A finales de marzo, los ribazos de los olivares andaluces y los márgenes de los viñedos manchegos se manchan de un azul tan oscuro que de lejos parece sombra. Al acercarse aparecen unos cilindros apretados de campanillas diminutas montadas sobre un tallo de un palmo: es el nazareno, Muscari neglectum, una planta bulbosa silvestre de la península ibérica que lleva siglos colándose en los jardines por su cuenta, sin que nadie la plante.

Cómo reconocerlo

Pertenece a la familia Asparagaceae —antes se colocaba en las liliáceas y luego en las jacintáceas, de ahí el lío de nombres en los libros viejos— y se conoce también por el sinónimo Muscari racemosum. En castellano recibe nombres como nazareno, jacinto de penacho o ajo de culebra; en inglés lo llaman grape hyacinth, jacinto de uva, y la comparación es acertada: la inflorescencia es un racimo denso y ovoide que recuerda a un pequeño racimo de uvas puesto del revés.

Sale de un bulbo tunicado de 1,5 a 2,5 cm, blanquecino, que suele ir rodeado de bulbillos hijos. Las hojas son estrechas, casi cilíndricas, acanaladas por el haz, blandas y algo tumbadas, de 15 a 30 cm, y aquí viene el rasgo que más despista: brotan en otoño, con las primeras lluvias de octubre o noviembre, y pasan todo el invierno verdes antes de que aparezca ninguna flor. Quien no lo sepa las confunde con hierba y las arranca.

La floración va de febrero a abril según la altitud y la latitud —antes en el sur y en la costa, hasta mayo en zonas de montaña—. El tallo floral, sin hojas, alcanza de 10 a 25 cm y remata en un racimo con dos tipos de flor bien distintos: abajo, las fértiles, urceoladas, de un azul violáceo casi negro con los dientes de la boca blancos, muy contrastados; arriba, un penacho de flores estériles más pequeñas, de color azul pálido, que actúan como señal para los polinizadores. Después el fruto es una cápsula trígona con semillas negras.

Mata de Muscari neglectum en flor con sus racimos azul oscuro

El que compras y el que crece en el campo no son el mismo

Entra en un centro de jardinería en septiembre y pide nazarenos: la bolsa que te darán casi con seguridad dice Muscari armeniacum, una especie de los Balcanes y Anatolia. Se parece, pero no es igual, y la diferencia se nota en el jardín. El armeniacum tiene las hojas más anchas y erguidas, el racimo más largo y sobre todo un azul mucho más claro y luminoso, casi celeste; el neglectum es más bajo, más apretado y de un violeta tan profundo que a pleno sol se lee como negro azulado. Si buscas ese tono oscuro concreto, aceptar el armeniacum del vivero te dejará con otra planta.

Hay un tercero que también se vende bajo la etiqueta genérica de muscari: Muscari comosum, hoy tratado a menudo como Leopoldia comosa, el que en el campo se llama ajo de zorra. Tiene el racimo laxo, las flores fértiles pardo-oliváceas y un penacho terminal de flores violeta muy vistoso y desmelenado. Es una planta bonita pero de aspecto completamente distinto, y florece algo más tarde.

Conseguir neglectum verdadero exige buscar proveedores de flora ibérica o de bulbos botánicos. Lo que no debe hacerse es arrancarlo del campo: es común, sí, pero la recolección de plantas silvestres está regulada y en muchos terrenos requiere permiso, y además un bulbo desenterrado en flor rara vez arraiga bien. Si acaso, recoge semilla madura en junio con moderación y siémbrala en maceta.

Plantación y cultivo

Es una planta de ciclo mediterráneo: crece con las lluvias del otoño y el invierno, florece en primavera y desaparece bajo tierra en cuanto aprieta el calor. Todo el manejo se deduce de ahí.

Los bulbos se plantan de septiembre a noviembre, a 7-10 cm de profundidad y separados 5-8 cm. Nunca de uno en uno: el efecto solo funciona en grupos densos, de veinte, cincuenta o cien bulbos, formando manchas irregulares en lugar de filas. Un puñado tirado al aire y plantado donde caiga cada bulbo da un resultado más natural que cualquier trazado.

Quiere sol pleno o sombra ligera —agradece la sombra de un árbol de hoja caduca, porque florece antes de que este brote— y suelo con buen drenaje. Tolera terrenos calizos, pobres y pedregosos sin inmutarse; lo único que no soporta es el encharcamiento en verano, que le pudre el bulbo. En suelos arcillosos y compactados conviene plantar sobre un caballón o mezclar arena gruesa y grava en la zona de plantación.

Resiste el frío sin problema, del orden de -15 °C, así que sirve tanto en la meseta como en el litoral. En cuanto a riego, con la lluvia de otoño e invierno le basta en casi toda la península; solo en un invierno muy seco merece la pena un riego de apoyo. Después de la floración, deja de regar. Abono: prácticamente ninguno. Un aporte ligero de compost en otoño es más que suficiente, y el exceso de nitrógeno le hace tirar hoja larga y floja a costa de la flor.

