La uva del próximo verano saldrá de brotes que todavía no existen, y esos brotes nacerán de yemas que ahora mismo están en los sarmientos del año pasado. Ahí se resume toda la poda de la parra: la vid Vitis vinifera fructifica sobre madera de un año, de modo que cada invierno hay que quitar mucho y dejar, elegidos uno a uno, los sarmientos jóvenes que llevarán la cosecha. Quien poda una parra buscando solo darle forma suele acabar con una planta preciosa y sin un racimo.
Cuándo se poda
La poda de invierno, también llamada poda seca, se hace con la planta en reposo, después de la caída total de la hoja y antes de que las yemas empiecen a hincharse. Eso abre una ventana amplia, de diciembre a finales de febrero, dentro de la cual conviene afinar según la zona:
En el litoral mediterráneo, Andalucía occidental y zonas templadas, donde el desborre llega pronto, puede podarse desde diciembre y a lo largo de enero. En el interior peninsular —meseta, valle del Ebro, zonas de heladas tardías hasta abril— es preferible retrasar hasta febrero. Una parra podada tarde brota más tarde, y esos diez o quince días de retraso son a veces lo que salva la brotación de una helada de primavera.
Dos condiciones se respetan siempre. La primera: no podar con la madera helada. A temperaturas bajo cero el sarmiento está quebradizo, el corte desgarra y el tejido de alrededor se muere. La segunda: podar en tiempo seco. La lluvia dispersa las esporas de los hongos de madera y las heridas frescas son su vía de entrada.
Si se poda muy tarde, ya con savia en movimiento, las heridas gotean. Ese "lloro" asusta pero no mata la planta; lo que indica es que se ha llegado con retraso, y en parras jóvenes o débiles la pérdida de reservas sí se nota. Si te ves obligado a podar en ese punto, hazlo cuanto antes y con cortes limpios.
Lo que hay que entender antes de cortar
Una parra adulta tiene tres tipos de madera y cada una se trata distinto:
La madera vieja es el tronco y los brazos permanentes, de corteza gris y fibrosa. Es la estructura y no se toca salvo en podas de renovación.
Los sarmientos son las varas del año anterior, lignificadas, de corteza lisa y color canela, con nudos y yemas. De sus yemas saldrán los pámpanos que llevarán los racimos. Aquí es donde se decide la cosecha.
Los pámpanos son los brotes verdes del año en curso, que en invierno ya se han convertido en sarmientos.
Un detalle que rara vez se cuenta: no vale cualquier sarmiento. El bueno tiene grosor de lápiz, entre 8 y 12 mm, corteza bien madurada y entrenudos cortos, y nace de una posición cercana al brazo. Los sarmientos muy gruesos, de dos centímetros o más, esos "chupones" que salen disparados hacia arriba, resultan poco fértiles, tienen la médula ancha y los entrenudos largos; dejarlos porque parecen fuertes es un error frecuente. Los muy finos y mal agostados tampoco sirven: no tienen reservas para sacar racimos decentes.
Poda corta o poda larga
Sobre cada sarmiento elegido se decide cuántas yemas se dejan, y aquí hay dos escuelas que responden a realidades distintas de la planta.
La poda corta deja pulgares: trozos de sarmiento de dos yemas, a veces tres. Es la forma clásica del vaso y del cordón Royat, y la más manejable en una parra de casa. Funciona en variedades cuyas yemas basales son fértiles, que son la mayoría de las de vinificación —Tempranillo, Garnacha, Monastrell— y bastantes de mesa.
La poda larga deja varas de seis a doce yemas, atadas después horizontalmente al alambre o a la viga. Es obligada en variedades con yemas basales infértiles, y ahí está el caso más conocido: la Sultanina (la uva sin pepita, Thompson seedless) no produce si se la poda a dos yemas, porque sus primeras yemas no llevan racimo. Si tu parra brota bien cada año pero apenas da uva, y la podas corta, esta es la primera sospecha que hay que revisar.
Muchas formaciones combinan las dos: se deja una vara para la cosecha del año y, junto a ella, un pulgar de dos yemas cuya misión es producir los sarmientos que darán la vara del año siguiente. Eso es el sistema Guyot, y es una forma elegante de no alejar nunca la producción del tronco.
La parra de pérgola o emparrado
En el huerto o el patio, lo habitual no es una cepa en vaso sino una parra conducida sobre una pérgola, un porche o una fachada. El esquema que mejor funciona es el siguiente:
Un tronco único que sube hasta la altura de la estructura. A partir de ahí, uno o dos brazos permanentes tendidos a lo largo de la viga o del alambre. Y sobre esos brazos, pulgares de dos yemas repartidos cada 20 o 25 cm, alternando a un lado y a otro. Cada invierno se corta el sarmiento que ha crecido en cada pulgar dejando de nuevo dos yemas, lo más cerca posible del brazo.
De ahí sale un número total de yemas manejable. Como orientación, una parra adulta y vigorosa de pérgola sostiene bien entre 30 y 40 yemas en total; en plantas jóvenes o de suelo pobre hay que quedarse claramente por debajo. Cargar de yemas por avaricia da el resultado contrario al buscado: muchos racimos pequeños, apretados, que maduran mal, azucaran poco y se pudren con las lluvias de septiembre.
El error más visible en las parras de casa es dejar que los pulgares se vayan alejando del brazo año tras año, porque nunca se corta bastante abajo. En cinco o seis temporadas la producción está a metro y medio de la estructura, colgando en el vacío, y toda la parte interior está vacía de vegetación.
