Una mata de nomeolvides comprada en flor en marzo lleva ya casi un año viva y le quedan unas ocho semanas por delante. No es que esté mal cultivada: es que la planta funciona así. Entender ese calendario cambia por completo la manera de usarla en el jardín, porque explica por qué desaparece en junio y por qué al año siguiente vuelve a aparecer sola en sitios donde nadie la sembró.
Qué planta es exactamente
El nombre nomeolvides cubre a varias especies del género Myosotis, dentro de la familia de las boragináceas, la misma de la borraja y el heliotropo. Son hierbas pequeñas, de entre 15 y 40 cm según especie, con hojas alargadas cubiertas de pelillos ásperos y tallos que terminan en una inflorescencia enrollada sobre sí misma, como la cola de un escorpión, que se va desplegando a medida que abren las flores. De ahí viene el nombre de una de las especies, Myosotis scorpioides.
La flor mide entre 4 y 8 mm y tiene cinco pétalos soldados en la base, casi siempre de un azul cielo limpio con un anillo central amarillo o blanco. Ese ojo amarillo no es decoración: es la guía de néctar que orienta a los polinizadores hacia el interior del tubo floral. Cambia de tono a medida que la flor envejece, algo que se aprecia bien en una mata con muchas flores a la vez.
Las especies que se cultivan aquí
Myosotis sylvatica es la que se vende en bandejas de temporada y la que se emplea en macizos y bordes. Bienal, de 20 a 30 cm, con flores azules, rosas o blancas según variedad. Todas las selecciones comerciales tipo 'Victoria', 'Bluesylva' o 'Rosylva' salen de aquí.
Myosotis alpestris es más compacta, de 10 a 20 cm, propia de pastos de montaña. Aguanta mejor el frío intenso y la sequedad del aire que la anterior, y es la mejor opción para rocallas y para jardines de interior peninsular con inviernos duros.
Myosotis scorpioides merece un párrafo aparte porque no es una planta de macizo, sino de agua. Vive en orillas de arroyos y en suelo permanentemente encharcado, es perenne de verdad y se extiende por estolones. Si buscas un nomeolvides que dure más de un año, esta es la respuesta, pero necesita tener el pie en el agua.
En el vivero conviene mirar la etiqueta con calma, porque hay dos plantas más que se rotulan con este nombre común. Cynoglossum amabile, el llamado nomeolvides chino, tiene flores parecidas pero la planta es más alta, de 40 a 60 cm, y se comporta como anual de siembra primaveral. Y algunas Anchusa de flor azul se venden como nomeolvides gigante. Ninguna de las dos se cultiva igual que un Myosotis, así que llevarte una creyendo que es la otra significa sembrar en el mes equivocado.
El ciclo bienal, que es la clave de todo
Myosotis sylvatica es bienal. La semilla germina a finales de verano o en otoño, la planta pasa el invierno como una roseta baja de hojas, florece en primavera y muere en cuanto llega el calor fuerte. Dos temporadas de vida, una sola floración.
Esto tiene tres consecuencias prácticas. La primera es que sembrar en marzo no da flor ese año: da una roseta que tendrás que mantener viva todo el verano para verla florecer doce meses después. La siembra útil es de julio a septiembre. La segunda es que la floración de primavera no se puede prolongar por mucho que riegues o abones; cuando las temperaturas máximas se instalan por encima de 27-28 °C, la planta cierra el ciclo. La tercera es que el hueco que deja en junio hay que tenerlo previsto, porque en un macizo de sol queda un calvo evidente justo cuando el jardín empieza a mirarse.
La combinación clásica del jardín inglés resuelve esto con bulbos: nomeolvides plantados en otoño sobre un fondo de tulipanes, de modo que los tallos de tulipán emergen de una alfombra azul. Cuando el tulipán se seca y el nomeolvides se agosta, se levantan los dos a la vez y entran las plantas de verano. Funciona igual de bien en Madrid o en Valladolid que en Sussex.
Dónde plantarlos
En su ambiente natural el nomeolvides crece en claros de bosque y bordes de camino, con luz filtrada y suelo que nunca llega a secarse del todo. Traducido al clima peninsular: media sombra en casi toda España, y sombra clara con solo unas horas de sol de mañana en Andalucía, Extremadura y el valle del Ebro.
El pleno sol solo es viable en el norte atlántico y en zonas de montaña, donde la humedad ambiental compensa. En el interior seco, una mata a pleno sol en abril se marchita a mediodía aunque el suelo esté húmedo, porque la hoja pierde agua más deprisa de lo que la raíz superficial puede reponer. Los pies de setos caducos, el lado este de un muro y el borde exterior de la copa de un árbol son las ubicaciones que mejor funcionan.
