El guisante (Pisum sativum) es probablemente el cultivo más agradecido para quien empieza en el huerto: germina rápido, no pide abonado, no necesita semillero y se siembra en una época en la que apenas hay competencia por el espacio. Lo único que no perdona es el calor. Entender eso —que es una planta de tiempo fresco y no de verano— resuelve casi todas las dudas sobre cuándo sembrarlo.
Cuándo se siembran los guisantes
El guisante vegeta bien entre 10 y 18 ºC y empieza a sufrir por encima de 25 ºC: las flores se caen, las vainas se quedan vanas y el oídio arrasa la mata. Por tanto, hay que organizar el cultivo para que la floración y el cuajado caigan en primavera, nunca en junio.
En la mitad sur, el litoral mediterráneo y zonas de invierno suave, la mejor siembra es la de octubre a diciembre. La planta pasa el invierno pequeña, arranca con los primeros calores de febrero y se cosecha de marzo a mayo, antes de que apriete el sol.
En el interior peninsular y el norte, donde el invierno hiela con fuerza, se siembra de febrero a abril, en cuanto el suelo sea manejable. En las zonas de montaña la siembra puede llegar hasta mayo.
Un dato que sorprende a muchos: el guisante germina a partir de 5 ºC y la planta joven aguanta heladas ligeras de hasta -4 o -5 ºC sin daño. No hay que esperar al buen tiempo. El error habitual es justo el contrario, sembrar en abril en Sevilla y no cosechar nada porque en mayo ya hace 30 ºC.
Siembra directa, siempre
El guisante desarrolla una raíz pivotante que detesta ser molestada. Se puede hacer semillero en cepellón profundo si tienes problemas de pájaros o roedores, pero el resultado nunca es mejor que el de la siembra directa y el trasplante suele costar una semana de parón. Siémbralo donde va a crecer.
Prepara el terreno con una labor superficial y elimina las malas hierbas. No hace falta más: el guisante prefiere suelos sueltos, con buen drenaje y pH entre 6 y 7,5. En suelos muy ácidos conviene un encalado ligero unos meses antes.
Marco y profundidad
Siembra a 3-5 cm de profundidad: más superficial en suelos pesados y húmedos, más profundo en suelos arenosos y en siembras de otoño, donde protege del frío y de los pájaros. Coloca dos o tres semillas cada 8-10 cm a lo largo del surco, o bien golpes de tres o cuatro semillas cada 20-25 cm.
Entre líneas, 40-50 cm en variedades enanas y 60-80 cm en variedades de enrame, que necesitan pasillo para trabajar. Las enanas, de 40 a 60 cm de altura, se sostienen razonablemente solas. Las de enrame llegan a 1,5-2 metros y exigen soporte desde el principio.
Riega tras la siembra y luego contén la mano: hasta la emergencia, un exceso de humedad pudre la semilla más deprisa de lo que germina. En siembras de otoño, con el suelo ya húmedo, muchas veces no hace falta regar nada.
Poner el entutorado antes de que haga falta
Este es el fallo más frecuente. El guisante trepa mediante zarcillos, unos filamentos que salen de las hojas y se enroscan en lo que encuentren, pero necesitan encontrarlo pronto. Si la mata alcanza 20-25 cm y no hay soporte, se tumba, y una vez tumbada no vuelve a levantarse: las vainas tocan el suelo, se manchan y se pudren.
Coloca la malla, la red de nailon, las cañas cruzadas o el ramaje seco cuando la planta tenga 10-15 cm, no después. Para variedades de enrame, altura mínima del soporte de 1,5 metros.
No abones con nitrógeno
Aquí conviene corregir una costumbre extendida. El guisante es una leguminosa y establece simbiosis con bacterias del género Rhizobium en los nódulos de sus raíces; esas bacterias fijan el nitrógeno atmosférico y se lo entregan a la planta. Abonar con nitrógeno no solo es innecesario: inhibe la nodulación, la planta se vuelve perezosa, produce mucha hoja verde y pocas vainas, y se vuelve más sensible al oídio.
Basta con incorporar compost bien maduro al preparar la parcela, o directamente sembrar detrás de un cultivo exigente que dejó el suelo aún con reservas. Si el suelo es muy pobre, un aporte de potasio y fósforo antes de la siembra sí ayuda al cuajado.
Por lo mismo, el guisante es una excelente cabeza de rotación: deja el terreno enriquecido para el cultivo siguiente. Si al arrancar la mata cortas la parte aérea y dejas las raíces en el suelo, aprovechas el nitrógeno acumulado en los nódulos.
Riego, plagas y cosecha
El guisante necesita agua sobre todo en dos momentos: la floración y el engorde de las vainas. Fuera de esos periodos, riegos moderados. Riega al pie y evita mojar el follaje, porque el oídio (Erysiphe pisi) es su enfermedad principal y aparece con calor y ambiente seco de día pero húmedo de noche. Airear el cultivo y no apretar el marco es la mejor prevención.
Los pulgones se instalan en los brotes tiernos y transmiten virosis; una revisión semanal y jabón potásico al primer foco bastan. En siembras de otoño, vigila los caracoles y babosas durante la emergencia, cuando la plántula es más vulnerable.
Desde la siembra a la cosecha pasan entre 90 y 130 días según variedad y temperatura. La vaina se recoge cuando está llena pero antes de que la piel se vuelva mate y correosa; si esperas demasiado el grano se vuelve harinoso y pierde dulzor. Recolecta cada dos o tres días: cuanto más recojas, más florece la planta. Sujeta el tallo con una mano al arrancar la vaina, porque las matas se desgajan con facilidad.
Si lo que quieres son tirabeques —variedades de vaina comestible—, se recogen mucho más jóvenes, cuando el grano apenas se marca bajo la piel.
En resumen
Siembra de octubre a diciembre en zonas de invierno suave y de febrero a abril en el interior y el norte, siempre buscando que la floración caiga en tiempo fresco. Siembra directa a 3-5 cm, con 8-10 cm entre semillas y 40-80 cm entre líneas según el porte. Coloca el soporte cuando la planta tenga 10-15 cm, no abones con nitrógeno porque lo fabrica ella misma, riega sobre todo en floración y cuajado, y recolecta a menudo para prolongar la producción.