Cómo se hace el corte
Sobre la última yema que se quiere conservar hay que dejar entre 2 y 3 cm de madera, no cortar a ras. El extremo del sarmiento se deseca siempre unos milímetros hacia dentro y ese margen impide que la desecación alcance la yema. Además, el corte se hace inclinado y con la caída hacia el lado opuesto a la yema, para que el lloro de primavera no le escurra por encima.
En la madera vieja las reglas son otras. Las heridas grandes en el tronco o en los brazos son la puerta de entrada de la yesca y la eutipiosis, hongos de madera que van secando brazos enteros y no tienen tratamiento curativo. Por eso conviene: hacer los cortes lo más pequeños posible, agruparlos siempre en la misma cara del brazo para no interrumpir el flujo de savia por todos los lados, no apurar contra el tronco (deja un pequeño cono de madera muerta, la "corona", en lugar de cortar al ras), y sellar con mástic cicatrizante cualquier herida de más de dos o tres centímetros.
Usa tijera de bypass afilada, y para cortes gruesos serrucho de poda en vez de forzar la tijera. Desinfecta la hoja con alcohol al pasar de una planta a otra, sobre todo si alguna muestra síntomas de decaimiento.
Los restos de poda se retiran y se queman o se sacan del huerto. Si la parra ha pasado el año con oídio, mildiu o polilla del racimo, dejar los sarmientos tirados debajo es sembrar el inóculo del año siguiente.
Los tres o cuatro primeros años
Una parra recién plantada no se poda para producir, se poda para construirse. El primer invierno se deja un solo sarmiento, el más fuerte, cortado a dos yemas, y se elimina todo lo demás. El segundo año se conduce el brote más vigoroso, atado a un tutor, hasta formar el tronco; el resto se suprime. Cuando el tronco alcanza la altura definitiva, se despunta para forzar la salida de los brazos, y esos brazos se van alargando en las temporadas siguientes hasta cubrir la estructura.
Es tentador dejar los primeros racimos que aparecen en el segundo año. Merece la pena quitarlos: cada racimo que madura en una planta joven es crecimiento de tronco y raíz que no se ha hecho. La producción seria empieza hacia el tercer o cuarto año, y una parra bien formada dura décadas.
La poda en verde, la otra mitad del trabajo
La poda de invierno decide el potencial; lo que ocurre en primavera y verano decide la calidad. Estas operaciones se hacen a mano, casi siempre sin herramienta.
Desbrote (abril-mayo). Se eliminan los brotes que salen del tronco y de la madera vieja, y los brotes dobles que nacen de una misma yema, dejando el más fértil. Cuanto antes se haga, menos energía se pierde y menor es la herida.
Despunte (junio). Se corta la punta de los pámpanos que se han pasado de la estructura, unas hojas por encima del último racimo. Frena el crecimiento vegetativo y frena la sombra propia.
Deshojado (julio). Se quitan algunas hojas alrededor de los racimos para airearlos y reducir la podredumbre. Aquí hay que ser prudente: en el clima español, deshojar la cara sur o poniente expone la uva al sol directo y produce golpe de sol, con granos quemados y arrugados. Deshoja la cara de levante y deja la de poniente cubierta.
Aclareo de racimos (envero, hacia finales de julio). Si la parra viene cargada, retirar racimos cuando empiezan a cambiar de color concentra azúcar y aroma en los que quedan. Dos racimos por pámpano es un tope razonable en variedades de mesa.
Recuperar una parra abandonada
Una parra que lleva años sin tocar es una maraña de sarmientos entrelazados con la producción desplazada a la periferia. No se arregla en un invierno. El plan sensato ocupa dos o tres temporadas: el primer año se limpia lo seco y lo muerto, se aclara el enredo y se marcan los sarmientos jóvenes que nazcan cerca del tronco o de los brazos; el segundo se van acortando los brazos alargados hasta esos puntos de renovación; el tercero se rehace la distribución de pulgares.
Rebajar una parra vieja de golpe hasta el tronco provoca una respuesta de chupones desordenados y abre heridas enormes en madera vieja, justo lo que favorece la yesca. La prisa aquí sale cara.
Ojo: parra y parra virgen no son lo mismo
Bajo el nombre de "parra" se cuelan a veces plantas que no dan uva. La parra virgen es Parthenocissus quinquefolia o Parthenocissus tricuspidata, trepadoras ornamentales de la misma familia que la vid, con hojas que enrojecen en otoño y frutos pequeños, azulados y no comestibles.
Su poda no tiene nada que ver con lo anterior, porque no se busca fruto: se recorta al final del invierno para contener su tamaño, se retira lo que invade canalones, tejas y marcos de ventana, y se aclara la maraña interior. Tolera cortes severos y rebrota con facilidad. Confundir las dos plantas y aplicar a la vid criterios ornamentales es, precisamente, la razón por la que muchas parras de patio no dan un solo racimo.
En resumen
La parra se poda en seco, en reposo invernal, entre diciembre y febrero, más tarde cuanto mayor sea el riesgo de heladas tardías, siempre con tiempo seco y sin madera helada. Como la vid fructifica sobre madera del año anterior, el trabajo consiste en seleccionar sarmientos jóvenes de grosor de lápiz nacidos cerca del brazo y dejarlos a dos yemas (poda corta) o en varas de seis a doce yemas si la variedad tiene yemas basales infértiles, como la Sultanina. En pérgola, un tronco, uno o dos brazos y pulgares cada 20 o 25 cm, con un total orientativo de 30 a 40 yemas por planta adulta. Corta 2 o 3 cm por encima de la última yema, evita heridas grandes en madera vieja y sella las que hagas, retira los restos y completa el año con desbrote, despunte, deshojado prudente y aclareo de racimos.