Hay jardines que se apagan al ponerse el sol y otros que justo entonces empiezan. Las plantas de floración nocturna abren sus corolas cuando cae la luz, sueltan el perfume durante unas horas y a la mañana siguiente ya están cerradas o marchitas. No es una excentricidad botánica: es una estrategia de polinización tan afinada como la de una rosa, solo que dirigida a otro público.

Si tienes una terraza que solo pisas después de cenar, o un porche que se usa en verano de nueve a doce de la noche, plantar en clave nocturna cambia por completo el resultado. Este es el criterio para hacerlo bien.

Por qué una flor decide abrirse de noche

Abrir de día tiene un coste. La corola pierde agua por evaporación, el néctar se concentra y se degrada, y en un verano peninsular a 38 °C una flor delicada dura horas. Abrir de noche evita ese desgaste, pero obliga a buscar polinizadores que trabajen a oscuras: polillas esfíngidas (los famosos Macroglossum y Agrius convolvuli), noctuidos, algunos escarabajos y, en los trópicos, murciélagos.

Ese cambio de clientela deja una firma reconocible, lo que los botánicos llaman síndrome de polinización esfingófilo. Casi todas las flores nocturnas comparten los mismos rasgos:

Color blanco o muy pálido. A la luz de la luna el ojo compuesto de una polilla no distingue matices, pero sí contraste. El blanco, el crema y el amarillo pálido destacan sobre el follaje oscuro; el rojo intenso, que funciona de maravilla para atraer aves de día, es prácticamente invisible de noche.

Perfume intenso y tardío. La planta no gasta energía en volátiles hasta que le interesa. Por eso el galán de noche huele a nada a mediodía y satura una calle entera a las once. El aroma suele ser dulce, con notas de vainilla, jazmín o miel, y viaja mucha distancia porque el olfato es el sentido director de la polilla.

Tubo floral largo y néctar profundo. Las esfinges liban en vuelo estacionario con una espiritrompa que en algunas especies supera los ocho centímetros. Las flores nocturnas suelen tener corolas tubulares estrechas y profundas, adaptadas a ese aparato bucal y difíciles de aprovechar para una abeja.

Nada de guías de néctar visibles. Los dibujos ultravioletas que orientan a las abejas no sirven de mucho en la oscuridad, así que muchas nocturnas los han perdido.

Flores de dondiego de noche abiertas al atardecer

El dondiego de noche, el clásico imbatible

El Mirabilis jalapa es la planta que casi todo el mundo tiene en mente cuando piensa en floración nocturna, y con razón: es fácil, barata, resistente al calor y florece de junio a octubre sin descanso. Originaria de Centroamérica y los Andes, lleva siglos naturalizada en España; en el sur y en el Levante se comporta prácticamente como silvestre.

Conviene aclarar una cosa, porque es una confusión repetida: el dondiego no abre a medianoche. Abre a media tarde, entre las cuatro y las seis según la época del año y la nubosidad, y permanece abierto hasta bien entrada la mañana siguiente si el día es fresco. En inglés lo llaman four o'clock flower justamente por eso. El disparador es la caída de la intensidad luminosa combinada con el descenso de temperatura, no la oscuridad completa.

Su gran baza práctica es la raíz. Forma un tubérculo carnoso que puede llegar al tamaño de un puño en plantas adultas, y ese tubérculo le permite rebrotar cada primavera después de que la parte aérea se haya helado. En la mitad norte peninsular la mata desaparece en noviembre y vuelve en abril sin que hagas nada. En zonas de heladas fuertes y suelo encharcadizo, acolcha el pie con un palmo de paja o desentierra el tubérculo y guárdalo en seco, como si fuera una dalia.

Se siembra directamente en el sitio definitivo en marzo o abril, con la tierra ya a unos 15 °C. La semilla es grande y negra, fácil de manejar; germina en una semana o diez días. Una advertencia: siembra sola, y mucho. Un ejemplar bien establecido produce cientos de semillas viables al año y en dos temporadas puede colonizar un arriate entero. Si no quieres eso, corta las inflorescencias marchitas antes de que las semillas maduren y ennegrezcan.

