El apio tiene fama de cultivo difícil y, en buena medida, se la ha ganado en la fase de semillero. Casi todos los fracasos ocurren antes de que la planta salga al huerto: semillas que no nacen, plantitas que se quedan paradas dos meses o plantel que, una vez trasplantado, se lanza a florecer en lugar de engordar. Todo eso tiene explicación y todo se puede evitar si se entiende cómo funciona esta planta.

Brotes jóvenes de apio en semillero

Qué apio vas a sembrar

Conviene aclararlo antes de comprar el sobre, porque bajo la misma especie, Apium graveolens, de la familia Apiaceae (la de la zanahoria, el perejil o el hinojo), hay tres cultivos distintos:

Apio de pencas (var. dulce): el habitual, el de los tallos gruesos y carnosos agrupados en mata. Es el que se entiende cuando alguien dice "apio".

Apionabo (var. rapaceum): se cultiva por su base engrosada y globosa, tipo raíz. Mismo manejo de semillero, distinta recolección.

Apio de hoja o apio de corte (var. secalinum): pencas finas, hoja abundante y muy aromática, se usa como condimento. Es con diferencia el más fácil y el más rústico, y una excelente puerta de entrada si nunca has cultivado apio.

La especie es originaria de las zonas palustres del Mediterráneo y de Europa, donde crece de forma silvestre en marismas y bordes de agua salobre. Ese dato explica su carácter entero: es una planta de suelo permanentemente húmedo, rico y fresco, y no perdona la sequía. El apio silvestre, por cierto, es amargo y áspero; el apio dulce de pencas es fruto de siglos de selección, sobre todo en Italia y Francia a partir del siglo XVII.

La semilla de apio y por qué falla tanto

Tres particularidades hacen que este semillero no se parezca al de una lechuga:

Es diminuta. Un gramo contiene alrededor de 2.500 semillas. Esto obliga a sembrar muy superficialmente y a manipular con cuidado.

Necesita luz para germinar. Es una semilla fotoblástica positiva: la luz estimula su germinación. La consecuencia práctica es contundente y es el error más repetido del cultivo: si entierras la semilla de apio, no nace. Hay que dejarla en superficie o cubrirla, como mucho, con una capa finísima de sustrato tamizado o vermiculita que deje pasar algo de luz.

Germina despacio. Entre 14 y 21 días, a veces más. Mucha gente da el semillero por perdido a los diez días y lo tira. Hay que mantener la humedad constante durante tres semanas sin desesperarse.

La temperatura óptima está entre 15 y 20 °C. Por encima de 25 °C la germinación se inhibe, igual que ocurre con la lechuga y los canónigos, y por debajo de 12 °C se ralentiza muchísimo. Hay quien mejora la nascencia remojando la semilla 24 horas en agua a temperatura ambiente antes de sembrar, cambiándola un par de veces; funciona razonablemente.

Un detalle poco conocido: la septoriosis del apio (Septoria apiicola), su enfermedad más frecuente, se transmite por semilla y el hongo pierde viabilidad con el tiempo. Por eso una recomendación clásica es usar semilla de dos o tres años de antigüedad, o de origen certificado. La semilla de apio conserva buen poder germinativo hasta cinco años.

Preparando el material

No hace falta gran cosa, pero sí lo adecuado:

Bandeja de alveolos de tamaño pequeño-medio (unos 3-4 cm de lado), o una bandeja plana para sembrar a voleo y repicar después. Los alveolos evitan el repicado y son más cómodos.

Sustrato de semillero: fino, tamizado, esponjoso y con poco abono. Turba rubia o fibra de coco con algo de vermiculita va perfecto. Si es muy grueso, pásalo por un colador.

Pulverizador. Imprescindible. Una regadera normal, por fina que sea, desplaza semillas que están en superficie.

Vermiculita fina para la cobertura, opcional pero muy útil: mantiene la humedad y deja pasar luz.

Una tapa o plástico transparente para cubrir la bandeja durante la germinación. Transparente, no opaco, precisamente por lo de la luz.