En maceta admite jardineras de al menos 15 cm de profundidad, y luce mejor apretado: de 12 a 15 plantas por metro cuadrado en macizo, o cinco o seis en una jardinera de 60 cm. Plantar espaciado da un resultado pobre, porque el efecto de esta planta es de masa, no de ejemplar.
Suelo y sustrato
Quiere suelo fresco, suelto y rico en materia orgánica, con un pH entre 6 y 7,5. Se adapta bien a suelos calizos, cosa que agradece medio país, siempre que no sean compactos.
Lo que no tolera es un suelo arcilloso que se encharque en invierno. La roseta pasa el frío pegada al suelo, y si el agua se queda parada alrededor del cuello, la planta se pudre a ras de tierra y aparece muerta en febrero sin haber llegado a florecer. En terrenos pesados hay que enmendar con compost bien hecho y arena gruesa, o plantar en caballón elevado unos centímetros.
Para maceta sirve un sustrato universal de calidad al que se añade un 20 % de fibra de coco o de turba rubia para que retenga agua, más un puñado de perlita para el drenaje. El compost o el humus de lombriz aportados en el momento de plantar cubren prácticamente toda la nutrición que va a necesitar.
Riego
El sustrato debe mantenerse húmedo de forma constante, sin llegar a barro. En el suelo, durante otoño e invierno la lluvia suele bastar en la mitad norte; en el sur y en el litoral mediterráneo, un riego cada diez o quince días si el otoño viene seco evita que las rosetas jóvenes se queden clavadas.
La demanda se dispara en marzo y abril, con la planta en flor: dos o tres riegos por semana en suelo, y diario en jardinera durante las semanas de más viento. Una falta de agua en plena floración no mata la planta, pero acorta la floración de golpe y hace que las flores se queden pequeñas.
Mejor regar por la base y por la mañana. El follaje mojado por la tarde, con las noches todavía frescas de marzo, es la vía directa al oídio y al mildiu, y esta planta tiene el envés lo bastante peludo como para retener el agua durante horas.
Un acolchado fino de compost o de corteza triturada de 2 cm hace más por el riego que aumentar la frecuencia: mantiene el suelo fresco, evita el salpicado de tierra sobre las hojas bajas y reduce el estrés de las primeras jornadas calurosas.
Abonado
Necesita muy poco. Con un suelo enmendado con compost en el momento de plantar, la planta completa su ciclo sin más aportes. En maceta, donde el sustrato se agota y se lava con cada riego, un abono líquido para plantas de flor cada 15 o 20 días desde febrero hasta el final de la floración, a la dosis que indique el envase o algo por debajo, es suficiente.
Pasarse con el nitrógeno tiene un efecto muy visible: la mata crece blanda y alta, los tallos se tumban con la primera lluvia fuerte y las hojas tiernas se llenan de pulgón y de oídio. Si tienes que elegir, un abono con más potasio que nitrógeno da matas más compactas y más flor.
Multiplicación
Por semilla, y es fácil. Las semillas son núculas diminutas, negras y brillantes; un gramo contiene varios miles.
La siembra se hace de julio a septiembre, en bandeja de alveolos o en semillero al aire libre en sitio sombreado. Se cubren con apenas 2 o 3 mm de sustrato tamizado, porque enterrarlas más impide la nascencia. Germinan en 10 a 20 días con temperaturas de 15 a 20 °C; por encima de 25 °C la germinación se frena, así que en agosto conviene poner el semillero en el lugar más fresco de la casa. El sustrato tiene que mantenerse húmedo todo ese tiempo, y una capa de vermiculita por encima ayuda a que no se seque entre riegos.
Las plántulas se trasplantan cuando tienen cuatro o cinco hojas verdaderas, y se llevan a su sitio definitivo en octubre o noviembre, para que arraiguen antes del frío. Las babosas y los caracoles se comen las rosetas recién plantadas en una sola noche de humedad, sobre todo en otoños lluviosos; revisar el macizo al anochecer los primeros días compensa.
Si compras planta hecha, la ventana es febrero-marzo, con la mata ya formada y a punto de abrir. Se planta al mismo nivel al que venía en el cepellón, sin enterrar el cuello.