Curiosidad genética que a veces sorprende: las variedades de flor rosa y blanca cruzadas dan descendencia con flores intermedias y, con frecuencia, ejemplares con flores de dos colores en la misma mata e incluso corolas jaspeadas. Es el ejemplo de libro de herencia intermedia, y lo puedes reproducir en tu propio arriate.

Las demás candidatas que funcionan en España

Galán de noche (Cestrum nocturnum). Arbusto de la familia de las solanáceas, no un jazmín, pese a que en media España se le llame «jazmín de noche». Sus flores son diminutas, tubulares y verdosas, sin ningún interés visual, pero el perfume es de los más potentes que existen en jardinería. Aguanta bien el calor y la sequía una vez arraigado, pero es sensible al frío: por debajo de −2 o −3 °C se defolia y por debajo de −5 °C suele morir. Es planta de litoral mediterráneo, Canarias y valles cálidos del sur. Plántalo lejos de la ventana del dormitorio: a menos de tres o cuatro metros el aroma resulta agobiante y hay gente a la que le provoca dolor de cabeza. Toda la planta es tóxica por ingestión.

Dama de noche trepadora (Ipomoea alba). Enredadera anual en clima peninsular, de crecimiento explosivo. Sus flores blancas, de hasta 12 cm de diámetro, se abren en cuestión de minutos al anochecer, con un movimiento lo bastante rápido para verlo a simple vista. Es de los espectáculos más agradecidos del jardín de verano. Las semillas tienen la cubierta muy dura: líjalas ligeramente y ponlas en remojo 12 horas antes de sembrar en abril o mayo. Necesita sol pleno, tutor y bastante agua.

Alhelí de noche (Matthiola longipetala subsp. bicornis). Anual pequeña, de aspecto francamente pobre durante el día: flores lilas pardas medio marchitas sobre tallos desgarbados. De noche se abre y desprende un aroma denso a clavo y miel que perfuma un patio entero. Se siembra a voleo en otoño o a finales de invierno, mezclada entre otras plantas que tapen su fealdad diurna. Es la mejor relación perfume/esfuerzo que conozco.

Tabaco ornamental (Nicotiana alata y sobre todo Nicotiana sylvestris). La segunda forma matas de metro y medio con racimos colgantes de flores blancas tubulares muy largas, hechas a medida de las esfinges. Cuidado al comprar: muchas series comerciales enanas de Nicotiana han sido seleccionadas para que las flores permanezcan abiertas de día y, en el proceso, han perdido casi todo el perfume. Si buscas aroma, elige la especie botánica o variedades altas antiguas.

Onagra (Oenothera biennis y O. speciosa). Bienal de flores amarillas que se abren al caer la tarde con un chasquido casi audible. Muy rústica, se naturaliza en terrenos pobres y arenosos. Aguanta la sequía estival sin riego una vez establecida.

Reina de la noche (Epiphyllum oxypetalum). Cactus epífito de tallos aplanados que produce flores blancas enormes, de hasta 25 cm, que duran una sola noche y se marchitan al amanecer. Es planta de maceta y semisombra, no de pleno sol: el sol directo del verano español le quema los tallos. Riego escaso en invierno y sustrato muy drenante. La floración suele llegar a partir del cuarto o quinto año.

Julianas (Hesperis matronalis). Vivaz de corta vida y flores lilas o blancas, perfumadísima al anochecer, ideal para jardines de aire silvestre en la mitad norte, donde el verano no es demasiado tórrido.

Los jazmines de verdad (Jasminum officinale, J. sambac) y el jazmín estrellado (Trachelospermum jasminoides) no son estrictamente nocturnos: sus flores permanecen abiertas todo el día. Lo que ocurre es que la emisión de volátiles se dispara al atardecer, cuando baja la temperatura y sube la humedad relativa. A efectos prácticos, para el que quiere una terraza olorosa de noche, cumplen.

Las tóxicas que conviene conocer antes de plantarlas

Dos géneros nocturnos espectaculares son también seriamente peligrosos y merecen una decisión consciente.