Etiquetas, porque tres semanas sin ver nada dan para olvidar qué sembraste.

Cuándo sembrar apio en España

Hay dos ventanas principales:

Siembra de primavera: de febrero a abril, en semillero protegido o dentro de casa. Trasplante en abril-mayo y cosecha de julio a septiembre. Es la más común en el norte y en el interior.

Siembra de verano: de junio a julio, para trasplante en agosto-septiembre y cosecha de otoño e invierno. Funciona bien en el litoral mediterráneo y en el sur, donde el apio de otoño da mejor calidad que el de verano porque no sufre calor extremo. Ojo con las temperaturas de germinación en esta ventana: siembra a la sombra y en el lugar más fresco disponible.

El ciclo total, desde siembra hasta recolección, ronda los 4 a 6 meses. No es un cultivo rápido.

Siembra de apio, paso a paso

1. Prepara la bandeja. Llena los alveolos con sustrato sin apelmazar, golpea la bandeja contra la mesa para que se asiente y enrasa. Humedece bien, preferiblemente por capilaridad: pon la bandeja en un recipiente con dos dedos de agua y deja que suba hasta que la superficie se oscurezca. Retírala y deja escurrir.

2. Coloca las semillas. Dos o tres por alveolo, repartidas sobre la superficie. Al ser tan pequeñas, ayuda mezclarlas con un poco de arena fina para distribuirlas mejor, o cogerlas con la punta de un palillo humedecido.

3. Cobertura mínima o ninguna. Presiona muy suavemente con el dedo para asegurar contacto con el sustrato y, si acaso, espolvorea una capa finísima de vermiculita o sustrato tamizado, de 1-2 mm como mucho. Repetimos porque es la clave: enterrar la semilla de apio es sentenciar el semillero.

4. Riega con pulverizador, a nebulización, hasta humedecer la superficie sin encharcar.

5. Cubre con plástico o tapa transparente y coloca la bandeja en un lugar luminoso con temperatura estable de 15-20 °C. Nada de armarios oscuros ni de propagadores tapados con cartón.

6. Ventila a diario unos minutos, destapando la bandeja, para evitar la condensación excesiva y la aparición de hongos.

7. Mantén la humedad constante durante las tres semanas de espera. Que la superficie no llegue a secarse nunca, porque una semilla en superficie que se seca a medio germinar muere. Pulveriza a diario o cada dos días según el ambiente.

8. Al emerger, retira la tapa y asegura mucha luz. Las plántulas de apio son finísimas y frágiles al principio, con aspecto de hierba, y se ahílan con facilidad. Baja un poco la temperatura, en torno a 15-18 °C, para que endurezcan.

Del semillero al huerto

Aclareo. Cuando las plantitas tengan dos hojas verdaderas, deja una sola por alveolo, cortando las sobrantes a ras con tijera. Si sembraste en bandeja plana, repica ahora a alveolo o maceta pequeña, manejando las plántulas por las hojas y nunca por el tallo.

Crecimiento en semillero. El apio pasa entre 8 y 10 semanas en el semillero antes de estar listo para trasplantar. Es un periodo largo, así que a partir de la cuarta o quinta semana conviene un riego con abono líquido muy diluido cada quince días para que no se pare.

El punto de trasplante: planta de 10-12 cm y cinco o seis hojas verdaderas, con el cepellón bien formado.

El aviso importante sobre el frío. El apio es bienal y se vernaliza con facilidad. Si una planta joven ya desarrollada permanece expuesta durante unos diez días o más a temperaturas por debajo de 10 °C, interpreta que ha pasado un invierno y en cuanto suba la temperatura emite un tallo floral. Ese apio ya no sirve: las pencas se vuelven fibrosas, huecas y amargas.

Es la razón por la que no hay que precipitarse con el trasplante de primavera. Vale más esperar dos semanas a que las noches se estabilicen por encima de 10-12 °C que plantar pronto y perder la cosecha. Y por lo mismo, cuidado con dejar el semillero al raso en marzo en el interior peninsular.

