La cebolla (Allium cepa) es de esos cultivos que parecen sencillos hasta que llega la cosecha y te encuentras con bulbos del tamaño de una nuez, plantas espigadas o cebollas que se pudren en el trastero al mes de recogerlas. Casi todos esos fracasos vienen de tres decisiones que se toman antes de plantar: qué variedad se elige, en qué fecha se pone y por qué vía —semilla, plantón o bulbito— se arranca el cultivo.
Lo primero: el fotoperiodo manda
Esto es lo que casi ninguna guía explica y lo que arruina más cosechas de cebolla que cualquier plaga. La cebolla no forma bulbo cuando la planta es grande, sino cuando la duración del día alcanza un determinado número de horas de luz. Y ese umbral depende de la variedad.
Se clasifican en tres grupos:
Día corto: bulbifican con 11-12 horas de luz. Son las variedades tempranas, tipo Babosa o Temprana de Lérida, que se cosechan en primavera. Adecuadas para el sur peninsular y el litoral mediterráneo.
Día intermedio: necesitan 12-14 horas. Aquí entran muchas variedades de media estación, como la Recas o la Grano de Oro.
Día largo: requieren más de 14-15 horas. Son las de conservación —Reca, Amposta, Valenciana tardía, Sturon— que se recogen en verano y aguantan meses en la despensa.
¿Por qué importa tanto? Porque si plantas una variedad de día largo en Almería en octubre, la planta crecerá bien pero llegará al solsticio con poca masa foliar y hará un bulbo pequeño. Y si plantas una de día corto en Burgos en marzo, bulbificará casi de inmediato, con cuatro hojas, y tendrás cebollas diminutas.
La regla práctica es sencilla: cada hoja bien formada antes de que empiece la bulbificación equivale a una capa de la cebolla. Cuanto más follaje haya acumulado la planta cuando llegue el umbral de luz, más grande será el bulbo. Todo lo que hagas antes de ese momento es invertir en tamaño.
¿Plantar bulbos o semillas?
Hay tres puntos de partida posibles y cada uno tiene su lugar.
Semilla. Es la vía más barata, la que ofrece más variedades y la que da mejores cebollas de conservación. También la más lenta: entre la siembra y la recolección pasan de cinco a siete meses. La semilla de cebolla pierde poder germinativo muy rápido; pasado el año, la nascencia cae por debajo de la mitad. Compra sobre del año y no guardes restos con la esperanza de que sirvan.
Plantón o cebolla de matas. Son plantitas jóvenes a raíz desnuda, del grosor de un lápiz, que se venden en manojos en primavera y otoño. Es la opción intermedia: te ahorras el semillero y mantienes buen calibre final. La mayoría de huertos familiares en España trabajan así.
Bulbito de siembra o «sets». Son cebollitas inmaduras de 1-2 cm de diámetro producidas el año anterior. Es la vía más rápida y cómoda, y la más tolerante a errores. Su inconveniente es serio: tienden a espigarse. Un bulbito ya ha pasado su primer ciclo, y si tras plantarlo sufre un periodo de frío prolongado —por debajo de unos 10 °C durante varias semanas— la planta interpreta que ha superado un invierno y emite tallo floral en lugar de engordar. Una cebolla espigada tiene un tallo duro en el centro, no engorda más y no se conserva.
Para reducir ese riesgo con bulbitos: elige los pequeños, de menos de 2 cm de diámetro —los grandes espigan mucho más—, y no los plantes demasiado pronto.
Si tu objetivo son cebollas para guardar hasta el invierno, siembra semilla o usa plantón. Si quieres cebollas para consumir en dos o tres meses sin complicaciones, los bulbitos van bien.
Cuándo sembrar en España
Depende de la variedad y de la zona, pero estas ventanas funcionan como referencia:
Siembra de otoño (agosto-octubre) en semillero, para trasplantar en noviembre-diciembre y cosechar de abril a junio. Es el calendario de las variedades tempranas y de media estación, habitual en el tercio sur y en el litoral.
Siembra de invierno-primavera (diciembre-febrero) en semillero protegido, trasplante en marzo y recolección en julio-agosto. Es el esquema de las variedades de conservación en el centro y norte peninsular.
Bulbitos: de febrero a abril, en cuanto el suelo se pueda trabajar y el riesgo de heladas fuertes haya pasado. Plantarlos en pleno invierno es la receta para que se espiguen.
Cómo se hace el semillero
Puedes sembrar en bandeja de alvéolos o en una tabla de semillero. En bandeja, dos o tres semillas por alvéolo y luego aclareo. En tabla, a voleo o en líneas separadas 10 cm, cubriendo con medio centímetro escaso de sustrato fino.
La semilla germina entre 10 y 20 °C, tardando de 10 a 15 días. Mantén el sustrato húmedo pero no encharcado; el damping-off (Pythium, Rhizoctonia) es el enemigo del semillero de cebolla y aparece con exceso de agua y poca ventilación.
Un truco útil: cuando las plantitas alcancen unos 15 cm, recórtalas con tijera dejando 10 cm. Se fortalecen, engrosan el cuello y se manejan mucho mejor en el trasplante. El plantón está listo cuando tiene el grosor de un lápiz y tres o cuatro hojas verdaderas, hacia las 8-10 semanas.
Preparar el suelo
La cebolla quiere suelo suelto, profundo, con buen drenaje y sin piedras, y pH entre 6 y 7. En terreno arcilloso y compacto los bulbos salen deformes y la podredumbre es casi segura; en ese caso, monta caballones de 15-20 cm de alto.
