el engorde reduce la cosecha de forma que ya no se recupera aunque después riegues bien. En verano, en el interior peninsular, eso puede significar regar cada dos o tres días; en suelos arcillosos o en primaveras frescas, una vez por semana.

Cultivo de patatas en pleno desarrollo

Maduración. Cuando la floración termina y las hojas inferiores empiezan a amarillear, hay que reducir el riego progresivamente y suspenderlo por completo dos o tres semanas antes de arrancar. Este paso no es opcional. Sin ese secado final, la piel del tubérculo no se endurece —la piel "cura" con el suelo seco— y las patatas se dañan al arrancarlas, se pudren en el almacén y no aguantan más de unas semanas.

Cómo regar: la forma importa tanto como el momento

La patata tiene un enemigo llamado mildiu (Phytophthora infestans), el mismo hongo que provocó la gran hambruna irlandesa. Necesita agua libre sobre la hoja para infectar. Por eso, todo lo que moje el follaje juega en tu contra.

El riego por goteo es la mejor opción: una línea por caballón, con goteros cada 30 cm, aplicando agua directamente al pie. Mantiene la humedad constante, ahorra entre un 30 y un 50 % de agua frente al riego a manta y deja la hoja seca. Si cultivas más de unos pocos metros, compensa instalarlo.

El riego a manta o por surcos, el tradicional, funciona bien en huertos con caballones: el agua corre por el fondo del surco y el caballón se humedece por capilaridad sin que el agua toque las plantas. Su problema es el consumo y que exige un terreno bien nivelado.

La manguera sirve para huertos pequeños siempre que se use con criterio: sin difusor de lluvia, a poca presión, dirigiendo el chorro al suelo y no a las matas. Un chorro fuerte descalza el caballón y deja tubérculos al descubierto.

La regadera es viable en mesas de cultivo y sacos. Su ventaja es el control absoluto; su inconveniente, que es fácil quedarse corto. En un saco de 40 litros con pleno sol de julio pueden hacer falta cuatro o cinco litros cada dos días.

Lo que conviene evitar es el aspersor. Moja toda la parte aérea, favorece el mildiu y desperdicia agua por evaporación. Si es tu única opción, riega a primera hora de la mañana para que el follaje se seque cuanto antes.

Riega temprano y acolcha

La mejor hora para regar es el amanecer. El suelo está fresco, la evaporación es mínima y la planta llega hidratada a las horas de sol. Regar a mediodía en julio desperdicia buena parte del agua y provoca un choque térmico en la raíz. Regar al anochecer es aceptable con goteo, pero con cualquier sistema que moje la hoja deja el follaje húmedo toda la noche, que es exactamente lo que el mildiu necesita.

Un acolchado de paja o restos vegetales sobre el caballón reduce mucho la evaporación, estabiliza la temperatura del suelo y evita que los tubérculos superficiales se verdeen por la luz. Esas patatas verdes acumulan solanina, un alcaloide tóxico, y no deben consumirse; el aporcado y el acolchado son la prevención.

Cómo saber si has acertado

El método más fiable es el dedo: introdúcelo unos 7-10 cm en el caballón. Si a esa profundidad la tierra está fresca, no riegues. Si sale seca y suelta, es momento de regar. No te guíes por el aspecto de la superficie, que se seca en horas.

Las hojas también avisan, pero tarde. Un ligero decaimiento a mediodía en pleno agosto es normal y no significa nada; si a primera hora de la mañana la mata sigue mustia, vas corto de agua. Por el contrario, hojas amarillentas en la base con suelo húmedo y pesado suelen indicar exceso: la raíz se asfixia y no absorbe.

Errores que se pagan en la cosecha

Alternar sequía y encharcamiento produce tubérculos agrietados, con crecimientos secundarios en forma de mancuerna y corazón hueco. Un exceso de humedad prolongado durante el engorde favorece la sarna polvorienta y las podredumbres; curiosamente, la sarna común aparece justo con lo contrario, con suelo demasiado seco en las primeras semanas de tuberización. Y seguir regando hasta el día de arrancar garantiza patatas que no se conservan.

En resumen

No riegues al plantar: la patata madre lleva sus propias reservas y se pudre con facilidad. Riegos moderados hasta que las matas tengan 20 cm, humedad constante y sin altibajos durante la floración y el engorde —la fase que decide la cosecha—, y corte total dos o tres semanas antes de arrancar para que la piel cure. Riega al pie y al amanecer, preferiblemente por goteo, comprueba la humedad a 7-10 cm de profundidad y acolcha el caballón para que el agua dure.


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