La fresa es de los pocos cultivos que funcionan igual de bien en un bancal del huerto que en una jardinera de balcón, y de los pocos que producen el mismo año en que se plantan. Pero tiene un punto crítico que decide el resultado antes que el riego, el abonado o la variedad: la profundidad a la que se entierra la planta. Ahí se pierden más fresales que por cualquier plaga.

Plantas de fresa con frutos maduros

Qué fresa estás plantando

Lo que se cultiva habitualmente es Fragaria × ananassa, el fresón, un híbrido de dos especies americanas creado en el siglo XVIII. La fresa de bosque (Fragaria vesca) es otra cosa: fruto diminuto y mucho más aromático, en plantas pequeñas que aguantan bien la media sombra.

Más importante que la especie es el tipo de floración, porque cambia todo el calendario:

Las variedades no reflorescentes (de día corto) inducen flor con los días cortos del otoño y dan una única cosecha concentrada en primavera, abundante y de fruto grande. Son las de la producción comercial onubense: 'Camarosa', 'Fortuna', 'Sabrina'.

Las reflorescentes o de día neutro producen en oleadas desde primavera hasta las primeras heladas, con frutos algo más pequeños pero repartidos a lo largo de meses. 'Albion' o 'Mara des Bois' son ejemplos conocidos. Para un huerto familiar o una terraza suelen ser la mejor elección: prefieres un puñado de fresas cada semana durante medio año a tres kilos de golpe en abril.

Cuándo plantar

La mejor época en la España peninsular es el otoño, de octubre a noviembre. La planta se instala con el suelo aún templado, echa raíces durante el invierno y en primavera arranca a producir con toda la fuerza. Es exactamente lo que se hace en Huelva, donde se plantan en octubre plantas criadas en viveros de altura de Castilla y León.

La alternativa es plantar a finales de invierno, en febrero o marzo. Funciona, pero la primera cosecha será más corta porque la planta llega justa de reservas. En zonas de invierno duro es la opción sensata; en el litoral y el sur, el otoño gana claramente.

Encontrarás plantas en maceta, que admiten plantación casi todo el año, y plantas a raíz desnuda, más baratas. Estas últimas se plantan de inmediato; si has de esperar, mantén las raíces en un cubo con sustrato húmedo, nunca en agua.

El error que arruina la plantación

La fresa tiene una corona: ese engrosamiento corto y leñoso del que salen las hojas por arriba y las raíces por abajo. Debe quedar justo a ras de la superficie del suelo.

Si la entierras un par de centímetros, la corona se pudre en cuanto llegan las lluvias y la planta muere sin que entiendas por qué. Si la dejas demasiado alta, las raíces quedan expuestas, se secan y la planta no arranca. La regla visual es simple: toda la corona visible, todas las raíces enterradas.

Plantar en el huerto

La fresa quiere sol —seis horas como mínimo—, suelo rico en materia orgánica y drenaje impecable. Prefiere pH ligeramente ácido, entre 5,5 y 6,8; en suelos calizos de media España es normal que amarilleen las hojas nuevas por clorosis férrica, y ahí ayuda incorporar compost, mantillo o turba y aportar hierro quelatado.

Prepara un bancal con 4-5 kg de compost por metro cuadrado y elévalo 15 o 20 cm si tu suelo retiene agua: las raíces son superficiales y el encharcamiento las mata. Por lo mismo, no plantes fresas donde el año anterior hubo tomates, pimientos o patatas, que comparten el hongo de la verticilosis.

Marco de plantación: 30 cm entre plantas y 40-50 cm entre líneas. Amontonarlas empeora la ventilación y dispara la podredumbre gris.

Después de plantar, cubre el suelo con paja. No es adorno: mantiene la humedad, frena las hierbas y evita que los frutos toquen la tierra, que es donde se manchan y se pudren.

Plantar en maceta

Es un cultivo idóneo para terraza porque no necesita profundidad. Bastan 20-25 cm y unos 3 litros de sustrato por planta; en jardinera larga, una planta cada 25-30 cm.

Usa una mezcla de sustrato universal con compost y un tercio de material drenante, y asegúrate de que hay agujeros de desagüe. Las macetas colgantes y las jardineras de barandilla funcionan especialmente bien con variedades reflorescentes: los frutos cuelgan al aire, no se manchan y quedan fuera del alcance de babosas y caracoles.

El punto débil de la maceta es el agua: el cepellón se seca rápido y la fresa lo nota en el tamaño del fruto, así que en verano toca riego diario y, a ser posible, goteo con programador. En el sur agradece sombra a media tarde en julio y agosto.

Cuidados durante la temporada

Riego: constante y a nivel de suelo. Mojar hojas y frutos por aspersión favorece la botritis y el oídio. El goteo resuelve las dos cosas a la vez.

Abonado: compost al plantar y, en plena producción, aportes ricos en potasio cada dos o tres semanas. Cuidado con el nitrógeno: el exceso da plantas enormes, verdes y espectaculares, con muy pocas fresas. Es un error frecuente en quien abona "para que crezca".

Estolones: son los tallos rastreros que emiten plantas hijas. El primer año conviene cortarlos, porque consumen energía que debería ir al fruto. A partir del segundo, deja enraizar unos cuantos en macetitas: es la forma gratuita de renovar la plantación.

Renovación: aquí va otra idea contraintuitiva. Un fresal no es para siempre. A partir del tercer año la producción cae y se acumulan virosis, así que lo razonable es renovar cada dos o tres años con planta hija y, si puedes, cambiarla de sitio.

Problemas: babosas y caracoles atacan la fruta madura de noche —la paja y las trampas de cerveza ayudan—; los pájaros pueden vaciarte el bancal en dos días y ahí solo funciona una malla; el moho gris (Botrytis cinerea) aparece con humedad y plantas apretadas. Si esperas heladas durante la floración, cubre con manta térmica: las flores dañadas por debajo de -2 °C tienen el centro negro.

En resumen

Elige variedad reflorescente si quieres cosechar de forma escalonada, planta preferiblemente en otoño y coloca la corona exactamente a ras de suelo. Dale sol, suelo rico y drenado, 30 cm entre plantas y un buen acolchado de paja; en maceta bastan 20-25 cm de profundidad con riego diario en verano. Abona con potasio y sin excederte en nitrógeno, corta los estolones el primer año y aprovéchalos después para renovar la plantación cada dos o tres campañas.


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