Casi todas las listas de plantas alucinógenas que circulan por internet mezclan dos cosas que no tienen nada que ver: unas pocas especies de uso ritual documentado en América y en África, y un grupo de solanáceas gravemente tóxicas que no son drogas recreativas, sino venenos. El estramonio (Datura stramonium), la belladona (Atropa belladonna), el beleño (Hyoscyamus niger) y la Brugmansia de los jardines contienen alcaloides tropánicos, y con ellos el margen entre el efecto y el envenenamiento es mínimo: cambia de planta a planta, de una parte a otra de la misma planta y según la época del año, así que no hay ninguna cantidad que se pueda considerar segura. Hay intoxicaciones graves e ingresos en cuidados intensivos documentados en España todos los años, y muertes.

El riesgo mayor, con diferencia, no es el de quien busca esas plantas a propósito: es el de la confusión. Las bayas negras y brillantes de la belladona son dulces y atraen a los niños. Las hojas de mandrágora (Mandragora autumnalis) se han confundido con las de borraja en recolecciones de plantas silvestres, con intoxicaciones familiares enteras. La Brugmansia se planta en parques y en patios del litoral por sus trompetas colgantes, sin que nadie avise de que todas sus partes son tóxicas. Por eso este artículo va de identificación, de historia y de derecho. No vas a encontrar aquí preparaciones, cantidades, formas de tomarlas ni descripciones de lo que producen: eso no es información de jardinería, y publicarlo sería ayudar a que alguien acabe en urgencias.

Las solanáceas tóxicas, que son las que de verdad importan

Son plantas europeas, no exóticas, y varias crecen solas en España. Reconocerlas es útil aunque no te interesen lo más mínimo, porque cualquiera se las cruza.

El estramonio (Datura stramonium) es una hierba anual robusta, de hoja grande con el borde dentado irregular y un olor desagradable al estrujarla. Su flor es una trompeta blanca erguida y su fruto una cápsula cubierta de espinas, de donde le viene el nombre de manzana espinosa. Aparece en escombreras, cunetas, bordes de huerta y graveras de río, sobre suelos removidos y ricos en nitrógeno, en casi toda la península. Es originaria de América y está naturalizada aquí desde hace siglos.

La belladona (Atropa belladonna) es perenne, más alta que una persona en buenas condiciones, con flores acampanadas de un morado apagado y, después, una baya negra muy brillante asentada sobre un cáliz de cinco puntas extendidas. En España es propia de claros de hayedo y robledal y de herbazales de montaña, en suelos calizos del norte y de los sistemas montañosos, y no es una planta frecuente. La baya es el problema: parece comestible y sabe dulce.

El beleño negro (Hyoscyamus niger) tiene toda la planta cubierta de pelos pegajosos, un olor fétido y una flor amarillo sucio atravesada por una red de venas violáceas, con el centro oscuro. Su pariente el beleño blanco (Hyoscyamus albus) es mucho más común en el sur y el este, al pie de muros viejos, en ruinas y en taludes.

La Brugmansia es un arbusto o arbolito andino de flores enormes y colgantes, blancas, amarillas o asalmonadas, que se cultiva como ornamental en el litoral mediterráneo, en Canarias y en el norte atlántico. Es la que más cerca tiene la gente, y conviene saberlo si hay niños o animales en casa. No la confundas con las Datura, que son herbáceas y de flor erguida.

De todas ellas se han descrito los mismos alcaloides tropánicos: atropina, escopolamina e hiosciamina. La escopolamina es, por cierto, la respuesta a un lío que arrastran muchas de estas listas: la burundanga no es una planta, es escopolamina obtenida de solanáceas de este grupo. Cuando un texto la presenta como un arbusto, está copiando mal a otro texto.

Señales de una intoxicación y qué hacer

Los alcaloides tropánicos producen un cuadro anticolinérgico reconocible: boca y piel muy secas, enrojecimiento, pupilas muy dilatadas, visión borrosa, pulso acelerado, fiebre sin infección, retención de orina, agitación y desorientación grave. En niños, con muy poca cantidad.

Ante la sospecha de que alguien ha comido cualquier parte de estas plantas, 112, o el servicio de información toxicológica del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses. Nada de provocar el vómito, nada de leche, nada de remedios caseros y nada de esperar a ver qué pasa. Si puedes, llévate un trozo de la planta o una foto: acelera el diagnóstico. Lo mismo vale para perros y gatos, con el veterinario.