La otra vía de multiplicación es la que la planta gestiona sola. Una mata que se deja secar en el macizo suelta semilla y al otoño siguiente aparecen decenas de rosetas alrededor. En un jardín naturalista eso es una ventaja; en un parterre ordenado, una invasión. Para controlarla basta con arrancar las plantas en cuanto acaben de florecer, antes de que la semilla madure y se suelte.
Conviene saber que esas núculas tienen ganchos microscópicos y se pegan a la ropa, a los calcetines y al pelo de los perros. Es su sistema de dispersión, y explica que la planta aparezca a diez metros del sitio donde estaba.
Poda y mantenimiento
No se poda en el sentido habitual. Durante la floración se pueden cortar los tallos que se hayan tumbado o los que estén ya secos, para que la mata se vea limpia. En el nomeolvides acuático, M. scorpioides, un recorte a la mitad después de la primera floración de mayo suele provocar un segundo brote floral en verano, y ahí sí que la tijera trabaja.
En las especies bienales, la decisión de fondo es cuándo levantar la planta. Si la quitas en cuanto empiece a amarillear tendrás el parterre limpio pero ninguna resiembra; si la dejas tres semanas más, tendrás plantas gratis el año siguiente y un macizo feo mientras tanto. Una solución intermedia: dejar dos o tres matas en un rincón para que semillen y arrancar el resto.
Plagas y enfermedades
El problema serio es el oídio. Aparece como un polvo blanco harinoso sobre el haz de las hojas, avanza rápido en primavera con días templados y noches húmedas, y en una mata densa y mal ventilada puede acabar con la floración en dos semanas. Se previene plantando con aire entre las matas, regando por la base y no abusando del nitrógeno. Si ya está instalado, el azufre mojable aplicado al atardecer lo frena, pero no se debe usar con temperaturas por encima de 28 °C ni cerca de un tratamiento con aceite, porque quema la hoja.
El mildiu (Peronospora) se distingue del oídio porque el polvillo sale en el envés, grisáceo o violáceo, y en el haz aparecen manchas amarillentas delimitadas por los nervios. Es propio de primaveras muy lluviosas y se combate igual: ventilación y evitar el riego por aspersión.
El pulgón coloniza los tallos florales tiernos y deforma las inflorescencias. En una mata pequeña se resuelve con un chorro de agua o con jabón potásico repetido cada cinco días; conviene mirar antes si ya hay mariquitas trabajando, porque en primavera suelen llegar solas.
La botritis (moho gris) ataca las matas apelmazadas tras una racha de lluvia y podredumbre en el cuello. Se corta y se retira el material afectado, y sobre todo se separan las plantas.
Las babosas y caracoles son el enemigo de las plántulas, no de la planta adulta. Trampas de cerveza, barreras físicas o fosfato férrico, que es el cebo menos problemático si hay mascotas en casa.
Resistencia al frío y al calor
El frío no es un problema. Las rosetas invernales de Myosotis sylvatica aguantan sin daño temperaturas de -12 a -15 °C, y M. alpestris todavía más. Se cultivan sin protección en toda la meseta, en el norte y en zonas de montaña; una helada tardía de abril puede estropear las flores abiertas, pero la planta rebrota y sigue.
El límite es el calor. Por encima de 28-30 °C mantenidos, la planta entra en senescencia y no hay riego ni sombreo que lo evite. Es un ciclo programado, no un fallo de cultivo. Por eso en el sur peninsular el nomeolvides es una planta de invierno y primavera muy corta, de diciembre a mayo, y en el norte se estira hasta bien entrado junio.
Un apunte sobre su uso
Es una planta ornamental, no comestible. Las boragináceas contienen con frecuencia alcaloides pirrolizidínicos, compuestos que resultan tóxicos para el hígado con el consumo repetido, y el género Myosotis no es una excepción. No es una planta peligrosa de tener en el jardín ni un riesgo si un niño mordisquea una flor, pero no debe usarse en infusiones, ensaladas ni decoración de repostería, aunque su tamaño y su color inviten a ello.
En resumen
El nomeolvides de macizo, Myosotis sylvatica, es una bienal que se siembra entre julio y septiembre, pasa el invierno como roseta, florece de marzo a mayo y muere con el calor. Quiere media sombra, suelo fresco con materia orgánica y buen drenaje invernal, riego constante sin encharcar y poco abono. Se multiplica sola por semilla hasta el punto de resultar invasiva si no se controla, y su plaga determinante es el oídio, que se previene con espacio entre plantas y riego por la base. Aguanta el frío sin inmutarse y no aguanta el verano en absoluto. Si lo que buscas es una planta perenne, la especie que hay que pedir es M. scorpioides, y hay que darle el borde de un estanque.