Haworthia reúne las suculentas de roseta pequeña y hoja blanda, muchas de ellas con ventanas translúcidas en el ápice, originarias del sur de África. Son plantas de sombra parcial, no de pleno sol, y esa es la diferencia que más gente pasa por alto cuando compra una y la deja en el alféizar más soleado de la casa. Pertenecen a la familia Asphodelaceae, la misma del aloe, y el nombre honra al botánico británico Adrian Hardy Haworth.

Para quien busca una suculenta de interior que aguante de verdad dentro de casa, es de los mejores géneros posibles: no necesitan sol directo, ocupan poco, no tienen espinas y se multiplican solas por hijuelos. A cambio, no perdonan el sustrato encharcado ni el agua acumulada en el centro de la roseta.

Un género que se partió en tres

Durante casi dos siglos, Haworthia fue un cajón enorme donde cabían plantas muy distintas. En 2013 se reorganizó en tres géneros según criterios morfológicos y moleculares: Haworthia en sentido estricto, para las especies de hoja blanda; Haworthiopsis, para las de hoja dura y epidermis gruesa, como la zebra de rayas blancas; y Tulista, para un grupo pequeño de especies robustas y de gran tamaño.

El cambio no es una curiosidad de nomenclatura, tiene consecuencias prácticas. Las Haworthia de hoja blanda quieren más sombra, más humedad ambiental y sustratos que retengan algo más de agua que las Haworthiopsis, que son más duras y toleran más luz. Si en un vivero está todo mezclado bajo la etiqueta "haworthia", conviene mirar la hoja: si es carnosa, translúcida y se deja apretar, es del primer grupo.

Las hojas ventana, una solución de ingeniería

La característica más llamativa del género son las ventanas: zonas translúcidas en la parte superior de la hoja, casi sin clorofila, que dejan pasar la luz hacia el tejido fotosintético del interior. En especies como Haworthia cooperi, Haworthia cymbiformis o Haworthia retusa parecen gotas de gelatina verde.

El caso extremo es Haworthia truncata, cuyas hojas están cortadas en horizontal, como si alguien las hubiera segado, y solo asoman por la superficie del suelo la cara translúcida. En su hábitat estas plantas viven medio enterradas entre grava y bajo arbustos: la parte visible es apenas la ventana, y todo el cuerpo carnoso queda protegido del sol y de los herbívoros bajo tierra. Esa forma de vida explica de un plumazo por qué el pleno sol de un verano manchego las cuece.

Formas y especies habituales

La diversidad del género es enorme. Hay rosetas de hojas gruesas terminadas en ventana, como las cooperi; hojas alargadas y afiladas con dientes en el margen, como Haworthia arachnoidea, envuelta en una maraña de cilios blancos; hojas cortas dispuestas en abanico plano; y formas casi columnares. Los colores van del verde claro al pardo rojizo, y muchas viran a tonos cobrizos cuando reciben más luz de la que están acostumbradas, un aviso más que un adorno.

La floración es discreta y no se cultiva por ella: un tallo fino y largo que sale lateralmente y lleva flores tubulares pequeñas, blanquecinas, con nervios verdosos. Muchos aficionados lo cortan para que la planta no gaste energía, aunque no le hace daño dejarlo.

Luz, ubicación y calendario en España

En su hábitat, en la Provincia del Cabo, crecen bajo matorral o en grietas de roca, protegidas del sol directo de las horas centrales. La traducción a una casa española es: ventana orientada al este o al norte, o cerca de una ventana sur pero sin sol directo sobre la planta. Fuera, valen la sombra de un porche o una malla de sombreo.

El calendario merece atención porque estas plantas vienen de una zona con lluvias de invierno. Crecen en otoño, invierno y primavera, y en pleno verano entran en reposo. Eso encaja fatal con el hábito español de regar más cuanto más calor hace. En julio y agosto, con la planta parada y el calor apretando, hay que reducir el riego a lo mínimo, sombrear y ventilar. El crecimiento fuerte vendrá con las temperaturas suaves de septiembre y octubre.

Frío: no toleran heladas. Por debajo de unos pocos grados sobre cero conviene meterlas dentro. En el litoral mediterráneo se pueden tener fuera todo el año a la sombra, resguardadas de la lluvia; en el interior peninsular, dentro de casa en invierno.

Sustrato y riego

Sustrato drenante pero no tan pobre como el de un cactus del desierto. Una mezcla razonable es la mitad de sustrato para cactáceas y la mitad de material mineral fino: pómice, akadama, arena de sílice o picón de grano pequeño. Muchos cultivadores especializados las llevan en sustrato íntegramente mineral y riegan más a menudo, que es otra forma válida de resolverlo.

Se riega mojando bien y dejando secar el sustrato antes de repetir. Nunca se riega en el centro de la roseta: el agua que queda entre las hojas apretadas provoca podredumbre. Lo más cómodo es regar por la base, poniendo la maceta unos minutos en un plato con agua hasta que se cale, y retirarla después.

Las Haworthia tienen raíces gruesas y carnosas que envejecen y se secan por ciclos. Al trasplantar es normal encontrar raíces muertas: se recortan las secas, se deja airear el cepellón un par de días y se replanta en seco. Una planta que de repente parece suelta en la maceta y con las hojas arrugadas suele haber perdido la raíz, y lo que toca es sacarla, limpiarla y volver a enraizarla, no regarla más.

Multiplicación

Lo habitual es por hijuelos. Muchas especies forman colonias densas y basta con desmontar la mata en primavera o principios de otoño y separar rosetas con algo de raíz. Sin raíz también enraízan, dejando secar el corte unos días antes de plantar.

Por hoja funciona en varias especies de hoja blanda, aunque es más lento e incierto que en Echeveria: hay que arrancar la hoja completa con su base, no cortarla, dejarla cicatrizar y apoyarla en sustrato apenas húmedo. La semilla se usa sobre todo entre coleccionistas, porque estas plantas se hibridan con facilidad y la descendencia rara vez es idéntica a la planta madre.

Compra: por qué importa el origen

Algunas especies del género tienen poblaciones muy reducidas y localizadas en Sudáfrica, y la recolección ilegal para el mercado de coleccionistas se ha convertido en un problema serio para la flora suculenta del Cabo, con detenciones e incautaciones recurrentes. Las plantas silvestres no aportan nada al aficionado: crecen peor, traen plagas y su desaparición del campo es irreversible.

La alternativa es sencilla porque estas plantas se propagan bien en vivero. Comprar material propagado, con etiqueta clara, es lo correcto y además funciona mejor. Ante una oferta de plantas "de campo" a buen precio, lo prudente es no comprarlas.

En resumen

Haworthia, tras la división de 2013, agrupa las suculentas sudafricanas de roseta pequeña y hoja blanda, muchas con ventanas translúcidas que les permiten fotosintetizar medio enterradas. Son plantas de sombra parcial, con su periodo de crecimiento en otoño, invierno y primavera y reposo en el verano seco, justo al revés de lo que uno esperaría.

Sustrato drenante, riego por la base sin mojar la roseta, sombra en julio y agosto y ninguna helada. Con eso duran años y se multiplican por hijuelos sin esfuerzo. Las de hoja dura y epidermis gruesa, como la zebra rayada, pertenecen hoy al género Haworthiopsis y piden un manejo algo distinto.


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