Punto crítico del abonado: nada de estiércol fresco. El estiércol sin compostar aporta un exceso de nitrógeno en el momento equivocado, quema raíces, favorece la podredumbre del cuello y da cebollas de hoja exuberante y bulbo pobre que además se conservan mal. Incorpora compost bien maduro en otoño, 3-4 kg/m², o planta la cebolla en la segunda posición de la rotación, después de un cultivo que sí llevó estiércol el año anterior.
El potasio, en cambio, sí le conviene: mejora el calibre y sobre todo la conservación. Un aporte de ceniza de madera tamizada (con moderación, porque sube el pH) o un abono rico en K en la fase de engorde da resultado.
Rotación: no repitas cebolla, ajo, puerro ni chalota en la misma parcela antes de tres o cuatro años. Las alliáceas arrastran hongos de suelo persistentes, especialmente Sclerotium cepivorum, causante de la podredumbre blanca, cuyos esclerocios sobreviven más de una década en el terreno.
Trasplante y marco de plantación
Aquí está el segundo gran error del cultivo doméstico: plantar demasiado hondo. La cebolla debe quedar prácticamente en superficie, con el cuello asomando y solo las raíces y la base enterradas, no más de 2 cm. Enterrar el bulbo favorece la podredumbre y limita el engorde. Con bulbitos, la punta debe quedar visible o apenas cubierta.
Marco: 10-12 cm entre plantas y 25-30 cm entre líneas. Si aprietas más, tendrás muchas cebollas pequeñas; si separas más, desperdicias espacio sin ganar calibre proporcional. El calibre lo decide sobre todo la variedad y el número de hojas, no la distancia.
Riega inmediatamente después del trasplante para asentar la tierra alrededor de las raíces.
Riego, escardas y cuidados
Riego. La cebolla tiene raíz superficial y poco ramificada, así que no explora el suelo en busca de agua: necesita humedad constante en los primeros 20-25 cm. Riegos regulares y moderados durante todo el crecimiento vegetativo. Riego por goteo o a manta, nunca por aspersión: el follaje mojado invita al mildiu.
La excepción importante llega al final. Tres o cuatro semanas antes de la recolección hay que cortar el riego por completo. Es lo que permite que las túnicas exteriores se sequen y la cebolla se conserve. Regar hasta el último día es la causa de que las cebollas caseras se pudran en almacenamiento.
Escardas. La cebolla es pésima compitiendo con las malas hierbas: su follaje erguido y estrecho no cubre el suelo, así que cualquier hierba la ahoga. Escarda superficialmente y con frecuencia, sin remover cerca del cuello. Un acolchado ligero de paja ayuda mucho, pero no lo arrimes al bulbo.
Recolección y curado
La señal es inequívoca: las hojas se doblan por el cuello y caen solas. Cuando el 60-70 % de las plantas lo ha hecho, la cebolla ha terminado de engordar. Espera unos días más y arranca con el suelo seco.
Hay una costumbre extendida —tumbar las hojas a mano para «adelantar» la maduración— que conviene matizar: se puede hacer si la temporada se está echando encima, pero forzarlo demasiado pronto interrumpe el llenado del bulbo y reduce la cosecha. Mejor dejar que la planta lo decida.
Tras arrancarlas, cúralas: extiéndelas en una sola capa, a la sombra, en lugar aireado y seco, entre dos y tres semanas, hasta que el cuello quede completamente seco y las capas exteriores crujan. Sin curado no hay conservación posible.
Después, corta las hojas dejando 3-4 cm de cuello (o trénzalas si las vas a colgar) y guárdalas en un lugar fresco, oscuro, seco y ventilado. Descarta para almacenar cualquier cebolla con el cuello grueso o blando, las espigadas y las que tengan golpes: se pudrirán y contagiarán al resto.
Problemas frecuentes
Espigado. Ya comentado: bulbitos grandes, plantación demasiado temprana y frío prolongado. Si aparece la vara floral, córtala y consume esa cebolla pronto, porque no se conservará.
Mildiu (Peronospora destructor). Manchas pálidas y alargadas en la hoja con moho grisáceo. Aparece en primaveras húmedas. Evita el riego por aspersión, no plantes demasiado denso y elimina el material afectado.
Podredumbre blanca (Sclerotium cepivorum). Micelio algodonoso blanco con puntitos negros en la base. No hay remedio curativo. Rotación larga y no llevar tierra infectada de una parcela a otra.
Mosca de la cebolla (Delia antiqua). Larvas que perforan la base. Malla antiinsectos y rotación.
Trips (Thrips tabaci). Punteado plateado en veranos secos; se controlan con jabón potásico si se detectan pronto.
Cebollas en maceta
Es posible, aunque poco rentable si buscas bulbos de conservación: una cebolla ocupa mucho para lo que aporta. Si aun así quieres, usa un recipiente de al menos 25-30 cm de profundidad y separa las plantas 10 cm. Sustrato con buen drenaje y riego frecuente, porque en maceta se seca rápido y la cebolla no tolera la sequía.
Una alternativa más sensata para balcón es cultivar cebolleta o cebolla de verdeo, que se cosecha en verde y da mucho más partido por litro de sustrato.
En resumen
Sembrar cebollas con éxito se reduce a cuatro decisiones. Elegir la variedad según el fotoperiodo de tu zona y la fecha de plantación. Preparar suelo suelto sin estiércol fresco y respetar una rotación de tres o cuatro años. Plantar superficialmente, con el cuello fuera, a 10-12 cm entre plantas. Y cortar el riego tres semanas antes de arrancar, para después curar los bulbos a la sombra durante dos o tres semanas.
Si además evitas los bulbitos grandes y las plantaciones demasiado tempranas, te habrás quitado de encima el espigado, que es el problema que más cosechas familiares echa a perder.