Las hojas amarillas en un geranio son un síntoma, no una enfermedad. El problema es que casi todas las causas posibles producen amarilleo, así que el diagnóstico depende de qué hojas amarillean, en qué orden y con qué aspecto. Antes de aplicar ningún remedio, conviene mirar la planta con algo de método.

Una precisión que ayuda: lo que llamamos geranio en España casi nunca es un Geranium. Los de balcón son Pelargonium, sobre todo Pelargonium zonale (el geranio de mata) y Pelargonium peltatum (la gitanilla, de porte colgante). Son plantas sudafricanas, semisuculentas y adaptadas a la sequía. Casi todos los fallos de cultivo vienen de tratarlas como si fueran plantas de sombra y humedad constante.

Primero: descarta el envejecimiento normal

Si amarillean solo dos o tres hojas de la base, las más viejas y grandes, y el resto de la planta crece y florece con normalidad, no pasa nada. El pelargonio recicla nutrientes móviles de las hojas viejas hacia los brotes nuevos y las abandona. Arráncalas tirando del pecíolo hacia abajo, sin dejar tocones, y sigue con lo tuyo.

Preocúpate cuando el amarilleo avanza hacia arriba, afecta a varias hojas a la vez o alcanza a las hojas jóvenes.

Exceso de riego: la causa número uno

Es, con diferencia, el motivo más frecuente. Las señales típicas: hojas amarillas blandas, con aspecto acuoso, a veces con manchas marrones de bordes difusos; el amarilleo empieza abajo y sube; los tallos de la base se ablandan y ennegrecen; y el sustrato está permanentemente húmedo y compacto, quizá con mosquitos negros revoloteando.

Lo que ocurre es que las raíces, sin oxígeno, dejan de absorber. Por eso una planta encharcada presenta síntomas parecidos a una seca: mustia, con hojas amarillas y sin turgencia. Regar más en ese momento la mata.

La corrección: deja de regar por completo hasta que el sustrato se seque varios centímetros en profundidad. Saca la maceta a un lugar aireado y con luz. Si el cepellón está empapado y huele agrio, desmóldalo, retira el sustrato podrido, corta con tijera limpia las raíces blandas y oscuras —las sanas son claras y firmes— y replanta en sustrato nuevo, drenante, en una maceta que no sea mucho mayor. Corta también los tallos con la base negra: la podredumbre del cuello no se recupera.

Dos errores muy extendidos aquí. Uno, dejar el plato lleno de agua: el geranio no tolera tener las raíces en agua estancada ni una hora. Dos, el riego "un poquito cada día", que mantiene la superficie húmeda y el fondo seco. Riega a fondo y con poca frecuencia, cuando los primeros 3-4 cm estén secos.

Geranio en flor con follaje sano

Falta de riego

Menos común, pero real en pleno verano y en macetas pequeñas al sol. Aquí las hojas amarillean secas y quebradizas, con los bordes tostados, y suelen caer solas. El sustrato está separado de las paredes de la maceta y pesa muy poco al levantarla.

Si el cepellón se ha secado del todo, el agua resbala por los laterales sin mojar nada. La solución es sumergir la maceta en un barreño hasta media altura durante 20-30 minutos, hasta que deje de burbujear, escurrir bien y volver al riego normal. En julio y agosto, un geranio en balcón a pleno sol puede necesitar agua a diario.

Frío y cambios bruscos

El pelargonio deja de crecer por debajo de 10 °C y sufre daño celular por debajo de 0 °C. Tras una helada o una racha de frío húmedo aparecen hojas amarillas, a menudo con tonos rojizos o púrpuras en los bordes, que es la respuesta típica al estrés por frío.

El frío en sí rara vez mata la planta en la mayor parte de España, pero la combinación de frío y sustrato mojado sí. En invierno hay que reducir el riego drásticamente, a una vez cada dos o tres semanas, y resguardar las macetas junto a una pared, bajo alero o en una galería sin calefacción. Retira las hojas dañadas y espera a la primavera: brotará de nuevo.

Falta de nutrientes

Un geranio que lleva más de un año en la misma maceta sin abonar agota el sustrato. Aquí el patrón importa mucho:

Amarilleo uniforme empezando por las hojas viejas, con planta apagada y poca flor: falta de nitrógeno. Se corrige con un abono equilibrado o de floración cada 15 días en primavera y verano.

Hojas jóvenes amarillas con los nervios bien verdes (clorosis férrica): falta de hierro asimilable, casi siempre por riego con agua muy calcárea que sube el pH del sustrato. Es frecuentísimo en el Levante y en gran parte del interior peninsular. Se corrige con quelato de hierro y, a medio plazo, regando con agua de lluvia o dejando reposar el agua del grifo.

Amarilleo entre nervios en hojas viejas: suele ser magnesio. Se resuelve con un abono que lo incluya o con sulfato de magnesio muy diluido.

Ojo con el exceso contrario: abonar de más quema las raíces y también amarillea. Respeta las dosis del envase y no abones nunca sobre sustrato seco ni en pleno reposo invernal.

Plagas y enfermedades

La araña roja (Tetranychus urticae) provoca un punteado amarillo fino en el haz y telarañas muy tenues en el envés. Aparece con calor y aire seco. Se combate mojando el envés con agua a presión y aumentando la humedad ambiental, o con jabón potásico y aceite de neem.

La mosca blanca chupa savia y deja melaza pegajosa con negrilla. La oruga del geranio (Cacyreus marshalli), muy extendida en España, no amarillea las hojas pero perfora los tallos y los vacía por dentro; si tu geranio se marchita de golpe con agujeritos en los tallos, es ella.

Entre las enfermedades, la roya del geranio (Puccinia pelargonii-zonalis) da anillos amarillos en el haz con pústulas pardas en el envés, y prospera con humedad y hoja mojada. Retira las hojas afectadas, ventila y evita mojar el follaje al regar. La Botrytis aparece en otoño en plantas apiñadas y mal ventiladas.

Luz insuficiente

El geranio quiere seis horas o más de sol directo. En interior junto a una ventana de poca luz, o en un patio orientado al norte, la planta estira los entrenudos, produce hojas pequeñas y pálidas, pierde las inferiores y deja de florecer. No es un problema de riego ni de abono: es falta de luz, y la única solución es moverla.

Cómo diagnosticar en tres pasos

Primero, mete el dedo en el sustrato hasta la segunda falange. Húmedo y compacto con hojas blandas: exceso de riego. Polvoriento y suelto con hojas crujientes: falta de riego.

Segundo, mira qué hojas fallan. Las viejas de abajo apuntan a nitrógeno, magnesio o simple envejecimiento. Las jóvenes de arriba apuntan a hierro o a raíces dañadas.

Tercero, gira una hoja y examina el envés con luz. Punteado, telarañas, pústulas o insectos cambian el diagnóstico por completo.

En resumen

Las hojas amarillas del geranio se explican casi siempre por exceso de riego, y en menor medida por sequía, frío, carencias de nitrógeno o hierro, plagas o falta de luz. Trátalo como lo que es, una planta sudafricana semisuculenta: mucho sol, riego abundante pero espaciado, plato siempre vacío, sustrato drenante, abono de floración quincenal de marzo a septiembre y riego mínimo en invierno. Antes de actuar, comprueba la humedad del sustrato y el envés de las hojas; con esos dos datos aciertas en la mayoría de los casos.


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