Las brugmansias (Brugmansia spp., los «floripondios» o «trompetas de ángel») son arbustos o arbolillos con flores colgantes de 25-30 cm que perfuman de noche. Todas las partes de la planta contienen alcaloides tropánicos —escopolamina, hioscina, atropina— en cantidad suficiente para causar intoxicaciones graves. Lo mismo vale para las daturas (Datura innoxia, D. stramonium), de flores erectas. Ni una ni otra deberían plantarse donde haya niños pequeños o perros que mordisqueen, y conviene usar guantes al podarlas.

No es una razón para prohibirlas del jardín —el laurel rosa y el tejo son igual de tóxicos y están por todas partes— pero sí para saber lo que se tiene.

Cómo diseñar un rincón que funcione de noche

Plantar especies nocturnas sueltas por el jardín rinde poco. La lógica del jardín nocturno es concentrar, no dispersar.

Sitúalo donde de verdad estás. Junto al banco, al porche, a la puerta que cruzas al volver a casa, al camino que recorres para sacar la basura. El perfume hay que atravesarlo. Una masa de alhelí de noche al fondo del jardín es dinero tirado.

Trabaja con contraste, no con color. De noche solo se ven los valores claros. El blanco puro, la plata y el gris pálido brillan; el rojo, el morado y el azul oscuro se convierten en agujeros negros. Por eso los follajes plateados son el mejor acompañamiento posible: Convolvulus cneorum, Artemisia, Stachys byzantina, Senecio cineraria, lavandas. Una hosta de hoja variegada o una Brunnera «Jack Frost» hacen el mismo papel en sombra.

Añade masa clara de fondo. Un seto de Philadelphus, un rosal blanco trepador, hortensias blancas: no huelen de noche, pero devuelven la poca luz que hay y dan estructura visible.

Cuidado con la luz artificial. Es el error más común. Un foco LED apuntando al arriate arruina el efecto por dos vías: anula la adaptación del ojo a la oscuridad, y desorienta a las polillas que deberían venir a polinizar. Si necesitas iluminar, usa luz cálida, baja, dirigida al suelo y de poca intensidad, balizas de camino en lugar de proyectores.

Mezcla horarios. Combina algo que abra a media tarde (dondiego), algo que abra justo al anochecer (Ipomoea alba, onagra) y algo que perfume durante toda la noche (galán, alhelí). Así el rincón tiene actividad desde las siete hasta la madrugada en lugar de un pico de veinte minutos.

Un mito que conviene desmontar

Se repite mucho que las plantas «roban oxígeno de noche» y que por eso no hay que tenerlas en el dormitorio. Es cierto que de noche, sin fotosíntesis, la planta solo respira y consume oxígeno. Lo que es falso es la magnitud: una planta de interior de tamaño medio consume en toda una noche del orden del oxígeno que gasta una persona en unos pocos minutos. En una habitación normal, con puerta y rendijas, el efecto es indetectable.

El motivo real para no meter un galán de noche en el dormitorio no es el oxígeno: es que el perfume, en un espacio cerrado, resulta sencillamente insoportable y sí puede provocar cefaleas y náuseas en personas sensibles. Fuera, a cinco metros de la ventana, es una maravilla.

En resumen

Las plantas nocturnas no florecen de noche por capricho, sino porque han apostado por polillas y otros insectos crepusculares en lugar de por abejas. De ahí sus flores blancas, sus corolas tubulares profundas y su perfume tardío e intenso.

Para un jardín español, la base sólida son el Mirabilis jalapa —fácil, tuberoso, longevo, pero muy sembrador—, el alhelí de noche por su perfume desproporcionado y la Ipomoea alba por el espectáculo de sus flores abriéndose en directo. El galán de noche solo si el clima es suave y hay distancia suficiente a las ventanas. Brugmansias y daturas, con conocimiento de causa por su toxicidad.

Y sobre todo: concentra las plantaciones donde pases de verdad, apuesta por blancos y plateados en lugar de por colores intensos, y baja las luces. Un jardín nocturno se estropea antes por exceso de iluminación que por falta de plantas.


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