Endurecimiento. Una semana antes, saca las bandejas al exterior de día para aclimatarlas.

Trasplante. Marco de 30 cm entre plantas y 40-50 cm entre líneas. Planta a la misma profundidad que traía en el alveolo: enterrar el cuello provoca podredumbres y deformaciones. Riega abundantemente y da sombra los primeros días si el sol aprieta.

Qué pide el apio una vez plantado

Agua, mucha y constante. Es la exigencia número uno y viene directamente de su origen palustre. Un apio que pasa sed produce pencas fibrosas, huecas y amargas, y no lo recupera después. Riego frecuente, suelo siempre fresco, y acolchado generoso para estabilizar la humedad.

Suelo rico. Materia orgánica abundante, compost o estiércol bien descompuesto en cantidad, y pH entre 6 y 7. Es de las hortalizas más exigentes en nutrientes y agradece aportes de nitrógeno a lo largo del ciclo, cosa que en otros cultivos habría que moderar.

Boro. El apio es especialmente sensible a la carencia de boro, que se manifiesta como grietas transversales pardas en las pencas y corazón ennegrecido. Suele aparecer en suelos muy calizos o muy lavados. Un compost variado y de calidad lo previene.

Blanqueo, si lo quieres. Es opcional y muchas variedades modernas son autoblanqueantes. Consiste en tapar la base de la mata durante las 2-3 semanas previas a la cosecha (aporcando tierra, atando las pencas con un cordel y envolviéndolas con cartón, o colocando un tubo de papel) para privarla de luz. Se obtienen pencas más pálidas, tiernas y suaves, con menos amargor. En contrapartida, se pierde parte del aroma y hay más riesgo de podredumbre si el ambiente es húmedo.

Cosecha. A los 4-6 meses de la siembra, cortando la mata entera a ras de suelo con un cuchillo. También se pueden ir tomando pencas exteriores sueltas y dejar que la planta siga creciendo, opción muy práctica en huerto familiar. El apio de hoja se corta como el perejil, tantas veces como se quiera.

Problemas habituales

No germina nada. Semilla enterrada, sustrato seco a mitad de proceso, temperatura por encima de 25 °C o impaciencia (no han pasado aún las tres semanas).

Espigado prematuro. Frío tras el trasplante, según lo explicado. También lo agravan la sequía y el estrés de un trasplante mal hecho.

Pencas amargas, fibrosas o huecas. Falta de agua, suelo pobre o cosecha tardía.

Septoriosis (Septoria apiicola): manchas pardas con puntos negros en las hojas que se extienden a las pencas. Se transmite por semilla y por salpicadura. Usa semilla vieja o certificada, riega al pie, no mojes el follaje y retira las hojas afectadas.

Mosca del apio (Euleia heraclei): galerías blanquecinas en las hojas. Malla antiinsectos y eliminación de hojas minadas.

Babosas y caracoles: adoran el apio recién trasplantado y las pencas tiernas de la base. Es la plaga más destructiva en las primeras semanas.

En resumen

Sembrar apio (Apium graveolens) sale bien si se respetan tres cosas que lo diferencian de casi cualquier otra hortaliza: la semilla necesita luz y por tanto no debe enterrarse, tarda entre 14 y 21 días en germinar y quiere 15-20 °C, no más. Se siembra de febrero a abril, o de junio a julio para cosecha otoñal, en bandeja de alveolos con sustrato fino, dejando las semillas en superficie bajo una capa mínima de vermiculita, tapando con plástico transparente y manteniendo la humedad sin que se seque nunca. Pasa de 8 a 10 semanas en semillero y se trasplanta con 10-12 cm y cinco o seis hojas, pero solo cuando las noches superen los 10-12 °C, porque el frío en esa fase lo hace espigar. Después, lo único que de verdad decide la calidad de las pencas es el agua: constante, abundante y sin fallos.


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