Las de uso ritual documentado

Aquí sí hay etnobotánica real, y es lo interesante de verdad de este asunto.

El peyote (Lophophora williamsii) es un cactus pequeño, sin espinas, de cuerpo azulado y aplanado, que vive en el desierto de Chihuahua, en el norte de México y el sur de Texas. Crece muy despacio, tarda años en alcanzar un tamaño apreciable, y esa es la razón de que la recolección lo tenga en apuros: figura en el Apéndice II de CITES. Su uso ceremonial entre los wixárikas y en otras culturas del norte de México está documentado desde mucho antes de la llegada de los europeos. Se le atribuyó desde el siglo XVI un papel religioso y la Inquisición novohispana lo persiguió como superstición, que es la primera prohibición escrita que se conoce.

La ayahuasca no es una planta sino una combinación: la liana Banisteriopsis caapi con las hojas de Psychotria viridis u otras especies, en tradiciones de la Amazonía occidental. Se le han descrito betacarbolinas en la liana y DMT en las hojas, y el interés etnobotánico está justamente en que ninguna de las dos partes hace lo mismo por separado, algo que esas culturas resolvieron por ensayo mucho antes de que existiera la química.

Los hongos psilocibios (Psilocybe) no son plantas: son hongos, y merecen un aviso propio. Son setas pequeñas y de sombrero marrón, el grupo más traicionero de la micología, porque varias especies mortales de aspecto casi idéntico, como Galerina marginata, contienen las mismas amatoxinas que la Amanita phalloides. Identificar a ojo en ese grupo es como jugar a los dados.

El khat (Catha edulis) es un arbusto del Cuerno de África y de la península arábiga, con un uso social masticado muy antiguo en Yemen, Etiopía y Somalia. No es un alucinógeno: su principio activo descrito, la catinona, es un estimulante, y llamarlo cocaína africana es un titular, no una descripción.

Y hay un grupo curioso, el de las ornamentales de jardín: las semillas de varias enredaderas del género Ipomoea y de Argyreia nervosa contienen ergina, o LSA. La planta se vende en cualquier centro de jardinería y la sustancia está fiscalizada, lo que lleva justo al punto siguiente.

Qué dice la ley en España

La distinción que casi nadie explica es esta: la planta ornamental puede ser perfectamente legal y la sustancia que contiene no. Son dos planos distintos.

La mescalina (peyote y otros cactus), la psilocibina y la psilocina (hongos), la DMT, la ergina y la catinona son sustancias fiscalizadas conforme al Convenio de 1971 sobre sustancias psicotrópicas, aplicado en España a través de la normativa de estupefacientes y psicótropos que arranca en la Ley 17/1967. Obtener, poseer o traficar con la sustancia entra en ese marco, con el Código Penal detrás en los supuestos de tráfico. Tener un cactus en una maceta o una enredadera en la valla, no.

Por encima de eso, la Ley Orgánica 4/2015 de protección de la seguridad ciudadana sanciona el consumo y la tenencia en lugares de uso público, y también el cultivo en lugares visibles al público. Y en el capítulo de plantas hay una tercera vía que suele pasar desapercibida: varias solanáceas tóxicas están sujetas a la normativa de medicamentos y de plantas medicinales, que restringe su venta al público precisamente por su toxicidad.

Si estás leyendo esto para saber si puedes tener una Brugmansia en el jardín, la respuesta es que sí, y el problema no es legal: es el niño o el perro que muerde una hoja.

En resumen

Las plantas que aparecen en estas listas son cosas muy distintas metidas en el mismo saco. Un grupo, el de las solanáceas tropánicas, es sencillamente venenoso, crece solo en cunetas y en montes españoles o se planta de adorno, y su riesgo real es la ingestión accidental por parte de niños, de animales o de gente que recoge plantas silvestres sin saber identificarlas. Reconocer el estramonio por su cápsula espinosa, la belladona por su baya negra sobre el cáliz estrellado y el beleño por sus pelos pegajosos y su olor es información útil para cualquiera que pise el campo.

El otro grupo tiene una historia etnobotánica larga y bien estudiada, y ahí lo honesto es contarla como historia y como botánica: de dónde vienen esas plantas, quién las usó y por qué, qué se les ha descrito y en qué situación de conservación están, con el peyote y su lentitud de crecimiento como ejemplo claro. En lo legal, la regla se resume en una línea: la maceta y la sustancia son dos asuntos separados, y la segunda está fiscalizada. Y ante cualquier ingestión, 112, sin remedios de por medio.


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