En la siembra de fresas el enemigo es la impaciencia: la semilla es diminuta, puede tardar seis semanas en germinar y castiga sin piedad los errores de riego. Nada de eso es un problema si se entiende cómo funciona: la fresa cultivada (Fragaria × ananassa) y la fresa silvestre o fresón de bosque (Fragaria vesca) tienen exigencias muy concretas de temperatura, luz y humedad, y cumplirlas es la mitad del trabajo.
Conviene empezar por una advertencia que ahorra decepciones. La inmensa mayoría de las variedades comerciales de fresa son híbridos: si extraes las semillas de una fresa comprada en el supermercado y las siembras, germinarán, pero las plantas resultantes no se parecerán a la madre. Darán frutos más pequeños, menos dulces y con formas irregulares. No es un fracaso tuyo, es genética. Si quieres reproducir exactamente una variedad, se hace por estolones, no por semilla. La siembra tiene sentido cuando buscas variedades de semilla estables —muchas Fragaria vesca lo son—, cuando quieres muchas plantas por poco dinero o simplemente porque el proceso te interesa.
Cuándo sembrar
En la España peninsular la ventana buena va de finales de enero a marzo, sembrando en interior o en invernadero. La semilla de fresa germina bien entre 18 y 22 ºC, y por encima de 25 ºC la germinación se vuelve errática. Sembrar en pleno verano en el alféizar de una cocina orientada al sur es una forma casi segura de no ver nada.
También se puede sembrar a finales de verano, en agosto o septiembre, para que las plantitas se desarrollen durante el otoño y pasen el invierno pequeñas pero enraizadas. Este calendario funciona mejor en el sur y en el litoral mediterráneo, donde las heladas son suaves. En el interior norte, con inviernos duros, es preferible la siembra de finales de invierno bajo cubierto.
Qué necesitas antes de empezar
El material es poco y barato. Una bandeja de alveolos o semillero plano con drenaje, sustrato específico de siembra (fino, ligero, con turba y perlita o vermiculita), un pulverizador de mano y una tapa transparente o film para mantener la humedad. La bandeja de alveolos es preferible al semillero corrido porque evita tener que separar raíces enredadas más adelante.
Evita el sustrato de jardín o la tierra del huerto tal cual: compacta demasiado, retiene agua en exceso y trae esporas de hongos que arrasarán las plántulas por damping-off. Si solo tienes sustrato universal, tamízalo y mézclalo a partes iguales con perlita.
Estratificación en frío: el paso que casi nadie da
La semilla de fresa procede de una planta de clima templado y su germinación mejora notablemente tras un periodo de frío húmedo. Se hace muy fácil: mete el sobre de semillas —o las semillas envueltas en papel de cocina ligeramente humedecido dentro de una bolsa hermética— en el frigorífico, entre 3 y 5 ºC, durante tres o cuatro semanas. Después siembra directamente, sin dejar que se sequen.
No es imprescindible, y muchas semillas comerciales germinan sin ello, pero la estratificación sube el porcentaje de nascencia y, sobre todo, hace que germinen más juntas en el tiempo. Con lotes irregulares marca la diferencia entre veinte plantitas y cinco.
Cómo se siembra, paso a paso
Rellena los alveolos con sustrato y humedécelo antes de sembrar, hasta que esté como una esponja escurrida. Regar después de colocar la semilla la desplaza o la entierra, y ese es el error más común.
Coloca dos o tres semillas por alveolo sobre la superficie y presiónalas muy suavemente con el dedo para que hagan contacto. Aquí viene la clave: la semilla de fresa necesita luz para germinar. No la entierres. Como mucho, espolvorea una capa finísima de vermiculita que apenas la vele. Enterrarla medio centímetro, como se hace con un tomate, condena la siembra.
Tapa la bandeja con film o con su cúpula y colócala en un lugar muy luminoso pero sin sol directo, a esos 18-22 ºC. Ventila unos minutos al día para que no se forme moho. Mantén el sustrato húmedo pulverizando, nunca encharcado.
Y ahora, paciencia: la fresa tarda entre dos y seis semanas en germinar, y no lo hace toda a la vez. Es normal que aparezcan plántulas rezagadas al cabo de mes y medio. No tires la bandeja antes de tiempo.
Después de la germinación
En cuanto veas los primeros cotiledones, retira la tapa progresivamente y aumenta la luz. Si las plantitas se estiran y quedan finas y pálidas es que les falta luz, no que estén creciendo bien. Los cotiledones de la fresa son redondeados y minúsculos; las primeras hojas verdaderas, ya trifoliadas y dentadas, tardan otras dos o tres semanas.
Cuando cada planta tenga tres o cuatro hojas verdaderas, aclara dejando la más vigorosa por alveolo —corta las otras a ras con tijeras, no las arranques— y trasplanta a macetas de 8-10 cm. El paso definitivo al huerto o a la jardinera se hace cuando la planta tiene ya cinco o seis hojas y ha pasado el riesgo de heladas, con un marco de 30 cm entre plantas y 40 cm entre líneas.
Al plantar, cuida la profundidad: la corona —esa parte engrosada de donde salen las hojas— debe quedar justo a ras de suelo. Enterrada se pudre; demasiado alta, las raíces se secan.
Errores frecuentes
El exceso de agua mata más plántulas de fresa que cualquier plaga. El sustrato debe estar húmedo, no mojado, y siempre con drenaje libre. Otro fallo habitual es esperar cosecha el primer año: una fresa sembrada de semilla rara vez produce fruta digna hasta la segunda temporada, y lo sensato en el primer año es pinzar las primeras flores para que la planta engorde raíz y corona.
Por último, no confundas los estolones con un estorbo. Una vez tengas plantas adultas, esos tallos rastreros que emiten hijuelos son la forma más rápida y fiable de multiplicar tus mejores ejemplares: basta con guiar el hijuelo a una maceta con sustrato, sujetarlo con un alambre en U y cortar el cordón umbilical cuando haya enraizado.
En resumen
Siembra entre finales de enero y marzo bajo cubierto, o a finales de verano en zonas de invierno suave. Estratifica en frío tres semanas, humedece el sustrato antes de sembrar, deja la semilla en superficie porque necesita luz, mantén 18-22 ºC y espera hasta seis semanas. Aclara a una planta por alveolo, trasplanta con la corona a ras de suelo y renuncia a la cosecha del primer año. Y si lo que quieres es clonar una variedad concreta, olvídate de la semilla y recurre a los estolones.