Una piscina pequeña desmontable parece la compra más sencilla del verano y es la que más cosas rompe, porque casi nadie se detiene en el dato que lo condiciona todo: el agua pesa una tonelada por metro cúbico. Una piscina redonda de tres metros de diámetro con setenta centímetros de agua son unos cinco metros cúbicos, o sea unas cinco toneladas apoyadas en el suelo del jardín. Eso decide dónde se puede poner y dónde no, y explica por qué una piscina que se hunde de un lado acaba reventando la pared.
Y hay otras tres cuestiones que conviene tener resueltas antes de comprarla: qué le pasa al césped que queda debajo (muere, y muy rápido), por dónde se va a vaciar ese agua cuando acabe el verano, y cómo se evita el accidente, que es lo único de este artículo que de verdad importa. Con eso claro, una piscina desmontable es una buena solución para un jardín pequeño.
El suelo, que es lo que la aguanta
La pared de una piscina desmontable no está pensada para trabajar torcida. Si el suelo tiene una ligera pendiente, el agua se acumula en el lado bajo, la pared se abomba por ahí y el aro superior o el anillo hinchable empieza a ceder. Unos pocos centímetros de desnivel en un par de metros ya se notan. Por eso el suelo tiene que estar nivelado y firme, y esa es la parte del montaje a la que hay que dedicar tiempo.
- Nivela quitando tierra, no añadiéndola. Rebajar la parte alta da una base compacta; rellenar la parte baja da una base que se asienta bajo el peso y vuelve a dejarte la piscina torcida.
- Sin piedras ni raíces. Cualquier arista debajo del vaso es un pinchazo garantizado, y con cinco toneladas encima no hace falta mucho. Pasa la mano por todo el suelo antes de extender la lona protectora que suele venir con el equipo.
- No sobre tierra recién removida ni sobre un arenero. Tampoco sobre un parterre. Esos suelos ceden de forma desigual.
- Nunca en un balcón, una terraza elevada o un forjado sin saber la carga que admite. Cinco toneladas concentradas en pocos metros cuadrados no es algo que se decida a ojo.
- Lejos de árboles. Por la hoja que cae y, sobre todo, porque excavar y nivelar junto a un árbol significa cortar raíces superficiales y hacerle un daño que no se ve hasta un par de años después.
El césped que queda debajo
El césped debajo de una piscina no sobrevive. Le quitas la luz por completo y le subes la temperatura bajo una lona negra en pleno verano, y en tres o cuatro días ya está amarillo. En una semana o dos está muerto y el suelo debajo se queda compactado y, si hubo humedad atrapada, con olor a podrido. Eso no tiene truco: si la piscina va a estar dos meses sobre el césped, cuenta con resembrar esa zona en otoño.
Las alternativas razonables son ponerla sobre una zona ya pavimentada, sobre una plataforma de arena compactada hecha a propósito, o aceptar el sacrificio y reservar siempre el mismo rincón para no destrozar el césped entero un verano distinto cada año. Lo que sí ayuda es levantar la piscina un par de veces a lo largo del verano si es una hinchable pequeña que se vacía a diario: al césped le da algo de tiempo para recuperarse.
El agua: llenarla y, sobre todo, vaciarla
Llenarla es fácil pero no es gratis. En muchos municipios españoles, cuando se declara una situación de sequía, las ordenanzas restringen o prohíben el llenado de piscinas particulares, y eso se publica cada año. Antes de comprar una piscina de cierto volumen, mira qué dice tu ayuntamiento, porque en varias comunidades ha sido una limitación real en los últimos veranos.
Vaciarla es donde más gente se equivoca. El agua de una piscina tratada no se tira a la calle, ni al sumidero de aguas pluviales, ni al alcorque de un árbol, ni por supuesto a un cauce o una acequia. El destino que contemplan las ordenanzas municipales es la red de saneamiento, a través de una arqueta de la propia vivienda, y muchas piden hacerlo de forma controlada para no sobrecargar la red. Consulta la ordenanza de tu municipio, porque el detalle cambia de uno a otro y la sanción existe.
Sobre reutilizarla para riego: el agua con cloro no le sienta bien a las plantas y el agua de piscinas de electrólisis salina es peor todavía, porque el sodio se acumula en el suelo y lo degrada. Si la piscina es una hinchable pequeña sin tratar, el agua de un día sí se puede echar a los árboles sin problema. Si lleva producto, lo honesto es decir que no es agua de riego.
Qué tipos hay y para qué sirve cada uno
Hinchable de anillo. La pequeña, de vinilo, que se llena y se vacía el mismo día o cada pocos días. Vale para bebés y niños pequeños, se guarda en un armario y no exige nivelar gran cosa porque el volumen es bajo. Su punto débil es el pinchazo y la falta de filtración, así que se vacía y se seca en lugar de acumular agua estancada.
De aro hinchable superior. Sube de tamaño y ya maneja varios metros cúbicos. Aquí el nivelado del suelo pasa a ser obligatorio y hace falta filtración si el agua va a durar semanas. Es el formato con el que más fallos se ven, precisamente por montarla sobre un suelo en pendiente.
Tubular. Estructura de tubos metálicos con lona. Es la más estable de las desmontables y la que aguanta una temporada completa, pero necesita base firme y nivelada de verdad, depuradora y un sitio donde guardarla en invierno, porque una lona plegada con humedad desarrolla moho.
En todas ellas, si hay bomba de filtración hay electricidad junto al agua. Eso se resuelve con una instalación exterior en condiciones y protección diferencial, no con un alargador tirado por el suelo mojado. Y el producto de tratamiento, el que sea, se usa en la dosis que indica su etiqueta y no en la que se recomiende en un foro.
Seguridad infantil, que es lo único que no admite descuidos
Un ahogamiento infantil no se parece a lo que se ve en las películas: es silencioso y ocurre en muy poco tiempo, y unos pocos centímetros de agua bastan para un niño pequeño. Con eso en la cabeza, las reglas se explican solas.
- Supervisión directa y continua de un adulto concreto. Una persona designada, mirando al agua, sin móvil y sin conversación de espaldas. Que haya varios adultos no es lo mismo que haya uno pendiente.
- Las piscinas pequeñas se vacían y se guardan del revés después de usarlas. Es la medida más efectiva que existe con una hinchable, y además evita el agua estancada, que en verano es criadero de mosquito.
- Quita la escalera de la piscina tubular cuando no se use, para que no se pueda subir sin ayuda.
- Los manguitos y los flotadores son juguetes, no dispositivos de seguridad. No sustituyen a un adulto mirando.
- Nada de saltos ni zambullidas en un vaso poco profundo, y nada de cristal en el borde.
- Valla o barrera si la piscina es permanente. Para vasos fijos, muchas ordenanzas municipales y normas autonómicas exigen cerramiento; se consulta antes de instalar y no después.
En resumen
Una piscina pequeña desmontable funciona si respetas tres cosas: un suelo nivelado, firme y sin piedras, capaz de aguantar una tonelada por metro cúbico de agua; la aceptación de que el césped de debajo se va a morir y habrá que resembrarlo; y un vaciado a la red de saneamiento según la ordenanza de tu municipio, nunca a la calle ni al alcorque de un árbol.
Y por encima de todo lo demás, la supervisión. Un adulto pendiente del agua, la piscina pequeña vaciada y volcada al acabar el día, la escalera retirada y la idea clara de que un flotador no vigila a nadie. Lo demás, el tamaño, la forma o los accesorios, es cuestión de gusto y de cuánto jardín tengas.