Rosa gallica es la rosa de Provins, y es la especie que está en la base de casi todo el rosal europeo antiguo. De sus cinco pétalos rosa fuerte con el centro de estambres amarillos salieron, por selección y por cruce, los grupos que llenaron los jardines europeos durante siglos, y su rastro sigue estando dentro del rosal moderno que compras hoy en un vivero, aunque a simple vista no lo parezca.
Este artículo va de esa línea de descendencia y de la historia que la acompaña: por qué se llama de Provins, qué papel juega en la Guerra de las Dos Rosas, cómo una sola planta rayada llegó a ser la rosa más pintada de Europa, y qué le puso exactamente la gallica al rosal actual. El cultivo, la poda y los rebrotes de raíz están contados en otra ficha del sitio.
La especie silvestre, antes de los jardines
La gallica silvestre es un arbusto bajo y ancho, que se extiende por la raíz más que hacia arriba, con hojas de textura áspera y ramas cubiertas de aguijones finos y desiguales mezclados con pelos glandulosos. La flor es simple, de cinco pétalos, de un rosa carmín intenso, y aparece una sola vez a finales de primavera. Después da escaramujos redondeados y rojos.
Su área natural va del centro y el sur de Europa hacia el este, hasta Turquía y el Cáucaso. En la Península aparece de forma silvestre en el norte y el nordeste, en claros de bosque, linderos y ribazos de zonas frescas, y no en el sur seco, donde solo vive cultivada. Es una planta de suelo sin exigencias y tolerante a la cal, un rasgo que heredaron sus descendientes y que explica que las rosas antiguas se den razonablemente bien en media España.
Por qué se llama de Provins
Provins es una ciudad al sureste de París que durante la Edad Media fue plaza de ferias y centro de un comercio muy concreto: el pétalo seco de gallica. La forma cultivada que se usaba para eso, semidoble y de color muy saturado, es la que se conoce como 'Officinalis'.
Lo que hizo posible ese comercio es una peculiaridad de la especie: sus pétalos conservan color y aroma después de secarse, cosa que no ocurre con la mayoría de las rosas, cuyos pétalos secos quedan pajizos y sin olor. Eso convirtió a la gallica en mercancía transportable y almacenable en una época en la que la flor fresca no podía viajar, y de ahí vienen tanto su presencia en las boticas como su uso en perfumería y confitería antiguas. Sobre todo aquello conviene ser claro: es historia documentada del comercio y de la farmacia antigua, no una indicación de uso. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas para la rosa, y nada de lo que se leyera en un herbario del siglo XVI sustituye a un tratamiento.
La Guerra de las Dos Rosas, contada con cuidado
La versión popular dice que el bando de Lancaster llevaba una rosa roja y el de York una rosa blanca, y que la roja era Rosa gallica y la blanca Rosa × alba. La identificación botánica es razonable, porque eran las dos rosas disponibles en la Inglaterra del siglo XV, pero la historia es menos limpia de lo que suena.
La rosa blanca sí fue una insignia usada por la casa de York. La rosa roja de Lancaster, en cambio, tuvo un uso mucho más escaso durante el conflicto y se consolidó como símbolo después, cuando Enrique VII la combinó con la blanca en la rosa Tudor para representar la unión de las dos casas. Es decir: el emblema de las dos rosas es en buena parte una construcción posterior, propaganda de la dinastía vencedora. Y el nombre mismo de la guerra es todavía más tardío, del siglo XIX.
Lo que no cambia es el resultado para la planta: la gallica quedó asociada para siempre a esa historia, y con ella al color rojo como emblema político y sentimental, mucho antes de que existiera el rosal rojo de tallo largo de una floristería.
Rosa Mundi, la rosa rayada
La variedad más conocida de la especie es 'Versicolor', llamada habitualmente Rosa Mundi: los mismos pétalos de 'Officinalis' pero rayados y salpicados de blanco y rosa carmín, con un dibujo distinto en cada flor. Se conoce en jardines europeos desde hace siglos y es una de las rosas más representadas en pintura y en botánica ilustrada.