Detalle de las flores urceoladas del nazareno con los dientes blancos en la boca

Después de la flor: la parte que se hace mal

Cuando el racimo se marchita, las hojas siguen ahí, tumbadas y amarilleando poco a poco, con un aspecto desordenado. Cortarlas en ese momento parece lo lógico y es justo lo contrario de lo que necesita la planta: esas hojas están cargando el bulbo para el año siguiente. Siégalas en abril y al marzo siguiente tendrás matas de hoja sin una sola flor. Hay que esperar a que se sequen del todo, normalmente a finales de mayo o junio, y entonces retirarlas de un tirón suave.

Ese calendario condiciona dónde se planta. En un césped que se siega cada quince días desde marzo, el nazareno se agota en dos temporadas. Funciona en pradera rústica, en zonas que se siegan una sola vez a comienzos del verano, bajo arbustos, en ribazos y en los bordes que no se tocan.

Cortar las varas florales marchitas, en cambio, sí tiene sentido si no quieres que semille. Y aquí conviene una advertencia: el Muscari neglectum se naturaliza con enorme facilidad. Se multiplica a la vez por semilla y por bulbillos —cada bulbo produce varios cada año— y en pocas temporadas pasa de mancha ordenada a colonia extendida. En los viñedos y cerealistas del interior peninsular se comporta directamente como mala hierba, difícil de erradicar porque cada laboreo desperdiga los bulbillos. En un arriate pequeño y cuidado puede convertirse en un problema; en un jardín naturalista o en un talud seco es exactamente la virtud que se le pide.

Cada tres o cuatro años, cuando las matas se apelotonan y florecen menos, se levantan en verano con la planta ya seca, se separan los bulbos y se replantan en otoño. Es también la forma más rápida de extender la mancha por el jardín.

Plagas y enfermedades le afectan poco. El problema habitual es la podredumbre del bulbo por exceso de agua estancada, sobre todo en verano; a veces aparecen manchas foliares por hongos en primaveras muy húmedas, sin mayor consecuencia. Los bulbos rara vez interesan a los roedores, quizá por su contenido en saponinas.

Toxicidad

Los bulbos de Muscari contienen saponinas y compuestos amargos que, ingeridos, provocan irritación digestiva, náuseas y vómitos. No es una planta peligrosa en el sentido de las digitales o el acónito, pero no debe comerse ni darse a mascotas, y su parecido con un diente de ajo o una cebollita pequeña hace conveniente etiquetar los bulbos guardados y no dejarlos al alcance de niños pequeños. La savia puede irritar pieles sensibles al manipular muchos bulbos seguidos; unos guantes finos resuelven el asunto.

Dónde queda bien

Su fuerza está en el color y en el volumen bajo, no en la planta individual. Algunas combinaciones que funcionan en clima peninsular:

Bajo árboles de hoja caduca. Almendros, ciruelos de flor, cerezos: el nazareno florece a la vez que ellos y aprovecha la luz que aún llega al suelo. La alfombra azul bajo un almendro en flor es de las estampas más agradecidas de marzo.

Con bulbos amarillos y blancos. Narcisos Tazetta y Jonquilla, que van bien en el sur, o tulipanes botánicos como Tulipa clusiana. El azul oscuro hace de base y los amarillos suben sobre él.

Como río. En lugar de una mancha compacta, una banda sinuosa y estrecha que serpentee entre arbustos o siga el borde de un camino. Es el uso clásico en jardines ingleses y el que mejor aprovecha su tendencia a extenderse.

En maceta y jardinera. Diez o quince bulbos en un cuenco ancho y bajo, con sustrato arenoso, plantados en octubre y dejados a la intemperie todo el invierno. Requieren el frío para florecer bien, así que meterlos en casa no adelanta nada. Después de la flor, la maceta se aparta a un rincón hasta que la hoja se seque.

En rocalla y taludes secos. Con tomillos, lavandas, Iberis y Phlomis, en el mismo suelo pobre y drenado donde vive de forma silvestre.

Para flor cortada aguanta razonablemente en agua, unos cinco o seis días, pero el tallo es corto y solo luce en jarroncitos pequeños. Su olor es suave y algo dulzón, perceptible únicamente cuando hay muchas matas juntas.

En resumen

El Muscari neglectum es un bulbo ibérico de floración temprana, azul casi negro, que se planta en otoño a 7-10 cm de profundidad en suelo drenado y a pleno sol, no necesita riego de verano ni abonado y aguanta -15 °C sin protección. Su hoja aparece en otoño y debe secarse sola antes de retirarla, o el año siguiente no florece. Se naturaliza deprisa por semilla y bulbillos, lo que lo hace ideal para praderas rústicas, taludes y pie de árboles caducos y desaconsejable en arriates pequeños donde se pretenda controlarlo. Y si buscas ese violeta oscuro concreto, comprueba la etiqueta: lo que suele venderse en vivero es Muscari armeniacum, de azul bastante más claro.


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