La parte roja y jugosa que nos llevamos a la boca no es, botánicamente, el fruto de la fresa. Los frutos son los granitos amarillentos de la superficie, y lo que hay debajo es un tallo hinchado y azucarado. Ese detalle, que parece una curiosidad de examen, explica bastantes cosas prácticas: por qué unas fresas salen deformes, por qué el tamaño depende de la polinización y por qué la planta se comporta como se comporta.

Conviene conocerla por dentro antes de plantarla, porque es una hortaliza rara: perenne pero de vida útil corta, se propaga sola por tallos rastreros, tiene las raíces a cuatro dedos de la superficie y exige un suelo ácido en un país donde casi toda el agua de riego es calcárea.

Qué planta es exactamente

La fresa de huerto es Fragaria × ananassa, una rosácea herbácea perenne, de la misma familia que el manzano, el rosal o el almendro. No es una especie silvestre: nació en Europa a mediados del siglo XVIII del cruce accidental de dos americanas, Fragaria chiloensis —traída de Chile por el ingeniero francés Amédée-François Frézier en 1714— y Fragaria virginiana, de Norteamérica. De ahí salió una planta con el tamaño de una y el aroma de la otra, y de ahí vienen todas las variedades actuales.

Junto a ella está la fresa silvestre o fresa de bosque (Fragaria vesca), que sí crece de forma espontánea en buena parte de la Península, sobre todo en el norte y en zonas de montaña. Es mucho más pequeña, mucho más aromática y aguanta bien la media sombra.

Sobre la distinción entre fresa y fresón: en el lenguaje comercial español se llama fresón al fruto grande de Fragaria × ananassa y fresa al pequeño y perfumado. Botánicamente no son plantas de géneros distintos; es una diferencia de tamaño y de variedad, no de especie.

Fresa madura en la planta

Anatomía de la mata, pieza a pieza

La corona. Es el corazón de la planta: un tallo comprimidísimo, a ras de suelo, del que salen hojas, raíces, flores y estolones. Todo pasa por ahí. Si se entierra, se pudre; si queda demasiado alta, la planta se seca. La profundidad de plantación correcta —corona justo al nivel del terreno— es el detalle que más plantaciones arruina.

Las hojas. Trifoliadas, con tres foliolos ovales de borde aserrado, verde intenso y algo rugosas, sobre pecíolos largos y peludos. Se disponen en roseta. Cada hoja vive unos dos o tres meses; que las viejas amarilleen y se sequen mientras salen otras nuevas es normal, no es una enfermedad.

Las raíces. Fibrosas, superficiales y poco potentes: alrededor del 90 % del sistema radicular se concentra en los primeros 15 o 20 centímetros. De ahí que la fresa no perdone la sequía ni el suelo compactado, y que agradezca tanto el acolchado.

Los estolones. Tallos rastreros que la planta emite en verano y que, al tocar tierra, enraízan y forman una hija idéntica a la madre. Es su forma natural de colonizar terreno y también la manera más sencilla de multiplicarla.

Las flores. Blancas, de cinco pétalos, hermafroditas, con un ramillete de estambres amarillos y muchos pistilos en el centro. Se agrupan en inflorescencias de varias flores, y la primera en abrir de cada grupo dará siempre la fresa más grande.

El "fruto". Técnicamente es un eterio: el receptáculo floral se hincha, se vuelve carnoso y rojo, y sobre él quedan los frutos verdaderos, los aquenios, esos puntitos que llamamos pepitas. Cada aquenio procede de un pistilo fecundado y produce hormonas que hacen engordar la zona de pulpa que tiene debajo. Por eso una flor mal polinizada da fresas deformes, con zonas hundidas y duras: donde no hubo fecundación, no hubo crecimiento. Si te salen frutos abollados, el problema casi nunca es de abonado, sino de falta de abejorros, de exceso de calor durante la floración o de tratamientos insecticidas mal puestos.