Botánicamente es un caso de manual de mutación de rama. No salió de un cruce, sino de una rama que apareció espontáneamente rayada en una planta de 'Officinalis', y se multiplicó por esqueje. Y como los caracteres de ese tipo son inestables, una planta de Rosa Mundi puede sacar de vez en cuando una rama que vuelve al color entero de su madre. Si te pasa, no es que te hayan vendido otra cosa: es la mutación revirtiendo, y esa rama se corta si quieres mantener el efecto rayado.
La leyenda le atribuye el nombre a Rosamund Clifford, amante de Enrique II de Inglaterra, lo que es una atribución bonita y sin ninguna base documental. La otra lectura del nombre, rosa del mundo, es igual de probable.
Qué puso la gallica en el rosal moderno
Antes de que llegaran las rosas de China, el jardín europeo trabajaba con un puñado corto de grupos, y la gallica está dentro de tres de ellos como uno de los padres: las damascenas, las albas y las centifolias. De las centifolias salieron después, otra vez por mutación, las rosas musgosas. Ese es todo el material con el que se hizo jardinería de rosas en Europa durante siglos.
Lo que aportó la gallica a esa herencia se puede enumerar:
- El color profundo. Los carmines, los granates, los morados y los tonos malva y gris ceniza de las rosas antiguas vienen de esta línea. Ninguna otra especie europea daba eso.
- El perfume fuerte y denso, el que se asocia al olor clásico de rosa, distinto del olor a té de las rosas chinas.
- La rusticidad. Aguanta frío, suelos pobres y cal, y se sostiene sobre sus propias raíces sin injerto.
- Y una limitación importante: floración única. La gallica no repite, y esa fue la gran barrera del rosal europeo hasta que llegaron las chinas remontantes a finales del siglo XVIII.
Hay algo que la gallica no pudo aportar nunca, y es el amarillo. En el linaje europeo antiguo no existe: el rosa, el rojo, el morado y el blanco, y nada más. El amarillo entró en el rosal de jardín a partir de otra especie, la asiática Rosa foetida, en el paso al siglo XX, y con él llegó también una sensibilidad notable a la mancha negra que los rosales de jardín arrastran desde entonces. Cuando una rosa amarilla moderna se te llena de manchas en las hojas, la explicación está en esa rama del árbol genealógico y no en la gallica.
El momento de gloria: Malmaison
El apogeo de la gallica coincide con el primer tercio del siglo XIX. La emperatriz Josefina reunió en los jardines de Malmaison, cerca de París, la colección de rosas más ambiciosa de su tiempo, y encargó a Pierre-Joseph Redouté las láminas que se publicaron como Les Roses, el libro de ilustración botánica de rosas más reproducido de la historia. La mayoría de lo que aparece allí son gallicas y sus híbridos.
En los catálogos de esas décadas se llegaron a listar centenares y centenares de variedades de gallica con nombre propio. De todas ellas sobrevive hoy un puñado, porque cuando aparecieron los híbridos remontantes y después los híbridos de té, un rosal que solo florecía tres semanas al año dejó de tener mercado. Las que quedan se conservan en rosaledas de colección y en jardines de aficionados, y son las mismas plantas, multiplicadas por esqueje, que pintó Redouté.
En resumen
Rosa gallica es un arbusto bajo de flor simple carmín y floración única, silvestre en el centro y el sur de Europa y en el norte de la Península. Se llama rosa de Provins por la ciudad francesa que comerciaba con sus pétalos secos, un negocio que fue posible porque esta especie conserva color y aroma al secarse. Su forma cultivada 'Officinalis' y la mutación rayada 'Versicolor' o Rosa Mundi son las dos variedades históricas que siguen vivas.
Su importancia real está en la genealogía: es uno de los padres de las damascenas, las albas y las centifolias, y de ella vienen el color profundo y el perfume denso de las rosas antiguas, además de su rusticidad. Lo que no puso fue la floración repetida, que llegó de China, ni el amarillo, que llegó de Rosa foetida ya en el siglo XX. Y la Guerra de las Dos Rosas la asoció a la historia inglesa con un emblema que, en buena medida, se fabricó cuando la guerra ya había terminado.