2.480.000 unidades Scoville. Esa fue la cifra que se anunció en 2017 para el Dragon's Breath, un chile obtenido en Gales que llegó a la prensa internacional descrito como el más picante jamás cultivado y, de paso, como un posible anestésico tópico. Nunca fue homologado por Guinness, nunca se comercializó en serio y hoy sigue siendo, sobre todo, una historia interesante sobre cómo funciona esta carrera.

Antes de nada, lo importante: los chiles de este nivel de pungencia no son comida. Se cultivan como curiosidad y como materia prima industrial, y comerse uno entero puede mandar a alguien a urgencias. Hay casos clínicos publicados que lo respaldan. Más abajo se detallan.

Flor de Capsicum

Qué mide realmente la escala Scoville

La escala la propuso el farmacéutico Wilbur Scoville en 1912 y era, en origen, una prueba de cata. Se diluía un extracto del fruto en agua azucarada hasta que un panel de catadores dejaba de notar el picor; el número de diluciones necesarias daba la puntuación. Un método con panel humano, y por tanto discutible.

Hoy la medición se hace por cromatografía líquida de alta resolución (HPLC): se cuantifican los capsaicinoides —capsaicina y dihidrocapsaicina, sobre todo— en partes por millón y se convierten a unidades Scoville con un factor de conversión. Es reproducible, pero no elimina la variabilidad real de la planta. Dos frutos del mismo pie, cosechados con dos semanas de diferencia, pueden dar resultados muy distintos.

Para situarse: la capsaicina pura ronda los 16.000.000 SHU. Un jalapeño se mueve entre 2.500 y 8.000. Un habanero, entre 100.000 y 350.000. Los aerosoles de defensa personal a base de oleorresina de capsicum se sitúan, según formulación, en el rango de los millones. Los récords de los que hablamos están en esa liga, no en la de la cocina.

La carrera por el récord, en orden

2007: Bhut Jolokia (o naga jolokia), procedente del noreste de la India, entra en el Guinness con 1.001.304 SHU. Fue el primero en cruzar la barrera del millón y el que puso de moda todo lo que vino después.

2012: Trinidad Moruga Scorpion. El Chile Pepper Institute de la Universidad Estatal de Nuevo México midió una media próxima a 1,2 millones de SHU, con frutos individuales por encima de 2 millones.

2013: Carolina Reaper. Obtenido por Ed Currie en Carolina del Sur, homologado con una media de 1.641.183 SHU. Reinó una década y es, con diferencia, el más conocido y el más cultivado por aficionados.

2017: Dragon's Breath. Anunciado con 2,48 millones de SHU a partir de una única muestra. Sin certificación oficial.

2023: Pepper X. También de Ed Currie, certificado por Guinness en octubre de ese año con una media de 2.693.000 SHU. Es el récord vigente.

Un matiz que se pierde en los titulares: los récords se otorgan sobre medias de varias muestras, no sobre el fruto más picante que alguien haya encontrado. Por eso una cifra suelta y espectacular, como la del Dragon's Breath, no basta para batir nada.

La historia del Dragon's Breath

Lo desarrolló Mike Smith, horticultor de Denbighshire (Gales), en colaboración con la Universidad de Nottingham Trent, y lo presentó en el Chelsea Flower Show de 2017. La planta ni siquiera se había buscado por su picante: el proyecto original tenía que ver con ensayos de nutrición y protección de cultivo, y el fruto salió como subproducto.

Lo que disparó la cobertura fue una hipótesis médica: la capsaicina en concentración muy alta anestesia la piel —bloquea la señal de los receptores TRPV1—, y se planteó que un aceite derivado pudiera servir como anestésico tópico en lugares sin acceso a fármacos convencionales. Esa aplicación jamás pasó de idea publicada en prensa. La capsaicina tópica sí se usa en medicina, en parches y cremas a concentraciones controladas y bajo prescripción, pero eso es un producto farmacéutico regulado, no un chile.

Del Dragon's Breath quedan hoy semillas circulando y muy poca verificación. Quien lo cultive debe asumir que la genética que compre puede no corresponderse con la planta original.

Por qué pican tanto: lo que hace la planta

Todos los superpicantes de esta lista pertenecen a Capsicum chinense, la especie del habanero. El nombre es un error histórico —Jacquin la describió pensando que venía de China—, pero su origen está en la cuenca amazónica. Frente a Capsicum annuum, la de pimientos y jalapeños, la chinense concentra mucha más capsaicina y tiene un ciclo bastante más largo.

Conviene desmontar aquí una idea muy repetida: lo que pica no son las semillas. Los capsaicinoides se sintetizan en las glándulas de la placenta, el tejido blanquecino de los tabiques internos al que van sujetas las semillas. Las pepitas pican por contacto, no por producción propia. Quitarlas y dejar los tabiques no rebaja gran cosa; quitar los tabiques sí.