Dos tipos de planta según cómo florecen

Esta clasificación decide cuándo vas a cosechar, y en el vivero rara vez te la explican.

Variedades de día corto (no reflorecientes). Inducen la floración cuando los días acortan y la temperatura baja, en otoño, y producen una única cosecha concentrada entre finales de invierno y primavera. Son las del cultivo comercial de Huelva: 'Fortuna', 'Sabrina', 'Primoris', 'Rociera', la veterana 'Camarosa'. Dan mucho y de golpe.

Variedades de día neutro (remontantes). Florecen mientras la temperatura acompañe, sin depender de la duración del día, y producen en oleadas desde la primavera hasta el otoño. Frutos generalmente más pequeños y cosecha total menor, pero repartida durante meses. Para un huerto familiar o unas macetas en la terraza suelen ser la mejor elección; 'Mara des Bois' y 'Albion' son referencias habituales.

Qué condiciones necesita

Luz. Sol directo, un mínimo de seis horas diarias. En el sur peninsular agradece algo de sombra en las horas centrales de julio y agosto, pero a la sombra permanente vegeta y no cuaja.

Temperatura. Crece bien entre 15 y 25 °C. Por debajo de 10 °C prácticamente se detiene, y por encima de 30 °C el fruto pierde calidad y la planta se dedica a hacer estolones en lugar de flor. La corona resiste bien el invierno peninsular, incluso varios grados bajo cero si está acolchada, pero una flor abierta se estropea con una helada de −1 o −2 °C: el centro se ennegrece y esa flor ya no dará nada. Es el famoso "ojo negro" de las heladas tardías de marzo.

Suelo. Aquí está la exigencia más incumplida. La fresa quiere un suelo ligeramente ácido, de pH entre 5,5 y 6,8, suelto, rico en materia orgánica y con drenaje impecable. En buena parte de España el terreno es calizo y el agua del grifo, dura. El resultado es la clorosis férrica: hojas jóvenes amarillas con los nervios verdes marcados. Se corrige con quelato de hierro EDDHA, que es el único que sigue siendo eficaz a pH alto, y se previene incorporando compost, turba rubia o mantillo ácido en la plantación. En maceta lo tienes más fácil: sustrato para plantas acidófilas.

Riego. Constante y moderado, sin encharcar nunca. El goteo es lo ideal porque mantiene la humedad sin mojar hojas ni frutos, y así se evitan buena parte de los hongos. Con riego por aspersión sobre el follaje, la botritis está garantizada. En pleno verano, en el interior peninsular, una fresa en maceta puede necesitar riego diario.

Acolchado. No es opcional. Una capa de paja, de restos de poda triturados o el plástico negro del cultivo profesional cumple tres funciones a la vez: mantiene la humedad en esas raíces superficiales, frena las malas hierbas y —lo más importante— impide que el fruto toque la tierra húmeda y se pudra. El nombre inglés de la fresa, strawberry, viene precisamente de la paja.

Fresas recién recolectadas

Cuándo y cómo se planta en España

La época principal es el otoño, de octubre a noviembre. La planta enraíza con el suelo aún templado, pasa el invierno instalada y arranca fuerte en primavera. En zonas frías del interior y del norte se puede retrasar a febrero o marzo, sacrificando algo de cosecha del primer año.

Un apunte que explica la calidad de la planta que compras: las plantas de fresa del cultivo español se producen en viveros de altura de Castilla y León, en Segovia y Ávila sobre todo, porque allí acumulan las horas de frío que necesitan para brotar bien después. Una planta que no ha pasado frío rebrota floja.

Marco de plantación: 30 centímetros entre plantas y 40 entre líneas, en caballones o lomos elevados si el terreno es pesado, para que el agua no se quede alrededor de la corona. Y, otra vez, la corona a ras de suelo: ni enterrada ni levantada.