El ambiente también cuenta. Un déficit hídrico moderado y las temperaturas altas durante la maduración aumentan el contenido de capsaicinoides. El mismo cultivar, regado con abundancia en un verano fresco del norte, dará frutos sensiblemente menos picantes que en un secano manchego. La cifra del récord es la de un fruto criado en condiciones que empujan a la planta.

Cultivarlos en España

Es posible en la península, con condiciones. El ciclo de Capsicum chinense es largo: de la siembra al primer fruto maduro pueden pasar entre cinco y siete meses.

Siembra. Enero o principios de febrero, en interior y con calor de fondo. La germinación pide 25-28 °C constantes y aun así puede tardar de tres a cinco semanas; sembrar en semillero frío en marzo, como se hace con el pimiento italiano, condena la temporada.

Trasplante. Al exterior solo cuando hayan pasado las últimas heladas y las mínimas nocturnas superen los 12-13 °C: mediados de mayo en el litoral mediterráneo y en el valle del Guadalquivir, principios de junio en el interior y en la meseta.

Ubicación. Pleno sol y abrigo del viento. En la cornisa cantábrica y en zonas de montaña, sin invernadero o túnel es difícil que los frutos lleguen a madurar antes de las primeras frías de octubre.

Riego y abonado. Riego regular en crecimiento y floración, y bastante más contenido a partir del cuajado. Exceso de nitrógeno da mata grande y frutos flojos; interesa más aportar potasio en la fase de engorde.

Invernada. Son perennes de vida corta. Una planta bien podada, protegida en un lugar fresco y luminoso por encima de 10 °C y con el riego reducido al mínimo, rebrota en primavera y produce mucho antes que una de siembra. En zonas cálidas del sur aguanta al aire libre en un rincón resguardado.

Riesgos reales y manejo seguro

Este apartado no es un formalismo. Existen casos clínicos documentados asociados al consumo de chiles extremos: un episodio de cefalea en trueno por síndrome de vasoconstricción cerebral reversible tras comer un Carolina Reaper, publicado en BMJ Case Reports en 2018, y una rotura esofágica (síndrome de Boerhaave) tras los vómitos provocados en un concurso de comer picante. Son casos raros, pero reales y graves.

Reglas básicas para quien los cultive:

Guantes de nitrilo al cosechar, cortar o manipular los frutos. La capsaicina es liposoluble y se queda en la piel horas; lavarse con agua no la retira. Después, jamás tocarse ojos, nariz o mucosas.

No secar ni triturar en interior sin ventilación. El polvo de estos frutos en suspensión provoca tos, lagrimeo y crisis respiratorias, y es el mismo principio activo de los aerosoles de defensa. Con asmáticos, niños o mayores en casa, ni planteárselo.

No quemar restos de planta ni de fruto. El humo es intensamente irritante.

Fuera del alcance de niños y animales. Un fruto rojo y brillante a la altura de un niño de tres años es exactamente lo que parece: un caramelo.

Sobre extractos y concentrados: la oleorresina de capsicum de alta concentración es la base de los aerosoles de defensa personal, cuya tenencia y uso están regulados en España y limitados a los modelos homologados. Ni este artículo ni ningún manual de huerto son el sitio para explicar cómo concentrar capsaicina en casa; el riesgo de accidente al hacerlo es alto y el resultado, en muchos supuestos, ilegal.

Si alguien se pasa

El agua no sirve, y esto tiene explicación química: la capsaicina no es soluble en agua, así que beber solo la reparte por la boca. Funciona mejor la leche entera o el yogur, porque la caseína arrastra la molécula, y también las grasas y los alimentos ricos en almidón: pan, arroz, patata.

En la piel y en las manos, lavar con jabón graso o aceite antes que con agua fría. Nunca frotarse los ojos, aunque la tentación sea enorme.

Hay que acudir a urgencias ante dolor torácico, dificultad para respirar, vómitos que no cesan o una cefalea brusca e intensísima. Y no forzar el vómito: eso es justamente lo que causó el caso de rotura esofágica antes citado.

En resumen

El Dragon's Breath fue un anuncio de 2,48 millones de SHU que nunca llegó a certificarse, con una supuesta aplicación anestésica que se quedó en titular; el récord oficial lo ostenta hoy el Pepper X con 2.693.000 SHU de media, por delante del Carolina Reaper. Todos ellos son Capsicum chinense, sintetizan la capsaicina en la placenta del fruto y no en las semillas, y pican más cuanto más calor y menos agua sobrada reciben durante la maduración. En España se pueden cultivar sembrando en enero con calor de fondo y trasplantando ya entrado mayo o junio, con invernadero si se está al norte. Se manejan con guantes, no se trituran en casa y no se comen por reto: hay literatura médica suficiente para tomarse en serio esa última frase.


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