Estolones: cuándo cortarlos y cuándo dejarlos

Cada estolón que la planta saca es energía que no va al fruto. Si lo que buscas es cosecha, córtalos en cuanto asomen, a ras de la corona, durante toda la temporada productiva.

Si lo que quieres es multiplicar, déjalos y guía las hijas hacia un macetín con sustrato colocado al lado. En tres o cuatro semanas habrán enraizado; entonces se corta el cordón umbilical y se trasplanta. Conviene tomar hijas solo de plantas sanas y vigorosas, porque los virus y los hongos se transmiten con ellas. Y quedarse con la primera hija de cada estolón, la más próxima a la madre, que es la más fuerte.

La planta se agota: renuévala

Es perenne, sí, pero su rendimiento cae en picado. La segunda cosecha suele ser la mejor; a partir de la tercera, los frutos son más pequeños, la mata acumula virosis y aparecen problemas radiculares. Lo sensato en un huerto doméstico es renovar la plantación cada dos o tres años, y hacerlo con estolones que hayas ido enraizando el verano anterior. En el cultivo comercial directamente se replanta cada año.

Al renovar, cambia el emplazamiento. La fresa no debe repetirse en el mismo sitio ni ir detrás de patata, tomate, pimiento o berenjena, porque comparte con ellas hongos de suelo como Verticillium. Deja pasar tres o cuatro años antes de volver a la misma parcela.

Los problemas que te vas a encontrar

Botritis (Botrytis cinerea), la podredumbre gris del fruto. Aparece con humedad y frutos en contacto con el suelo o entre sí. Se combate con acolchado, aireación de la mata, riego localizado y retirando de inmediato cualquier fruto afectado, que si se queda contagia al resto.

Oídio (Podosphaera aphanis): polvillo blanco en el envés y hojas que se curvan hacia arriba por los bordes. Aparece con calor seco y noches húmedas. Azufre en polvo, aplicado con temperaturas por debajo de 30 °C.

Araña roja (Tetranychus urticae), el enemigo del verano seco. Punteado amarillento en las hojas y telillas finas. Sube la humedad ambiental y trata a tiempo; en pleno ataque es difícil de frenar.

Pulgón, sobre todo en la brotación de primavera, y transmisor de virus.

Babosas y caracoles, que van directos al fruto maduro por la noche, y pájaros, mirlos en particular, contra los que solo funciona la malla.

Podredumbre de corona (Phytophthora cactorum): la planta colapsa de golpe y al cortar la corona se ve marrón por dentro. Casi siempre es consecuencia de exceso de agua o plantación demasiado profunda. No tiene arreglo una vez declarada.

En maceta funciona bien

Es de las hortalizas que mejor se dan en terraza. Necesita al menos 20 centímetros de profundidad y unos tres litros de sustrato por planta, con drenaje amplio. Los maceteros verticales y las jardineras colgantes le vienen bien porque los frutos quedan al aire, lejos del suelo y de las babosas.

La contrapartida es que el cepellón se calienta y se seca mucho más rápido, y que el sustrato se agota: hay que regar con frecuencia y aportar abono líquido rico en potasio cada diez o quince días durante la fructificación. En verano, mejor una maceta de color claro o resguardada del sol de la tarde; las raíces por encima de 30 °C sufren.

En resumen

Fragaria × ananassa es una vivaz herbácea de porte bajo, con una corona a ras de suelo de la que sale todo, hojas trifoliadas en roseta, raíces superficiales concentradas en los primeros 20 centímetros y estolones para propagarse. Lo que comemos es el receptáculo engordado; los frutos de verdad son los aquenios de la superficie, y de su número depende el tamaño y la forma de la fresa.

Para que rinda: sol, suelo ácido y drenado, riego constante sin mojar la hoja, acolchado siempre, plantación en otoño con la corona al nivel del terreno, estolones cortados si quieres fruto y renovación de la plantación cada dos o tres años en otro sitio del huerto. Con eso, tienes fresas todas las primaveras.


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